Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

LA GUARDIA CIVIL EN LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES

  • Escrito por Redacción

ferrocarril

"En el futuro cambiará el paisaje, la economía, la sociedad, la geografía e incluso política. Los gobernantes podrán y tendrán que contar con caminos y hombres de hierro".

Empezamos una serie de artículos sobre la Guardia Civil y su relación con el ferrocarril, el nacimiento de ambas instituciones, casi paralelo, los avatares y dificultades, la seguridad, los servicios, dada la importancia que el nacimiento de ambas tuvo para España, queremos que la información sea lo más amplia posible y para eso lo haremos en distintas entregas.

LA GUARDIA CIVIL EN LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES

-ORIGENES (i)

Durante el año 1844 se producen en España dos acontecimientos importantes que van a cambiar la fisonomía del país:

- Por Decreto de 13 de mayo se crea la Guardia Civil.

- Por Real Orden de 31 de diciembre se autoriza y reglamenta el tendido de líneas férreas.

Antes ya habían existido escarceos dialécticos e intentos serios. La primera línea proyectada fue la de Jerez a Sanlúcar de Barrameda en 1830, empresa abandonada por falta de capital, como sucedería en la de Tarragona-Reus, tres años más tarde. En 1943 se había autorizado, sin previa legislación, el tendido Madrid-Aranjuez. En cuanto a la Guardia Civil, ya en 1820 el Marqués de las amarillas había luchado por la creación del “Cuerpo de Salvaguardias Nacionales”. Pero hasta el año 1844 el Gobierno no se decide a exprimirse el cerebro para que pueda descender de la mente a la pluma la cristalización legal de ambas innovaciones.

En el futuro cambiará el paisaje, la economía, la sociedad, la geografía e incluso política. Los gobernantes podrán y tendrán que contar con caminos y hombres de hierro.

Resulta obvio que se trata de dos instituciones completamente distintas, instrumento de progreso una y de paz la otra; mas su nacimiento coincidente –unos padres y una misma época- parece marcarles trayectoria de coexistencia ensamblada, de auxilios y apoyos mutuos.

Gracias a los ferrocarriles, la Guardia Civil iba a contar con un lenitivo en la preocupante dificultad de la diseminación de sus hombres. Los caminos de hierro unirían destacamentos y mandos; las órdenes se trasmitirían con cierta rapidez y sería posible una más perfecta organización, unidad mental, cohesión y ejecución; cualidades que faltaron, y frustraron, instituciones precedentes.

Y gracias a que la Guardia Civil fue tendiendo paz, las Compañías de ferrocarril pudieron ir empalmando rieles. Por razones lógicas, el Instituto logró un más rápido desarrollo. Y cuando los ferrocarriles alcanzaron su adolescencia, la Guardia Civil se encontraba ya en aptitud para protegerlos y acelerar su progresión desbrozando caminos.

Era la época a que nos referimos una de las más azarosas por las que ha atravesado España a lo largo de su historia. A causa de recientes convulsiones políticas, calamidades públicas, guerras exteriores, revoluciones y luchas intestinas, la Hacienda del Estado, igual que el patrimonio social y las industrias privadas, andaban desorientadas y en quiebra. Sin capitales disponibles, enrarecido y por los suelos el crédito público y privado, resultaba inevitable que España se entregara al extranjero, poco menos que incondicionalmente, para obtener fondos y equipos ferroviarios.

Si bien, según dijimos, ya se habían tendido algunos rieles con anterioridad a 1844 en la línea Madrid-Aranjuez, fueron los catalanes quienes, adelantándose, inauguraron el primer ferrocarril español, Barcelona-Mataró, en 1848; viéndose forzados los castellanos, con menos audacia financiera, a esperar hasta 1851.

Prácticamente, en trayectos tan reducidos, en los que los trenes constituían más lujo y “sport” de gobernantes y acaudalados que verdaderos medios de transportes, la intervención de la Guardia Civil era apenas visible, y su actividad había de centrarse en la vigilancia de otras zonas donde comenzaban a estirarse las paralelas que darían una nueva dimensión al país.

La empresa se presentaba difícil, lenta. En 1859 solo pudo llegarse a un total de 297 kilómetros de vías. En 1860, en un loable impulso, dadas las condiciones de la nación, se llegó hasta los 1.914 kilómetros. Los españoles empezaban a olvidar hiperbólicas concepciones de “pavoroso invento”, y el ferrocarril al fin desplegaba su función básica de enlazar y transportar hombres.

El primer Reglamento del Cuerpo, aprobado por R.O. de 20 de diciembre de 1845, no señalaba cometido específico en los ferrocarriles, omisión comprensible en unas fechas en las que los caminos de hierro eran sólo balbuceos en la opinión de muchos, cuando no quimera poco menos que irrealizable. Hasta la Ley de 15 de febrero de 1856, la cual establecía que los ferrocarriles “serían considerados y guardados como caminos del estado”, la Guardia Civil no contó con un mandato legal.

Y en 1858 el Gobierno es Tajante:

La Reina (q.D.g) ha tenido a bien mandar que a todos los cantones en donde la Guardia Civil esté de servicio sobre la línea férrea de Alicante a Valencia, comunique V.E. inmediatamente órdenes relativas a la custodia y seguridad de los raíles, a fin de que no estén resentidos maliciosamente, para lo cual no se permitirá que se detengan en todo el tránsito más personas que las autorizadas por la empresa, como son, trabajadores, guardias y demás empleados”.

Suponemos que otros tendidos se vigilaban sin necesidad de orden expresa, pues de otra forma extrañaría que la disposición se refiriera solamente a un determinado ferrocarril.

Ya la presencia de los guardias en los trenes era habitual, y sus armas, sin las condiciones de seguridad que las actuales, producían frecuentes accidentes, los cuales trataron de evitarse o aminorarse mediante la prohibición de que se llevasen cargadas. Esta medida no debió ser del agrado de los jefes del Instituto, porque pronto se dispondría, en Real Orden de 1º de agosto de 1859, que quedaría al arbitrio y responsabilidad de la fuerza al llevar o no cargadas las armas.

Esta Orden decía:

“...mas teniendo en cuenta que el servicio a que está destinada la Guardia Civil exige marchar con las armas cargadas, S.M. la reina (q.D.g) ha tenido a bien resolver que en lo sucesivo, siempre que para llenar los objetos de su instituto, viajen en un camino de hierro, se invite por los empleados del camino, al Comandante de la fuerza, para que ordene a ésta desalojar sus armas, si en ello no ve inconveniente, dejando a su responsabilidad el hacerlo o no

PROXIMA ENTREGA: EXPANSION DEL FERROCARRIL

Por Fernando Rivas Gómez (Teniente de la Guardia Civil)

REVISTA ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA GUARDIA CIVIL - NUM. 11 (Año VI-1973)

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones