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La Guardia Civil en Cuba, del control del territorio a la guerra permanente (1851-1898)- Primera Parte

  • Escrito por Redacción

Guardia Civil Cuba Uniforme

La creación de la Guardia Civil en Cuba solo siete años después de su institucionalización en la Península responde a la misma preocupación de control efectivo del territorio por parte del Gobierno, de implantación de una razón administrativa que servía también para controlar políticamente el país y proteger a las instituciones de la monarquía liberal.

Estos imperativos parecieron incluso más evidentes en Cuba, por los temores particulares de perder este territorio y el carácter particularmente explosivo de su composición social; la presencia numérica de la Guardia Civil fue superior en la Isla. Como en la Península, el amalgama fue sistemático entre los bandidos y cualquier oposición política o manifestación de resistencia o protesta campesina.

Desde su creación en 1844 y hasta bien entrado el siglo XX, la Guardia Civil se ha impuesto como uno de los principales síntomas de la presencia del Estado en la Península, pero también en Cuba. Se ha comentado para la Península su carácter de ejército de ocupación y de instrumento de centralización, por su implantación reticular, carácter más evidente aún en Cuba.1 La Isla grande fue en efecto uno de los campos privilegiados del despliegue de la Guardia Civil, desde muy temprano, siete años sólo después de la Península, hasta el final de la última guerra de independencia. ¿Por qué privilegiado? Porque la presencia y la actuación del Cuerpo en ese territorio de ultramar presenta, más marcados que en la Península, los rasgos que hacen de la Guardia Civil un símbolo del orden estatal del segundo XIX: por una parte, la continuidad que encarnaba entre el orden público y la guerra y por otra, la tensión entre su autonomía institucional «al servicio de la tranquilidad social» y la importancia de la demanda privada de los hacendados en su desarrollo, implantación y empleo. El estudio de la Guardia Civil en Cuba se guía por la idea de que la renovación del orden colonial de la segunda mitad del XIX, analizada por Josep Ma Fradera, no se puede separar de una construcción del orden público que se producía en un marco imperial: su excepcionalidad difícilmente se opone a una supuesta normalidad peninsular.2 En ambos casos lo que se ha dado en llamar proceso de centralización corresponde al despliegue de un poder administrativo que contrasta efectivamente con la autonomía relativa de los poderes locales, mantenida durante los primeros decenios del liberalismo tanto en España como en Cuba por la incorporación liberal de las tradicionales concepciones jurisdiccionalistas del poder.3

La historiografía sobre la Isla ha cruzado a menudo las siluetas de los guardias civiles en particular en los estudios sobre el bandolerismo, pero la institución no ha sido objeto de una reflexión sistemática, fuera de una mención de su creación en el marco de las reformas del Capitán general José Gutiérrez de la Concha a principios de los años 1850.4 Los libros existentes sobre la Guardia Civil española abordan también brevemente su vertiente ultramarina: a principios de los años 1880, los Tercios cubanos representaban casi la cuarta parte de los efectivos totales de la Guardia Civil.5 La creación de la Guardia Civil en España en 1844 respondía a diversos objetivos. El más publicitado era la persecución del «bandolerismo», pero debajo de esta formulación, se escondía la voluntad de controlar, directamente desde el gobierno sin pasar por las tramas de poderes locales, normalmente incompetentes para hacer frente al problema, y en otras ocasiones formando parte del mismo, la represión de unas partidas armadas, en algunas de ellas se reconocía su carácter «político», hasta en las relaciones oficiales del nuevo Instituto.6 Este reforzaba el control gubernamental del territorio al tiempo que aliviaba al Ejército de una misión que ponía en peligro su «moral» y su «disciplina», es decir el control sobre la tropa, en un contexto político agitado. La Guardia Civil debía también, en caso de guerra, proteger a las poblaciones contra las consecuencias desagradables del desplazamiento o de la presencia de los ejércitos y vigilar éstos, durante las marchas y en los cuarteles. Sus misiones iban entonces desde la seguridad de las propiedades, hasta la protección de las instituciones, significado entonces de la expresión «orden público».

Dos años antes, en Cuba, el Capitán General Gerónimo Valdés había dado un paso hacia la sistematización del control público sobre el territorio, al firmar un largo bando de gobernación, que reformaba la institución central de los Capitanes pedáneos y Comisarios de barrio.7 La reordenación de la gobernación de la Isla, en el marco del régimen especial, decidido en 1837, podía responder en cierto modo a los deseos de los hacendados del azúcar, de una mejor administración, expresados ya en 1820 en la Representación de la Ciudad de la Habana a las Cortes Españolas de Francisco de Arango y Parreño : «crear los medios de dar vigor a nuestra inerte policía, a nuestra muerta administración pública en todos los ramos» y « eforzar los viciados órganos y defectuosos anteojos del antiguo gobierno», pero no podía ser sólo esto.8 El desarrollo de la sacarocracia había multiplicado el número de esclavos negros y el terror a una sublevación racial. Aumentaba entonces el sentimiento de inseguridad de los propietarios. Pero al mismo tiempo, una parte de éstos –nada menos que el grupo de hacendados en torno a Miguel Aldama- empezaba a conspirar para la anexión a EEUU, lo que, en el contexto de absorción por el país vecino de la mitad de México, despertaba reales inquietudes en Madrid.9 El refuerzo de la capacidad militar y de control del gobierno español fue sentido como urgente. La gran represión de los negros llevada a cabo por el Capitán General O’Donnell y conocida como represión de la «conspiración de la Escalera» no podía responder a todos esos objetivos, y ya en 1848, su sucesor Federico Roncali había propuesto la solución perenne de la instalación de la Guardia Civil, quizás por el papel de principal baluarte del orden que ésta había jugado en Madrid en marzo y mayo de ese año.

