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¿PUDO SER LIBERADO EL SANTUARIO? - SEGUNDA PARTE

  • Escrito por Redacción

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2ª POSIBILIDAD (DICIEMBRE DE 1936).

Como indicabamos la semana pasada el general Queipo de LLano, pendiente siempre de la liberación de los defensores del Santuario y queriendo liberarlo, preparó un segundo intento de liberación, pro las órdenes y las consignas que recibió, fueron otras.

El General Queipo de Llano, Jefe del Ejército del Sur tuvo siempre, como queda dicho, una gran inquietud respecto a los defensores del Santuario. Si se había liberado el Alcázar de Toledo y Oviedo y... había que liberar también el Santuario. Era un punto de honor pare él. Para él representaba un tema del mayor interés, puesto que ello le permitiría descongestionar el frente de Córdoba y avanzar sus posiciones en un territorio clave para la defensa del Sur, como era la provincia de Jaén. Por eso no dejaba de machacar ante Salamanca para obtener la autorización y los medios necesarios para la empresa.

Queipo, cuya habilidad solo podía ser comparada a su osadía y enorme serenidad, vio la segunda ocasión de liberar el Santuario cuando recibió órdenes de Salamanca de estudiar la forma de llevar a cabo una importante ofensiva que debía terminar con la conquista de Málaga, cuyo puerto era esencial para controlar el Mediterráneo.

Preparó a fondo todos los detalles de la operación para la conquista de Málaga y planteó otras subsidiarias para afianzar y descongestionar sus frentes. Había llegado el momento de romper tablas en el Sur, aprovechando la circunstancia de que el enemigo tenía concentrado todo su potencial en el Norte y Centro.

Todo su plan estaba gobernado por un telegrama de Franco, de fecha 7- II- 36, cuyo texto rezaba:

"Operaciones que realizará ese Ejército en momento oportuno obedecerán a un plan combinado para los Ejércitos; llegará el momento de descongestionar Córdoba y aproximarse defensores Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, pero le anticipo que primeras operaciones han de tener objetivo ocupación total provincia de Málaga".

Los días 5 y 6 de diciembre los pasó Queipo de Llano en Salamanca estudiando con Franco el Plan de Operaciones para la toma de Málaga, y aprovechó la visita para obtener la autorización para operar previamente sobre el frente de Córdoba. Su determinación y la de toda Andalucía, era liberar el Santuario antes de final de mes. A este efecto, inició en la prensa andaluza una campaña de propaganda y estímulo destinada, por un lado, a galvanizar los ánimos y por otro, a distraer la atención del enemigo respecto a la operación principal, que era la de Málaga. El día 10 lo tenía todo listo prácticamente.

La prensa andaluza de los primeros días del mes de diciembre de 1936, dio rienda suelta al entusiasmo que le producían las operaciones que se preparaban, conoció y exaltó la gesta que la Guardia Civil estaba escribiendo entre los riscos de Sierra Morena y pronosticó su pronta liberación. Cuando el Cuartel General de Salamanca, avisado por Cuesta Monereo, se percibió de la amplitud de la campaña de prensa y radio que el General locutor había desencadenado y comprobó que las columnas de Gómez Cobian y Redondo, inicialmente proyectadas solo para la maniobra de descongestión del frente de Córdoba, eran complementadas por otras dos (las de López Tienda y Alvarez Rementería), reaccionó fulminantemente con un telegrama cifrado; personal v reservado, dirigido el día 27 de diciembre al General Jefe del Ejército del Sur, que decía textualmente lo que sigue: "Ordene V.E. que prensa Andalucía no publique información sobre Santuario Nuestra Señora de la Cabeza, con objeto de no hacer de un objetivo sentimental uno nacional".

Queipo de Llano comprendió el alcance de esta orden y tuvo conciencia de que si no llegaba antes del día 10 del año 1937 al Santuario, el Alto Mando, de acuerdo con las limitaciones que anteriormente le había impuesto, Io pararía en seco, aunque estuviera a las puertas del Cerro.

Solo se le habían concedido 15 días para descongestionar el frente de Córdoba. El Alto Mando no quería que hiciese nada más; debió ser solo una pequeña operación destinada fundamentalmente a distraer la atención del enemigo respecto a lo que se preparaba en torno a Málaga. El Plan de Operaciones generoso, imaginativo y flexible de Queipo, había sido rígidamente limitado por la mente más fría de Franco, quien para Io de Córdoba le impuso un límite inexorable: el 10 de enero.

La idea de Queipo consistió en lanzar desde Baena en dirección al Guadalquivir jaenero, a las columnas de Gómez Cobian y Redondo con la intención de copar junto a sus orillas, en una bolsa mortal, a las fuerzas enemigas que guarnecían la línea El Carpio-Pedro Abad-Bujalance Montoro-Villa del Rio-Porcuna-Arjona-Arjonilla-Marmolejo y Andújar. Los movimientos de ambas columnas, como casi siempre ocurre, no pudieron realizarse al ritmo previsto. Gómez Cobian tenía que haber ocupado Albendín el mismo día 14 y no Io logró hasta el 15, llegando a Valenzuela el 19, cuando estaba previsto que se reuniese allí con Redondo el 17. Redondo no pudo esperar a Gómez Cobian y el 1 8 se lanzó sobre Bujalance y Montoro a donde llegó el 20. La operación llevaba dos días de retraso, Io que forzó a Queipo a lanzar el día 22 una nueva columna, la de López Tienda, que en combinación con Redondo se dirigiría rápidamente a Montoro. López Tienda seguía la línea del Guadalquivir, mientras Redondo avanzaba más al Este, por la carretera que va de Bujalance a Villa del Río. López Tienda barrió fácilmente a lo largo del Guadalquivir al enemigo, quien en su desbandada abandonó Adamuz, El Camio y Pedro Abad. Todas las fuerzas rojas de este sub-sector se escurrieron por Villa del Río, Arjona y Arjonilla y no pararon de correr hasta Úbeda, Baeza y Linares. El 24 ocuparon los nacionales Villa del Río y Montoro, pero Gómez Cobián, que se mostraba muy conservador, estaba paralizado desde el 19.

Queipo no tenía libertad para empeñar en esta operación las fuerzas que había ido concentrando en Sevilla, Cádiz y Granada para la batalla de Málaga. Pese a ello, lanzó una nueva columna al mando de Alvarez Rementería como arriete contra las fuerzas republicanas del sector de Lopera. La acción fue acertadísima y cuando las fuerzas nacionales amagaron un ataque desde Alcalá la Real hacia Castillo de Locubin y Alcaudete, y las de Baena amagaron otro golpe en dirección de Santiago de Calatrava, se rompió el frente rojo y quedó el camino despejado hasta Porcuna donde entró Redondo el día 10 de enero de 1937. Estaba definitivamente roto el frente. Las fuerzas enemigas en línea habían emprendido la huida junto con las reservas. Por el Norte no pararon de correr hasta La Carolina y por el Este se unieron en la huida con la 16a Brigada Mixta que llegaba cuando ya estaba todo roto.

Durante 72 horas no quedó prácticamente ni un hombre de armas en Io que hasta entonces había sido la línea de combate, y bastantes kilómetros más allá. El Ejército republicano había abandonado Marmolejo, Andújar, Villanueva de la Reina, Bailén, Arjona, Arjonilla y Escañuela. Era el momento de explotar el éxito y llegarse hasta Andújar y el Santuario, con-trolando aquél importante nudo de comunicaciones.

Bien es verdad que llegaban con retraso a la meta, quizá porque a Gómez Cobián le faltó corazón. Quizá, también, porque le tocó enfrentarse con Carlos García Vallejo, Teniente Coronel de Infantería, el más capaz de todos los militares al servicio de la República en el Ejército del Sur gubernamental, que más tarde mandaría la XX División y posteriormente el IX Cuerpo de Ejército. Pero era el momento de explotar el éxito.

La cólera de Queipo de Llano cuando aquél mismo día 1 0 de enero de 1937 rebibió órdenes conminatorias de suspender las operaciones, afianzar las líneas y volver toda su atención hacia Málaga de acuerdo con lo que anteriormente se le había impuesto, puede ser comparada solamente a la que año y medio después sintieran Aranda y otros Generales cuando conocieron el 3 de agosto de 1938 la decisión de Franco de emprender una batalla de desgaste en el Ebro. Se cuenta que Aranda rompió una mesa de un puñetazo. Queipo de Llano no rompió nada que yo sepa, pero ocho años y medio después pude, concretamente el día 16 de abril de 1945 cuando era Capitán General de la II Región Militar, estábamos los dos al caer la tarde en el atrio de la Ermita del Santuario, desde donde se divisaba el castillo de Porcuna iluminado por los rayos del sol poniente, el General despedía fuego por los ojos cuando me contaba con voz conmovida cómo tuvo que renunciar el día 1 0 de enero de 1937 a liberar el Santuario, cuando ya lo tenía al alcance de la mano.

