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UNA DE LAS PRIMERAS PREOCUPACIONES: LOS ASALTOS A DILIGENCIAS.

  • Escrito por Redacción

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Donde la Guardia Civil se dejaba el sudor del esfuerzo, de la rutina y de la responsabilidad en sus primeros años, era en los caminos polvorientos. Por entonces empezó a llamársele "Guardia Civil caminera". Y no sin razón. El Duque de Ahumada se había propuesto, con su proverbial tenacidad, acabar con los asaltos a las diligencias. Se carecía de hombres suficientes y se carecía de medios: una sola compañía de Caballería había de cubrir cuatro provincias. La idea de asegurar la paz en los caminos, con tales efectivos, resultaba descabellada. Ahumada no lo entendía así. Puesto que no había caballos, que el servicio se realizase a pie. Si no había bastantes hombres que no se contaran las horas de servicio. Las órdenes verbales y las circulares sobre el servicio en los caminos, en las que queda plasmada la enérgica postura del primer Inspector General, se suceden sin cesar

El 24 de julio de 1845, en una de aquellas severas circulares, emplea frases de extremada dureza y califica los robos de diligencias como "pública acusación contra la Guardia Civil". Es ésta una de las primeras disposiciones para el servicio contra el bandidaje y merece la pena insertarla íntegra. Decía así:

"Desde que la Guardia Civil empezó a hacer el servicio en las carreteras, habían desaparecido los robos, que a mano armada se solían verificar en ellas; pero en el término de once días, acaban de verificarse dos, uno en la línea de Bayona, entre Milagros y Fuente Espina, el día 2 del actual a la madrugada, y el otro en la de Sevilla entre Andujar y Villa del Río, en la madrugada del 13 del corriente. Cada uno de estos robos es una justa y pública acusación contra la Guardia Civil, pues si ésta en todas partes cumpliera con la vigilancia debida, no se verificarían. Las diligencias y correos son unos carruajes que periódicamente salen a la misma hora de esta corte, y con la diferencia de un cuarto de hora más o menos, se sabe (si no ocurre novedad) la hora a que han de pasar, por cada uno de los puntos del camino, que han de correr. A las horas que han de pasar las diligencias o sillas-correos, por el distrito de cada puesto de la Guardia Civil, su fuerza debe encontrarse sobre el camino, teniendo el debido descanso a otras horas, pero no debiendo retirarse hasta haber visto pasar las diligencias o correos sin novedad. En todos los caminos hay puntos más peligrosos que otros; en la mayor parte de ellos hay parajes elevados, desde los cuales se puede observar sin menearse del camino, lo que por él transite; y por último, cuando hay la debida vigilancia, en ninguno se puede robar, sin que antes de tres horas esté la Guardia Civil en el puesto donde se hubiese verificado el robo, pues si los individuos cumplen cual deben sus deberes, si preguntan de cuando en cuando a los viajeros, si hay novedad, y si al ver cualquier retraso en el paso de los carruajes públicos acuden hacia la parte por donde falta el carruaje, ningún robo podrá perpetrarse, en la extensión de camino Real que comprende el distrito de esa provincia. Tenga V. entendido, que la primera atención de la Guardia Civil, es la continua vigilancia y seguridad en los caminos Reales. Esta circular la trasladará V. a todos los Jefes de línea, haciendo que éstos, añadiendo sus prevenciones, la pasen a los Comandantes de todos los destacamentos y firmen al pie quedar enterados.- Dios guarde a V. muchos años.- Madrid, 24 de Junio de 1845.- El duque de Ahumada."

Con ocasión de nuevos robos, vuelve a insistir Ahumada en otra circular de 28 de marzo de 1846, en la que exige que todos los caminos reales estén vigilados al paso de los coches públicos y que los Comandantes de provincias "no estén metidos en las capitales, donde nada se sabe" y que tanto de día como de noche recorran las líneas para vigilar si los Comandantes de Puesto mantienen la vigilancia debida. Otra circular dicta el 14 de mayo del mismo año, y otra 14 días después, el 29, en la que dispone un "alerta permanente" en las casas cuarteles, en las que "deberá haber siempre luz, desde anochecer hasta después de amanecido, la que entre todos pagarán de sus haberes", porque lo malo no es que no hubiera caballos, como antes decíamos sino que no hubiera ni siquiera dinero para pagar el alumbrado de los cuarteles. Sobre el servicio en carreteras decía esta circular: "7.°. En los puestos situados en los caminos Reales, el Guardia de imaginaria deberá muy amenudo estar sobre el camino a la entrada o salida del pueblo, y en especial en las casas de postas, donde se mudan tiros, para tomar noticias y ser vistos del público por si tuviesen algún aviso que dar o servicio que reclamar. Deberá la imaginaria así como todos los Guardias, dejar siempre arreglado su vestuario, armamento y equipo, de modo que puedan vestirse, armarse y montar a caballo con la mayor prontitud. Del cumplimiento de esta circular exigirá V.S. la competente responsabilidad a los Comandantes de las respectivas provincias del Tercio de su mando"

