Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 13 ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

A RIESGO DE LA VIDA.

  • Escrito por Redacción

cronicas-9 copia

A RIESGO DE LA VIDA.

Tomamos la pluma para narrar uno de esos actos de caridad y de arrojo al mismo tiempo que producen en el ánimo una agradable impresión, y que dejan en la memoria recuerdos indelebles. La caridad es una fuente inagotable de acciones generosas.

De muchos modos puede ejercerse y en todos ellos resplandece un sentimiento elevado que caracteriza y distingue de las demás virtudes a la hija predilecta de la religión cristiana.

Las acciones de esta virtud son muy diversas, pero la más sublime, es aquella que con exposición de la propia existencia se salva la vida de un ser humano que se ve en medio de un inminente peligro de muerte, si no hay un alma valerosa y caritativa que con su arrojo imponderable le preste un eficaz socorro y le salve.

Cuando en uno de estos terribles trances se interpone el auxilio del que expone su propia vida en obsequio a la salvación de la del prójimo, no se encuentran palabras con que enaltecer su conducta; no se encuentra más que el sentimiento mudo y callado, pero elocuente, de la admiración y de la gratitud.

Ese sentimiento indescriptible y toda la gala del lenguaje humano, no basta para expresarla con la tierna delicadeza que se admira allá en el fondo de un alma grande y generosa.

Por eso nosotros vamos a narrar sencillamente uno de esos hechos que aun desnudo de comentarios es muy apreciable. Las alabanzas nacen de la acción, no de la pluma que la consigna en la historia.

I.

En los primeros días de Setiembre de 1853, un hombre recomponía interiormente un pozo de una casa del pueblo de Tarazona.

El local se hallaba en estado ruinoso y sus paredes de ladrillo amenazaban desmoronarse al menor impulso.

El pobre albañil que trabajaba en su fondo, ó no había calculado el peligro que corría ó no supo apreciarlo con toda su gravedad.

Terminó felizmente su tarea de la mañana empezó la de la tarde, y cuando estaba cavando sobre la superficie para ahondar más el pozo, una "porción de tierra y de ladrillo se desprendió del brocal y sepultó casi del todo entre los escombros al desgraciado albañil que prorrumpió en dolorosos alaridos y gritos pidiendo auxilio.

Una mujer, la única que había a la sazón en la casa, corrió al patio al percibir las voces, y acercándose al pozo pudo todavía escuchar, aunque débiles y ahogados, los gritos de socorro, socorro, que daba el desdichado casi exánime y moribundo.

La buena mujer, llena de susto, de sobresalto y angustia echó a correr en dirección al puesto de la Guardia Civil, no muy lejano del sitio de la ocurrencia.

Entretanto un segundo hundimiento vino a hacer mucho más terrible la situación del desdichado albañil, que quedó cubierto al fin por los escombros y por el yeso que se desprendía de las paredes.

Luchando con las ansias horribles que produce la asfixia, aunque atontado por las contusiones que había recibido, revolvía sus brazos a los que prestaban fuerzas superiores del movimiento convulsivo que el instinto de conservación de la vida excitaba en su sistema nervioso y trataba de separar con sus crispadas manos los ladrillos y los pedazos de cal y escombros que le cortaban la respiración.

El desgraciado sin aliento ya para gritar, pero todavía con algún conocimiento, acaso doblegaba la cabeza esperando resignado el último momento.

El peso de los escombros que gravitaba sobre él, le iba hundiendo en el fango del pozo lentamente.

Acaso entonces pronunció el nombre de Dios, y cerró los ojos tal vez para no volverlos a abrir nunca.

Pero Dios escuchó sin duda la última plegaria del moribundo, y le envió la salvación.

II.

El cabo de la Guardia Civil José Pérez Montserrat, comandante del inmediato puesto, se presentó en el sitio de la desgracia a los cinco minutos de tener noticia de ella.

La mujer que le avisó, llegaba sofocada y jadeante detrás de Pérez, a quien no podía seguir.

El pozo era profundo, pues medía veintidós varas y el resto del brocal amenazaba hundirse de un momento a otro.

Era por lo tanto temerario descender al fondo de aquel para salvar la vida de un hombre, cuando se dudaba si ya seria tarde, y exponerse a que hubiera que lamentar dos víctimas en vez de una.

El cabo Pérez no vaciló; prescindió de toda reflexión, de todo temor, de toda idea de peligro, y no pensó más que en sacar al infeliz que en el fondo del pozo tal vez esperaba aun una mano compasiva que le arrancara de la muerte.

Sin perder pues un instante, se despojó del uniforme, se ató la maroma a la cintura y dio principio al peligroso descenso.

Cuando sus pies tocaron la tierra que bajo la cual yacía el desgraciado albañil, pidió una espuerta y un azadón, que le suministraron al momento los Guardias Tomás Valcárcel y Manuel Salas.

El cabo Pérez empezó a trabajar, llenando espuertas de tierra; trabajo doblemente peligroso no solo porque tenía que cavar con mucho cuidado para no herir con el azadón al que estaba bajo sus pies, sino porque sobre su cabeza amenazaba desplomarse otro tanto de lo que pocos momentos antes se había hundido.

Despreciando este inminente peligro, siguió cavando y enganchando las espuertas a la soga de la cual tiraban Valcárcel y Salas.

A los pocos minutos, Pérez descubrió entre los escombros un hueco y por el que descubría una cosa blanca que le pareció ser la camisa del desdichado albañil.

Aplicó el oído sobre aquel, y sintió aun el ahogado sollozo del que todavía respiraba.

—¡¡Vive!!

Esta única palabra llegó a oídos de los que cercaban el brocal, entre los cuales se encontraban algunos parientes cercanos del moribundo que miraban con asombro, el valor y la abnegación del hombre extraordinario que se atrevía a desafiar a la muerte por salvar de ella a un desconocido jornalero.

La parte hundida, era de consideración, y por consiguiente los escombros se amontonaron en gran cantidad, así es que descubierta la cabeza de la víctima después de un incesante trabajo, aun tuvo Pérez que hacer inauditos esfuerzos para desenterrar el cuerpo del albañil que daba todavía señales marcadas de vida, pero que aun no era posible es traerle, porque hundido enteramente en el fango, fue preciso hacer en los pies la misma operación ó muy parecida a la que se acababa de ejecutar en la cabeza, es decir sacarlos de entre la tierra en que parecían clavados.

Al fin logró su benéfico y caritativo objeto y atándose de nuevo la cuerda a la cintura, apoyando uno de sus pies en un lazo de aquella y cogiendo en sus brazos a la víctima, dio una voz a los de arriba que tirasen de ellos.

Un momento después el cabo José Pérez Montserrat aparecía a flor de tierra, lleno de barro y arañadas las manos, pero trayendo en ellas al pobre albañil, que por fortuna no estaba herido, y entre sus muchas contusiones no había ninguna de inminente gravedad.

Inútil es que digamos, las felicitaciones, las alabanzas y los elogios que todos se apresuraron a tributar al valor y a la generosidad de este benemérito cabo de la Guardia Civil.

Pero el trabajo había sido duro; la tarea grande y la impresión moral, demasiado fuerte y viva, así es que Pérez cayó en cama, en la cual permaneció postrado bastantes días.

Cuando recobró la salud, pudo apreciar la gratitud y la admiración que le había granjeado su heroica conducta.

Todos los vecinos de Tarazona felicitaron al hombre arrojado y caritativo que había dado tan brillante prueba de los nobles sentimientos de su corazón.

Pocos días habían trascurrido después de su convalecencia cuando el entonces cabo Pérez Montserrat, tuvo la satisfacción de recibir las gracias del Excmo. Sr. Director del Cuerpo y señor brigadier primer jefe del tercio por tan importante servicio.

CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones