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La Guardia Civil en Cuba. Creación de la Guardia Civil en la Isla - Parte II

  • Escrito por Redacción

ultramar guardia civil

En 1851, según Díaz Valderrama, el nuevo Capitán General José Gutiérrez de la Concha viaja a su destino « con la colección completa de todos los reglamentos de la Guardia Civil » y escribe un proyecto y un reglamento plagiado del peninsular.12

Su buena compenetración con Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada fundador y primer director de la Guardia Civil en España entre 1844 y 1854, – que le recomendó a uno de sus próximos subordinados, el capitán del instituto Agustín Jiménez Bueno, para hacerse cargo del primer tercio cubano –, le permitió trasladar el espíritu particular del cuerpo.13

Las amistades y opiniones compartidas entre generales sobre la administración del territorio, tanto metropolitano como ultramarino, no eran cosa baladí, como lo ha mostrado José Cayuela Fernández al identificar al grupo que rodeaba a Leopoldo O’Donnell en la Unión Liberal, con los hermanos José y Manuel Gutiérrez de la Concha, Presidente éste de la Junta para la Defensa de Cuba, Francisco Serrano, Domingo Dulce, Francisco Lersundi, Blas Villate y de la Hera, Antonio Caballero de Rodas, Arsenio Martínez Campos o Camilo Polavieja.14

El hecho es importante en la medida en que la creación de la Guardia Civil en Cuba por José Gutiérrez de la Concha era parte de un plan general de reforma de la presencia española en la Isla y de control del territorio. Inauguraba un decenio durante el cual 48 000 soldados iban a llegar a Cuba, y en este sentido puede aparecer como un correlato sistemático del incremento de la presencia española en la Isla, hasta incluso el final de período.15

El mandato de este Capitán General tiene un verdadero carácter de refundación : reformó el ejército, aumentando sus efectivos, estableciendo el reemplazo de quintos para la presencia militar en Ultramar, insistió en los cuarteles, los cañones y las obras de defensa, en el adiestramiento de la tropa pero también en la capacidad de control físico del territorio isleño, con el desarrollo del ferrocarril y la ampliación de líneas telegráficas, la construcción de un camino central, la creación de núcleos fortificados. La centralización del mando en la Capitanía general, de reforma del sistema fiscal y presupuestario, unida a la reforma de la justicia y los municipios, se puede enmarcar en la progresión de la razón administrativa en todo el Estado español, a expensas de los poderes locales y de la cultura jurisdiccional.16

El interés del control gubernamental no era contradictorio con el fomento de la prosperidad económica y si bien su gestión benefició no solo al grupo conocido como «pro-peninsular», estableció buenas relaciones con los hacendados tradicionales: aunque la modernización administrativa, soñada antaño por Francisco de Arango, se orientara hacia la construcción de relaciones coloniales, el que fuera el cerebro del grupo sacarócrata, después de abandonar el anexionismo, mantuvo muy buenas relaciones con el Capitán general.17

La creación de la Guardia Civil por este Capitán general viene relatada en su memoria de 1853 entre las medidas de reorganización del ejército y las de instalación de una verdadera administración, empezando por la creación de un cuerpo de policía.18

Este término, cuyo significado estaba en plena transformación en ese momento, conservaba parte de su significado ilustrado tradicional, que lo vinculaba al fomento –como en las palabras de Francisco de Arango más arriba- pero al mismo tiempo tendía a superponerse a la institución policial.19

Gutiérrez de la Concha la califica de «gran elemento de gobierno», pero que carece «entre nosotros [de] un carácter bien definido [] no obstante la existencia del brillante cuerpo de la Guardia Civil». 20

Sus objetivos eran tanto «la tranquilidad y seguridad pública», garantizadas por ésta, como el desarrollo del «gobierno» directo del territorio, lo cual aparece en su argumentación: tanto en los pasajes de justificación de la creación del cuerpo de policía urbana de La Habana, en el mismo momento en el que se creaba el primer tercio de Guardia Civil, como en la explicación de la necesidad de ésta, se trata de romper con la cultura jurisdiccional tradicional. Tener a agentes a sueldo en la ciudad significaba terminar con la corrupción de los Comisarios de barrio y tenientes de éstos, «más de 150 hombres [que] debían levantarse diariamente con el ánimo de buscar en las multas y en los abusos que de sus atribuciones pudieran ofrecérseles», lo que entorpecía el comercio y no garantizaba ninguna seguridad.21

La misma ventaja se vislumbraba para los vecinos del campo, con el añadido de que la conducción de los presos y las rondas nocturnas a caballo en persecución de los bandidos, ya no descansarían en los ciudadanos, tiranizados por los Capitanes de partido. Quitar a éstos ese poder importante significaba debilitar una figura esencial de las comunidades locales, a la que el Capitán General acusaba además de organizar la impunidad de los reos.22 Asimismo, se precisaba y se fue repitiendo en los años siguientes que los nuevos policías y Salvaguardias, y a fortiori los Guardias Civiles, no estaban a las órdenes de los Pedáneos ni de ningún poder judicial local : dependían directamente del Capitán General y de los gobernadores, o en el caso de los policías, de las autoridades superiores del municipio, fiscalizados por éstos.

La instalación de la primera compañía de Guardia Civil, que reunía a 124 hombres en total, se realizó en 1852, y en 1853 el siguiente Capitán General, Pezuela, creó un nuevo batallón y llevó el número total a 258 guardias. Sin embargo, se trataba todavía de soldados y oficiales separados de su cuerpo de origen y no oficialmente integrados en el Cuerpo de la Guardia Civil de España: empezaba a plantearse la cuestión del amalgama entre las fuerzas ultramarinas y peninsulares, que sólo se resolvería 18 años más tarde. Los hombres empezaron su nueva carrera con sólo una corta gratificación, que se abonó del fondo de emancipados. Luego, cuando se regularizó, la diferencia de sueldos con los otros cuerpos del ejército, en particular en el caso de los suboficiales y oficiales, encareció mucho el coste de la iniciativa: era un cuerpo de élite y tenía que resultar atractivo para poder seleccionar a los más aptos y para compensar la mayor dureza del servicio. Durante los primeros años, desarrollaron su cometido bajo la dependencia de la Comisión superior de Policía de la capital y unidos a los efectivos policiales de Salvaguardas.

En 1854, de vuelta a Cuba para su segundo mandato, José Gutiérrez de la Concha reorganizó y reconcentró la fuerza (en La Habana y en Vuelta de Abajo) haciendo aprobar la organización por la reina. El número total de guardias pasó entonces a 600 hombres. Finalmente, otra reorganización se verificó en 1857-1858, llevó los efectivos a 1000 hombres y los repartió en tres compañías localizadas en La Habana, Santiago de Cuba y Puerto Príncipe.23

12 José Díaz Valderrama, Historia, servicios notables, socorros, comentarios de la cartilla y reflexiones sobre el cuerpo de la Guardia Civil, Madrid, J.M. Ducazcal, 1858, p. 153.

13 El fundador de la Guardia Civil, con antepasados ilustres en ultramar, era sobrino de Joaquín Ezpeleta Enrile. Tampoco desconocía la problemática cubana el general Mac Crohon y Blake, director general del Insituto entre 1856 y 1858 ya que había sido gobernador de Santiago de Cuba a las ordenes del Capitán General Jerónimo Valdés.

14 Lo cual no significa evidentemente que aplicaran la misma política en la Isla, interviniendo unos y otros en épocas muy diferentes durante la segunda mitad del siglo. Cf. José Cayuela Fernández, « Los Capitanes generales de Cuba : élites coloniales y élites metropolitanas », Historia Contemporánea, n°13-14, 1996, p. 197-222.

15 Cifra dada por Manuel Moreno Fraginals, op.cit., p. 218.

16 José Cayuela Fernández, Bahia de Ultramar. España y Cuba en el siglo XIX. El control de las relaciones coloniales, Madrid, Siglo XXI, 1993, especialmente p. 152 et sq. Ver también José Gutiérrez de la Concha, Memorias sobre el estado político, gobierno y administración de la Isla de Cuba, Madrid, 1853.

17 Manuel Moreno Fraginals, op.cit., p. 205.

18 Gutiérrez de la Concha, José, op.cit., p. 10 et sq.

19 Pablo Sánchez León, « Ordenar la civilización : semántica del concepto de Policía en los orígenes de la Ilustración Española », Política y Sociedad, 2005, Vol. 42, n° 3, p. 139-156.

20 Ibid., p. 95. Sobre la comparación con la gendarmería francesa y cuerpos similares, ver François Godicheau, « La Garde Civile en Outre-mer : une gendarmerie coloniale ? », en Arnaud Houte y Jean Noël Luc (dir.), Gendarmeries dans le monde, 19e-20e siècles, Paris, PUPS, en prensa.

21 Gutiérrez de la Concha, José, op.cit., p. 97.

22 Ibid., p. 103-104.

23 José Díaz Valderrama, Op.cit., p. 154.

Por François Godicheau, « La Guardia Civil en Cuba, del control del territorio a la guerra permanente (1851-1898) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Débats, mis en ligne le 04 septembre 2014, consulté le 26 décembre 2015. URL : http://nuevomundo.revues.org/67109 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.67109

 

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