En alguna medida disminuyeron los asaltos a diligencias, pero era obvio que no podían cortarse de raíz, sobre todo en la carretera de Andalucía, y el Inspector General, en 10 de mayo de 1847, vuelve con otra circular, muy lacónica, que parece no decir nada, pero que, entre líneas, encierra una seria advertencia: "Hasta nueva orden -dice esta circular- dos veces lo menos por semana, me dará V. parte del estado de tranquilidad pública en ese Puesto y término que tenga a su cuidado". No se podía ser más escueto ni más exigente. Los Comandantes de Puesto, últimos mandos del escalafón, habían de responder personal y directamente ante el Inspector General de cualquier asalto a diligencias.

Otra orden, de energía más expresiva, se dicta el 26 de noviembre de 1848. En ella, argumentando que en los días 18 y 22 de noviembre se habían cometido dos robos de diligencias, sentenciaba que estos robos "que han producido todo mi desagrado, justifican que no ha habido la debida vigilancia en el servicio de carretera, pues a excepción de la Guardia Civil del Principado que se halla reunida en Barcelona, toda la demás cubre la carretera del mismo modo que en el año anterior". Terminaba la circular anunciando "la exigencia de la más estrecha responsabilidad al Comandante de Línea y Puesto en cuya demarcación se verifique el robo de un carruaje público"

Esta orden venía a demostrar que el progreso había sido evidente. Se deduce de su contexto que los asaltos a diligencias son ya esporádicos y se demuestra que el dispositivo de servicio en 1847 produjo un asombroso resultado. Sin embargo la situación cambia pronto y vuelve a recrudecerse los robos de carruajes. La causa radica en que en 1848 y gran parte del año siguiente, en plena guerra carlista y alzado el país en un sinfín de revoluciones, la Guardia Civil ha de abandonar los campos e irse a la guerra o concentrarse en las capitales. Sólo en Madrid se concentraron cuatro mil hombres. Pero esto para el Inspector General no es pretexto válido y comienza a golpear con nuevas circulares sobre el servicio.

Donde el furor -no creemos exagerar- de Ahumada se hace más visible es en otra circular de 14 de julio de 1849, de la que merecen destacarse estos párrafos: "...veo con disgusto que en los seis meses y catorce días que van corridos del presente año, se han verificado diecinueve robos de carruajes públicos, lo que quiere decir que el servicio se ha relajado y algo al menos, el celo de los jefes y oficiales que debieran evitarlo" "Si V.S. cree que hay falta de celo en algún Comandante de Puesto, o Línea, lo suspenderá inmediatamente de su empleo sea de la clase que fuese..." "...Prevendrá V.S. que todas las parejas establecidas en los caminos reales, siempre que noten el retraso de un solo cuarto de hora, salgan inmediatamente hasta encontrarlo". Y terminaba la orden de esta curiosa manera: "Porque si los robos continúan en la forma en que se repiten este año, la Guardia Civil debe disolverse"

Y tanto disgusta al Duque la comisión de estos robos que recurre a un procedimiento insospechado. Hace que utilicen las diligencias viajeros enviados por él para que después le informen de como los guardias realizan el servicio. Así le llega conocimiento de que algunas parejas, según dice en otra circular de 10 de agosto, se encuentran "a una media legua de distancia de los pueblos". Y para evitar que esto siga sucediendo ordena que las parejas de los puestos limítrofes se mantengan caminando hasta encontrarse unas con otras y se intercambien una papeleta.

Dadas las distancias que existían en la época de un Puesto a otro, fácil resulta imaginar el efecto que la orden produciría en el ánimo de los guardias, en su mayor parte de infantería. Pero la orden se cumple a rajatabla, como todas. Y los resultados no dejan de verse: pronto los asaltos a las diligencias casi habrán desaparecido. La prueba la tenemos en una frase del general don Facundo Infante, segundo Inspector del Cuerpo, quien en 1854 dijo: "El robo de un carruaje público hace diez años no causaba impresión alguna en el ánimo del público, que veía con frecuencia tales hechos desgraciados; hoy nadie puede saberlo sin asombro, porque creyéndose seguros por medio de la Guardia Civil, sólo a ésta suele culpársele de que llegue a cometerse".

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