A las 4 de la tarde del día 29 de diciembre apareció sobre el Santuario el Junker-52 no 22-101 de la 3-E-22, también llamada "Las Tres Marías", pilotado por el capitán Manuel Presa Alonso. Venía escoltado por tres Fiat CR-32 de la Escuadrilla de caza de Joaquín García Morato. Con las provisiones llegaron periódicos y, sobre todo, unas cartas en triplicado del General Queipo de Llano dando consignas e instrucciones a Cortés para el momento de la llegada de las fuerzas nacionales al Santuario, juntamente con unas linternas de señales. Lástima que estas cartas se perdieran con la caída del Santuario. La información que nos queda sobre estos escritos se contiene en uno de los párrafos del mensaje enviado por paloma el día 31 de diciembre donde dice Cortés: "Con respecto a la situación de las fuerzas que nos cercan, aunque poco nutridas por haber retirado mucho personal con motivo de las operaciones, mantienen avanzadillas en todos los sectores, tanto en este Campamento como en el Destacamento de Lugar Nuevo, siendo el sector S.O. de uno y otro los menos vigilados. El día que vayan a llegar nuestras fuerzas conviene lo sepamos anticipadamente, así como el lugar por donde han de efectuar la entrada, por si pudiese adoptar alguna medida que cooperase al mejor éxito. La contraseña, siendo de día no hace falta, porque veremos la bandera bicolor, y siendo de noche deben indicarla nuevamente, toda vez que una de las triplicadas cartas que se refieren al uso de la linterna no aparece y puede haber caído en manos del enemigo, no encontrando finalidad práctica a lo del cigarro o mecha, salvo para distancias muy cortas.

No tiene desperdicio este mensaje de Cortés. Por él sabemos que con el abastecimiento del día 30 de diciembre le habían sido transmitidas instrucciones y consignas muy precisas relacionadas con la llegada de las tropas liberadoras, que ya se consideraban a punto de llegar al Santuario, habiéndole incluso comunicado cual iba a ser el "Santo y Seña" que traerían.

No cabe duda de que tanto en la guerra coma en la paz, si se hacen planes, es para cumplirlos. Pero creemos que tanto en la preparación como en la ejecución de los planes hay que dejar un margen a la iniciativa de los Mandos que actúan sobre el terreno. Un margen para poder explotar el éxito cuando este ha sido alcanzado después de mucho sacrificio.

Esto falló en más de una ocasión en el Mando nacional, y falló sobre todo aquél día 1 0 de enero de 1937 y siguientes, en los que el Ejército nacional pudo haber ocupado casi las dos terceras partes de la provincia de Jaén con solo alargar la mano. No lo hizo por encontrarse ante la obligación de someterse estrictamente a un plan de operaciones estrictamente establecido en el que se había previsto que el último día del año 1936 deberían ser suspendidas las operaciones del Ejército del Sur en el sector Córdoba- Jaén, para centrar la atención y la actividad en preparar la batalla de Málaga. De haber tenido más flexibilidad el Generalísimo se habría consolidado en solo un par de días una gran victoria del Ejército nacional, salvando al Santuario con ella.

Quizá porque en un principio no existió en Zona Nacional ni Mando único, ni Estado Mayor General, ni Gobierno, ni tan siquiera Parte de Operaciones conjunto. Quizá porque los Generales Jefes de Ejército gozaron durante los meses de julio, agosto y septiembre de 1936 de una autonomía prácticamente ilimitada... Quizá por todo ello, cuando Franco obtuvo el Mando único como consecuencia de su elevación a la Jefatura Política y Militar, se asignó, casi como un deber, el imponer con firmeza inflexible esta Unidad de Mando, sujetando férreamente a su voluntad, de manera muy especial, a aquellos Generales que hasta el 19 de octubre habían sido soberanos en sus Regiones: Mola y Queipo de Llano.

No podía tener otra explicación aquella orden terminante de suspender las operaciones en el frente de Córdoba- Jaén, en un día que había sido fijado de antemano, sin tener en cuenta ni siquiera la necesidad de la lógica explotación de un éxito penosamente alcanzado.

Pero es que esta manifestación de autoridad suprema era la segunda vez que hacía abortar la liberación del Santuario, como hemos visto anteriormente, lo que nos lleva a pensar, como más tarde veremos, que existía otra razón: la de impedir que Queipo de Llano si culminaba esta operación ocupando importantes territorios en el Norte de Andalucía y unía a esto la ocupación de Málaga y su provincia en el Sur, dominara en aquellos primeros meses de la guerra la parte más extensa y más rica de la Zona Nacional.

Esto lo vamos a ver confirmado a mediados de febrero de 1937.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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