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LA GUARDIA CIVIL EN LOS PROLEGÓMENOS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934

  • Escrito por Antonio Mancera Cárdenas

guardia civil 1932Hasta llegar al mes de octubre de 1934 tienen que pasar aún cuatro años de gobierno de la República, cuatro años de ataques y atentados a guardias civiles y sus cuarteles, también fue víctima la Guardia Civil de campañas de difamación, 1931 se caracterizó por la cantidad de crímenes, atracos, choques sangrientos, motines y huelgas, en esta España convulsa la Guardia Civil era la encargada de mantener el orden público y siempre la consigna fue la de atacar a la Guardia Civil y a sus miembros, los comunistas llamaban a la Institución más valorada como “organismo brutal compuesto de asesinos sedientos de sangre proletaria y al servicio del capitalismo” y en esa campaña de difamación orquestada por anarquistas y comunistas se sumaron de forma entusiasta socialistas y sindicalistas.

Consecuencia de esa campaña contra la Guardia Civil, fueron entre otros los graves sucesos de Castilblanco en 1931, donde cuatro guardias civiles fueron asesinados sin posibilidad de defenderse durante una manifestación, tal fue el odio de aquellos vecinos con los que los guardias civiles convivían a diario y con sus cadáveres, profanados por la muchedumbre una vez fallecidos, que el propio Director General de la Guardia Civil, General Sanjurjo, militar con una larga experiencia en el frente, comentaría estremecido ante la visión de los despojos sanguinolentos en que habían quedado los cuerpos de aquellos guardias civiles, “Ni en Monte Arruit, en le época del derrumbamiento de la Comandancia de Melilla, los cadáveres de los cristianos fueron mutilados con salvajismo semejante, hubo mujeres que bailaron sobre los restos de las víctimas”, aquello era solo el preludio de lo que después le sobrevendría a la Guardia Civil.

Llegó a culpar Sanjurjo de aquellas muertes y de los continuos ataques a los guardias civiles a los diputados socialistas que soliviantaban a los campesinos contra la Guardia Civil, la diputada socialista Margarita Nelken manifestó sobre este asesinato que “Lo ocurrido en Castilblanco no eran sino desahogos obligados de espíritus oprimidos”, como siempre la Guardia Civil en el punto de mira de los violentos y como siempre los guardias civiles obligados a defenderse.Tras los sucesos los ánimos de los compañeros de aquellos mártires estaban exaltados, aconsejando el Director General a sus hombres que  en adelante no pecaran de exceso de confianza y denunciaran "aquellas excitaciones que en mitines y reuniones se hacen a las masas obreras para enfrentarnoslas, olvidando que por ellas también laboramos, pues sin el orden y la paz social que defendemos, su existencia y bienestar se verían comprometidos", añadiendo, "que sepan todos que si nuestros muertos nos llegan al alma, también nos duelen los que caen frente a nosotros en la lucha de la obcecación, el engaño o la incultura con el cumplimiento estricto del deber".

A pesar de las palabras de su Director y de las que los guardias civiles tomaron buena nota, el resultado de aquellos años convulsos, de aquellas exaltaciones y llamadas a la violencia, sería trágico, en vidas tanto de los propios agentes como de aquellos que se enfrentaban a ellos, como veremos mas adelante.

En 1932 y haciendo caso a la campaña de calumnias e injurias hacia la Guardia Civil y ante la petición de disolución del Cuerpo desde algunos sectores de la izquierda más radical y extremista, el "Mundo Obrero" en su número del 2 de enero de 1932 acusaba a los ministros socialistas de tolerar y ordenar las intervenciones de la Guardia Civil en las huelgas ilegales de los campesinos, ese mismo día el Comité Central del Partido Comunista pedía entre otras cosas, la disolución inmediata de la Guardia Civil y la comparecencia ante un Tribunal del Pueblo de todos los asesinos de obreros y campesinos, el Gobierno de la República a través del Ministro de la Guerra destituye al Director General del Cuero, Cabaniellas y disuelve el 4ª Tercio de la Guardia Civil con sede en Sevilla, el 17 de agosto de 1932 se decretaba la disolución de la Dirección General y se ordenaba que “todos los organismos y servicios del Instituto de la Guardia Civil que no resultaran suprimidos por el Decreto se transferían al Ministerio de la Gobernación”, por lo que sus funciones quedarían encuadrdas en una Inspección General encuadrada en dicho Ministerio.

