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¿PUDO SER LIBERADO EL SANTUARIO? - (IV parte)

  • Escrito por Redacción

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El servicio que se cumple en plena desesperanza, sin otra seguridad que la de saberse abandonado, sin poder confiar más que en la providencia divina, es el mas dificil de los servicios.

Estamos en la tarde del día 16 de abril de 1937, en el Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Cabeza. El Capitán Cortés sabe a estas alturas que su río de esfuerzos no tiene más desembocadura que el sacrificio heroico.

Cortés ha comprendido que su vigoroso caudal de confianza de los primeros tiempos tiene que despeñarse inexorablemente en un negra cascada de amarguras. Cortés conoce que ya la bravura de la Defensa intransigente no tiene otra razón que la propia demostración de la bravura. Y sin embargo permanece - erguido en su Puesto de Mando, manteniendo erguidos a todos los hombres y mujeres del Santuario.

De este abandono, presentido hacía tiempo, había de tener confirmación plena cuando solo unos días más tarde le diera cuenta Franco de que le había abandonado, y le dice que debe tratar la rendición con La Cruz Roja, añadiendo: "Carencia de importancia militar del Puesto, exigencia operaciones y situación frentes, que no permiten avance inmediato, imponen esta medida..." Pero no avancemos acontecimientos. Baste por ahora con dejar constancia de que Cortés tenía ahora ya, plena consciencia de que iban a ser sacrificados. No se trata de "exigencia de las operaciones" ni de la "situación de los frentes", ya que el 12 de enero, cuando Franco ordenó parar el avance nacional en Porcuna, tan solo a 25 km de Andujar y a 40 km. del Santuario en línea recta, la situación del Ejército Republicano, roto y en huida, las características favorables del terreno y los grandes refuerzos que por aquél entonces se estaban recibiendo en el Ejército del Sur nacional, no justificaban en absoluto semejante detención, solo justificada por una decisión anterior y premeditada de Franco quien el 27 de diciembre anterior en telegrama cifrado, personal y reservado, decía el General Queipo de Llano:

"Ordene V.E. que prensa Andalucía no publique información sobre Santuario Nuestra Señora de la Cabeza, con objeto de no hacer de un objetivo sentimental uno nacional".

No se trata, pues, de exigencias de las operaciones o de situaciones de los frentes. Se trata de que así como convino en un momento dado, por razones políticas, jalear Io del Alcázar de Toledo, en estos momentos conviene también, por razones políticas silenciar lo del Santuario, que resultaba más útil resistiendo que salvado. Por eso, e partir del 27 de diciembre de 1936 todo Io del Santuario se comentó con mucho sigilo en los medios oficiales, sin propaganda, como si se tratase de algo extraño e incómodo.

A mediados de febrero, después de la toma de Málaga se presentó el momento más oportuno y más conveniente para liberar el Santuario. Se contaba con efectivos sobrados para hacerlo con facilidad y sin el menor riesgo. Hubiese sido una operación de 4 días a lo sumo y en aquella circunstancia la situación de los frentes favorecía precisamente la liberación del Santuario. Sin embargo también fué cruelmente olvidado, trasladando al Centro toda la masa de maniobra que había triunfado en Málaga. El Santuario tuvo en contra suya dos factores que pesaban mucho en el ánimo del Cuartel General de Salamanca. Primero que estaba en Andalucía y Franco no quiso nunca que se moviesen los frentes andaluces. No quería que Queipo de Llano fuera Virrey en la mitad de la Zona Nacional. Segundo, en el Santuario solo había una Virgen, una roca, unos guardias y un Capitán... Total, escasos factores, mínimos elementos, pocas piezas, que estaban reteniendo en tomo a ellos toda la masa de maniobra de un Sector capital del Ejército del Sur republicano. Total que fundamentalmente por frías razones políticas y accidentalmente por pragmáticas razones militares, el Santuario quedó siempre relegado. Fué, en suma, sacrificado a las conveniencias del Mando.

El día 12 de abril el General Franco había hecho pública, en cierta manera, su decisión de abandonar definitivamente a los defensores del Santuario. En efecto, ya pesaban sobre su conciencia tanto sacrificio, tanta abnegación, y tanto abandono; mandó que se hicieran muy discretamente ciertas gestiones por medio de la Cruz Roja Internacional para que, llegado el caso, interviniese evitando el asesinato de los inocentes. El mismo día 13 por la mañana se iniciaron discretamente las gestiones por medio del enlace nacionalista a la Cruz Roja en Francia, desde donde se hicieron gestiones con la Zona Republicana. El hecho es que la noticia corrió como la pólvora y que el día 14 por la mañana ya se tenían noticias en el C.G. del Ejército del Sur republicano.

Aún no sabia el buen Capitán Cortés que todavía habría de superar la terrible prueba, la pesadísima Cruz, de la Cruz Roja Internacional. De ella habría de servirse el Gobierno de Valencia quien, jugando con doble baraja, - mientras ofrecía a los nacionales la evacuación de mujeres, niños, ancianos y enfermos, le ponía al Jefe de la Defensa como condición previa, la rendición de los combatientes; y al no aceptar Cortés, alegaba ante los Delegados extranjeros y ante el Gobierno de Burgos que el Capitán se negaba a toda negociación. Pero ya hablaremos más adelante, "in extenso", de este tema.

El Gobierno de Valencia y sus Mandos militares en el Sur habían decidido acabar definitivamente con el Santuario, justo al mismo tiempo en que el de Burgos decidió abandonarlo. No puede consentir el Mando republicano que se le escape este presa; de perderla, como perdió el Alcazar y Oviedo, su desprestigio ante el mundo sería total y acabaría triunfando la idea, ya muy extendida, de su incapacidad para vencer las Defensas definitivas que le oponían reductos poco numerosos y mal armados, pero llenos de moral. El Gobierno de Valencia y el Mando republicano en general sabe que en el Santuario no hay más que mujeres, ancianos y niños y, a estas alturas, escasamente dos centenares de hombres, sin otro armamento que fusiles de repetición y algunas granadas de mano, la mayoría de fabricación casera. Pero aquellos guardias civiles tienen, sobre todo, corazón. También estaban poseídos de una altísima moral, no el concepto común que se le de en la milicia de "firmeza de ánimo por saberse fuertes y bien respaldados", sino más bien como "una docilidad - interna y absoluta del alma a los deberes que tiene para con su Dios y su Patria".

Martos, noviembre de 2001.

Fdo.- Juan Pedro Cortés Camacho.

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