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Uniformidad de la Guardia Civil. Capítulo III

  • Escrito por Redacción

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La uniformidad, constante preocupación de todos los Directores Generales del Cuerpo, no lo fue menos para el excelentísimo señor don Francisco Serrano Bedoya.

El 28 de marzo de 1866, cuando apenas llevaba tres meses en el cargo, al observar las múltiples y diversas Órdenes y circulares que con respecto al vestuario existían en el Instituto y con el fin de lograr unificación en las normal a seguir para uso de los distintos uniformes en el servicio, ordena que todas las disposiciones sobre este particular se recopilen en la denominada "Instrucción general para la uniformidad de la Guardia Civil”, así como también la inclusión de otras modificaciones o variaciones que é1 mismo implantaba, recomendando a los Comandantes de provincias que, una vez concluida su publicación en el Boletín Oficial, se conservará un ejemplar en cada Puesto para conocimiento de todo el personal. Era una extensa instrucción, muy pormenorizada y que regularía la uniformidad del Cuerpo durante bastante tiempo.

Se mantenía el sombrero de tres picos de fieltro negro guarnecido de galón de algodón blanco, presilla de hilo, escarapela encarnada, barboquejo de charol negro, de cuyo color era la funda de hule, con las siguientes dimensiones:

Altura de la pala posterior
Ancho de la misma tomada por el borde inferior del galón
Altura de la anterior
Ancho de la misma tomado por el borde inferior del galón
Largo de cada pico tomado desde la copa
Ancho de los mismos
Ancho del galón para guarnecer
Ancho del galón de la presilla
Ancho total de la presilla, contando con la abert. del centro
Escarapela, diámetro
16 centímetros
22     "
11     "
33     "
11     "
 8     "
 8     "
 2     " 3 mm.
 5     "
 7     "

Las prendas mayores tenían las siguientes características: Casaca, de paño azul tina, solapa sobrepuesta con siete botones por cada lado, de grana por el anverso y azul por el reverso, cuello cerrado con tres corchetes, las vueltas y vivos de grana como las barras y, en sus extremos, castillos y leones bordados en hilo blanco; llevaba presillón de algodón blanco colocado sobre las hombreras para sujetar el correaje, con botón convexo blanco y escudo de Armas Reales coronado, más las iniciales G. C., confeccionado en material de cascarilla. Levita, de paño de 30°, azul tina, abrochada con solapas y siete botones, cuello y vueltas de grana, con presillón idéntico a la prenda anterior; los faldones quedaban a 8 cms. por encima de la rodilla y las bocamangas tenían una anchura de 24 cms. Pantalón, de igual paño que la casaca, con vivo grana a lo largo de las costuras exteriores, sin trabillas y con bolsillos. Capota, de paño verde, con carteras encarnadas en el cuello y abrochada con cuatro corchetes. Y chaqueta, de paño marengo, con una sola carrera de siete botones pequeños.

En cuanto a las prendas menores, se describían con minuciosos detalles que no entraremos a especificar por su extensión y escasa relevancia. Estas prendas eran: botín, de paño azul tina, abrochado por encima de la rodilla con 12 botones de uniforme pequeños: polaina, corbatín, guantes, de punto de algodón blanco; borceguí, camisa y gorro.

Para la Caballería se reglamentaba igual sombrero, casaca, calzón, polaina, pantalón, corbatín, camisa, chaqueta marenga y borceguí que para la Infantería.

Sargento en uniforme de gala
Sargento en uniforme de gala. Año 1872.

Existía diferencia en cuanto a lo levita, ya que sus faldones terminaban a quince centímetros por encima de la rodilla, mientras que en la Infantería eran sólo ocho. El boca-botín había de ser de punto blanco. La bota de montar estaba confeccionada de suela y armada. Las espuelas eran de hierro con dos botones y guarda-polvo para la bota de montar, y vaquera para cuando no se llevase esta prenda. Los guantes estaban confeccionados de ante amarillo para el servicio a caballo y de algodón para uso pie a tierra, igual que la Infantería. El capote, de pafio azul tina, llevaba aletas, dos bolsillos interiores en los delanteros, forro de bayeta verde hasta la cintura, cuello alto abrochado con tres corchetes y cartera encarnada con un botón pequeño en cada extremo de ella; llevaba además una esclavina corta de unos cuarenta y siete centímetros, con cinco botones grandes para abrochar en el cuerpo y otros cinco pequeños en la abertura posterior, El pantalón para cuadra estaba hecho de lienzo rayado.

Para los actor de servicio, la Caballería llevaba colocado el revólver en el cinturón del sable, al costado derecho y se usaba con los distintos uniformes.

Los cornetas y tambores habían de usar igual uniformidad que los guardias de las respectivas Armas, con la sola diferencia que la casaca era encarnada, con el cuello, vueltas y barras azul turquí; del mismo color era también el presillón, que cambiaba en encarnado para la levita.

El uniforme de las fuerzas del Tercio de Madrid era idéntico al detallado para el Cuerpo de Guardias Civiles, en sus Armas respectivas, diferenciándose tan sólo en que los componentes de dicho Tercio llevaban una sardineta de galón blanco en el cuello, terminada en punta aguda y con un botón sobre ella.

En cuanto a los Guardias Jóvenes, la gorra estaba confeccionada de fieltro blanco, con presilla de metal dorado, escarapela, cordón de hilo blanco, con la imperial de charol negro, y una cinta de igual hilo en la parte inferior. Levita de patio, con forma, calidad y dimensiones igual a la usada por los miembros del Cuerpo. El pantalón hecho de patio azul gris. El corbatín, de patio negro. La chaqueta, del mismo paño que el pantalón, con cuello cerrado, hombreras y una carrera de botones. La camisa era de lienzo blanco. El gorro de cuartel, idéntico al del Cuerpo. El pantalón y la blusa de lienzo, aplomado. Los pañuelos eran de algodón. El borceguí, lo mismo que el usado por la Infantería y un cinturón para la gimnasia.

Guardia de Caballería
Guardia de Caballería. Año 1890.

Los Jefes de ambas Armas, así como los oficiales de Caballería llevarían para su uso igual sombrero que el de la tropa, guarnecido de galón y presilla de plata, y en ésta la divisa. La casaca, de patio azul turquí, era idéntica a la de los guardias, pero con castillos y leones bordados en hilo de plata al extremo de los faldones; la hombrera era del mismo patio con el vivo grana, guarnecida de una trencilla de plata de dos milímetros de anchura en cuyo centro se vela la cifra Isabel 2.1 (Y2.ª) con la corona real en su parte superior, de metal blanco imitando al castillo de plata nato y sobre un fondo de terciopelo carmesí, con botón de cascarilla como el designado para los guardias. La levita de Igual color, dimensiones y forma que para los guardias y hombreras iguales que las usadas para la casaca. El pantalón, de paño azul tina, con vivo grana a lo largo de las costuras exteriores, y trabillas. El calzón, de punto blanco. El capote tendría la misma forma que el de los guardias de Caballería, pero con el cuello grana, y la esclavina tenía 85 centímetros de larga con el forro del cuello de terciopelo color grosella. El boca-botín, de punto blanco. La bota de montar, de piel de becerro suave, sin charol, y de hechura como la de la tropa. La bota o botina confeccionada en piel de becerro o charol. Las espuelas, fabricadas en hierro, iguales a la de los guardias para la bota de montar, tanto para el servicio a caballo como para paseo. Los guantes, de ante amarillo para montar y de algodón blanco en su servicio de diario. El corbatín de pique de seda.

La uniformidad de los Oficiales de Infantería se componía de sombrero como el de los guardias de la referida Arma, guarnecido con galón de hilo de plata, de cuyo metal era también la presilla; casaca y levita igual a la usada por los Jefes; pantalón de paño azul tina, con vivo encarnado; capote de patio azul idéntico al de los Oficiales de Caballería; guantes de algodón blanco; polainas de cuero, abrochadas por encima de la rodilla; bota o botina de charol o becerro, pero liso, no imitando zapato o botín aunque fuese del propio material y corbatín igual al de los Oficiales de Caballería.

La referida Instrucción prevenía que los guardias al ingresar en el Cuerpo recibieran una sola prenda de cada clase de las que componen el vestuario, y en caso de que se inutilizase alguna par accidente extraordinario, el interesado debería de proveerse de dobles prendas. Pasados los seis primeros meses se les facilitarían otra levita y pantalón, siempre que los necesitasen, si bien, se autorizaba a aquellos individuos que lo deseasen a que los adquiriesen por su cuenta.

Se consentía a los guardias que usasen sombrero viejo con funda y levita deteriorada, aunque tuviesen remiendos, siempre que dichas prendas estuviesen limpias y curiosas para los servicios de noche, días de temporal o cuando tuviesen que realizar excursiones de interior.

El presillón de las casacas y levitas se colocarían con tres vueltas retorcidas cuando no llevasen las correas de las cartucheras y con sólo dos vueltas cuando las mismas fuesen puestas.

Guardia de Caballería con capote
Guardia de Caballería con capote. Año 1878.

Las solapas se abrochaban alternándose por trimestre a partir del día primero de cada ario natural; se comenzaba por la solapa izquierda y se continuaba de forma sucesiva, con el fin de preservar el colorido de la tela en ambos lados.

Las divisas

La Instrucción General para la Uniformidad se ocupaba extensamente de las divisas de los distintos empleos.

Para los Coroneles establecía en la bocamanga de la casaca y levita tres galones de cinco hilos de plata, de un centímetro de ancho y con un intervalo entre ellos de dos milímetros, y tres estrellas de ocho puntas de tres centímetros de diámetro, cada una de metal blanco, coloca das por debajo de dichos galones y a un centímetro una de la otra. En el hombro y en el lugar de la presilla iban tres galones de la clase y dimensiones citadas, como igualmente en el cuello del capote.

Los Tenientes Coroneles se distinguían por dos galones de plata y dos estrellas iguales, colocadas en idéntica forma y en las mismas prendas usadas por los Coroneles.

Los Comandantes llevaban dos galones, el superior de plata y el inferior de oro, y dos estrellas, una de oro y otra de plata, colocada ésta en la parte exterior.

Los Capitanes usaban tres galones en la parte superior de cada brazo, formando un ángulo de 60°, terminando el galón inferior a la altura del codo, por ambas costuras, con igual intervalo, y tres estrellas con separación de tres centímetros entre ellas y de un centímetro del galón más inmediato.

Los Tenientes empleaban dos galones y dos estrellas en la misma forma que los Capitanes.

Los Subtenientes y Alféreces se distinguían por un galón formando ángulo agudo y, en su vértice, una estrella.

Las divisas de los Sargentos primeros eran tres galones de plata, de los llamados de panecillo, de trece milímetros de ancho, colocados con separación de dos milímetros entre cada uno de ellos; en cuanto a los Sargentos segundos se componía de dos galones idéntico al anterior.

Los Cabos primeros llevaban tres galones de estambre color rojo, de igual ancho que el de los Sargentos; el de los Cabos segundos estaba compuesto por dos galones.

La divisa de los Guardias de primera clase era un galón de estambre, igual al descrito para los Cabos, si bien colocado entre el codo y el hombro de la manga izquierda, formando un ángulo agudo con el vértice hacia arriba.

En los extremos de los cuellos de las capotas y capotes de los empleos anteriormente citados se colocaban las mismas divisas, pero de forma vertical.

Los galones de grado superior eran los correspondientes a dicho grado, pero sin más estrellas que las pertenecientes al empleo efectivo. Si fuese Capitán o subalterno con el grado superior, los galones iban colocados en las bocamangas y las estrellas en el antebrazo.

Las divisas del sombrero de los Capitanes y subalternos eran de tres trencillas de cinco milímetros de ancha, y con igual distancia en su separación; dos en los Tenientes y una para los Subtenientes o Alféreces. Estas trencillas formaban la presilla que daba la vuelta al botón, dejando en el medio un espacio de diez milímetros.

La divisa de los Sargentos graduados de oficial era la marcada para los Subtenientes o Alféreces en la manga, pero sin estrella, y el resto del uniforme como el de los demás Sargentos.

Las condecoraciones de los jefes y oficiales iban colocadas en .un pasador de metal dorado que embebía las cintas correspondientes, no guardando más distancia entre sí que la precisa para fijar un ligero filete o bisel que las dividiese, quedando unidas a los pasadores por una pequeña anilla sin que colgase o sobresaliese cinta alguna. Cuando fuese necesario colocarlas en dos ordenes, el primero iría a la altura del primer botón de la casaca y el segundo a la del tercero, y en una distancia intermedia en caso de que pudieran llevarse en un sólo orden, y por debajo de estas las placas correspondientes a otras condecoraciones.

La Cruz de María Isabel Luisa, que era de plata y con cinta celeste, aunque fuese pensionada para las clases de tropa, se llevaba dorada con la misma cinta cuando los que la tuviesen concedida ascendiesen a oficial. Los individuos de tropa llevarán la cinta con la cruz pendiente de una presilla de estambre del color de la solapa en que se colocase.

La gala

Por lo que se refiere a la uniformidad de gran gala, para la Infantería se componía de sombrero sin funda, casaca con solapa grana, calzón de punto blanco, botín azul tina y, para la Caballería, estas prendas se complementaban con la bota de montar, así como espada de ceñir para los jefes de ambas Armas y oficiales de Infantería. Este traje se vestía el día de Jueves Santo, el del Santísimo Corpus Cristi, el día de S. M. la Reina, el de S. M. el Rey y el de S. A. R. el Príncipe de Asturias. En cuanto al uniforme de gala, el sombrero se llevaría sin funda, la casaca con solapa encarnada y el pantalón, azul tina. Los jefes y oficiales lo complementarían con la espada ceñida. Este vestuario se usaba los días 1. ° de ano, el de la Adoración de los Santos Reyes, Viernes Santo, Ascensión del Señor, el del Apóstol Santiago Patrón de España, Purísima Concepción y el de los cumpleaños de SS. MM. y A. R. el Príncipe de Asturias.

La uniformidad de los domingos y demás días festivos siempre que no se realizase el servicio de carretera, incluía además de las prendas del día de gala, la casaca con solapa azul en vez de la encarnada señalada para la festividad de estos días.

Uso de las prendas de uniforme.

La fuerza de Caballería habían de usar siempre, con las botas de montar, el boca-botín, y en su salida de la Casa-Cuartel, ya fuera colectiva o aisladamente, llevarían puestas las espuelas y el pantalón con trabilla, y los jefes y oficiales, además, la espada. Esta fuerza siempre que montase llevando los caballos con manta y cabezón vestirían el traje de cuartel con gorro, así como para ir a extraer las provisiones.

Corneta en uniforme de media gala
Corneta en uniforme de media gala. Año 1890.

La fuerza de Infantería, y jefes y oficiales de ambas Armas, fuera del acuartelamiento no harían uso del gorro de cuartel, y en cuanto a los primeros solamente usarán el sable o machete pendiente del cinturón por un tahalí colocado al costado izquierdo, al ir sin las demás armas.

La Infantería en las poblaciones, diariamente, iba uniformada con el sombrero sin funda, siempre que no lloviese o nevase, levita y pantalón de paño azul. La Caballería en su servicio pie a tierra llevaba idéntica vestimenta, además de las botas de montar.

Los jefes y oficiales de ambas armas, con el traje anteriormente descrito, llevaban la espada de ceñir para todos los servicios a pie, y para los de a caballo, la de montar, y el revólver sujeto en el cinturón del sable al costado derecho.

Pare el servicio en carretera, la uniformidad reglamentaria en Infantería era sombrero con funda, levita, pantalón azul y polaina, capota arrollada y en collera sobre el hombro izquierdo por encima de la cartera. En las estaciones calurosas, tanto las polainas como el abrigo, se determinaría por los Jefes los días de su uso.

La levita y pantalón como la tropa, el botín de cuero alto, la espada de montar y en su cinturón la pistola revólver, era la dotación de los Oficiales de Infantería.

La Caballería para el servicio montado en carretera se diferenciaba únicamente con el de población en que el sombrero iba provisto con funda. En el servicio a pie, la prenda de cabeza, la levita, el pantalón, la polaina de patio pardo y el capote eran idénticos al de la Infantería, además de la pistolera, cartuchera y cinturón de la espada, pero sin llevar esta. Los Jefes y Oficiales de esta Arma, con el traje análogo al reseñado anteriormente para la tropa, añadían la bota de montar.

Las fechas señaladas para el uso de las prendas de abrigo de ambas Armas del Cuerpo comprendían desde el mes de octubre al de abril y en las horas que mediaban desde la puesta del sol hasta las nueve de la mañana del siguiente día. Se prevenía que se llevarán bien colocadas abrochados los corchetes del cuello y sin embozarse. Igualmente, este capote o capota podía usarse en los días de lluvia o nieve, en cualquier hora y estación del año; pero para el servicio en población, si el rigor del frío reclamase dichas prendas, podrían vestirse, pero en la inteligencia de que si el tiempo estaba despejado no se usaría desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde, salvo orden expresa del Jefe del Puesto, que graduaría el periodo de tiempo.

