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El héroe del tren de Grisén

  • Escrito por Redacción

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Ahora se cumple medio siglo del trágico incendio del tren correo Madrid-Barcelona. Marcelino, guardia civil, salvó a varios viajeros y entró en coma debido a las graves quemaduras.

Forma parte de la historia más negra del ferrocarril y más gloriosa y humanitaria de la Guardia Civil. Pocas catástrofes han superado en víctimas y horror a aquel accidente que sufrió el tren correo Madrid Barcelona nº 886 a la altura del kilómetro 316,4, pasados casi dos kilómetros de la estación de Grisén (Zaragoza). Pero además el misterio sigue rodeando el suceso. Aunque las crónicas de la época hablaban de 34 muertos y otros tantos heridos, siempre se ha asegurado que fueron bastantes más y que el régimen ocultó la dimensión de la tragedia. En todo caso, las consecuencias hubieran sido mayores sin la intervención de Marcelino Viegas Galván, un cacereño que ayudó a sacar a los pasajeros y que se jugó la vida, hasta tal punto que permaneció 14 días en coma por las graves quemaduras y estuvo tres meses sin salir del hospital.

El 10 de febrero se cumplían cincuenta años del accidente y Marcelino volvío a relatar la historia para el Periódico EXTREMADURA. La conoce de memoria, pero su semblante se contrae cuando empieza a contarla y su voz se entrecorta en algunos momentos debido a la emoción de los recuerdos. "Estas cosas no se olvidan, fue muy duro...", explica, mientras resta importancia a su esfuerzo: "Solo hice lo que debía como persona, y volvería a hacerlo".

El sumario estuvo bajo secreto durante mucho tiempo. Renfe informó de que el tren correo solo tenía ocupado el 42% del pasaje, pero la composición de tercera clase iba llena. Así lo afirman los testigos. Salió de Madrid de noche y en él viajaba Marcelino Viegas Galván. A sus 25 años ya era guardia civil y acababa de finalizar el curso en Madrid para incorporarse a la Agrupación de Tráfico. Aquella noche volvía a su destino a un puesto de Jaca (Huesca). "El tren iba atiborrado", recuerda. Se montó en el cuarto vagón empezando por la cola.

Pasaban las seis de la mañana cuando el convoy atravesó la estación de Grisén. El jefe de estación vio un fuego en uno de los fuelles e intentó hacer señales al maquinista para que se detuviera, pero la vía hacía forma de media luna y no se percató. Rápidamente se desató la tragedia: el fuego prendió el penúltimo vagón y se propagó a los dos siguientes, todos de madera. El último era metálico, destinado al correo, y por ello no se vio afectado.

"Eran las 6.10 de la mañana. La gente iba dormida, unos encima de otros porque entonces viajaban muchas personas buscando trabajo en el norte y el extranjero. De pronto empecé a escuchar voces y alaridos. El tren se detuvo. Me levanté rápido y al dirigirme a la puerta vi que estaba taponada porque todo el mundo quería salir. No había forma", recuerda Marcelino. En aquel momento el fuego se propagó como una llamarada, "como una gran antorcha. Cuando me di cuenta estaban los tres vagones ardiendo", relata.

Salieron los que pudieron. Muchos se aferraban a la maleta donde llevaban toda su vida y hacían más difícil la evacuación. "Yo intentaba echar a todo el mundo fuera pero iba lleno y era imposible. Unos lograron escapar por las ventanillas, otros por las puertas, muchos no lo lograron", explica Marcelino. El sí consiguió salir pero volvió a entrar en varias ocasiones para sacar a la gente que se había quedado dentro. "No iba de servicio, pero me obligaba mi condición de persona", confiesa.

Finalmente, cuando socorría a una anciana y estaba casi en la puerta, se le vino el techo del vagón encima y solo tuvo tiempo de lanzarse por la ventanilla a un campo agreste. Rodó para apagar el fuego que le envolvía. Logró quitarse la chaqueta del uniforme, que estaba en llamas, pero el arma se enganchó y el fuego se cebó con su mano izquierda. Además, tenía daños y quemaduras por todo el cuerpo. Su estado era muy grave. "Sé que al menos aquella mujer se salvó", comenta.

Le recogieron y le subieron a los vagones delanteros. De este modo evacuaron a muchos heridos hasta Zaragoza. Afortunadamente apenas recuerda aquel trayecto por su mal estado. Estuvo a punto de perder la vida. Pasó dos semanas en coma y tres meses ingresado en el Hospital Militar de Zaragoza. Los injertos le han permitido salvar su mano y el tiempo fue suavizando otras quemaduras. Estuvo activo varios años más, curiosamente en el Grupo de Vigilancia e Investigación de Ferrocarriles de Renfe, pero el Tribunal Médico le derivó al Cuerpo de Mutilados. Hoy vive en Cáceres y pasa los fines de semana en Valencia de Alcántara, su pueblo natal.

HUBO MAS VICTIMAS

"Quienes vivimos aquello creemos que hubo cerca de cien víctimas. El tren iba a tope", afirma Marcelino. Se basa en lo que vio y en otros documentos que se van conociendo, como la hoja de ruta del interventor, en la que faltaban de 60 a 70 personas sin contar los heridos según recoge el 'Heraldo de Aragón'. La autopsia solo se pudo realizar a cuatro personas que murieron al lanzarse del tren en marcha, porque el resto se encontraban carbonizadas.

Tampoco se conoce el origen, unos dicen que fue un recalentamiento de ejes y otros una colilla. Incluso se apuntó a un acto de sabotaje y se comentó que se había visto a un persona con una lata de combustible. "En mi escaso conocimiento del tema, yo creo que no fue nada fortuito ni un accidente --sostiene Marcelino--, hubo una especie de deflagración. No hay quien me quite de la cabeza que por entonces empezaban las acciones terroristas, pero en aquella época se quitaba hierro a las noticias de cara al exterior", señala.

Marcelino ha recibido diversos honores por su actuación, junto con la pareja de guardias civiles que iban de escolta en el tren, y que también ayudaron a los viajeros. Meses después acudió a un homenaje en el Gobierno Civil de Zaragoza con altas personalidades de la época y con sus manos todavía vendadas. También recibió la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, la Medalla al Mérito en Seguro, la Medalla de Sufrimiento por la Patria y el ingreso en la Orden Civil de la Beneficiencia. Pero el mayor regalo fue conocer a su hijo mayor en el hospital. Había nacido mientras estaba ingresado. La vida seguía adelante..

EL PERIODICO DE EXTREMADURA

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