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INUNDACIONES (Noviembre de 1864)

  • Escrito por Redacción

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Llegan por fin a la casa, y al verlos aquella gente llena de congoja y de espanto, exhaló un grito de alegría. Aquel valeroso oficial con sus Guardias eran sus ángeles salvadores.

I.

Vamos a ocuparnos otra vez de las terribles inundaciones que asolaron los pueblos de la Ribera, de la provincia de Valencia.

Ya hemos descrito en otra de nuestras Crónicas la horrible tempestad que descargó sobre aquellos desdichados pueblos en los primeros días de Noviembre de 1864, y creemos inútil repetir en este lugar lo que allí dijimos.

La misma inundación más ó menos imponente ó amenazadora, los mismos espantosos relámpagos y truenos, la misma lluvia y el mismo huracán fueron las causas que llenaron de terror a estos pueblos. Sin embargo, no fueron los mismos Guardias Civiles los que prestaron estos servicios y he aquí la razón de esta crónica sobre acontecimientos semejantes.

Sí mucho se distinguieron los Guardias y el jefe de la línea de Alberique, no se distinguieron menos los de la de Tabernes. Grandes servicios prestaron los primeros a los afligidos habitantes de aquellos pueblos con exposición de sus vidas, y grandes fueron los que estos prestaron también con riesgo de las suyas a los consternados vecinos de Cullera, Alcira, Carcagente, Ayora, Albaida, Alcudia y Ollería.

II.

La inundación había sorprendido a los carabineros en la casa que tienen cerca del pueblo de Tabernes.

Rodeada por todas partes de agua, cuyas olas venían a estrellarse contra sus débiles muros, los moradores de ella creyeron que muy pronto encontrarían su sepulcro bajo sus escombros.

Pero no; hay quien vela por su salvación. Llega a oídos este suceso del jefe de la Guardia Civil de la línea de Tabernes el subteniente D. Miguel Muñoz Díaz, y sin reparar en el grave riesgo que corría su existencia se despoja del uniforme y se dirige luchando con las olas hacia la casa de los carabineros, teniendo que recorrer a costa de grandes esfuerzos y con el agua hasta el pecho un trayecto de media hora, acompañado del cabo 1.° Andrés Dols Moles y de los Guardias segundos Felipe Gisbert y Alfonso, Vicente Jaravo Ballester, Bernardo Pineda Crespo, Miguel Agujo Cabrera y Jaime Calpe Santa Fe.

Llegan por fin a la casa, y al verlos aquella gente llena de congoja y de espanto, exhaló un grito de alegría. Aquel valeroso oficial con sus Guardias eran sus ángeles salvadores.

Entran todos en ella, y después de prestar algunos consuelos a los más asustados y afligidos, medita el subteniente en los medios de salvarlos.

Anima con su ejemplo a los que tenían más valor y al cabo de dos horas consigue habilitar una lancha, y colocando a todos en ella los conducen sanos y salvos a la población, cuyos vecinos quedaron absortos ante aquel rasgo de heroísmo, y no sabían como expresar a los bravos subteniente y Guardias los sentimientos de gratitud que en aquellos momentos abrigaban sus corazones.

Apenas habían pasado algunas horas cuando tuvieron que prestar los mismos servicios a los vecinos de Tabernes, y luego, sin descansar un instante y siempre guiados por el subteniente D. Miguel Muñoz, marcharon a Cullera, después a Alcira y por último a Carcagente, donde auxiliaron a sus compañeros los Guardias de aquellos puestos, en los importantísimos servicios que prestaron a los aterrados vecinos.

III.

Si espantosa y terrible fue la inundación en todos los pueblos de la Ribera, en ninguno se pronunció tan desobídora como en la población de Alcira.

Aquí los estragos fueron incalculables, y el terror de sus vecinos en medio del peligro indescriptible.

Hombres, mujeres y niños se escondían en lo más alto de sus casas, como si aquello pudiera librarles del riesgo que amenazaba su existencia.

A los rezos y oraciones sucedían los gritos lastimeros, los alaridos y ayes de las mujeres, y el llanto de los niños.

Mientras que esto sucedía en Alcira, en dos molinos próximos a la población, pedían socorro con desesperadas voces sus moradores, viendo de un instante a otro que las olas destruían los débiles muros de su vivienda.

En tan grande apuro el sargento segundo Manuel Cerezo Bayarri y el cabo primero Miguel Polo Collado, se decidieron a salvar a aquellos infelices, y despreciando el inminente riesgo que iban a correr, atan unos tablones y atraviesan impávidos el rio de los Ojos, y dirigiéndose al molino aislado completamente por las aguas, llegan a él y colocan a los moradores que se albergaban bajo su techo sobre aquella frágil tabla de salvamento y los conducen a Alcira, habiendo contribuido muy eficazmente al éxito de tan arriesgada operación con una barquichuela el Guardia segundo Francisco Videla Escariz.

Lejos de arredrarse aquellos intrépidos Guardias ante el peligro cada vez mas inminente, parten otra vez en las mismas tablas al otro molino, y después de haber vencido grandes obstáculos, consiguen salvar a los que esperaban allí la muerte con las manos cruzadas y los ojos puestos en el cielo en demanda de socorro.

Mientras esto tenía lugar fuera de la población, dentro de ella prestaban inapreciables servicios el cabo segundo Rafael Vila Moreno y los Guardias segundos Vicente Seguí Tomas y Mariano Pallardo Gabaldo, a los que se unieron los Guardias primeros Luis Solera Camacho, perteneciente al tercio de Madrid, que se encontraba en Alcira con licencia temporal, y Jaime Botella Borras, que hallándose de transito en Algemesí, noticioso de la inundación que afligía a Alcira y de que sus habitantes carecían de víveres, a pesar de las grandes dificultades que ofrecía el camino, marchó en dirección de aquel pueblo, conduciendo además víveres para sus afligidos vecinos.

Es imposible describir uno por uno todos los hechos heroicos de estos valientes Guardias, con exposición siempre de su vida, sacaron a familias enteras de las casas anegadas, conduciendo en hombros a los ancianos, mujeres y niños a puntos seguros; desenterrando a las. víctimas de entre las ruinas; salvando los objetos preciosos que constituían el patrimonio de algunas familias, y salvando hasta los animales que encontraron en los corrales y en las cuadras de las casas.

IV.

Los Guardias del puesto de Carcagente, otro de los pueblos más castigados por la inundación, también contrajeron inapreciables méritos, no cediendo en arrojo y sentimientos caritativos a sus compañeros de los otros puestos.

Sabedor el cabo 1.° Cosme Palacin Ferrer de que en la estación de la vía férrea se encontraban en el mayor desamparo varias personas, dirigióse a ella acompañado del Guardia 2.° Tomas González Granados atravesando el inmenso lago que los separaba, unas veces con el agua hasta el pecho, y otras veces teniendo que ir a nado, no sin peligro de ser arrastrados por las olas.

Llegan por fin la estación, y después de prodigar un verdadero consuelo a los infelices que se albergaban en el edificio, les excitan a seguirles, pero aquellos, temerosos del peligro que tenían que afrontar, se niegan a ello.

Esta actitud y la creciente subida de las aguas, desconcierta el plan de los dos valientes Guardias, que solo piensan en la salvación de sus hermanos. Ante la imposibilidad de marchar al pueblo, adoptan la única medida salvadora que les restaba, y hacen que todos se suban al tejado de la estación, donde permanecieron toda una larga noche esperando la bajada de las aguas.

También el Guardia 2.° Francisco Sánchez Gual, que había corrido a prestar auxilios a las personas que se encontraban en el molino del Empedrado, al que fue acompañado de un paisano, en una balsa hecha de cañas, consiguió salvar a los infelices que esperaban con resignación cristiana una de las muertes mas horrorosas.

Entre tanto el Guardia 1.° Luis Ferrando Martí, y los segundos Gregorio Castelló Alejandro, y Francisco Calanchas Serrano se dedicaban a prestar los más eficaces auxilios a los vecinos de Carcagente, llegando al extremo de salvar unas ochenta cabezas de ganado que llevaba un tratante, teniendo que subir los animales a la. casa-cuartel. Enumerar todos y cada uno de los hechos, describir todos los detalles, seria trabajo para un libro y no para una Crónica, que atendido el sistema de publicación que hemos adoptado, tiene que ser breve.

