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LA GUARDIA CIVIL EN LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES-V

  • Escrito por Redacción

 

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La “Brigadilla de Ferrocarriles”

La dedicación de la Guardia Civil a los ferrocarriles alcanzará su cúspide en la posguerra de una España deshecha, en la que sólo subsiste el esqueleto quebrado de sus caminos de hierro.

El país ha quedado arrasado. La industria tarda en reaccionar y cambiar mentalidades de guerra por empujes de paz. Es la época de los traficantes del hambre. Nace el estraperlo en cualquier aldea y se lanza a la conquista del mercado con disfraz de maleta y fardo en los pasillos de los vagones, pues las carreteras, impotentes por la escasez de combustible, han dejado campo libre para que las mercancías blancas y negras, se encarrilen a través de las vértebras rechinantes de los ferrocarriles.

Es el clima ideal para el resurgimiento de delincuentes y picaresca. El pueblo enferma de hambre y frío en tanto ve circular trenes repletos de llamativos alimentos, surgidos nadie sabe dónde.

Es tanta la dedicación de la Guardia Civil a la lucha contra la delincuencia y el tráfico ilegal en los ferrocarriles, que puede decirse que en esta época, mientras una mitad de sus efectivos se dedica a velar en las sierras, la otra es absorbida por las líneas férreas en escoltas, protección de vías, puentes y túneles, vigilancia de estaciones, represión del contrabando y tráfico ilícito y custodia de caudales y presos en los trenes. El problema constituye una obsesión para el mando, principalmente por el número de efectivos exigidos, que han de agruparse en las capitales y nudos de comunicaciones, con detrimento de las plantillas de los pueblos, siempre reducidas a lo imprescindible.

Y ciertamente, a pesar de de la continua presencia de la Guardia Civil en las líneas férreas, el número de hurtos, robos, sabotajes apenas decrece. No siempre es posible investigar para descubrir a los autores, a causa principalmente de la multiplicidad de funciones, que reclaman el empleo de toda la fuerza en misiones preventivas.

Se deja sentir, por tanto, la necesidad de grupos especializados, dedicados de forma preferente a misiones de investigación e información para acortar en índice de delitos en depósitos, muelles y trenes, que en los balances de las Compañías de ferrocarriles arrojan cifras importantes.

Ya antes de la guerra había existido una unidad con ese cometido, creada a raíz de la supresión del Tercio de Ferrocarriles. Se organizó y mantuvo a través de órdenes particulares, sin duda ante el temor de otro paso en falso, aunque las características y objetivos de ambas unidades fuesen distintos. Se nombró jefe de la nueva unidad al capitán don Antonio Jover Bedia, quien quedaría ya vinculado durante toda su vida militar a estos servicios. Fue creado a instancias del director de la Compañía de Madrid-Zaragoza-Alicante, el cual, preocupado por los constantes robos de mercancías, que suponían desembolsos de varios millones de pesetas en pagos de reclamaciones, elevó el 4 de marzo de 1935 propuesta en tal sentido al Ministerio de la Gobernación. La unidad inició su actuación el primero de junio siguiente, con plantilla de un capitán, un brigada, cuatro sargentos, ocho cabos y treinta y dos guardias; es decir, un total de cuarenta y seis hombres.

La Revista Técnica del Cuerpo, septiembre, 1935, página 374, llamó a esta unidad en cierta ocasión “Brigada de servicios especiales”, al referirse a éxitos del capitán Jover:

Fuerza de la Brigada de servicios especiales, que manda el capitán Jover, detuvo en Sevilla el 28 de junio a una banda de maleantes que venía desvalijando trenes, ocupándole gran cantidad de mercancías robadas: Días más tarde la misma fuerza, en colaboración siempre de la Comandancia, capturaron a tres reclamados por la autoridad judicial cuando intentaban nuevos robos, rescatando efectos robados de valor. Al poco tiempo apresaron a otros dos ladrones de mercancías en los vagones. El día 14 detuvieron a otro sujeto, ocupándole 300 kilos de piezas metálicas de las máquinas y los vagones. Al día siguiente otros maleantes rompieron un vagón para robar, llevándose algunos efectos, pero en la noche del q8 fueron detenidos. La actividad y pericia de la citada fuerza, digna de todo encomio, está produciendo los mas lisonjeros frutos en la región andaluza”.

En documentos oficiales consta la denominación de sección, sin duda en razón al número de efectivos. Otros preferían llamarla compañía, quizás por tener como jefe a un capitán. Vulgarmente se le llamaba Brigadilla de Ferrocarriles; pero la titulación que se vislumbraba como definitiva era la de “Brigada de Investigación de Ferrocarriles”.

Indudablemente los servicios de esta unidad fueron positivos y del agrado de la Compañía M.Z.A. por cuyos intereses velaba. Lo prueba que al poco la Compañía del Norte de España solicitó la creación para sus líneas de otra unidad idéntica, la cual le fue concedida, con igual dotación de efectivos. Las cabeceras de estas dos unidades radicaron en Madrid, estaciones de Príncipe Pío y Santa Catalina.

En el año 1936, al iniciarse la Guerra Civil, ambos grupos desaparecieron. Su personal fue absorbido por las unidades del Cuerpo. Sin embargo, en la zona nacional algunos guardias continuaron eventualmente su servicio, bajo las directrices de los jefes de Comandancia.

La documentación desapareció por completo durante la guerra, y tal es la causa de que nos sea imposible aportar noticias más concretas sobre esta unidad, de vida tan efímera como la del Tercio de Ferrocarriles, pero indudablemente de mayor eficacia, ya que fue concebida y organizada con fines más concretos y realistas.

Por Fernando Rivas Gómez (Teniente de la Guardia Civil)

REVISTA ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA GUARDIA CIVIL - NUM. 11 (Año VI-1973)

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