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La Guardia Civil en Cuba. La Guardia Civil en la guerra permanente

  • Escrito por Redacción

Cuba 1893

La prolongación de la guerra en la paz a través de la lucha contra el «bandolerismo» se encarna también en otra creación institucional sobre el modelo de la Guardia Civil, la del Cuerpo de Orden Público.

Nacido por orden del Capitán general de 13 de Julio de 1875, con fuerzas de Infantería, «para garantir la seguridad de las personas y propiedad de esta capital», con seis compañías de un centenar de hombres, tenía como jefe al Coronel Manuel Asencio García, responsable de la Policía de La Habana; y su cartilla, redactada en 1877, estaba inspirada en la de la Guardia Civil.54

Considerando que las fuerzas de policía y salvaguardias de las principales ciudades eran insuficientes, fueron creadas entre 1877 y 1879, otras compañías para Santiago, Puerto Príncipe y Matanzas. Su efectivo de 1200 hombres se repartía en cuantos destacamentos se necesitaban en las localidades que pedían su presencia y aceptaban abonar el haber suplementario para los soldados.55

En 1880, 840 nuevas plazas fueron creadas para las provincias de Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Santa Clara, Matanzas y Pinar del Río, adelantando los gastos el Gobierno.56

La aplicación concreta de esa creación institucional acarreó problemas de definición de competencias con los funcionarios ya presentes en las ciudades, problemas que de paso muestran que la mezcla tradicional de funciones de policía y de justicia encarnada en los Capitanes Pedáneos seguía siendo una realidad, a pesar de la desaparición oficial de éstos.57

Sin embargo, esta creación permitía a la Guardia Civil, cuyos efectivos se montaron en 1881 en 4798 hombres repartidos en 435 puestos – relativamente muchos más que en la Península, donde eran 15 000 en 2000 puestos–, concentrarse, según los términos de la reorganización que se llevó a cabo ese año, en las zonas más vulnerables a los ataques, al ser zonas donde se concentraban las principales riquezas.58

Los términos de la «pacificación» emprendida por Martínez Campos después del Zanjón permiten comprender la prolongación de esa ocupación militar del territorio. Buscaba «la completa extinción del bandolerismo, impidiendo que los pocos cabecillas dispersos que aún quedan, puedan por el terror y sus exacciones, arrastrar algunos ilusos nuevamente a la insurrección».59

Como lo ha demostrado Imilcy Balboa Navarro, detrás de la figura del bandido, lo que había era un aumento muy importante de la conflictividad rural.60 En 1879, los esclavos se convirtieron en los protagonistas de la resistencia en los campos, según formas diversas, entre ellas, los incendios de cañaverales y maquinaria. El decreto de abolición del año siguiente les dotó además de nuevos medios legales para defenderse. Hacendados y gobierno temían movimientos masivos hacia las ciudades, donde además la agitación social era importante. Allí, las huelgas obreras, que convocaban a blancos y negros, planteaban serios problemas de orden público por la presencia entre los huelguistas de miembros de los Voluntarios con sus armas, lo que combinado con las fuertes tensiones entre los soldados y conatos de rebelión entre dotaciones de soldados en ingenios, podía hacer temer lo peor a las autoridades.61

La insistencia de éstas en presentar la guerra como un conflicto de razas es paralela a la voluntad de enfocar la agitación rural únicamente a partir de la categoría de bandidos: era vital evitar o minimizar las conexiones entre blancos y negros, ciudad y campo.62

Las medidas contra la vagancia completaban el dispositivo contra los bandidos y buscaban evitar que la masa de los negros se sumara a la protesta, fuera independentista u obrera; se trataba de acallar la resistencia en los campos, incluyendo a la población rural que encubría a los bandidos.63

Sin embargo, las concepciones del «desorden» que dominaban entre los militares, tendieron a agravar los disturbios. Incapaces de controlar o reprimir la multiplicidad de formas de la protesta rural, las autoridades se empecinaron en considerar que el problema  venía de unos «cabecillas». La crispación en unas figuras de bandidos capaces de arrastrar a unos ilusos, condujo a la criminalización de parte de la población rural, convirtiendo la lucha contra los bandidos en guerra contra el conjunto de la sociedad rural cubana, hechos estos que estuvieron en la raíz de la constitución de la Guardia Civil.

