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50 AÑOS INCENDIO DEL TREN CORREO MADRID-BARCELONA (¿180 muertos?)

  • Escrito por Redacción
incendio-tren
50 AÑOS INCENDIO DEL TREN CORREO MADRID-BARCELONA (¿180 muertos?)

Hoy se cumplen 50 años de uno de esos misterios del período franquista de los que nunca sabremos la verdad. Ni las causas, ni el número total de víctimas,...

http://www.heraldo.es/noticias/arago...38506_301.html

La localidad zaragozana de Grisén conmemora este martes el triste aniversario de una tragedia en la murieron decenas de personas. 50 años después de la terrible tragedia ocurrida allí el 10 de febrero de 1965 aparecen nuevos datos acerca del suceso en el que perecieron, según la versión oficial, 34 personas a causa de un fuego fortuito en el que ardieron tres vagones de tercera clase que formaban parte del convoy. Testigos e investigadores del caso afirman que hubo muchos más muertos y que el incendio fue provocado.

Eran las 6.20 de la mañana del 10 de febrero de 1965 cuando el fuego comenzó en uno de los vagones de tercera que formaban parte del tren correo número 883 que hacía el trayecto Madrid-Barcelona. El incendio se inició a la altura del kilómetro 316, en el término municipal de Grisén, 1.900 metros pasados de su estación ferroviaria.

Los vecinos de Grisén acudieron a toda prisa al lugar para socorrer a las víctimas. Los vagones estaban envueltos en llamas y se vivieron momentos my dramáticos: una mujer y una niña entre el fuego, a punto conseguir abrir una ventanilla para escapar justo cuando se desplomaba el techo y las llamas las engullían ante la impotencia de quienes intentaban salvarlas. Todo se quemó en diez minutos mientras vecinos, médicos y personal de Renfe hacían todo lo posible por ayudar en el salvamento hasta que llegaron los Bomberos de Zaragoza y las ambulancias. En los momentos previos, también la Guardia Civil tuvo una actuación heroica.

Ignacio Navarro Gil, documentalista e investigador de la catástrofe, explica que "Renfe estimó que los vagones de tercera registraban un 42% de ocupación. Un dato que, descontando los heridos e ilesos, concuerda y cuadra, pero cuando hablas con los testigos y ves parte de las hojas de ruta del tren te das cuenta de que iban llenos y no cabía ni una persona más. Si hacemos un cálculo en función del máximo permitido y con la capacidad que había en el tren habría unas 180 personas desaparecidas".

Navarro asegura que el accidente "se censuró en la prensa. El Gobierno de entonces ni reconoció el accidente, no enviaron ni un pésame, tan solo el ministro de Obras Públicas asistió a un funeral pero en ningún momento ni la localidad ni los afectados recibieron un pésame oficial. En prensa solo apareció cuatro o cinco días hasta que el 17 de febrero de 1965 concluye una nota de Renfe que explica que lo que ha pasado no ha sido sabotaje, ni un error humano, ni mecánico, ni de Renfe. Se concluyo el caso sin saber nunca qué pasó".

La versión oficial apuntaba al recalentamiento de los ejes pero el investigador revela que, según ha podido saber tras entrevistar a la persona de Renfe encargada de supervisar técnicamente si había algún problema, "ahí no pasó nada. Las cajas de grasa, los ejes y los muelles estaban en perfecto estado. Fue un incendio provocado", asegura.

En opinión de Navarro la verdad pudo ser ocultada por dos razones: "En primer lugar, las víctimas eran en su mayoría emigrantes de Andalucía que se dirigían al norte de España y a Europa, cuyos únicos enseres cabían en una maleta. No tenían nada más. Nadie les iba a echar en falta -subraya-. En segundo lugar, y según algunos testimonios, pudo ser un atentado porque en ese tren había una serie de documentación que comprometía a la dictadura, y también viajaban en él una serie de autoridades y había una serie de contenidos que no debían salir a la luz".

Otra versión de los hechos apunta a un ajuste de cuentas de Francisco Gazo Sancerni, un hombre de Huesca que maltrataba a su familia -tres hijos y una mujer-, con la que viajaba en el tren y buscó la forma de provocar un incendio. "Se ha comentado que lo que hizo fue tirar a su mujer y a sus hijos al fuego para 'quitárselos de encima'. Este hombre tenía denuncias por violación, pero desaparecieron los archivos de la Policía, Cuando accedí al archivo de la Guardia Civil, abrí la carpeta y estaba vacía, no había ningún documento".

Hay muchas más incógnitas que Navarro Gil continúa investigando un suceso al que se acercó gracias al arquitecto José María Valero, gran aficionado a los trenes. "Nuestra labor es intentar devolver a la memoria a aquellas personas". Viajeros cuyo tren se detuvo de forma inesperada en Grisén y que yacen allí para siempre.





