Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

UN GOLPE HABIL (13-01-1857)

  • Escrito por Redacción

guardia-civil-1857

Batalla no dudó ya un momento, y en la noche del 13 de Enero de 1857, partió acompañado de los Guardias Manuel Arrivas, Francisco Sánchez y Miguel Ruiz, a la villa de Ibros, donde sabia que los sospechosos se reunían frecuentemente para celebrar sus conferencias.

I.

La infidelidad es sin duda la peor condición que pueden tener las personas que se dedican al servicio doméstico.

El criado infiel encuentra en el desempeño de sus tareas y deberes infinitas ocasiones en que poder lucrarse sin inspirar sospechas.

Sin embargo, estas sisas, que son una merma perpetua del capital del amo, llegan a notarse cuando son de importancia, ó se hacen con alguna frecuencia.

Desde este momento, el criado se vuelve más solapado y astuto, si quiere continuar en su secreta estafa, y por eso sin duda son muchas veces inútiles las medidas y precauciones, que el amo emplea para evitar el hurto de sus intereses.

En las casas de comercio que hay un activo é incesante movimiento de numerario, y en las que se venden, cambian y almacenan diariamente los géneros que constituyen el trafico del establecimiento, es mucho más frecuente y fácil que los dependientes caigan en la tentación de apoderarse de ganancias que no les pertenecen.

Seducidos por la idea de la impunidad, no titubean en abrir el cajón donde se guarda el dinero, y cuando la vigilancia del amo cesa en lo más mínimo, no se escapan de la rapacidad los géneros almacenados.

Cuando esta operación se ejecuta con cierto tacto, es difícil descubrirla, y el hurto por lo tanto, sigue perpetrándose por mucho tiempo sin ser conocido, ni aun sospechado siquiera.

Pero como decimos anteriormente, el hurto puede ser de tal consideración, que entonces la evidencia sustituye a la duda, y el que es objeto de este secreto saqueo, se constituye en espía de los criados ó dependientes que tiene en su misma casa. Conocemos un hecho de esta naturaleza, y debemos narrarlo al menos por tributar con justicia un elogio más al acreditado celo de un individuo de la Guardia Civil, del cual nos hemos ocupado diferentes veces en las páginas de nuestras Crónicas.

II.

A últimos del año de 1856, D. Santiago Quixeras, comerciante de Baeza, suplicó al comandante del puesto en dicho punto, que lo era entonces el sargento Carlos Batalla, que se avistase con él, pues tenía que confiarle un asunto de importancia.

Batalla accedió en seguida a la petición, y verificó una entrevista con el Sr. Quixeras, que confió al honrado sargento las sospechas que abrigaba acerca de uno de sus dependientes, fundado en los datos poco favorables que le resultaban del último balance que acababa de verificar en su caja.

En este balance se encontró sorprendido con una pérdida de cuatro a cinco mil duros, cuando tenía fundado motivo para contar con una ganancia crecida. Tan considerable desfalco no pudo menos de llamar la atención a D. Santiago Quixeras, al mismo tiempo que la del sargento Batalla, que le preguntó cuál de sus dependientes era el que le infundía mas sospechas.

Nosotros no hemos podido averiguar el nombre del dependiente infiel; lo único que sabemos es que Batalla le tuvo tan presente, y siguió tan de cerca las huellas del presunto culpable, que a los pocos días averiguó que mantenía relaciones amorosas con una joven de un pueblo inmediato, con la cual trataba de casarse.

Batalla no era hombre que averiguase a medias lo que se había propuesto aclarar, y observó que el dependiente abandonaba el establecimiento a las altas horas de la noche para ir a ver a su novia, a cuyo pueblo le acompañaban con frecuencia dos ó tres sujetos que le llevaban y traían en sus caballos.

Esta intimidad chocó a Batalla, y ya no le quedaba casi duda ninguna de que aquel mancebo era el que hurtaba a D. Santiago Quixeras. Estos datos no le parecieron sin embargo suficientes para dar un golpe seguro, y queriendo tener toda la seguridad posible para obrar con mejor éxito, encargó a D. Santiago que dejase algunas piezas de géneros con estudiado abandono y como al descuido, [echando en sus dobleces algunos granos de mostaza, que sirviesen de señal para descubrir la persona que los hurtaba.

El dependiente cayó en el lazo, y al siguiente día, examinadas escrupulosamente las piezas, no se encontró la mostaza entre los pliegues.

Este era un dato harto elocuente para dudar ya de la verdad.

III.

El sargento Batalla procedió entonces con la mayor discreción. Averiguó lo único que le restaba saber, que eran los antecedentes y vida de los que auxiliaban al dependiente en sus escapatorias nocturnas, y le dijeron que todo el mundo estaba admirado de que aquellos tres sujetos se dedicasen al comercio cuando nunca se les había conocido capital ni medios para ejercerlo, ni en grande ni en pequeña escala. Batalla no dudó ya un momento, y en la noche del 13 de Enero de 1857, partió acompañado de los Guardias Manuel Arrivas, Francisco Sánchez y Miguel Ruiz, a la villa de Ibros, donde sabia que los sospechosos se reunían frecuentemente para celebrar sus conferencias.

Las esperanzas del sargento no quedaron defraudadas, y capturó a seis ladrones cómplices del dependiente, en cuya cartera se encontraron 20,000 reales, en papel, de cuya procedencia no supo dar explicación satisfactoria. Al mismo tiempo pudieron rescatarles unos diez y seis ó veinte mil reales, en géneros catalanes, pertenecientes todos al "almacén” de D. Santiago Quixeras. Tanto el dinero como los culpables fueron entregados al señor juez de Baeza, que formó la causa, y cuyo fallo ignoramos.

El señor coronel primer jefe del tercio, dirigió al comandante de la provincia, un oficio en que le encargaba que diese en su nombre las gracias al sargento Batalla y a los guardias que le acompañaron en este importante servicio.

La misma lisonjera comunicación recibió del señor Director general del Cuerpo, que enviaba a Batalla las gracias, no solamente por el servicio que acababa de prestar, sino también por los muchos y buenos que distinguen a este distinguido y celoso sargento) Estas son las palabras textuales que copiamos de la citada comunicación, y que indudablemente dicen más que todo lo que en obsequio suyo pudiéramos nosotros añadir.

No necesita en efecto comentarios el mérito indisputable que ha contraído en todos sus servicios el hoy teniente de la Guardia Civil, D. Carlos Batalla Adriano.

Su hoja de servicios forma una honrosa página de la historia del Cuerpo a que pertenece.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones