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LOS PRIMEROS EXITOS DEL TERCER TERCIO DE LA GUARDIA CIVIL

  • Escrito por Redacción

1844-GC

Antes de la llegada del tercer Tercio a Andalucía occidental el servicio de persecución de bandoleros estaba a cargo de fracciones del Ejército, el Cuerpo de Escopeteros de Andalucía y de alguna que otra partida de hombres civiles reclutados con el propósito de combatir a determinados bandoleros.

Los primeros guardias civiles seguían la pauta marcada, al esfuerzo rutinario de aquellos organismos, que consistía en salir al campo cada vez que se tenía conocimiento de alguna fechoría o se denunciaba el paso de los bandidos por alguna comarca. Inútil resulta decir que esto no conducía a nada positivo. Pero tampoco existía otro sistema.

La Guardia Civil puso a contribución del servicio una tenacidad que se haría proverbial en el Cuerpo y un nuevo procedimiento, que venía marcado por un deber profesional. Tal era la detención de desertores, prófugos, maleantes y delincuentes menores, toda una plaga de hombres perseguidos por la justicia que vivían del robo en los campos. Todos ellos constituían una excelente red de confidentes y encubridores en la que se apoyaban los bandoleros. A esto hay que añadir el perfecto conocimiento del terreno y de los habitantes de cada demarcación, impuesto exigido por Ahumada desde el primer instante de la creación del Cuerpo.

Todos estos factores debieron dar resultado porque el 23 de septiembre de 1845, a unos meses solamente de la creación, se dictaba una Real Orden por lo que se disolvía el Cuerpo de Escopeteros Reales, como consecuencia, decía lo disposición, "de haber quedado completamente organizado el tercer Tercio que tiene en el día la fuerza de 320 hombres de Infantería y 120 de Caballería". A los Escopeteros se les daba opción a integrarse en la Guardia Civil.

Pocos días más tarde, concretamente el 5 de octubre, se ordenaba que se evitara en "cuanto sea dable, distraer a los Cuerpos del Ejército en persecución de malhechores y contrabandistas, puesto que para ambos objetos se han instituido Cuerpos a quienes es peculiar dicho servicio".

A partir de ahora la Guardia Civil quedaba enfrentada en solitario al problema del bandidaje. No se podía, naturalmente, solucionar la cuestión limitándose a la vigilancia de los caminos, a lo que hemos dedicado el capítulo anterior. Era necesario subir a las Sierras, rastrear, acechar, perseguir y combatir. Y así se hizo.

La primera partida diezmada fue la de un paisano de Curro Jiménez, llamado Ramón Rosillo, terrible bandido por sus crímenes y astucia, que merodeaba por las provincias de Sevilla y Cádiz, preferentemente por la Serranía de Ronda. El teniente don José Piñal estuvo persiguiéndole cuatro días consecutivos hasta que por fin logró alcanzarle y darle muerte en un tiroteo. Días más tarde, en la misma provincia de Cádiz, se producía un choque entre guardias y una partida de seis bandoleros. Uno cayó muerto, y también el guardia Francisco Fernández García, el primer caído del Tercio. Tres días más tarde, proseguida la persecución, fueron capturados tres forajidos más de la misma banda.

Siguió en los límites de Sevilla y Huelva la partida capitaneada por "el Tuerto de Alajar", ocasión en que resultó muerto el cabo Alfonso Jiménez Serrano. Quedó destruida a continuación la de "Zamarra" (padre), y poco después la de "el Tempranillo", un bandolero sanguinario que quería emular las hazañas del famoso José María del mismo apodo. Otra partida de diez bandidos que actuaba en los términos de El Arahal y Utrera fue abatida en un combate en Cerro Camacho, después de dos días de intensa persecución. Siguió el célebre "Reinilla", en la provincia de Córdoba, muerto de un disparo del guardia Juan Ramos Gil, pocos días después de la muerte del no menos famoso "Caparrota", que nada tenía que ver con el célebre Miguelito "Caparrota", Marqués de Casavaquera.

También fue abatida en la provincia de Cádiz la cuadrilla de José Serrano Valencia; en la de Córdoba, la de Pablo Moral, y en la de Sevilla, las de Antonio Abad y Manuel Olmedo. También cayeron dos bandidos autores del asalto a la diligencia Sevilla-Granada, servicio a cargo del teniente don Castor Alvarez.

Otra partida numerosa fue eliminada por fuerzas al mando del teniente don Juan Moillos, en Cádiz, mientras en Córdoba se producía un sangriento choque en el que moría el terrible José María "el Grande", varios miembros de su partida y dos guardias, además de quedar otros dos heridos. Poco más tarde caía el célebre criminal conocido por "el Sordo de Rute", quien se lleva por delante al cabo Antonio del Moral. En Puente Genil, después de ser cercados en una casa, donde se hacen fuertes, caen los bandidos Manuel Chicón y Manuel Valdés, teniendo que pagar por ello la muerte del guardia José López. Otras dos partidas importantes abatidas fueron las de "Zamarra" (hijo) y el "Chato de Benamejí", la primera en la provincia de Sevilla y la segunda en la de Córdoba.

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