El 27 de junio de 1888, el Capitán general Sabas Marín decidía ampliar la aplicación de la ley de 1879 [1877] contra los bandoleros a los hechos de robos, incendios, levantamientos de rieles, ataques a los trenes o simples amenazas para cometer esas acciones y declaraba el estado de guerra para cuatro provincias. Su sucesor Salamanca daba el paso siguiente, declarando la guerra a los bandidos en la Gaceta de La Habana del 13 de marzo de 1889, enfatizando la lucha contra los «encubridores», incluso contra los funcionarios que dejasen de «cumplir con su deber». Su nueva tentativa de instituir la Guardia Rural y el Somatén, y su empleo para custodiar fincas bajo la inspección y vigilancia de los jefes y oficiales de la Guardia Civil, no dio mejores resultados que la acción solitaria de ésta, siempre inadaptada a las condiciones materiales de la Isla – guardias con alpargatas y sin machetes, con viejos fusiles Remington que funcionaban mal y pocas fuerzas montadas –; pero acentuó, eso sí, la presión social, ya que el sujeto que no colaboraba activamente era asimilado al campo del enemigo.64 De hecho, según Imilcy Balboa Navarro, 1889 es el año en el que el bandolerismo se extiende a toda la Isla y empieza a convertirse en la forma dominante de la protesta en el campo.

La creación del «gabinete particular» del nuevo Capitán General Polavieja en agosto de 1890 para concentrar todos los medios en la lucha contra el bandolerismo, y la organización de una gran campaña con 10.000 hombres, no dieron más resultados. En un informe reservado de diciembre, se reconocía la poca eficacia de esas medidas, debida a la falta de apoyo por parte de hacendados, corporaciones municipales, parte de la prensa, jefes de Voluntarios, diputados provinciales, alcaldes, etc.; por negarse todos a facilitar información a las fuerzas encargadas de la represión del bandolerismo «si como en efecto los bandoleros fueran los verdaderos protectores de sus propiedades».

También se quejaba de los jueces nativos y otros elementos de las justicias locales.65  Era una señal más de que esa «guerra» contra los «bandidos» había empezado a enfrentar al conjunto de la sociedad cubana. La supuesta violencia sistemática usada por la Guardia Civil hacia la población, reflejo al parecer de una sensación de impotencia y de estar rodeada de enemigos, contaron sin duda mucho en ese cisma radical que se preparaba. Los malos tratos que supuestamente estaba empleando la Guardia Civil en la represión del bandolerismo en la isla – el componte – habían llegado a ser denunciados en España en 1887, en un discurso del diputado Labra el 7 de febrero y en los periódicos, inclusive el Correo Militar.66

En Cuba como en la Península, la Guardia Civil jugó un papel fundamental de columna vertebral de la construcción del Estado, es decir, de su presencia en el territorio y de su capacidad de dar seguridad a la sociedad local.

Sin embargo, fue también en Cuba un elemento importante en la transformación del «mantenimiento del orden» en la guerra. Los métodos usados contra los bandoleros, y contra los «cómplices y encubridores» de los estos, llevó a que se formulara públicamente en la opinión la idea de que si «la Guardia Civil sigue por el camino que ha emprendido tendremos que pedir la supresión de la Guardia Civil».67

54 Cartilla del Cuerpo Militar de Orden Público de la Isla de Cuba, Habana, Imprenta del Ejército, 1880.

55 Infantería del Ejército de la Isla de Cuba. Escalafón general por orden de antigüedad, de los sres Jefes, Oficiales, Sargentos Primeros y Alumnos y de Milicias disciplinadas en primero de enero de 1880, Habana, Capitanía General-Estado Mayor, 1880, p. 17-24.

56 Sin embargo, en febrero de 1881, el Gobierno de la Isla presenta a los municipios unas cuentas y les reclama la nada desdeñable cantidad de más de 64000 pesos debidos desde abril de 1880. Muchos otros municipios habían reclamado fuerzas pero habían desistido por falta de fondos. Expediente promovido por el gobernador de La Habana sobre la formación del regimiento de orden público, ANC, Gob. General, leg. 41, exp. 1703.

57 La distancia entre las decisiones legales y su aplicación vuelve algo ilusoria la consideración de la centralización a partir de los cambios producidos en Madrid (creación de la Dirección General de Ultramar en 1851 y del Ministerio de Ultramar en 1863, etc.) : como lo hemos señalado en la introducción, el vocablo de centralización, comprendido desde el presente, supone la existencia previa de un Estado administrativo, circunstancia que no se daba en la realidad ; sin embargo, este debate daría para por lo menos otro artículo. Se podrán encontrar unos elementos en el libro que será publicado por la Casa de Velázquez bajo mi dirección y la de Manel Risques Corbellá : Gobernar poblaciones y hacer Estado. El orden público de las Antillas a la Península.

58 AGMM, Ultramar, leg. 4561. Al final del mismo año 1881, el Capitán general Blanco Erenas pidió otro aumento de 1000 hombres que fue denegado por Madrid. Otro expediente de reorganización de la Guardia Civil en 1884 confirmaba la seriedad del problema presupuestario: se emitía la idea de suprimir 805 hombres de tropa para reducirla a 4000 y se proponía la supresión de jefes de Tercio « y la reducción de las Comandancias a lo imprescindible » AGMM, Ultramar, leg. 4562.

59 Gaceta de La Habana, 23 de marzo de 1877, citado en Imilcy Balboa Navarro, Op. cit., p. 126.

60 Op.cit., p. ¿?

61 Sobre las huelgas, Voluntarios y soldados, ver Joan Casanovas (Bread or Bullets. Urban Labor and Spanish Colonialism in Cuba (1850-1898), University of Pittsburg Press, 1998, chapitre 6) y Manuel Moreno Fraginals, op.cit., p. 268 et sq.

62 Un telegrama del general Polavieja a un jefe de Brigada el 28 de abril de 1879, confirma el carácter voluntario y sistemático de esa política : « La partida capitaneada por Peñaló, debe considerarse por el país y por nosotros una cuadrilla de bandoleros a quienes debe despojárseles de toda bandera política con que tratan de envolverse, para lo cual publicará Vuestra Señoría sus fechorías, haciendo uso hasta de la prensa ». Citado por Imilcy Balboa Navarro, Op.cit., p. 72. De hecho, la ocupación militar del campo por la Guardia Civil y otras fuerzas fue, según Joan Casanovas, un factor nada deseñable en la incapacidad del movimiento obrero de desarrollarse fuera de las ciudades. Op. cit., p. 149.

63 Imilcy Balboa Navarro, Op. cit., y, misma autora, Los brazos necesarios. Inmigración, colonización y trabajo libre en Cuba, 1878-1898, Valencia, Fundación Instituto de Historia Social, 2000, p. 176-194.

64 AGMM, Ultramar, leg. 4561. Ver también Imilcy Balboa Navarro, La protesta rural…, p. 102 y María Poumier-Taquechel, Contribution à l’étude du bantidisme social à Cuba. L’histoire et le mythe de Manuel García « Rey de los Campos de Cuba » (1851-1895), Lille, Atelier national de reproduction des thèses/L’Harmattan, 1986, p. 301.

65 Manuel de Paz Sánchez et alii, Op. cit., p. 231.

66 Diario de sesiones del Congreso, 1887, p. 419-420. El Correo Militar de 17 de enero de 1887. Ver también El Día de 14 de enero y de 1 de septiembre del mismo año.

67 La Tribuna del 20 de febrero de 1890, citado por Imilcy Balboa Navarro, La protesta rural…, p. 120.

Por François Godicheau, « La Guardia Civil en Cuba, del control del territorio a la guerra permanente (1851-1898) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Débats, mis en ligne le 04 septembre 2014, consulté le 26 décembre 2015. URL : http://nuevomundo.revues.org/67109 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.67109

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