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LA GUARDIA CIVIL EN LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES-III

  • Escrito por Redacción

gc-ferrocarril

III - NORMALIZACIÓN DEL SERVICIO

En la época en la que venimos refiriéndonos en estos artículos, la primera época de los ferrocarriles en España y del servicio de seguridad que comenzó a prestar la Guardia Civil en ellos, estos servicios se prestaban sin normativa concreta, con mayor o menor intensidad, atendiendo a los criterios de cada jefe.

La primera orden hacia la normalización de estos servicios se dictó en 1868, y de la lectura de la misma se desprende la disparidad de criterio al que aludimos:

Excmo. Sr.: En 24 del actual se trasladó al Gobernador de Burgos el oficio de V.E., de fecha 12 del mismo, sobre la manera de prestar el servicio la Guardia Civil en las estaciones de ferrocarril para que tomando en cuenta las razones expuestas se sirviera dictar la resolución más conveniente. Después, el Ministerio de la Guerra dio conocimiento al de la Gobernación de la comunicación que sobre el particular le había dirigido a V.E., manifestando sus deseos de que se dieran órdenes oportunas para que las parejas de la Guardia Civil se situaran al lado de los trenes por donde suben y bajan los viajeros. Como los Gobernadores son los encargados de disponer el servicio de la Guardia Civil en sus respectivas provincias, la Reina (q.D.g.) ha tenido a bien mandar se diga a V.E., que si el servicio de que se trata se presta del mismo modo en todas las estaciones de ferrocarriles, los Jefes de Cuerpo acudan a aquellos, haciéndoles presente la inconveniencia de introducir variaciones...”

Un mes más tarde se dispuso, en Real Orden de 4 de septiembre, que la fuerza que realizara el servicio de escoltas de caudales continuase la custodia “sin relevarse hasta terminación de viaje”, y que el regreso se verificara “tan luego hayan cumplido el servicio”. Con esta Orden se resolvía un expediente incoado con motivo de ciertas discrepancias surgidas en el parecer de algunos jefes de Tercio de que la fuerza no debía rebasar los límites de sus provincias.

En 1886 se dicta una Real Orden que va a convertir al guardia civil en estampa permanente y obligada a bordo de los trenes. Se trataba del servicio de escoltas:

ESCOLTA DE TRENES (6 mayo 1886)

“Excmo. Sr.: En vista del proyecto de reforma del servicio de protección de las líneas férreas por la Guardia Civil, que remitió V.E. a este Ministerio en su comunicación del 15 del mes de enero último; y teniendo en consideración que dicha reforma consiste en establecer escolta de tres Guardias Civiles que acompañen a cada uno de los trenes de viajeros en las líneas generales y provinciales para la custodia de los mismos y de la vías férreas, cuyo sistema de vigilancia es preferible al que se emplea actualmente , reducido a la presentación de una pareja en estaciones al paso de los trenes; que no se destinen en absoluto la vigilancia de las estaciones que se hallen lejos de poblado, o de las que por otras causas especiales la requieran; y que sobre ofrecer mayores garantís a la seguridad de los viajero y los intereses de las Compañía, no exige aumento de fuerza, no impone gravamen alguno al Tesoro; S.M. la Reina (Q.D.G.), Regente del Reino, de conformidad con el informe emitido por el Ministro de Fomento, después de ori a la Comisión ejecutiva de las Compañías de ferrocarriles, ha tenido a bien disponer que el servicio de referencia se verifique en lo sucesivo con sujeción a las siguientes bases:

  • 1ª. El servicio de escolta para la vigilancia de los trenes de viajeros en las líneas generales y en las provinciales será desempeño respectivamente por tres y por dos Guardias Civiles que acompañará a cada uno de dichos trenes, procurando en los posible que estos viajes no excedan de cuatro horas de ida y cuatro de regreso, y combinándolos de modo que la escolta de un tren ascendente pueda volver por descendente más próximo.
  • Cuando el aumento de la fuerza del Cuerpo lo permita se hará extensivo el servicio de que se trate a los trenes de mercancías.
  • 2ª. Queda suprimido por regla general el servicio que la Guardia Civil viene prestando en las estaciones al paso de los trenes, si bien los Jefes de Comandancias, oyendo a las Compañías, podrán disponer lo necesario para que la fuerza de dicho Instituto ejerza la vigilancia posible en las estaciones que por importancia o por hallarse lejos de poblado no se conveniente desatender en absoluto.
  • 3ª. Para la mejor organización del servicio, los Jefes de las Comandancias dispondrán el aumento de fuerza necesaria en los puntos donde los relevos hayan de efectuarse tomándola de otros situados fuera de la línea. “

El servicio se prestaba por tres guardias o una pareja. Que ocupaban normalmente el furgón de cola de los trenes. Las Compañías cuidaban “cuando era compatible con el servicio al público” que quedara siempre en los furgones capacidad indispensable a la cómoda y decorosa instalación de los guardias, así como que éstos pudieran hacer uso de sus armas y utilizar las ventanas de dicho vehículo para la inspección de los estribos del tren y de la vía por ambos costados.