Montura y equipo

La Instrucción General sobre Uniformidad también se ocupó de fijar todas y cada una de las piezas de montura y equipo, que pasamos a describir: La silla, de cuero de color avellana de las llamadas a la dragona, estaba compuesta por armadura de aya témpanos y bastones de lienzo y badana de primera clase, rellenos de pelote y cerdas; filete delantero con una anilla de hierro para sujetar el carcás y portacarabina; cinchas de cáñamo, reforzadas de cuero de color de la silla; orcales en su parte superior y la maestra en la inferior. El pretal, de color negro como el resto del correaje, de pechera y dos brazos, llevando en su centro un escudo ovalado con las Armas Reales y las iniciales del Cuerpo, tres correas de grupa a igual número de ellas para atar la capa, con idéntico color. En el lado de montar se colocaba una cañonera y, en el opuesto, una bolsa de herraje.

Los estribos eran de hierro bruñido, con el hondón recto y abierto en el centro, y de sus extremos partía el aro de anilla fija.

La brida era de cuero negro con hechura española, hebillas dobles y pasador de metal. En la frontalera y muserola, por su parte anterior, lleva un escudo de metal amarillo con las armas a iniciales G. C.; el bocado era de cama recta y en el remate de la embocadura tenía un pequeño escudo dorado, abarcado por unos arquitos para colocar en ellos las falsas riendas. Debajo de estos arcos iban el alacrán abierto y el cerrado. La cadenilla de barbada era de mallas lisas y dobles, y las riendas, de 1,50 metros de largo.

El cabezón, de hierro bruñido, formaba medía cana, rayada verticalmente en su parte interior, y adheridas a esta serrata llevaba dos planchuelas de bisagra, a cuyos extremos se unían dos correas, una con hebilla. En la parte anterior llevaba dos pilarcitos, rematados por anillas en las falsas riendas, que eran de color negro, con una longitud de 1,36 metros.

La cabezada de pesebre, también de cuero negro, llevaba una hebilla de coscoja, cuadradillos, argolla y calabacilla charoladas con ronzal de su color.

Las mantas de jerga, que se adquirían en la localidad de Getafe, eran a cuadraditos blancos y negros, de 1,86 metros de largo por 1,34 de ancho. Por uno de los lados iba cosida con objeto de que el cogujón abrigase el cuarto posterior del caballo, llevando al mismo tiempo un témpano circular de suela abierto en su centro; en sus puntas opuestas se observaban dos correas cosidas sobre un triángulo de suela que, introducidas por el agujero del témpano, permitían conducir el pienso.

El cinchuelo consistía en una cinta fuerte de 1,55 metros de largo por ocho centímetros de ancho, al que iba unida la almohadilla; en uno de sus extremos figuraba una hebilla de cascoja y, en el opuesto, un latiguillo de correa.

El saco de la cebada, construido de lona aplomada, medía por su parte central 21 centímetros de ancho y en sus extremos. 36 centímetros. Por su lado anterior lleva dos carteras cosidas y debajo del extremo izquierdo iba la boca. Por la parte inferior tenía dos frontezuelas de la misma tela para asegurar los extremos de la manta.

La bruza era fabricada de pelo de cerdo blanco, con 15 carreras fijas en una tabla de tellera con tapa de nogal blanco y una correa de cuero negro para pasar la mano.

De chapa de hierro negro, sin mango, era la almohaza, con dos puertas a los costados para fijar la correa por donde pasa la mano.

El morral de pienso estaba confeccionado de lona rayada, con una correa de látigo al lado derecho y otra más corta con hebilla al izquierdo. La maleta, de cuero negro; la funda de la maleta, de paño azul con témpanos galoneados de blanco. El cubrecapote, de paño azul tina, con franja de galón blanco por la parte interior del galón y a la altura de la correa de sujeción de la capa tenía una abertura, a fin de que saliese por ella una correa para abrazar al capote.

La funda de capote era de lona rayada, abrochada con botones de hueso blanco.

La mantilla, de paño azul tina, estaba galoneada de blanco con las iniciales G. C. bordadas en las puntas.

Las prendas de montar para los trompetas eran iguales que la de los guardias, excepto la maleta, cubrecapote y mantilla, que eran encarnadas, y el rozadero de esta última prenda, de piel color avellana.

En cuanto a la montura y equipo del caballo de los Jefes de ambas Armas y Oficiales de Caballería no variaba en la forma y dimensiones de la detallada para los guardias. La “caballería y borrones" de la silla eran de piel de cerdo; en las cañoneras llevaban un carcás para cartuchos. Las galones de la maleta y cubrecapote, así como los bordados de estas prendas, iban cosidos con hilo de plata. La funda de capote era de paño azul con vivos encarnados, y el saco de cebada, de piel de cabra con témpanos, llevaba una cartera a cada lado y bolsa para tintero. Las hebillas de las bridas y cabezón eran doradas.

Un poco más reducidas eran las dimensiones de la silla adjudicada a los Oficiales de Infantería, la cual carecía de tapafunda, mantilla y maleta de paño; como maleta usaban la funda de cuero.

Una Circular de 27 de octubre de 1860, en relación con el denominado poncho de abrigo, prenda que usaban los guardias de Caballería, decía que “su forma era igual a la de un gabán holgado con solapas cruzadas y don hileras de cuatro botones de los usados en el Cuerpo; cuello de 13 centímetros de alto, con tapabocas abrochados con dos botones pequeños en el lado izquierdo y uno en el derecho; una presilla en los hombros fija en la parte interior, de cuatro centímetros de ancho, que se abrocha a un botón de hueso; el forro de abrigo es de muletón aplomado, con un bolsillo en la parte interior de cada lado. Capucha suelta, adherida a una esclavina de 40 centímetros de largo, teniendo aquella dos aberturas para las correas de barboquejo y dos más grandes a la altura de las orejas, sujetándose dicha prenda con una portezuela fija en el lado izquierdo y que se abrocha en el otro con dos pequeños botones del Cuerpo. La parte superior de la capucha o casquete es de tela aplomada”.

Todo cuanto hasta aquí hemos descrito, quizá excesivamente extenso, pero creemos que necesario, era cuanto prevenía la Instrucción General de Uniformidad de fecha 28 de marzo de 1866, que marco la pauta sobre la forma de vestir en el Instituto durante bastantes años; forma que mereció la aceptación de propios y extraños a incluso sería copiada, como le ocurrió a la Guardia Municipal de Sevilla, pues hemos encontrado una curiosa disposición de 26 de junio de dicho ano en la que el Inspector General del Cuerpo comunica al Ministro de la Guerra que existía similitud entre los uniformes de los componentes del Instituto y los municipales de Sevilla, y solicitaba se ordenase la variación del uniforme de los expresados municipales para así evitar equivocaciones que pudieran ser perjudiciales al servicio.

La segunda época del General Serrano Bedoya

El 25 de octubre de 1868 vuelve nuevamente para dirigir a los hombres del Instituto el excelentísimo señor don Francisco Serrano Bedoya. Esta segunda etapa de su mando duraría tres años, ocho meses y veintitrés días, tiempo en que se acreditaría como prestigioso mando del Cuerpo.

En Circular de 25 de enero del siguiente ano dispuso que los Sargentos del Instituto que fuesen Oficiales del Ejército o tuviesen grado de tal usasen en el sombrero galón de plata, que las hombreras de sus levitas y casacas fuesen como las que usaban los Oficiales del Cuerpo, en vez de la trencilla de algodón blanco que llevaba la tropa, y que los castillos y leones de los faldones de la casaca debían de ser bordados en hilo de plata.

Los Sargentos caracterizados de Oficial del Arma de Caballería habían de llevar galón de plata en el gorro de cuartel, pero las galas del caballo que éstos montasen continuarían siendo de galón de algodón blanco.

Meses después, el 14 de julio, se ampliaba la anterior circular en el sentido de que los Sargentos primeros con grado de Alféreces podían usar en los actos de servicio las hombreras de algodón, aunque en las poblaciones llevarían puestas las de hilillo de plata.

En 19 de marzo de 1869, Serrano propone al Ministerio de la Guerra una serie de innovaciones en la uniformidad del Cuerpo a fin de mejorarla, según aconsejaba la experiencia de los años transcurridos. El Ministro aprobó la propuesta y, en consecuencia, el vestuario paso a ser el siguiente: Sombrero de tres picos, con galón y presilla de hilo blanco de dos pulgadas y 10 líneas de ancho, y escarapela encarnada para ambas Armas del Cuerpo. Barboquejo de charol negro. Casaca de paño azul turquí con solapa sobrepuesta, encarnada por el anverso y azul por el reverso; cuello, vueltas y barras encarnadas, y al final de estas, castillos y leones bordados de hilo blanco; presilla blanca sobre los hombros, que servía para sujetar el correaje. Pantalón de paño azul turquí, con vivo encarnado en la costura. Capota confeccionada de paño verde con carteras encarnadas en el cuello, llevándola los Oficiales toda del mismo color; además de las divisas, llevaban bordadas las iniciales del Cuerpo. Botín alto de paño azul turquí. Chaqueta azul prusia para el interior de los acuartelamientos. Zapato abotinado. Levita azul turquí con solapa, cuello y vueltas encarnados y presilla en los hombros, como en la casaca; para la Caballería, el faldón de esta prenda era más corto. Y los guantes reglamentarios, fabricados en piel de castor.

Para los Jefes y Oficiales que eran plazas montadas, la túnica se convertía en capote ruso, con cuello grana, en el que llevaban las divisas del empleo y las iniciales del Cuerpo. Este abrigo era usado en los servicios a pie. En los días de lluvia o nieve llevarían colocada la esclavina larga postiza sobre el capote ruso, con seis botones por delante para abrocharla.

El vestuario de los cornetas, tambores y trompetas era idéntico al anteriormente descrito, con excepción de la casaca, que era de color encarnado, con cuello, vueltas, barras y presillón azul turquí. Este presillón en la levita era encarnado.

La uniformidad para los guardias jóvenes era homogénea a los veteranos del Instituto, con la excepción de la prenda de cabeza, denominada ros, de color gris, con galón encarnado en la parte superior, escarapela en el centro con presilla de metal blanco formando cordoncillo y botón del Cuerpo; bombilla del mismo metal y color con “sprit” de cerda blanco.

En cuanto al equipo de montura, la mantilla, además de ser de paño azul turquí, llevaba adherido el escudo de Armas bordado, y la funda para el capote era de tejido de lana. Este equipo, para los trompetas de Caballería, variaba en color encarnado.

El 24 de abril de 1869, el Director General comunicaba a los Jefes de Tercios lo siguiente:

“Sección Central.- Núm. 79.- Con esta fecha digo al Jefe del 5.º Tercio lo que sigue: Enterado del escrito de V. S. de 13 del actual, en el que me consulta la conveniencia de que se dicte una disposición que fije las prendas que deberán usar y llevar las compañías de ese Tercio en el caso de marchar de operaciones, con objeto de que lo verifiquen con la debida uniformidad, supuesto que hasta el presente no se ha acordado ninguna que precise las que hayan de usarse en el referido caso; he dispuesto, que a fin de obtener el indicado objeto, tanto en las fuerzas de Infantería como de Caballería del Cuerpo que hayan de reconcentrarse o marchar a operaciones momentáneas, usen y lleven las prendas que para unas y otras se detallan a continuación, colocándolas en la forma que se indica.
“Los de Infantería usarán el traje completo de carretera, con la polaina, cualquiera que sea la estación en que lo verifique. En vez de la cartera llevarán puestas las mochilas y dentro de ellas las prendas siguientes: un pantalón de paño, una chaqueta marenga, el gorro de cuartel, un par de guantes, otro de hombreras, una toalla, una muda de ropa blanca y la bolsa de aseo completa, excepto los cepillos de calzado y caja de betún que irán en la bolsa exterior de la misma. Alrededor de la mochila, arrollada y sujeta con las correas de las cantoneras laterales, se colocara la capota y un par de borceguíes, las suelas hacia afuera y el tacón para arriba.
La Caballería usara asimismo el traje de carretera y en la maleta llevarán un pantalón de paño, un par de bocabotines, otro de hombreras, dos guantes, unos de ante y otros de algodón, a igual número de prendas de ropa blanca se indica para la Infantería, y la bolsa de aseo completa, excepto los cepillos de calzado y caja de betún, que se colocarán en la cartera derecha del saco de cebada, con el cinchuelo y trabas del caballo; en la cartera izquierda del mismo saco se llevarán un par de borceguíes con otro de espuelas dentro de ellos y el morral de pienso. La chaqueta marenga se colocará doblada en la perilla de la silla encima del capote y dentro de la funda de éste, y el gorro de cuartel en la bolsa izquierda de la mencionada funda.
Para los casos de operaciones de campaña se adoptara un morral, cuyas dimensiones y manera de usarlo se dictarán oportunamente”.

Con igual fecha, Serrano ordenaba que las hombreras de las casacas y levitas que llevaban los Jefes y Oficiales quedasen sustituidas por la presilla que empleaban las clases de tropa, con la sola diferencia de que, en lugar de ser de algodón, fueran de cordón de plata.

El Director General, al observar que un crecido número de individuos del Cuerpo portaban a la vista cadenas, cordones, llaves y dijes del reloj, paralelos a las botonaduras de las levitas o casacas, en Circular de 19 de abril de 1870 decía que “estas faltas probaban un gran descuido y abandono, en los que por sus cargos son responsables del cumplimiento de las Ordenanzas y Órdenes Circulares del Cuerpo, prometiéndome que cortaré de raíz este abuso que tanto desprestigia a la Institución”.

Dada la importancia y significación que tenían en aquella época los atributos de mando y considerado el bastón como uno de los más importantes por la idea de autoridad que representaba, la Circular de 7 de octubre de igual año dispuso que lo llevasen los Primeros Jefes de Tercio, Tenientes Coroneles con mando de igual Unidad y Comandancias y Comandantes de provincias.

En Circular de 7 de octubre de 1871 ordenaba Serrano Bedoya a los Coroneles y Subinspectores y Primeros Jefes de provincia que de las Comandancias de sus respectivos mandos desapareciesen inmediatamente las flores de lis que figuraban en el escudo real de las mantillas de gala empleadas en el equipo de Caballería y se sustituyeran por la Cruz de la Casa de Saboya.

El “uniforme de la República"

El 19 de junio de 1872, el Teniente General don Cándido Pieltain Jove-Huergo era nombrado Inspector General de la Guardia Civil, cargo que desempernaría durante un año, y dieciséis días, y durante el cual introduciría una importante modificación en la uniformidad del Instituto, que se conocería como “uniforme de la Republica”.

Antes de abordar esta reforma en profundidad dispuso algunos cambios, que sin duda ya estaban previstos, pues sólo a los tres días de haberse hecho cargo de la Inspección ordenó que la cartera qua venía usando la fuerza tanto en los servicios ordinarios como en el de operaciones, bastante incómoda, fuese sustituida por una mochila-morral, de reconocida utilidad, y de más desahogo para el desempeño de los servicios. Y en Circular de 19 de septiembre de igual año resuelve qua la capota sea llevada rodeada al morral en la misma forma qua se usaba para con la mochila, de manera qua sus extremos terminasen en el borde de los costados laterales, y sujeta únicamente con la correa qua tenían en aquellos lados, proporcionándose de este modo la facilidad de sacar del morral los efectos necesarios sin necesidad de qua les sirviese de molestia la referida capa. Igualmente ordenaba qua las correas amarillas de los morrales se pintasen de color negro, para lo cual prevenía el siguiente método: “1.° Una vez lavadas las correas se les dará tinta negra. 2.º Una vez secas se les pasará por encima un paco de cera. 3.° posteriormente se frotarían con un corcho las mismas, quedando terminantemente prohibido sacarles brillo alguno, puesto qua el objeto principal es qua se filtre el negro en las correas, ya qua de este modo se evita que, aunque se mojen cuando llueva, se desprenda el tinte de ellas”.

Fundándose el Inspector General en qua los Escuadrones y Secciones de Caballería no podían hallarse al completo de su fuerza y ganado, por la falta de voluntarios con la talla exigida para servir en ella y por la carencia de cuadrúpedos con la alzada debida, y ante la necesidad de que dicha Arma adquiriese la ligereza posible con objeto de que los individuos pudiesen presentarse con toda celeridad en donde fuesen útiles sus servicios, eleva consulta al Ministerio de la Guerra, exponiéndole la conveniencia de qua se rebajase la estatura de los hombres y la alzada de los caballos, a lo qua accedió S. M. en Real Orden de 28 de octubre de 1872, en la que se disponía qua la estatura de 1,677 metros señalada en la regla 2.ª del artículo 11 del Reglamento Militar del Cuerpo para los individuos de Infantería, fuese la exigida para los que ingresasen en la Caballería y que la alzada de los solípedos se rebajase a tres dedos sobre la marca, en lugar de los cuatro que reglamentariamente estaban prefijados.

La introducción del llamado "uniforme de la República” se produjo en virtud de propuesta del General Pieltain, quien argumentaba comodidad y utilidad, pero en el fondo subyacían imperiosas razones políticas con motivo del cambio de régimen. En virtud de una Real Orden de 15 de enero de 1873 quedaban suprimidos la casaca y el calzón de punto tanto en la Infantería como en la Caballería, y además, en la primera, las polainas de gala.

Se mantenía el sombrero con funda de hule para tiempo lluvioso y para el servicio en despoblado en invierno, y con la funda de tela blanca para el verano, si bien tendrían las siguientes dimensiones:

Altura de la pala posterior
Ancho de la misma tornado por el borde inferior del galón
Altura de la anterior
Ancho de la misma tomado por el borde inferior del galón
Largo de cada pico medido desde la copa
Ancho de los mismos por su extremidad
Ancho del galón para guarnecer
Ancho del galón de la presilla
Ancho del total de la presilla contando con la abertura del medio
140 mm
220 mm
100 mm
330 mm
100 mm
 80 mm
 80 mm
 23 mm
 50 mm

La inclinación de la presilla había de ser tal que el barde superior del galón de encima doble por el ángulo derecho de la pala de delante, visto el sombrero de frente.

El galón de la gorra de cuartel en la Caballería quedaba suprimido, conservando el rosetón, si bien esta prenda de cabeza se adoptaba para la Infantería.

Se abolía la solapa de la levita, además de quedar con sólo una fila de nueve botones, el cuello vuelto o doblado, manteniendo el color grana. Las medidas de la parte exterior situada en el punto medio de detrás era de 350 milímetros, aumentando el ancho insensiblemente hasta terminar delante con una latitud de 60 milímetros. La bocamanga medía 110 milímetros de alto. Los faldones, de igual longitud en ambas Armas, llegando sólo a la mitad del muslo, medido este desde la cadera a la rodilla. La medida de la cartera, de botón a botón, era de 180 milímetros. El paño de la levita tenía color azul tina del llamado 26, entre oscuro, y procedía de las fabricas de Bejar o Alcoy.

Los botones dejaban de ser rebordeados para quedar pianos por su circunferencia interior y, en lugar de las lisos que antes tenía, reaparecía la Cruz de Saboya.

Se sustituía el corbatín por una corbata blanca de tela de algodón, con las siguientes dimensiones: largo, 0,835 milímetros, y ancho, 0,255. Iba doblada convenientemente a lo largo para su colocación en el cuello.

El pantalón era del mismo paño que la levita. En el de gala figuraba una franja de 50 milímetros de ancho. Para diario, de corte recto, se eliminaban la franja y el vivo.

La polaina de carretera terminaba por debajo de la rodilla, con una correa y su correspondiente hebilla para ajustar la prenda a la pierna. En población, tanto la Infantería como la Caballería iban provistas de borceguí lustrado y ajustado con correa de becerro. La bota de montar, de cuero mate de color negro y engrasado, solamente llegaba hasta la rodilla. Para el servicio de carretera y campaña, a la Infantería se le adjudico el zapatón negro engrasado, de doble suela y tacón alto.

Se suprimía la chapa que, con las iniciales G. C., portaban en la bandolera los guardias de Caballería, y la cartuchera, en lugar de llevarla en aquella, se colocaba al lado derecho del cinturón. Esta bandolera medía 55 milímetros de ancho, quedando en idéntica forma que el cinturón usado por la Infantería.

La espuela llamada de paseo se suprimía, usándose, tanto con la bota de montar como con el borceguí, las fabricadas en hierro. El borceguí para la Caballería tenía una pestaña para sujetar la espuela y la espiga de ésta se acortaba, dejándola sólo en 50 milímetros de longitud, además de la estrella.

La esclavina, igual en color y calidad que la levita, con la excepción de que su longitud alcanzaba hasta la mitad de la pierna. Las capotas que por su buen estado admitían el tinte azul turquí se tintarían, con ,el fin de no desmerecer en armonía con el resto del uniforme.

Se prohibía el guante de algodón blanco para el servicio en despoblado, conservándolo únicamente para dentro de las poblaciones, adoptándose el guante de estambre para el tiempo frío.

El vestuario de cornetas y trompetas seguía siendo idéntico al del resto de los individuos del Cuerpo.

El coste máximo de las prendas anteriormente reseñadas era el siguiente: levita, 25 pesetas; pantalón, 15,50; capota, 45; polainas, 5; corbata, 0,30; sombrero, 13,25; funda de hule, 2; funda blanca, 1,25; barboquejo, 0,50; borceguí, 8,50; gorro de cuartel, 1,50; camisa, 3,50; botas de montar, 30 pesetas.

Los Jefes y Oficiales usarían tahalí del mismo paño de la levita cuando no estuvieran de servicio. Cuando éste lo prestarán pie a tierra, llevarían la espada de ceñir y el revólver con cinturón de ante amarillo y tahalí de igual color. El servicio a caballo se prestaría con la bota de montar, espuela designada para la tropa y espada.

Con sujeción al Reglamento y a pesar de lo prevenido en la Circular de 30 de junio de 1871, se prevenía que, en lo sucesivo, los Primeros Jefes de Comandancia presidieran la Junta que para todo lo relativo a construcción de prendas y efectos necesarios fuera preciso verificar. Esta Junta, además del Presidente, la compondría el segundo Jefe y el Cajero, y tenía iguales atribuciones y responsabilidades que las presididas por el Coronel del Tercio.

Al introducirse estas modificaciones se dispuso que, siendo apremiante la necesidad de construir las prendas que se habían de facilitar a los nuevos contingentes que procedentes del Ejército ingresarían muy en breve en el Cuerpo, así como reponer las que necesiten los veteranos, se adelantarían en lo posible los trabajos preliminares a fin de proceder a la construcción en cuanto se recibieran los tipos a que estrictamente se habían de sujetar.

Se prevenía que había de ser absolutamente igual en todos los individuos del Cuerpo y, aunque el guardia a quien no se le adelantara dinero para vestuario tuviera el derecho de adquirirlo donde mejor le pareciera, las prendas habían de ser precisamente iguales a los tipos aprobados. La infracción cometida por cualquier individuo en este particular se castigaría con una multa de 5 a 50 pesetas, y el contratista que construyese la prenda quedaría por este sólo hecho privado de servicio al Cuerpo.

Descripción de la montura mixta-dragona.

El constructor de la montura mixta-dragona, aprobada por Orden de 8 de julio de 1873, don Estanislao Lapeyrade, maestro sillero de la Guardia Civil, después de constantes y detenidos estudios, consiguió armonizar el sistema antiguo de monturas con los adelantos de aquella época, logrando así una silla sólida y ligera, sin perjuicio de la comodidad del jinete y desahogo del ganado. Además con este sistema se evitaba que se rozasen los caballos y, por tanto, los perjuicios que de ello se derivaban a toda la fuerza de Caballería, principalmente en el servicio en campaña.

La innovación suprimía la almohadilla de grupa, lo que, además de impedir el roce continuo de ésta con los bastes, evitaba que el peso de la grupa gravitase sobre los riñones del caballo, lo cual exigía un cuidado continuo para mantener en buen estado el relleno de la citada almohadilla. La montura se componía de las siguientes piezas:

Silla.- De cuero color avellana, de las llamadas mixta-dragona, con un pescante de hierro forjado y forrado también con cuero de dicho color, en sustitución de la almohadilla de grupa que se usaba en las antiguas; el cuero de los faldones es pasado a cilindro precisamente, con una bolsa de cuero cosida a cada uno de éstos, y en su parte delantera, con su francalete; la armadura, de madera de aya y sujeta con chapas de hierro forjado; los bastes son de badana y las colas y calcetines de los mismos de cuero; llevan témpanos de badana forrados con pelo de cabra; tienen dos lienzos, que sirven, el uno para el relleno de paja pelaza, entre éste y la banda, y entre los dos lienzos el rellenado de cerda; son sueltos en forma de lomillo prolongado hasta el nivel del porta-grupa (o pescante) en cuyas palas, flexibles, hay un francalete para subirla o bajarla, según lo exigía la configuración del caballo.

Cinchas.- De tres brazos, o sea orcal y maestra, de cáñamo crudo con una raya encarnada de cuatro hilos a cada extremo y con dos fajuelas de cuero color de avellana a todo lo largo.

Acciones de Estribos.- De cuero negro grueso de 1 metro 15 milímetros de largo y 31 milímetros de ancho.

Petral.- De cuero negro y de hechura como el anterior.

Grupera.- De cuero negro y con baticola de cuero doblado.

Brida.- De cuero negro, compuesta de testero, con un botón tejido al centro para coger la presilla de la cabezada de pesebre y con latiguillo en forma de horquilla.

Cabezón de Serrata.- De caña de hierro bruñido, hueca, con dientes al canto, siendo su correaje de cuero negro con montante largo colocado con ojales en una muletilla de bronce estañado; carrillera al costado izquierdo, hebilla para recibir el montante largo, barbillera con una vaguilla de cuero en un extremo, y torcillo de barbillera en forma de zambarco con una vaguilla arriba y otra abajo.

Cabezada de Pesebre.- De cuero doble de las llamadas de 5 anillas.

Ronzal.- De cuero imperial engrasado, con porta-mozo y hebilla.

Manta.- De jerga de la fábrica de Getafe con cuadros blancos y negros; por uno de los lados está cosida con objeto de que el cogujón que forma abrigue el cuarto posterior del caballo; en el propio lado lleva un témpano circular de cuero negro abierto en su centro; en las puntas opuestas dos correas cosidas sobre un triangulo de cuero, que introducidas por el agujero del témpano permite conducir el pienso.

Cinchuelo.- De cáñamo crudo con cuatro hilos encarnados a las orillas y del mismo ancho que la cincha maestra, con latiguera de cuero negro, y pasador plano con almohadilla de lienzo crudo.

Morral de Pienso.- De tela de lona, con un forrito de badana para refuerzo de las dos correas, una larga y otra corta.

Saco de Cebada.- De lona igual a la del morral de pienso, con dos bolsas a los lados y de forma recta.

Bruza.- De madera con tapa de nogal y de pelo blanco de cerdo.

Almohada.- De chapa de hierro con cinco canales y un martillo forjado en el centro.

Rozadero de funda de Capote.- De cuero negro, de forma cuadrada, con dos puntas redondas y dos presillas en el centro para pasar la correa de ata-capa.

Rozadero de Carabina.- De cuero negro, en su parte superior, de hechura recta, tiene una vaguilla a cada extremo para pasar la correa y en la inferior los dos extremos cortados en vuelta redondeada.

Funda de Capote.- De lona con rayas azules y forrado de cotón con un bolsillo a cada lado y cubierta la boca con una tapia que se cierra con tres botones de hueso blanco.

Porta-Mosquetón.- De cuero negro.

Porta-Carabina.- De cuero de color avellana, con un zambarco de lo mismo.

Maleta.- De baqueta negra, sin armadura, forrada de tela de algodón blanco y azul a cuadros, cosidos los témpanos por su interior con vivo de becerro en lugar de ribete y matadas las esquinas en redondo.

Estribos.- De hierro bruñido en forma semicircular y hechura de cuchilla en el hondo es macizo cuadrilongo y sus extremos circulares.

Bocado.- De hierro forjado y bruñido, de camas rectas, de 20 centímetros de largo, con medía-caña hasta el nacimiento de la mitad de la anilla donde va la falsa-rienda.

Galas para el caballo.- Mantilla de paño azul tina con vivos de franela encarnada y galones de algodón blanco; bordados en los extremos de ambos lados, el escudo de armas con su corona mural y las iniciales G. C. a los costados de éste; cubre-capote con presillas en las falsillas, del mismo paño que el de la mantilla, vivos de franela encarnada y galón de algodón blanco, lleva además un ojal detrás y otro delante de cada costado, forrado del mismo paño, para pasar las correas de ata-capa; funda de maleta de paño igual a las dos prendas mencionadas, con vivos encarnados en los témpanos, con un cuadrito de galón de algodón blanco y las tiras donde se encadena, de tela rayada blanca y azul y con tres portezuelas de cuero para pasar las correas de ata-capa.

El hebillaje de todas las correas es de hierro charolado negro.

Montura mixta-dragona
Montura mixta-dragona

Pese a la bondad de esta nueva montura, que tendría una duración de tres años, una Real Orden de 23 de febrero de 1876 ordenaba se volviesen a llevar las antiguas sillas “dragonas”, que desde su creación se venían usando en el Cuerpo, aunque con las modificaciones siguientes: "Almohadilla de grupa, supresión de los levantes del borrén delantera, que quedará de forma inglesa, como las sillas de la Caballería del Ejército, y con dos bolsas sueltas en los dos lados anteriores, unidas por su parte superior por medio de un puente de cuero y sujetas a la perilla y a los faldones por francaletes; el relleno de los bastes ha de ser de pelote y cerda torcida en cuerda y cosida, con el correaje y demás efectos iguales en forma, dimensiones y color a los que se usaban en la anterior montura”.

Si bien en el artículo 7.° de la Circular de 12 de septiembre de 1845 se prohibía que los guardias usasen alpargata abierta, teniendo en cuenta que en alguna determinada época del año la mayor parte de la fuerza del Cuerpo se encontraba en operaciones de campaña y que el uso del calzado reglamentario ocasionaba a los individuos un gasto de consideración, además de que en algunas provincias la alpargata abierta era la usada generalmente por los naturales de la misma, con fecha 5 de febrero de 1873 ordenó Pieltain a los mandos más inmediatos permitiesen que las fuerzas usasen las referidas alpargatas abiertas o cerradas, pero únicamente para aquellos servicios que se realizasen en campaña.

Otra Circular de 19 de abril de 1873 disponía que en los actos del servicio a caballo se usase siempre por todas las clases el pantalón de diario, toda vez que el de gala se inutilizaría con suma rapidez con el roce constante de la bota de montar y tirantez del sable, y que el boca-botín se llevase siempre que estuviesen de servicio.

Para una mejor reglamentación en la uniformidad de los Oficiales del Cuerpo, la Circular de 19 de julio de dicho año dictaba las siguientes instrucciones:

1.º Se usará por todos los señores oficiales del Cuerpo de ambas Armas el botón pequeño en el presillón de la levita, llevándose el grande por la clase de tropa.
2.° EI cinturón de ante para el servicio pie a tierra, de los oficiales de Infantería, ha de tener precisamente 40 mm. de ancho, y el tahalí que irá desunido y abrochado con dos botones por la parte interior de la levita, tendrá otros 40 en los extremos y 60 en el centro.
3.° Para el servicio a caballo llevarán los mismos bocabotín igual a los del Arma de Caballería, toda vez que se haya dispuesto adquieran los conocimientos necesarios para servir en dicha Arma y haberse hecho extensivo igualmente el uso de la bota de montar.
4.° No será obligatorio el uso de espolín fuera de los actos de servicio o cuando se preste pie a tierra, quedando en estos casos a la elección del Oficial llevarlo o no, según el espíritu de la Circular de 21 de enero último.
5.º EI cordón del revólver continuara usándose de estambre negro por ser más económico”.

Por una Orden del Gobierno de la República de 19 de septiembre de igual año se participaba la supresión del cuello vuelto en la levita del uniforme del Instituto de la Guardia Civil, el cual debería ser sustituido por el derecho y abierto, en la misma forma que lo usaba la Infantería del Ejército.

El Mariscal de Campo don Segundo de la Portilla y Gutiérrez, que ejerció el mando de la Guardia Civil durante tres meses y ocho días, con fecha 5 de enero de 1874 ordenaba a los Jefes de Tercio y Comandancias que por orden del Gobierno de la República fuesen suprimidos todos los signos exteriores que representasen la Monarquía, tanto en la botonadura del uniforme como en la chapa del cinturón y mantilla para la gala de los caballos, debiéndose bordar en ésta la corona mural encima del escudo.

Al año siguiente, con motivo del advenimiento al trono de S. M. el Rey don Alfonso XII, hallándose al mando del Instituto el Teniente General don Fernando Cotoner y Cachón, Marqués de Cenia, uno de los Directores Generales que más tiempo permaneció en el cargo -siete años, cuatro meses y veinticinco días-, únicamente superados por el fundador, Duque de Ahumada, y el Teniente General don Camilo Alonso Vega, con fecha 9 de enero de 1875 se ordenaba a los Coroneles Subinspectores y Primeros Jefes de provincia que “inmediatamente se colocasen la Corona Real y flores de Lis en los escudos de las mantillas de galas de los caballos de los Jefes, Oficiales e individuos de tropa, en la misma forma que estaban a la conclusión del reinado de su Augusta Madre”. Igualmente, y con fecha 27, se disponía que se colocase la corona real en la Bandera del 1.° Tercio y en las Casas-cuarteles, restableciéndose el uso de los botones de vestuario y chapas de los cinturones que se llevaban antes de publicarse la Circular de 21 de enero de 1873.

El Teniente General Cotoner, durante su mandato, mostró una profunda simpatía por el Cuerpo, al que siempre admiró y supo conducir con gran discreción y progreso, particularmente en lo que se refiere al buen vestir de sus hombres.

Con fecha 1.° de abril de 1878, Cotoner traslada la Real Orden de, 23 de marzo anterior, por la que se restablecía el uniforme de gran gala y otras prendas del vestuario, dando las siguientes normas para su cumplimiento:

1.° Las Comandancias ampliarán las actuales contratas por el tiempo que falte para el cumplimiento de lo estipulado, por lo que hace a la variación que se introduce en la levita y polaina de carretera; citándose a nueva licitación para la adquisición de las prendas que ahora se restablecen y que por dichas circunstancias no están comprendidas en las contratas actuales, debiendo fijarse para el tiempo de duración de las nuevas, el que precisamente falte para terminar las de hoy, a fin de que puedan renovarse en su totalidad en una misma época para todas las prendas que constituyen el uniforme, cuidando que la calidad, forma y dimensiones de estas sean exactamente las mismas que tenían antes de ser suprimidas, con la única diferencia de que el paño que ha de emplearse ha de ser igual al de las levitas que hoy se usan, azul tina entre-oscuro, según está dispuesto para aquellas, y de las fabricas de Bejar o Alcoy. El precio de cada una no excederá del que anteriormente estaban contratadas.
2.° Para que tos individuos que hay están sirviendo les sea menos gravoso el coste de las prendas que por esta disposición se restablecen, en el caso de que les convenga adquirirlas de las contratas, se les facilitarán desde luego las que reclamen con sólo el descuento de 20 y 30 reales mensuales de su haber.
3.° A ninguno de los individuos sujetos al descuento que en la anterior regla establece, se le hará el prevenido para completar el fondo de hombres, si no lo hubiesen cubierto, hasta después de terminado aquél.
4.° Como no es conveniente estipular en los contratos condiciones que no haya la seguridad de poder satisfacer, se consignará en ellos terminantemente que la persona a quien se adjudique la contrata no tiene derecho a percibir más cantidad mensual por cada individuo que la de 20 reales por el casado y 30 por el soltero, de los que en la actualidad están sirviendo y la tercera parte del haber de los que ingresen en lo sucesivo, sea cualquiera la cantidad a que ascienda las prendas que les hubieren facilitado.
5.° La casaca de los Cornetas y Trompetas así como la gala de los caballos de estos últimos, serán encarnadas como anteriormente y encarnadas también las hombreras de la levita.
6.° Los Jefes y Oficiales seguirán usando el capote ruso y las clases de tropa la capota azul tina, cuyas prendas han de considerarse como parte integrante del vestuario, en sustitución de la esclavina verde, continuando usándose así mismo las actuales hombreras, ínterin no se prevenga otra cosa.
7.° En los días de gran gala y en los casos en que los Oficiales de Infantería deban prestar el servicio a la cabeza de la fuerza de dicha Arma, han de vestir precisamente la polaina alta de paño azul y la espada de ceñir con cinturón de charol negro para el revólver, cuyo cinturón ha de sustituir al de ante amarillo de que habla la Circular de 4 de enero de 1873; fuera de estos actos usarán la espada y la bota de montar que hoy tienen, en la misma forma que los que sirven en caballería.
8.° Las levitas actuales se seguirán usando como hasta aquí por los individuos que hoy se encuentran sirviendo y sólo cuando tengan que reponerlas por hallarse aquellas deterioradas, se les obligará a proveerse de las de dos carreras de botones que nuevamente se restablecen, y las cuales, si bien de ser de la misma calidad y color del paño de las actuales, han de tener en la parte del faldón 15 centímetros por encima de la rodilla tanto en las de Infantería como en las de Caballería, que era la misma que tenían los de esta última cuando fueron suprimidas. Los que ingresen desde esta fecha en adelante, se les proveerá ya precisamente de las de dos carreras de botones.
9.° Las polainas de carretera que por su estado admitan recomposición, se les añadirá por la parte superior un pedazo bastante a tomar sus antiguas dimensiones.
10.° Las botas de montar seguirán usándose del mismo material que son las actuales, si bien conforme se vayan deteriorando las que hoy se usan deberán ser ya de la forma antigua, las que vayan reemplazándolas; el calzado para Infantería y Caballería pie a tierra, ha de ser para todos los casos el borceguí liso con la pala de una sola pieza, sin pespuntes, que en la actualidad se exige para la población, quedando suprimido el zapato bajo.
11.° Queda también prohibida la colocación visible de la bota que para llevar agua o vino se mandó usar por circular de 4 de julio de 1872, si bien se podrá permitir que la lleven dentro del morral o cartera, pero de ningún modo a la vista.
12.° La franja de grana que se lleva en la actualidad en el pantalón, ha de desaparecer desde luego, quedando suprimido también el vivo que anteriormente se usaba.
13.° Queda también suprimido el guante verde, exigiéndose el uso constante del blanco primitivo, con la única excepción de encontrarse los individuos prestando el servicio de conducción de presos, en el acto preciso de ir custodiándolos, y en operaciones de campaña.
14.° La cartera que anteriormente se usaba para el servicio ordinario, queda restablecida, reservándome para más adelante providenciar respecto al morral que sustituyó a la antigua mochila, cuyo morral continuará usándose en los casos necesarios, hasta nueva orden. También continuará usándose hasta nueva resolución las bridas y correaje actual”.

Cabo en uniforme de campaña con alpargatas, año 1874
Cabo en uniforme de campaña
con alpargatas, año 1874

Por Circular de 17 de junio de 1876 se disponía el uso, como prenda reglamentaria, de una mochila-morral en sustitución del morral que se venía usando y se ordenaba que en el correaje de los individuos de Infantería fuese colocada una bolsa en la que se llevase la correspondiente dotación de munición, si bien estas bolsas solamente deberían usarse en los casos de reconcentraciones y operaciones de campaña.

En 15 de noviembre último, el armamento “Remington", de fabricación americana, que tenían adjudicado los componentes del Cuerpo, fue sustituido por fusiles de sistema de fabricación español.

Para una más completa uniformidad en la cartuchera que usaba la Infantería del Cuerpo, como igualmente la colocación de las correas en las hombreras, la Circular de fecha 26 de marzo de 1877 impondría como reglamentaria la siguiente:

“La cartuchera será de forma circular suave, midiendo el cajón de hojalata 0,19 metros de largo por la parte de delante, 0,18 la de atrás, 0,05 los costados y 0,07 de altura, cuyo cajón no llevaría división alguna y guarnecido de cuero negro, frente, fondo para abrochar la tapa, que será de suela amoldada de 0,21 metros de ancha, 0,10 de caída o largo, desde la bisagra de cuero, y va cosida al pase, que tendrá de altura desde la costura 0,07, y de anchura por la parte superior 0,11. A1 respaldo llevará dos anillas de alambre en forma circular de 0,033 metros de ancho, con dos chapas de cuero colocadas a la altura de la costura y a 0,04 metros del canto del témpano. En estas anillas se enganchan dos correas-hombreras de 0,90 metros de largo y 0,033 metros de ancho, por medio de un botón dorado como el que se usa en el porta-fusil, que está a la parte posterior de la hombrera por un pedacito de ante y a la distancia de 0,11 metros de la punta, en la cual tiene un ojal. En la otra extremidad lleva un trozo con hebilla dorada con coscojo, zambarco de ante de 0,01 metros de ancho cosidos con una zapatilla de lo mismo para amparar la hebilla y solamente de igual ancho que la hombrera, y de 0,34 metros de largo con un agujero en su extremo para después de doblado graduarlo con el fin de que quede la hebilla a la altura del tercer botón de la levita, contando desde el cinturón”.

En 2 de agosto de 1877, el Centro Directivo ordenaba que los individuos del Cuerpo, cuando prestasen el servicio con armas y en despoblado, usasen de sol a sol, desde 1.° de abril hasta fin de septiembre de cada ano, la funda blanca del sombrero y la cogotera de hule la llevarán sólo en las estaciones lluviosas.

La Real Orden de fecha 11 de septiembre de, igual año comunicaba que los Jefes y Oficiales del Cuerpo, en los actos de servicio, Consejos de guerra, marchas y toda formación con bandera, actos de Cortes o presentación de oficialidad a la Autoridad superior, usasen la gola (medía luna convexa de metal dorado, con la corona real de plata y la sigla A. XII, que se llevaba pendiente del cuello mediante una cadenilla). Su uso estuvo vigente hasta el 8 de mayo de 1899, en que quedo suprimida en el Instituto.

Una disposición de 12 de abril de 1879 sustituía la espada que venían usando los Sargentos del Cuerpo por el denominado “sable para los Sargentos de a pie”, modelo 1879.

En 21 de junio de este año, en una Orden que argumentaba “continuas faltas de policía y aseo en el vestir que se venían observando en los individuos del Cuerpo, asunto que revestía suma importancia porque afectaba directamente a la buena imagen y reputación del Instituto, dando la desventajosa idea de la relajación de la disciplina de sus componentes”, se dictaban las siguientes prevenciones:

Primera.- Desde el momento en que un individuo de tropa reciba su licencia absoluta, deja de pertenecer al Cuerpo y, por lo tanto, debe despojarse inmediatamente de las prendas de un uniforme que bajo ningún pretexto puede seguir usando. El Capitán de la Compañía respectiva se lo hará saber así al entregarle dicha licencia, advirtiéndole los perjuicios que, caso de contravenir a esta prohibición pudieran ocasionarle.
Segunda.- Las parejas de servicio en las vías férreas y caminos, así como los Comandantes de Puesto, procederán a detener al que infringiendo lo mandado en el artículo anterior use indebidamente alguna de dichas prendas, y le mantendrá arrestado en la casa-cuartel hasta que se provea de otras.
Tercera.- Los que fueren baja por pase a la reserva podrán usar hasta incorporarse a ella el traje de chaqueta y gorro, señalado para el interior de las casas-cuarteles, pero de ningún modo la levita, sombrero ni casaca. Los que faltaren a esta prevención serán tratados en la forma que el artículo segundo marca respecto a los licenciados.
Cuarta.- Las citadas parejas y Comandantes de Puesto, procederán al arresto, hasta que la falta se corrija del guardia que fuere vestido con impropiedad o que usasen prendas que no sean de las prevenidas; pero si el infractor marchase de servicio se limitarán a tomar nota de su nombre y compañía, dando en uno y otro caso el oportuno parte por el conducto de ordenanza.
Quinta.- Todo el individuo del Cuerpo que se presente en público lo hará precisamente con el traje señalado pares cada servicio y día”.

