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SUBFUSIL MP 28 II DE 9 MM. LARGO: EL VERDADERO “SCHMEISSER” DE LA GUARDIA CIVIL

  • Escrito por Redacción

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Aunque a veces se había dicho que eran “copias” y que se desconocía incluso su origen, la realidad es que eran auténticos y recamarados expresamente para el entonces cartucho reglamentario español de 9 mm. largo. El autor lo acredita en su trabajo de investigación y da a conocer una excepcional pieza inédita de coleccionista: el manual original editado por la Benemérita.

Los sangrientos sucesos revolucionarios del mes de octubre de 1934 en Asturias, donde perdieron la vida más de un centenar de guardias civiles y resultaron heridos casi el doble, terminaron por convencer al ministro de la Gobernación, de la imperiosa necesidad de adquirir a la mayor brevedad posible, determinado tipo de armamento del que hasta entonces carecía la Benemérita pero del que realmente tenía mucha necesidad.

El subfusil alemán Schmeisser MP-28 II, también llamado “pistola ametralladora” o “maschinen pistole” -que era como se le denominaba en la época a este tipo de armas- fue una de las armas escogidas y esta es su historia.

El proceso de selección y compra.

El orden público fue uno de los principales y más graves problemas que tuvo que afrontar la Segunda República, siendo bastantes frecuentes los enfrentamientos violentos entre las Fuerzas de Seguridad del Estado y los revolucionarios, empleándose por parte de estos y contra aquellos, armas de fuego y artefactos explosivos de todo tipo.

El armamento básico individual de los Cuerpos de Orden Público estaba constituido por la pistola semiautomática Astra o Star de 9 mm. corto o largo y la carabina, fusil o mosquetón tipo mauser de 7 mm. En el caso de la Guardia de Asalto, había que añadir una importante partida de pistolas ametralladoras Astra, de 7’63 mm. (concretamente 600 del modelo 901 y 750 del modelo 902) pero que sólo sirvió para dotar a parte de su plantilla.

Si bien no se ha podido localizar la disposición concreta que aprobó para la Guardia Civil las “pistolas ametralladoras”, pues como tales no fueron publicadas en ningún boletín oficial, si hay referencia al menos de que ello se produjo y muy probablemente a través de una orden ministerial comunicada o similar, la cual debió ser difundida sólo a nivel interno.

Prueba de ello es que en la introducción de la O.C. de 5 de julio de 1935 del ministerio de la Gobernación, mediante la que se daba nueva redacción a algunos artículos del entonces vigente "Reglamento sobre fabricación, comercio, uso y tenencia de armas", se decía lo siguiente:

Siendo varios los jefes y oficiales que las poseen en tales condiciones, lo que les embaraza la libertad del movimiento de los mismos; y si a esto se une la concesión hecha por este Ministerio al Instituto de la Guardia Civil declarando reglamentarias varias armas ametralladoras de distintos sistemas, se ha sacado el convencimiento pleno de la necesidad de que sean reformados los artículos de referencia.”. Dichas armas se trataban de las “pistolas ametralladoras” Astra F, Star RU-35 y Schmeisser MP-28 II, si bien realmente sólo las dos últimas entraban dentro del concepto que hoy día entendemos por subfusil.

Una vez autorizada la Inspección General de la Guardia Civil por el ministerio de la Gobernación, se comenzaron inmediatamente los primeros trámites y ya el 13 de octubre de 1934, recién sofocada la intentona revolucionaria de Asturias, el coronel José Aranguren Roldán, presidente de la Comisión de Armamentos del Instituto, convocó a las “”casas productoras” para que aquellas que lo desearan, remitieran en el plazo de quince días un ejemplar de cada uno de sus modelos de pistolas de carga automática y de fuego ametrallador, al objeto de ser sometidas a diversas pruebas de evaluación. Estas debían disparar, al igual que las pistolas Star reglamentarias, el cartucho de 9 mm. largo, y además tener un dispositivo para pasar de fuego ametrallador a fuego tiro a tiro.

Las municiones para las pruebas se facilitaron por la Guardia Civil y los “agentes vendedores” de los fabricantes fueron autorizados para presenciar las diferentes pruebas de experimentación a que se sometieron las armas. La convocatoria terminaba asegurando que “si el resultado de las experiencias así lo aconseja, se solicitará de la superioridad la adquisición de un lote para experiencias de conjunto y proceder en su día a declaración de arma reglamentaria.

