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UN BANDIDO

  • Escrito por Redacción

cronicas-4

El sobresalto que estos hombres producen, la alarma que ocasionan, los disgustos que originan y el temor que infunden en las familias, son motivos poderosos para que la Guardía Civil los persiga sin descanso.

I.

Muchos han sido los importantes servicios que llevamos consignados en nuestras Cronicas, muchas las grandes acciones, los rasgos de generosidad, de valor y de abnegacion que hemos trasladado a las páginas de la historia de la Guardía Civil, pero todavía nos queda materia para llenar más de un libro, y sin embargo tenemos que terminar en el presente cumpliendo nuestra promesa.

Quisiéramos disponer del suficiente espacio para ocuparnos detenidamente de los innumerables y distinguidos servicios que aun pudiéramos citar, pero ya hemos dicho que nuestros deseos están limitados por nuestra palabra.

Renunciamos pues con sentimiento a consignar todos aunque nos duela condenar algunos a un silencio que no merecen y que no tienen cabida por haber llegado muy tarde a nuestras manos.

II.

Uno de los servicios que con más frecuencia presta la Guardía Civil, es la captura de delincuentes que avezados en el crimen y en los vicios, son una verdadera calamidad para los pueblos que tienen la desgracia de verse amenazados con sus visitas.

El sobresalto que estos hombres producen, la alarma que ocasionan, los disgustos que originan y el temor que infunden en las familias, son motivos poderosos para que la Guardía Civil los persiga sin descanso.

El honrado y pacífico ciudadano que ve continuamente amenazada su casa, su hacienda y aun su vida, el que teme ver asaltado de un momento a otro el hogar tranquilo donde vive dichoso con su familia, el que ve inseguro y próximo a perderse el fruto de su economía, de su trabajo o de su actividad, no puede dormir tranquilo y vive incesantemente aguijoneado por el temor de una sorpresa que puede arrebatarle su porvenir o su existencia.

Sabido es que en determinadas localidades ha habido bandidos que han adquirido una triste celebridad, que ha llenado de consternación a los de las cercanías en que aquellos se albergaban.

Durante esos períodos los pueblos han tenido que sufrir un verdadero azote, difícil siempre de combate, porque el salteador lo mismo que el asesino tienen cierta habilidad para ocultarse.

Algunas veces queda impune el delito pero son muy rafas, y casi siempre el criminal cae bajo el fallo de las leyes o muere defendiéndose por no entregarse a la justicia. Un hecho de esta naturaleza ha ocurrido en este mismo año en Cullar de Baza, digno de llamar la atención de nuestros lectores.

III.

Vagaba por los alrededores del pueblo que acabamos de nombrar, un famoso bandido llamado Isidro Gracia Cortés (a) el Moro, que había llenado de consternación a todos los vecinos, y muy especialmente a los que por su industria o modo de vivir tenían con frecuencia que atravesar los caminos.

El peligro era evidente en efecto y por lo tanto el temor aumentaba de día en día.

Los percances, los robos, los atentados se sucedían, y esta situación violenta y azarosa no tenia término.

Las medidas que las autoridades locales habían adoptado para la captura del delincuente fueron infructuosas, y este burlaba constantemente la vigilancia de que era objeto.

En este estado de cosas tuvo conocimiento de lo que ocurría el cabo 2.° de la Guardia Civil, Pedro Fernández Martínez, que desde este momento se propuso por todos los medios que estaban a su alcance apoderarse del bandido.

Acompañado de los Guardias José Francisco Álvarez Francisco López Muñoz, y otros emprendió contra Moro la persecución más activa é infatigable.

De día, de noche los tres Guardias recorrían los campos, registraban las posadas, y no hubo sitio por escondido y retirado que fuera que se escapase a su minuciosa inspección. Tan incansable celo no podía menos de obtener resultados saludables, y lo tuvo en efecto, aunque con grave riesgo de la vida de los valientes Guardias.

Una tarde por fin pudieron dar vista al famoso bandido, que en cuanto se vio descubierto emprendió la fuga, y llego corriendo a una casa de campo donde se oculto saltando las paredes de los corrales. Los Guardias no tardaron mucho tiempo en llegar al pié de la misma casa.

Entraron en ella é intimaron la rendición a Moro, pero el bandido contesto con una descarga que vino a herir al cabo Fernández. Entonces se trabo una lucha espantosa entre el bandido y el Guardia, que aun a pesar de su herida no se dio por vencido.

Moro defendía palmo a palmo el terreno haciendo una defensa desesperada. Sin embargo la lucha estaba a punto de terminar, y el cabo Fernández pudo dar muerte al bandido después de luchar con él largo rato cuerpo a cuerpo. Su vida estuvo en inminente peligro, y la de sus compañeros se vio también amenazada.

Este importantísimo servicio fue premiado con la cruz sencilla de M. I. L. para los Guardias Álvarez y López que tanto valor y arrojo habían demostrado y con la misma cruz pensionada con 10 rs. el cabo Fernández.

La recompensa era justa, pues los Guardias acababan de devolver al pueblo de Baza el sosiego y la tranquilidad perdida.

Su celo fue digno del premio que alcanzaron.

CRÓNICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL

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