Enlace al vídeo del programa de Cuarto Milenio.
http://www.cuatro.com/cuarto-milenio...900530072.html

Entrevista a un guardia civil cacereño ya retirado pasajero del tren siniestrado.
http://www.hoy.es/v/20111101/caceres...-20111101.html

A Marcelino Viegas Galván (Valencia de Alcántara, Cáceres, 1940) la vida le cambió el 10 de febrero de 1965. Era uno de los pasajeros que viajaba en el tren que cubría el trayecto entre Madrid y Barcelona. Su destino era Hecho (Huesca), donde iba a incorporarse a la comandancia de la Guardia Civil tras participar durante varios meses en un curso de formación en la capital de España. Pero nunca llegó a su destino. La fatalidad se cruzó en su camino. El convoy ardió entre las estaciones de Pinseque y Grisén, a 26 kilómetros de Zaragoza. «Más de treinta muertos y cerca de cuarenta heridos al incendiarse tres vagones del correo Madrid-Barcelona». Así tituló el periódico 'ABC' la información que publicó el 11 de febrero, un día después del accidente. «Según un mozo del tren, una colilla o una cerilla mal apagadas pudieron haber dado origen al siniestro. Una pareja de la Guardia Civil, de servicio en el convoy, evitó que se originaran más víctimas», añadía el diario.

A esta pareja se sumó Marcelino, que aquella noche ayudó a desalojar los vagones afectados y puso en riesgo su vida al regresar al tren para rescatar a una anciana. El techo, envuelto en llamas, se le vino encima. Como consecuencia de las quemaduras, estuvo en coma 15 días y permaneció durante seis meses hospitalizado. En 1975 aterrizó en Cáceres, donde reside en la actualidad. Está casado, tiene dos hijos y cuatro nietos. Se jubiló en 1992, año en el que se extinguió el cuerpo de mutilados, en el que ingresó tras el accidente. Durante estas cuatro décadas a Marcelino le han llovido los reconocimientos. El último le llegó hace apenas unos días. Fue el pasado jueves, en el transcurso de la gala de homenaje a los mayores organizada por el Ayuntamiento de Cáceres en el centro cultural Capitol. Dice que no suele hablar con frecuencia de estos hechos. «Procuro no tocar el tema. En mi entorno todos conocen mi historia», comenta a sus 71 años.

-¿Qué recuerda de aquella noche?
-Fue horroroso. Había muertos por todos los sitios. Era un tren correo de aquellos coches antiguos que eran de madera. Salieron ardiendo las tres unidades penúltimas porque la última no era de madera y no se quemó. El mozo de tren, la pareja de escolta de la Guardia Civil y yo con mi poca experiencia colaboramos para que los muertos no fueran tantos. En un principio, la prensa se hizo eco de que había 36 muertos y otros tantos heridos. Pero, según la hoja de ruta del jefe de tren, fueron 96 muertos e infinidad de heridos.

-¿Usted viajaba en uno de los vagones afectados?
-Sí. Eran vagones de tercera e iban a tope. El tren partió a las diez de la noche de Madrid. Yo tenía que bajarme en una estación que hay antes de llegar a Zaragoza, que se llama Casetas, para hacer transbordo. Calculo que tendría que haber llegado sobre las ocho de la mañana. Pero nunca llegué allí. Lo más curioso de todo es que yo no tenía que haber cogido ese tren. Tenía que haberme montado en uno que salía antes de Madrid y que era más rápido. Lo que pasa es que luego tenía que esperar en Casetas cuatro horas para coger el tren que subía al Pirineo. Por eso decidí coger el de las diez de la noche, para no esperar tanto ni pasar tanto frío en Casetas.

-¿Cómo ocurrió todo?
-Parece ser que de uno de los cojinetes del tren comenzó a salir fuego. Al pasar por la estación de Grisén, donde el tren no tenía parada, el jefe de estación intentó hacer unas señales al maquinista con el farol, pero el maquinista no le vio. Entonces, el jefe de estación llamó a Pinseque, que era nuestra próxima parada. Pero no llegamos. Nos quedamos a dos kilómetros y medio. Se incendió todo como una antorcha. Los tres vagones ardieron por completo.

-¿Qué pasó después?
-Yo escapé, pero regresé varias veces. Y una de ellas se me vino el techo ardiendo encima y me lancé como pude por un campo. Eran las seis y diez de la mañana, en pleno invierno, y estaba todo helado. Allí me socorrieron. Todo lo que no me cubría la ropa, se me quemó. Después, estuve 15 días en coma.

-Podría haber salido ileso...
-Sí, pero regresé varias veces por el espíritu que nos habían inculcado y porque soy así de espontáneo para estas cosas. La gente se oponía a dejar sus pertenencias. Había gente que había salido del vagón y regresaba para recuperar sus maletas. Tuvimos que desalojar uno de los vagones casi por la fuerza. No eran conscientes del peligro que corrían.

-¿Qué tipo de quemaduras sufrió?
-Algunos periódicos de la época dicen que fueron de segundo grado.

-¿Qué secuelas le dejó el accidente?
-Después de pasar por diferentes destinos, tuve que pasar al cuerpo de mutilados. Además, he estado muchos años acordándome de aquello. Muchas noches sueño que estoy allí.

-En su vida hay un antes y un después del 10 de febrero de 1965...
-Todos los jefes se portaron conmigo maravillosamente. Ese mismo año me concedieron el premio Alfonso XIII al mejor servicio humanitario prestado y luego llegaron otros reconocimientos. Ya hacía tiempo que no hablaba yo de este tema...

-Y ahora, 46 años después, le conceden una nueva distinción. ¿Cómo le ha sentado el homenaje?
-Es un reconocimiento que ha partido de la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil. Fue un acto muy bonito.

http://www.heraldo.es/noticias/arago...38506_301.html

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