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COMO SE EMITÍAN LAS REQUISITORIAS EN EL ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX. AÑO 1874.

  • Escrito por Redacción

historia-antonio

Hoy en día estamos acostumbrados a los medios telemáticos, comprobar identidades a través reseñas fotográficas, dactiloscopia, ADN, etc, pero en el siglo XIX, los compañeros que nos precedieron no “lo tuvieron tan fácil” a la hora de realizar detenciones de personas requisitoriadas, lo que podía dar lugar a identificaciones erróneas y detenciones no ajustadas a derecho.

No obstante, debido a la gran preparación que tenían para la época, junto con su veteranía y sagacidad, cumplían fielmente con todo lo marcado en la Cartilla y resto de normativa vigente, prestigiando el nombre del Instituto en unos tiempos nada fáciles para el “orden y la ley”

Cuando lo lectores comprueben como se realizaban las requisitorias judiciales en el último tercio del siglo XIX, comprobarán cuán difícil era el servicio diario de aquellos formidables Guardias Civiles que “ora a pie, ora a caballo” vigilaban todo el territorio de la Corona española contribuyendo de una forma directa e imprescindible al mantenimiento de la seguridad pública sobre el terreno, para tranquilidad de la ciudadanía.

La Guardia Civil jugó un papel fundamental de vertebrador en la construcción del Estado, es decir, de su presencia en el territorio y de su capacidad de control, y es en este punto donde sería importante recordar la famosa cita del fundador “servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran”.

 

    “Por el Juzgado de primera instancia del partido de Ocaña, Toledo, se recomienda á la fuerza del Cuerpo la busca y captura de veintiún sugetos que en la noche del 17 del anterior, en partida, invadieron el pueblo de Ciruelos, saquearon varias casas llevándose efectos y metálico que á continuación se reseñan, así como las señas de los ladrones: remitiéndolos caso de ser habidos, á disposición de dicho Juzgado, así como las prendas y efectos robados y personas en cuyo poder fuesen encontrados.

 

Señas de los ladrones.

 

    Uno de poca estatura, color moreno, cara rasa y abultada y vestía pantalón claro, cazadora de rizo color de raton, gorra de las que llaman navarras, capote de monte.

    Otro de estatura alta, color moreno, cara rasa y demacrada, vestía pantalón claro, sombrero hongo, y llevada un capote de monte de color oscuro, se titulaba Cabo Gómez y Boca-negra; y tanto este como el anterior se dice eran de Miguel-Turra y que habían estado en la cárcel de este partido.

    Otro de estatura regular, de pocas carnes, color bueno, más bien rubio, de cuarenta años de edad, vestía un gaban; se cree que venía disfrazado y se le conoce por Remigio y es de Ulias.

Todos los demás vestían como personas regulares, con sombreros, gorras y monteras, sin que consten sus señas”.

    “Por el Juzgado de primera instancia de Ocaña, que las instruye causa, se recomienda á la fuerza del Cuerpo la captura y presentación al mismo, de tres hombres, cuyas señas al final se expresaran, que montados á caballo y armados de trabucos detuvieron y robaron en el camino de Mora, término de Huerta de Vadecarábanos, en el sitio del barranco y paraje titulado Cañada de Torete, á varias personas de Mora, Yébenes y Villanueva de Bogas, cuyo suceso tuvo lugar en la tarde del 27 de Noviembre último.

 

Señas de los ladrones.

 

    Un hombre montado en una jaca negra, pequeña, armado de trabuco, con capote pardo y sombrero hongo, su edad como de cuarenta y cuatro a cuarenta y cinco años, es moreno y tiene bigote negro, iba vestido con pantalón y blusa azul tela de percal ordinario.

    Otro idem montado en otra jaca, armado de trabuco, con capote y sombrero hongo, su edad como de sesenta años, con bigote canoso, cara lisa con pecas como de haber tenido viruelas, y vestía pantalón y blusa azul de la misma tela que el anterior.

    Y el otro tambien montado en un caballo, con trabuco, capote y sombrero hongo y una bufanda al rededor de la boca,  vestía como los anteriores.

    El caballo que montaba el hombre como de sesenta años, era castaño, con la cola cortada hasta los corbejones, siendo las otras dos jacas de corta alzada, y á uno de dichos tres ladrones se llamaba por el apodo de Chupahuesos”.

Fuente principal:

    B.O.G.C Año XVII, 16 de Enero de 1874, Núm. 754.

    Por Antonio Sánchez, Historiador y Guardia Civil (A).

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