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LA GUARDIA CIVIL EN LA DEFENSA DE NADOR

  • Escrito por http://www.elblogdeantoniomancera.com

fabrica de harinas-1921

En Nador vivaqueaba una muy escasa guarnición de una menguada compañía de Infantería junto con veinte soldados de la brigada obrera y topográfica, mas una sección reforzada de guardias civiles con dos oficiales. Su defensa hubiera podido estar prevista de tener fortificadas las Tetas y el monte Arbis, aparte de haber asegurado la posesión del pozo de Tauima para disponer del agua suficiente. Pero ya era demasiado tarde. En la mañana del 24 de julio, los moros son vistos en las afueras de Nador.

El alférez de la Guardia Civil Lisardo Pérez García, con tropa propia y algunos soldados, quedó encargado de la defensa de la Iglesia, mientras que el teniente Ricardo Fresno Urzay, con el resto de los guardias civiles, algunos paisanos y los demás soldados, en total unos ciento cincuenta hombres, con el teniente coronel Pardo, ofrecieron resistencia en la fábrica de harinas y electricidad del poblado, único edificio que ofrecía algunas garantías para la defensa. No podían faltar las mujeres acogidas a sus muros, y así se refugiaron algunas familias evadidas de Segangan.

Posesionados los rifeños de Nador, saquearon los contados comercios y el depósito de la concesionaria de tabacos de Marruecos, mientras los refugiados en la fábrica mantenían a distancia a los sitiadores con su certero fuego.

Uno de los primeros heridos fue el teniente Fresno. En las primeras horas del 25, los rifeños hacen fuego de cañón sobre la fábrica. Varias granadas destruyen la techumbre con incendio, quedando ciegos por las llamas algunos defensores. Al terminarse los víveres, con la harina existente hacen galletas. Los sitiadores tuvieron muchas bajas, y entre los defensores destacó por su buena puntería el guardia Callejón, del que se dijo después “que cada disparo suyo era una baja”. Los rifeños persisten en sus acometidas a los gritos de “civiles estar farrucos”. El asedio duró diez días de muy intenso fuego, lo que además de impedir que entrasen en Melilla los agresores, dio tiempo a la llegada y desembarque de tropas de socorro.

El 2 de agosto se insta desde Melilla al teniente coronel Pardo para que resista algunos días más. Pero éste no cree que sea posible por la desesperada situación en que se encontraban. Las bajas se aproximaban al cincuenta por ciento, se padecía hambre, sed y la incomunicación con Melilla, sin apenas esperanzas de ayuda. La evacuación, pues, se impuso. Fueron enviados unos emisarios para acordar la entrega de las armas con arreglo a los preceptos del Derecho Internacional. Los supervivientes, una vez entregadas las armas, fueron recibidos por el general Sanjurjo, que les aguardaba con tres omnibuses, para trasladarlos a Melilla.

Por su parte el alférez Lisardo Pérez García se mantuvo en la torre de la iglesia, pudiendo los primeros días alimentarse de los víveres destinados a un banquete que había de celebrarse el día 22 con motivo de la visita al templo del obispo de Málaga y demás autoridades. Pasados ocho días de asedio, durante la noche se retiraron a la fábrica de harinas. No pudieron conseguirlo todos, muriendo algunos en la retirada y siendo otros hechos prisioneros.

En cuanto a los actos de valor personal, destacó el realizado por el guardia civil Manuel Almarcha García, acreedor a la Laureada de San Fernando por salir solo de la fábrica para sorprender y desalojar de su posición a un grupo de rifeños muy bien apostados, desde donde “paqueaban” incesantemente produciendo varias bajas, empresa que tuvo su pleno éxito al segundo intento.

La prensa del momento narró concienzudamente lo acaecido durante el desastre de Annual, en algunos casos llegando a juicios apresurados y en otros casos con artículos más apasionados, como el artículo titulado “RESPONSABILIDADES DEL RECLUTA”, publicado el 31 de julio de 1922 y en cuyas líneas podía leerse:

Si en vez de soldados, que consteñiblemente están en filas, hubiéramos llevado tercios de la Guardia Civil, que los componen voluntarios, con la décima parte –léase bien- con la décima parte de los soldados que se enviaron a Melilla, el general Berenguer hubiera logrado un avance rápido y la consiguiente desmoralización de las cábilas, que se envalentonaron al ver que nuestros soldados no sabían tirar y que una compañía de guerrilla no lograba hacer un solo blanco en las cercanías del grupo de moros que atacaban.

Aparte de que la misión de la Guardia Civil no es la guerra, es imposible desprendernos de ella, porque en nuestros campos y nuestros montes hay congéneres de los moros que asaltan al caminante, roban los ganados y carbonizan los bosques. Es la instrucción, la educación, lo que modifica al hombre para su trato con los hombres, y por ello volvemos a nuestro punto inicial. A África no se pueden mandar soldados bisoños forzosos. Con guardias civiles, voluntarios y conscientes, ni hubiésemos sufrido las sorpresas que desde hace años soportamos ni el general Berenguer se hubiese visto sometido a la inacción. Pregúntese a cualquier general o jefe si prefiere, para combatir en África, disponer de 5000 guardias civiles o que los cuerpos le entreguen 50.000 soldados, y dirá que aquella campaña no es el número, porque no hay terreno donde mover las fuerzas y la impedimenta es agobiante, sino que es la calidad, porque se tiene eficacia, movilidad y poco peso muerto.”

Ha sido una constante siempre, y así ha sido vista, la calidad de los hombres y mujeres que antes y ahora componen la Guardia Civil, su prestigio, su compromiso, su responsabilidad y su sacrificio, por eso siempre ha sido garantía de un servicio bien hecho.

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