La Guardia Civil tuvo una real importancia en la construcción del Estado en ambas orillas del Atlántico, más allá de profundas diferencias como el color del peligro social o el marco constitucional o extra-constitucional.10 Como instrumento del Gobierno y pieza central de la administración, tuvo un efecto unificador; pero sus relaciones con las sociedades locales y en particular los poderes fácticos evolucionaron de manera diferente, aunque quizás se puedan considerar ciertos rasgos del orden público en Cuba como no tan alejados del caso peninsular.11

1 - Lo de la Guardia Civil como ejército de ocupación en el libro clásico de Diego López Garrido, La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista, Barcelona, Crítica, 2004.

2 - Esta última idea es la hipótesis central del eje 3 del programa Glob-Iber. Para más información sobre éste, se puede consultar el artículo siguiente: François Godicheau, « Entre histoire sociale des conflits et histoire des concepts : protestation et ordre public en Espagne dans le dernier tiers du xixe siècle », Les Cahiers de Framespa [En ligne], http://framespa.revues.org/2201. El análisis de Josep Maria Fradera en Colonias para después de un imperio, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2005.

3 - Sobre la constitucionalización del orden tradicional de los poderes a partir de Cádiz y la lenta y dificultosa implantación de un poder auténticamente administrativo a lo largo del siglo XIX, cf. los escritos de Marta Lorente Sariñena, en particular, La nación y las Españas. Representación y territorio en el constitucionalismo gaditano (Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2010), De justicia de jueces a justicia de leyes. Hacia la España de 1870 (Madrid, Consejo General del Poder Judicial, 2007) y La voz del Estado. La publicación de las normas (1810-1889) (Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2001), así como un artículo que trata directamente el tema del orden público : « Orden público y control del territorio en España (1822-1845): de la Superintendencia general de la policía a la Guardia Civil. », Revista Jurídica de la Universidad Autónoma de Madrid, n°19, 2009-1, p. 195-210.

4 - Sobre el bandolerismo, ver María Poumier-Taquechel, Contribution à l’étude du bantidisme social à Cuba. L’histoire et le mythe de Manuel García « Rey de los Campos de Cuba » (1851-1895), Lille, Atelier national de reproduction des thèses/L’Harmattan, 1986; Manuel de Paz Sánchez, José Fernández Fernández y Nelson López Novegil, El bandolerismo en Cuba, Tenerife, Centro de la cultura popular canaria, 1994, 2 t.; Imilcy Balboa Navarro, La protesta rural en Cuba. Resistencia cotidiana, bandolerismo y revolución (1878-1902), Madrid, CSIC, 2003. Sobre las reformas de los años cincuenta, ver José Cayuela Fernández, Bahía de ultramar : España y Cuba en el siglo XIX. El control de las relaciones coloniales (Madrid, Siglo XXI, 1993).

5 - Miguel López Corral, La Guardia Civil. Nacimiento y consolidación, 1844-1974, Madrid, Editorial Actas, 1995; La Guardia Civil en la Restauración (1875-1905). Militarismo contra subversión y terrorismo anarquista, Madrid, Editorial Actas, 2005; y La Guardia Civil. Claves históricas para entender a la Benemérita y a sus hombres (1844-1975), Madrid, La Esfera de los Libros, 2009.

6 - José Sidro Surga, La Guardia Civil. Historia de esta institución, Madrid, 1858.

7 - Bando de Gobernación y Policía de la Isla de Cuba, Habana, Imprenta del Gobierno, 1842.

8 - Citado en Manuel Moreno Fraginals, Cuba/España, España/Cuba. Historia común, Barcelona, Crítica, 1995, p. 162.

9 - Ibid., p. 202 et sq.

10 - Josep Maria Fradera, op.cit. y « ¿Por qué no se promulgaron las leyes especiales de Ultramar? », en España, Europa y el mundo atlántico : homenaje a John H. Elliott, 2001, p. 439-462. Ver también José Cayuela Fernández, op.cit.

11- Lo que aparece en general en los estudios sobre el mantenimiento del orden en situación colonial, pero que bien puede aplicarse a las metropolis, de la misma manera que el estudio de este campo refuerza la impresión de que los modelos policiales europeos no eran tan reales. Cf. Denis, Vincent et Denys, Catherine, Polices d’Empires. XVIIIe-XIXe siècles, Rennes, PUR, 2012; et « Professions et professionnalités policières en situation coloniale », Crime, Histoire, sociétés, vol. 15, n°2, 2011. Este artículo es una primera aproximación al tema que será completada por estudios más precisos, en particular sobre la cuestión de la lucha contra « el bandolerismo » y el empleo de la institución en la guerra de 1895 a 1898.

Por François Godicheau, « La Guardia Civil en Cuba, del control del territorio a la guerra permanente (1851-1898) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Débats, mis en ligne le 04 septembre 2014, consulté le 26 décembre 2015. URL : http://nuevomundo.revues.org/67109 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.67109

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