El año 1933 sería la continuación violenta de los anteriores, la CNT ya no se escondía “Obreros preparaos. La revolución social no espera ni atiende a razones”, los comunistas a estas alturas tampoco lo hacían “Las batalles decisivas van a librarse entre la revolución y la contrarrevolución: No hay otra salida de la situación que la toma revolucionaria del Poder por la lucha insurreccional victoriosa llevada juntos y bajo la dirección del proletariado”, tampoco los socialistas querían quedarse atrás y eran bastante claros en sus pretensiones, “Si nos derrotan por vuestra torpeza, moriréis vosotros y los vuestros de hambre. Pues ya qué vais a morir, peleando o no, ¿Qué os importa matar a quien os va a ocasionar la muerte?”.

El resultado de estas consignas sería de once guardias civiles muertos, elevados por el gobierno Lerroux a la categoría de "mártires de la República", así como cuarenta y cinco heridos. Indalecio Prieto describiría en “El Liberal” de Bilbao los verdaderos propósitos de la Revolución que preparaban los socialistas, para derrocar al gobierno del que formaban parte, entre los que no podía faltar este: “Disolución de la Guardia Civil y reorganización de los Institutos armados del Estado, sobre las mismas bases democráticas que el Ejército”.

Comienza el año 1934 con aires igualmente lúgubres, “El Socialista” avisaba, “Los augurios son de catástrofe, las nubes van cargadas camino de octubre”, añadiendo “¡Atención al disco rojo!”, “Octubre es el mes de la revolución Bolchevique”, el Gobierno no es capaz o no quiere reprimir las sublevaciones, no corta las revueltas y no castiga las rebeliones que a lo largo de estos años se van sucediendo en todo el país, incluso los asesinatos políticos y los atentados quedan impunes. Aunque posiblemente los problemas tuviesen soluciones políticas, los actores se decidieron por las soluciones armadas. Antonio Machado llegó a decir “...mas cada cual el rumbo siguió de su locura.”, no era una greguería del poeta, era la realidad que se vislumbraba más allá del horizonte, otro poeta, León Felipe, confirmaría la situación en la que se encontraba España, “Ya no hay Patria. La hemos matado todos; los de aquí y los de allí; los de ayer y los de hoy. / España está muerta. La hemos asesinado / entre tú y yo”.

A la Guardia Civil como Institución, no le preocupaba, como no le preocupan hoy, la derecha y la izquierda, aunque hay que reconocer sin embargo, que nunca el Cuerpo había gozado de tanta largueza presupuestaria como en tiempos de la Segunda República, pero tampoco nunca morían en las calles tantos guardias civiles, ni nunca la Guardia Civil había soportado tanto abusos, atropellos, ofensas, crimenes, atentados y ataques antes de aquel periodo de nuestra historia más reciente.

El primer aviso fuen en la primavera de 1934 se produjo en Extremadura, donde numerosos cuarteles fueron atacados. En Montemolín, por poner un solo ejemplo de aquella ofensiva revolucionaria contra la Guardia Civil y sus hombres, el guardia Emilio Martín fue asesinado a hachazos y su cadáver mutilado por negarse a entregar la correspondencia oficial que llevaba en ese momento.

El asalto a las casas cuarteles, donde los guardias civiles vivían con sus familias era cosa casi diaria. El balance de victimas dentro del Cuerpo era tan elevado que en 1934, escribiría el periodista y escritor Cesar González Ruano, “Diezmados de modo criminal, sin proferir una sola palabra ante los reiteradas propagandas que animan al atentado continuo contra ellos, cuando ese ramalazo de locura y de vileza cruce a su fin, habrán enterrado a sus muertos sin hacer ruido, y en silencio andarán nuevamente por esos caminos de Dios, esquivando con suprema con suprema y natural elegancia, que es forma de su honor y gracia de su estilo, el más humilde homenaje y aislado testimonio de reconocimiento.” Fueron muchos los muertos que inspiraron este párrafo, pero aún no había llegado el mes de octubre de aquel 1934, en el que murieron, en una sola semana, ciento once guardias civiles, la mayoría de ellos al tratar de defender del asalto de socialistas, comunistas, anarquistas y sindicalistas sus cuarteles y a sus familias y 182 resultaron heridos.

Las consignas estaban claras, las instrucciones que desde los distintos partidos y sindicatos más radicales implicados en aquella sublevación, eran asaltar las casas-cuartel ya que para ellos constituían "depósitos que convenía suprimir", a la vez que aconsejaban que "se estudiaran sus características defensivas para encontrar el mejor modo de acabar con ellas".

La Guardia Civil una vez más, se veía obligada a defenderse y a defender el mandato legítimo de la República, y una vez más iba a realizarlo ofreciendo, en muchos casos, la vida de sus hombres.

Antonio Mancera Cárdenas

Fuente:

http://www.elblogdeantoniomancera.com

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