Fijada en catorce años la duración de las prendas que constituían la montura y equipo del caballo, al observarse que algunas se inutilizaban antes del tiempo señalado, a la vez que otras se conservaban relativamente en buen estado, y con el fin de armonizar la duración de unas y otras para evitar que se gravasen los haberes de los individuos, se disponía con fecha de 4 de diciembre de 1879 que, en lo sucesivo, las prendas citadas de la montura y equipo sólo tuviesen de duración el tiempo que se marcaba en el siguiente cuadro, siendo de cuenta del guardia el entretenimiento de ellas hasta que, cumplidos los plazos designados, fuesen repuestas con cargo al Fondo de Remonta y Montura:

E F E C T O SAños de
    duración   
Silla
Bastes
Almohadilla de grupa
Correaje y cinchas
Brida
Bocado
Estribos
Cabezón de serreta
Cubre-capote
Mantilla
Funda de maleta
Cabezada de pesebre y ronzal
Maleta de cuero
Saco de cebada
Morral de pienso
Manta
Cinchuelo
Bruza
Almohada
Rozadero de riendas
Rozadero de carabina
Funda de capote
14
 4
 8
 8
10
16
16
14
14
14
14
 4
 8
 3
 6
 4
 4
 3
 4
 8
 6
 3

El uniforme del Cuerpo seguía copiándose por otros organismos y, para evitarlo, S. M. el Rey dispuso, con fecha 8 de marzo de 1880, que, quedase terminantemente prohibido que tanto los individuos del Cuerpo municipal de las capitales y pueblos de las provincias como los de otro instituto armado usasen prendas en sus respectivos uniformes que guardasen analogía con las que pertenecían al de Infantería y Caballería de la Guardia Civil.

Al tener conocimiento Cotoner de la frecuencia con que se rompía la pieza llamada, cola de pato de las monturas de porta-grupa que tenía en uso la Caballería, y de la conveniencia y utilidad que reportaría a los guardias el que dicha pieza fuese reemplazada por almohadilla de grupa, en Circular de fecha 10 de mayo de 1880 decía que “en lo sucesivo, cuando se tuviese que efectuar algún reparo en las que de este modelo sufriesen deterioro, toda vez que al practicar en ellas la innovación y reforma de los bastes quedarán las monturas, a juicio de los peritos, en perfecto y útil estado de servicio, sin diferir de las del último tipo; si bien considero atendible la conveniencia de que se practique la reforma, no puedo en manera alguna facultarla para que se lleve a cabo, en atención a lo gravoso que le sería al Fondo de Remonta esta medida, atendiendo al crecido número de esta clase de monturas que existen en el Cuerpo; pero, visto que resulta en beneficio de los individuos la modificación, autorizo para que las monturas que en lo sucesivo necesiten la reposición del mencionado elemento, y los guardias que las tienen adjudicadas fueren gustosos en sufragar el importe de la reforma, pueden efectuarla, dando cuenta a este Centro del número de la montura cuya pieza se rompa y de la espontánea voluntad de su dueño en querer hacer en ella la transformación indicada, todo ello con el fin de que esta concesión sea aplicable a cada caso, sin presión de ningún género y no para que sirva de base a una reforma general".

Coronel en uniforme de gran gala, año 1883
Coronel en uniforme de gran gala, año 1883

En cuanto al uso del gorro de cuartel que deberían emplear los Jefes y Oficiales del Cuerpo, la Circular de 3 de abril de 1882 determinaba que esta prenda sería igual en su forma y tamaño al que usaban las clases de tropa, con la única diferencia de que la roseta o sol fuera de cinta de plata, de idéntico ancho que la de algodón que llevaban los gorros, los cuales ostentarían además las divisas del empleo.

Nuevamente, las espuelas rectas que usaba la fuerza de Caballería, por disposición de 29 de octubre del año anteriormente citado, iban a ser sustituidas por la de cuello de pichón, toda vez que estas eran más finas, de mayor seguridad para el jinete y además tenían la ventaja de que en su servicio a pie no deterioraban el calzado ni el pantalón, como venía sucediendo.

Por el Superior Centro Directivo, y dando cumplimiento a la Real Orden de 25 de septiembre de 1884, se preceptuaba que en el más breve plazo se reformasen las bocamangas de las casacas y levitas, con el fin de que las usadas por todos los componentes del Instituto no se diferenciasen en dimensiones con las demás Armas a Institutos del Ejército. Se entendería modificada la Cartilla de Uniformidad en el sentido de que las mangas medirían 22 centímetros por su parte superior y 20 por el codo; 16 centímetros por el ancho de la bocamanga, 15 por su parte inferior, y 92 milímetros el alto de la misma, cuya reforma se iría haciendo en todas las clases paulatinamente. Los Jefes de Tercio y Comandancia tendrían en cuenta que las Juntas revisoras de vestuarios no admitiesen en lo sucesivo ninguna levita ni casaca que no cumpliera con los requisitos expuestos.

A una propuesta del Director General sobre la supresión del capote ruso reglamentario para los Jefes y Oficiales del Cuerpo, y la adopción, en cambio, del de montar sin mangas y de la esclavina suelta, se publicó una Real Orden que decía: " ... S. M. el Rey (q. D. g.) y en su nombre la Reina Regente del Reino, tiene a bien aprobar la anterior reforma, disponiendo que el primero, o sea el capote de montar, sea igual en forma y dimensiones al de los individuos de tropa de Caballería, aunque con mayor vuelo y de más longitud su esclavina, con el cuello de paño grana forrado de terciopelo negro, insignias y cifras G. C. bordadas de canutillo de plata en el anverso y forros en. la prenda de bayeta de color grana. La esclavina, del mismo color azul oscuro que el capote, con igual forma y dimensiones a la usada en los actor de a pie por los jefes y oficiales de los demás Institutos montados, llevando forro grana y cuello bajo de idéntico color que el capote de montar, con muletillas y presillas de cordón de plata, y en é1, las insignias del empleo según previene el Reglamento de divisas militares para el Ejército de 25 de septiembre de 1884. En cuanto al empleo del capote se indicaba fuese llevado para todo el servicio a caballo y en aquellos otros casos en que los oficiales marchasen con fuerza de caballería desmontada. En relación a la esclavina se dispuso su utilización en los actos pie a tierra y siempre que los Jefes y Oficiales desfilasen con fuerza formada de Infantería.

Por Real Orden 24 de agosto de 1876, se adoptaba para las fuerzas del Cuerpo destinadas en Cuba y Puerto Rico las variaciones en la uniformidad de gala que se expresan a continuación:

  • - Sombrero de tres picos.

  • - Levita de paño azul tina.

  • - Pantalón de lo mismo, sin vivo ni franja.

  • - Guante blanco.

  • - Correaje de ante amarillo.

  • Montura de la denominada "Dragona" con las galas correspondientes.

  • Bota de montar.

Con respecto al uniforme de diario y de servicio deberán de guardar la posible armonía en todas sus prendas con el de la Península.

Como consecuencia de que las condiciones climatologiítas de la isla de Cuba eran muy distintas a las de la Metrópoli, por cuya razón se hacía sumamente sofocante la forma del cuello derecho y los cuatro paños que tenían las dobles solapas de 1882, se reformaba el cuello derecho por otro vuelto, suprimiéndose la doble solapa a ir abrochada en el centro del pecho con siete botones. A tal fin y para no gravar los intereses de los jefes y oficiales del Instituto, más que lo absolutamente necesario, se dispuso se conservase como traje de gala la levita que usaban de dos solapas y cuello derecho, para que de este modo, tanto los que iban a las referidas Islas, como los que regresaban a la Península pudiesen aprovechar dicha prenda, usando la reformada sólo cuando tuviesen que formar con la tropa o se encontrasen de servicio.

Hemos visto pasta aquí veinte años de cambios en la vestimenta empleada por los hombres de Ahumada. En nuestro próximo capítulo contemplaremos el desarrollo de una significativa reforma habida en la nueva Cartilla aprobada en 15 de noviembre de 1886, cuando ya era Director del Cuerpo el Teniente General don Tomás García Cerviño y López de Sigüenza.

Robles y Valero

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