El servicio no era cómodo y para que se pueda apreciar cuanto se pensaba sobre la incomodidad y fatiga del servicio de escolta en aquellos años y en particular en los años veinte, reproducimos un artículo publicado en la Revista Técnica del Cuerpo correspondiente a 1923:

No supondrá ciertamente el servicio de escolta de trenes tan considerable consumo de energías físicas como el de carreteras o correría, pero en cuanto a incomodidad, no cabe duda que aquél supera a éste.

La pareja de escolta viaja en el reducido espacio del duro asiento de un molesto coche de tercera categoría, en constante tensión de espíritu y con los sentidos muy despiertos si ha de vigilar ambas márgenes de la vía, enterarse de quien sube o baja del tren, atender cualquier reclamación, petición de auxilio o señal de alarma; saltar al andén y recorrer la línea de coches en las paradas de cinco minutos en adelante, ponerse a la órdenes de las autoridades superiores de las provincias y jefes del Cuerpo, y cumplir otras obligaciones que sería prolijo enumerar.

La necesidad de conservar una correcta actitud en todo el trayecto, priva a los guardias de aquellas libertades admitidas y corrientes en los demás viajeros para defenderse del calor, o bien del frío, ya despojándose de algunas prendas, ya abrigándose con mantas y bufandas. La pareja de escolta no es sensible a las variaciones de la temperatura, e inmóvil y grave no se desabrocha ni un solo botón.

El guardia de servicio en los campos está autorizado para vestir las prendas más usadas, siempre que no tengan roturas no remiendo mal hecho o paño o forro, y el completo de los corchetes y botones, pero en los trenes no pueden llevarse prendas de tercera vida. Las parejas deben presentarse en las estaciones como modelo intachable de aseo y uniformidad, lo que obliga a renovar con extraordinaria frecuencia la guerrera y pantalón gris y la capota, cuyo deterioro prematuro es también inevitable.

Para compensar los excesivos gastos que se ven obligados a realizar los guardias de escolta de trenes, sería de justicia concederles la indemnización que establece el Reglamento de 31 de octubre de 1919, y la Real Orden de 26 de septiembre de 1921, ventaja que como decimos sería justísima, ya que la disfrutan todos los funcionarios que por razón de cargo o cometido se ven precisados a separarse o ausentarse del lugar de destino.

Para graduar el devengo en cuestión, habría que distinguir los casos siguientes:

Primero: Parejas que prestan servicio de escolta de trenes por más de ocho horas entre ida y vuelta.

Segundo: Parejas que prestan servicios por más de dieciocho horas entre ida y vuelta.

La indemnización a los individuos comprendidos en el caso primero que se considera equivalente al de “separación de la habitual residencia” que cita ael reglamento de indemnizaciones de 21 de octubre de 1919, reformado por Real Orden de 2 de junio de 1921 y ampliado por la de 26 de septiembre siguiente, consistirá en tres pesetas, y la indemnización aplicable a los comprendidos en el segundo caso sería de cinco pesetas diarias.

No creemos que la concesión del devengo por el que abogamos represente un gran gasto para el estado –que no las tres y cinco pesetas que nosotros pedimos para el guardia-, sino sumas diez veces superiores se abonan como dietas con toda regularidad y sin regateos a funcionarios civiles de distintos departamentos, aunque esos funcionarios no tengan tanta responsabilidad que asumir, tanto peligro que arrostrar, ni estén obligados a honrar un brillante uniforme que por ningún concepto ha de humillarse, aunque humildes seamos quienes orgullosos lo vestimos”.

Indudablemente, las Compañías de Ferrocarriles tenían un alto concepto del sentido del deber y honradez de la fuerza del Cuerpo, lo que demostraban empleando a un considerable número de guardias retirados, principalmente para funciones de vigilantes o guardas. Ya el Reglamento para su aplicación de la Ley General de Ferrocarriles (1878) disponía que la recluta de vigilantes se hiciese preferentemente entre licenciados de la Guardia Civil.

El ejemplo más elocuente de la consideración en que se tenían las virtudes del Cuerpo lo dio la Compañía de Ferrocarriles de Madrid-Cáceres, Portugal y Oeste de España, al crear para su servicio un cuerpo de guardas jurados , nutrido exclusivamente de guardias civiles retirados. De la organización de este cuerpo –idea del subdirector de la Compañía don Luis de Cepeda- se encargó el comandante del 14 Tercio don Pedro Alfonso Trejo, y comenzó a actuar, como especie de unidad piloto, con reducidos efectivos, en la estación de Delicias, bajo el mando del alférez retirado don Jesús Moragas Oviedo. Sus servicios fueron tan eficaces que en poco tiempo se aumentó el número de guardias para prestar servicio en toda la línea de la Compañía.

Por Fernando Rivas Gómez (Teniente de la Guardia Civil)

REVISTA ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA GUARDIA CIVIL - NUM. 11 (Año VI-1973)

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