V.

Los Guardias del puesto de Ayora, cabo 2.° Miguel Torsa Perpiñán, Guardia primero Antonio García López y segundos Francisco Vila Sanz y Francisco Costa Rodríguez, se distinguieron como todos los de la línea en la prestación de prontos, eficaces y peligrosos servicios. Con un arrojo indescriptible libertaron a innumerables familias de ser arrastradas por las olas, ó de hallar su tumba bajo los escombros de las casas que amenazaban una completa ruina.

Después se dedicaron con la mayor asiduidad a la extracción de los cadáveres de entre los montones de ruinas.

Cuando estaban prestando tan importantes servicios, llegó a oídos del cabo Torsa y del Guardia Vila que el facultativo D. José Yelda se encontraba asido a un árbol distante unos quinientos metros de la población, pues al pasar un puente, se había desplomado, y se acogió al árbol para resistir la avenida que arrollaba y arrastraba todo cuanto cogía por delante. Aunque era muy peligroso y muy difícil prestar socorro a aquel infeliz, los dos Guardias, echando a un lado toda clase de consideraciones, acometieron la empresa dirigiéndose por diferentes puntos, y sirviéndoles de faro y de guía las hogueras que encendieron los paisanos, pues eran ya más de las nueve de la noche, y la oscuridad del cielo contrastaba con el terrible estado en que se encontraba la tierra en aquellos momentos.

Llegan por fin, al sitio indicado, y logran extraer al infeliz Velda casi exánime ya, y que volvió a la vida merced a los cuidados que le prestaron los dos Guardias en el momento que los tres se pusieron en salvo.

VI.

Vamos a terminar esta Crónica, que va haciéndose demasiado larga, no porque el asunto carezca de importancia, sino por el método que hemos adoptado, atendido el corto espacio de q le disponemos.

En Albaida el cabo 1.° Ramón Este ve Luna y los Guardias segundos Francisco González Tormo y Jaime Agudo Mestre, auxiliaron poderosamente a los vecinos, pero el servicio más importante fue el que prestaron a los operarios de la fábrica de papel titulada de Guarnet, librándolos de una muerte segura.

Al saber el conflicto en que aquellos infelices estaban, corrieron al molino, y haciendo salir a los obreros del edificio, los Guardias sacaron en hombros y con gran peligro, a las mujeres y niños, y apenas estaban a algunos metros de distancia, cuando las olas minando los cimientos, arrastraron la mayor parte del molino convertido en un instante en escombros.

También en Alcudia se distinguieron el sargento 2.º Manuel Peris Royo y los Guardias segundos Salvador Bayo Bernabéu y José Delgado Pérez, los que después de haber socorrido a los habitantes de Alcudia marcharon al pueblo de Tous, y poniéndose a las órdenes del alcalde, prestaron muy buenos servicios a sus moradores, ya salvando sus vidas, y ya también las cosas que constituían la fortuna de algunas familias, desenterrando también varias alhajas sagradas del lodo que se había aglomerado a la misma puerta de la iglesia.

Otro tanto hicieron los Guardias pertenecientes al puesto de Ollería. Allí el cabo 1.° Cristóbal Llorens y Mondragón, el Guardia primero Rafael Giménez Moreno, y los segundos Pedro Regalado Manuel, Victoriano Pla Donat y Francisco Espluga Moscardó, dieron las mayores pruebas de su valor y de sus sentimientos humanitarios, coronando sus servicios la extracción de entre los escombros de su propia casa, a D. Francisco Mompó y a su madre política.

Los grandes servicios que la Guardia Civil prestó a los desgraciados pueblos de la Ribera, no se borraran seguramente de las presentes generaciones, y acaso pasen a las futuras. Los individuos de aquella ilustre corporación se excedieron en el cumplimiento de sus deberes, y todos quisieron rivalizar en valor, en abnegación y en caridad cristiana.

Muchos son los plácemes que por ellos han recibido, pero estos han pasado y sin embargo les quedan otras satisfacciones que valen más que todas las gracias y los honores, el eterno placer que proporcionan siempre a las almas virtuosas las buenas obras.

CRÓNICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL

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