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LA GUARDIA CIVIL EN LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES-IV

  • Escrito por Redacción

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EL TERCIO DE FERROCARRILES

La intensidad de los servicios de la Guardia Civil en los ferrocarriles hacía pensar en la idea de crear una unidad específicamente destinada a asumir todas las misiones que la fuerza del Cuerpo realizaba en trenes y vías férreas. La Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Málaga, en representación de todas las de España, en el año 1924 solicitó oficialmente la creación de una unidad de dichas características, con motivo de la repulsa pública ante horribles asesinatos con robo cometidos en el tren expreso de Sevilla.

Se argumentaba para la solicitud que: “Los ojos de toda la nación se vuelven hacia la única Institución española que, por encima de las mudanzas de los tiempos, conserva puro y vivo el espíritu de su fundación”. Y añadía: “No son parejas inconexas llegadas a la hora de partir y recluidas al final de un tren la garantía necesaria frente a la audacia presente; se precisa un Tercio especial por unas mismas manos dirigido, con sus contactos propios en las estaciones, sus compañías y puestos alojados en la propia red, su personal especializado y su campo peculiar de acción, desligados de los demás servicios abrumadores, aunque en relación fraternal con los otros Tercios, cuya sola presencia en lontananza devuelve a los espíritus la tranquilidad en todo el ámbito español

Según un comentario publicado en la Revista Técnica de la Guardia Civil, del que extraemos esta idea, el Tercio de Ferrocarriles en ciernes requería una fuerza especializada. Acaso los guardias de edad, veteranos, con energías desgastadas en los servicios en despoblado, pero aún con suficiente vitalidad para desenvolverse en limitados espacios y dotados de cualidades excelentes para una vigilancia más observadora y constante. El Tercio nuevo descargaría a las Comandancias de provincias del cuidado de las vías férreas y trenes, con la ventaja inherente a toda simplificación, pues reducidos los objetivos del servicio general de las Comandancias resultaría más fácil ejercer una acción intensa sobre cada uno de ellos. Desaparecería de paso la anomalía de ver en tren escoltado a veces por dos guardias de caballería “cuyas monturas padecían entretanto una reclusión nociva en las cuadras”.

Indudablemente, como en tantas ocasiones, se chocaba con el problema de la pluralidad de mandos. La fuerza del Tercio de ferrocarriles se introduciría en todas las provincias, sin conocimiento de los jefes de Comandancia.

Quizás fuera esta la causa de se demorase casi diez años la creación del nuevo Tercio, cuya aparición, según el artículo que comentamos, era tan deseada, aunque lo más lógico es que existiera un justificable recelo en acometer una reforma tan importante, que suponía la creación de una nueva gran unidad y la segregación de servicios tan habituales e intensos en todas las Comandancias como eran los de escolta y protección de los caminos de hierro.

Lo cierto es que hasta julio de 1933 no se llega a implantar la innovación. Para ello se aprovecha una reorganización general del Cuerpo, que reduciría de modo notable sus efectivos, como consecuencia de las reformas de Azaña en el Ejército.

Este Tercio de Ferrocarriles, con cabecera en Madrid, quedó organizado en dos Comandancias, la del Norte en Zaragoza y la del Sur en Córdoba, cada una compuesta por dos grupos, divididos en tres Compañías reunidas, sin líneas ni Puestos, en la forma que se expresa en el siguiente cuadro:

guardia -civi-historia-gc-cuadro-ferrocarril

La misión de esta Unidad era la de encargarse de todos los servicios que se prestaban en los ferrocarriles, incluso los de conducción de presos.

Fácilmente puede verse que las dificultades iban a ser de consideración en todos los órdenes, dado que el territorio a cubrir (toda la nación) y la disgregación de fuerzas. Incluso el alojamiento de la fuerza constituía un problema. Una circular de 19 de marzo de 1934 disponía que el personal de este nuevo Tercio tendría su alojamiento independiente de las demás Unidades del Instituto, salvo cuando en éstas hubiese pabellones sobrantes.

En cuanto al servicio, el nuevo Tercio sin duda supuso un lamentable fracaso. Por Decreto de 25 de mayo de 1934 se ordenó su supresión. El argumento oficial fue el de “las dificultades que en la práctica se han encontrado para arbitrar medios de alojamiento para las fuerzas que constituyen el 4º Tercio Móvil de Ferrocarriles...”: pero no creemos que esto fuera suficiente. Nunca antes se había suprimido una unidad tipo Tercio por estas razones, ni nunca había sido norma en el Cuerpo anteponer las comodidades de la fuerza a las exigencias del servicio. Creemos más bien que las razones fueron otras. No podía esperarse que todas las misiones encomendadas a la fuerza del Cuerpo en los ferrocarriles, a cargo, antes de la creación del nuevo Tercio, de todas las Comandancias, que empeñaban en ellas gran parte de sus efectivos, pudieran realizarse por un solo Tercio con los inconvenientes que forzosamente había de plantear la disgregación de sus unidades.

La Revista Técnica de la Guardia Civil, que diez años antes había acogido tan favorablemente la idea de la creación del Tercio de Ferrocarriles, publicó, en su número correspondiente a junio de 1934, un suelto que ahorra todo comentario:

El tercio de Ferrocarriles, creación impremeditada que tan acramente fue censurada, desaparece como tal, convirtiéndose en Móvil, destinado a reforzar circunstancialmente los Puestos de aquellas localidades donde se planteen conflictos que reclamen la acción de la fuerza pública. De este modo, las concentraciones de individuos pertenecientes a Puestos rurales no serán tan frecuentes como hasta ahora.”

El decreto de supresión disponía que los servicios especiales asignados al Tercio de Ferrocarriles quedaran a cargo de las fuerzas de cada Comandancia, dentro de sus respectivas demarcaciones provinciales. En cambio, la plantilla, reducida al crearse el efímero Tercio, no se aumentó, pues los efectivos de la unidad suprimida fueron a crear un Tercio Móvil radicado en Madrid. No obstante, por ese don de ubicuidad de la Guardia Civil –no es posible otra justificación- los ferrocarriles no se quedaron ni un solo día sin sus servicios de escolta, protección y vigilancia.

Por Fernando Rivas Gómez (Teniente de la Guardia Civil)

REVISTA ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA GUARDIA CIVIL - NUM. 11 (Año VI-1973)

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