Sin embargo carecían de subfusiles, pues era un tipo de arma que todavía no estaba implantado siquiera en nuestro Ejército aunque tanto militares como policías tenían puestos sus ojos en él. De hecho, la casa eibarresa Bonifacio Echeverría, fabricante de las pistolas Star, venía trabajando activamente para poder ofrecer a ambos colectivos, un modelo de subfusil que pudiera ser declarado reglamentario.

Gracias a un artículo publicado en el núm. 310 de la Revista Técnica de la Guardia Civil, correspondiente al mes de diciembre de 1935, y cuyo autor era el comandante de Artillería Rafael  Fernández-Hermosa Melchor, se han desvelado bastantes claves de esta historia. Su contenido confirma determinadas ideas y despeja dudas sobre otras, máxime si se tiene presente que dicho oficial estaba destinado como asesor técnico de armamento de la Inspección General en el momento de su adquisición.

Las primeras se trataban de los subfusiles Schmeisser y Star citados, mientras que las segundas eran las pistolas ametralladoras Astra mencionadas. Respecto a los MP-28 II, se entablaron negociaciones directas desde la citada Inspección General con el fabricante, al objeto de gestionar la adquisición de dicho modelo, pero adaptado a las necesidades del Cuerpo.

La modificación concreta solicitada consistió en reconvertirlo del 9 mm. parabellum original al  9 mm. largo reglamentario. Ello no supuso una excepción ya que también se había recamarado anteriormente por motivos comerciales para el cartucho 7'63 mm. mauser, 7'65 mm. parabellum,  9 mm. mauser y .45 ACP. Tan sólo implicaba sustituir el cañón y modificar los cargadores.

Dada la urgente necesidad de este tipo de armas automáticas en la Benemérita y la falta de tiempo material para convocar un concurso en regla, se optó por la adjudicación directa a la firma alemana ya que respecto a las “pistolas Schmeisser”, existían en la citada Inspección “informes sumamente favorables.”

Tal y como se exponía en dicho artículo, “fue principio fundamental, al tratar de adquirir armas de esta clase, que todas estuvieran dispuestas para el mismo cartucho, el reglamentario; y sobre esta base, por la premura del tiempo, que no permitía la celebración de un concurso en regla, se pensó en comprar dos tipos esencialmente distintos: una pistola de forma de carabina que pudiéramos llamar -pistola ametralladora pesada- y otra -ligera-, de culatín independiente y utilizable como funda”.

Finalmente los subfusiles adquiridos fueron fabricados bajo licencia de Alemania en la fábrica belga de “Anciens Etablissements Pieper” de Herstal, siendo sometidos al igual que las Astra y Star, a las mismas pruebas en el Banco de Eibar. Es decir, todas las armas recepcionadas en la Guardia Civil fueron sometidas a un minucioso protocolo de validación.

Este consistió en la medición de velocidades iniciales, de penetraciones, de velocidades de tiro y de dispersiones; en comprobar el funcionamiento, tanto en fuego “tiro a tiro” como en “ametrallador”, con series de 10 disparos en las armas, una a una, y de 1.000 o 1.500 disparos en alguna cogida al azar; en asegurar su funcionamiento después de estar 24 horas en un estanque con agua, y en comprobar que continuaban disparando normalmente después de empolvados los mecanismos como solía ocurrir en el servicio corriente.

Para facilitar la recomposición y como control de calidad, se exigió también la posibilidad de intercambiar entre si las piezas más importantes y expuestas a deterioro. Por otro lado, por el Banco de Pruebas belga de Lieja, se hizo a los Schmeisser, la prueba de resistencia reglamentaria con cartuchos de carga reforzada y presiones superiores a la normal en un 30 por 100.

Los MP-28 II en la Guardia Civil.

Al objeto de contribuir a la instrucción de los guardias civiles con la nueva arma, se editó y distribuyó a partir de 1935, “El manual para conocimiento de las Schmeisser”, donde se explicaba con todo detalle su descripción, manejo y funcionamiento, apoyado con diversos planos, alguno de los cuales ilustran estas páginas.

Dicho manual –impreso en el Taller Escuela de Artes Gráficas de Huérfanos de la Guardia Civil- comenzaba en su primera página afirmando que la pistola ametralladora Schmeisser, por su longitud, forma y manejo debería denominarse, más bien, carabina; pero conservaba el nombre de pistola por su munición, “que es el mismo cartucho largo, de 9 milímetros, reglamentario en el Instituto y en el Ejército para las pistolas en uso”.

Previamente, antes de procederse al reparto de dicho armamento entre la fuerza, que iba dotado de machete-bayoneta, se convocó en la Inspección General del Instituto a un oficial por cada Comandancia o Unidad independiente adjudicataria, al objeto de que realizaran un cursillo sobre su funcionamiento y manejo, entregándose por cada “pistola ametralladora” Schmeisser, una dotación de 138 cartuchos de 9 mm. largo.

Al regresar dichos oficiales a sus destinos, se dispuso que procedieran a su vez a instruir al personal subordinado, debiendo especializar un grupo compuesto de una clase y cuatro guardias civiles por cada  una de dichas armas adjudicadas, “con el fin de que llegado el caso de tener que hacer uso de las mismas, quede siempre a cubierto el prestigio y buen nombre de la Institución.

Al objeto de emitir los primeros informes por parte de las unidades territoriales, se dispuso la realización de ejercicios de tiro al blanco, a razón de 69 cartuchos por subfusil, es decir, la mitad de su dotación. Debían practicarse en presencia cuando menos de un capitán y un teniente, quienes debían “estudiar detalladamente los efectos de fuego, agrupación, dispersión, velocidad, penetración, etc., y de surgir algún entorpecimiento en el funcionamiento de las armas, investigación de las causas del mismo, formalizando como final de estos ejercicios, la correspondiente memoria y estudio comparativo acerca de la eficacia y mejor manejo de las armas referidas.”

Aunque no se puede precisar el número de Schmeisser que fueron adquiridas por la Benemérita ni las que estaban previstas seguir adquiriendo, ya que el estallido de la Guerra Civil  en julio de 1936, truncó los planes de modernización de su armamento, si hay constancia documental de que llegaron a ser distribuidos por las Comandancias territoriales.

Durante la contienda fueron armas muy cotizadas por ambos bandos y su número se vio sensiblemente aumentado como consecuencia de la ayuda germana, si bien en su mayor parte de 9 mm. parabellum. No obstante, dada la gran demanda que existió entonces de subfusiles, se fabricaron también copias y modelos similares, lo que dio lugar, con el paso del tiempo, a que surgieran dudas sobre si los primeros subfusiles que se tuvieron, eran originales o no.

Finalizada la Guerra Civil, las Comandancias del Cuerpo tuvieron que informar, entre otras cuestiones, del estado de su armamento, detallándose entre sus relaciones los MP-28 II todavía existentes así como las necesidades. Ejemplo de ello fue el informe emitido en enero de 1940 por la Comandancia de Cádiz, en el que se hacía constar la existencia en plantilla de tan sólo 2 “pistolas ametralladoras Schmeisser” de 9 mm. largo, proponiéndose por el teniente coronel jefe de la misma, que se debería proceder a aumentar al menos el número de las adjudicadas hasta 25, al objeto de que cada una de las 5 cabeceras de Compañía y de las 20 de Línea que existían en la provincia, tuvieran al menos una.

Con el paso del tiempo fueron siendo dados de baja y sustituidos por el nuevo modelo que se había comenzado a producir a partir de 1940 en la Fábrica Nacional de La Coruña, aunque esta vez basado en el alemán Erma-Vollmer o EMP-35 (Erma Maschinen Pistole). Inicialmente se denominó “subfusil ametrallador automático de 9 mm., largo” y sucesivamente, con sus correspondientes modificaciones, fue denominándose “modelo 1940", “modelo 1942", “modelo C” y en sus últimos años de vida útil, “modelo Coruña”.

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Ficha técnica del subfusil MP-28 II modelo Guardia Civil, según Manual.

·        Calibre: 9 milímetros.

·        Munición: 9 milímetros largo. (9 x 23).

·        Peso del arma sin cargador: 4.000 gramos.

·        Clases de tiro: Semiautomático y automático.

·        Núm. y capacidad de los cargadores: Uno de 10 y cuatro de 32 cartuchos.

·        Longitud del arma: 810 milímetros.

·        Longitud del cañón: 200 milímetros.

·        Número de rayas del cañón: 6.

·        Dirección de las rayas: a la derecha.

·        Velocidad a 12’5 metros de la boca del arma: 355 metros por segundo.

·        Energía del proyectil a igual distancia: 53’4 kilográmetros.

·        Velocidad teórica del tiro en fuego ametrallador: 600 disparos por minuto.

·        Penetración a 30 metros sobre madera de pino: 19’5 centímetros.

·        Graduación del alza: de 100 a 1.000 metros con graduaciones intermedias cada 50 metros.  

          Por JESUS N. NUÑEZ

 http://jesusnarcisonunezcalvo.blogspot.com.es/search/label/Guardia%20Civil?updated-max=2014-11-30T14

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