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UN HERMOSO Y TRÁGICO CASO DE AMOR CONYUGAL

  • Escrito por Redacción

pio moa3a

Como en toda la zona, en Ciaño los revoltosos comenzaron el ataque a la fuerza pública, que, dado su escaso número, no pudo resistir. Cuando se entregaron, la mayoría de los guardias estaban heridos. Uno de los episodios más emocionantes de la heroica resistencia hecha por la Guardia Civil a los revolucionarios es éste.

En el cuartelillo había cuatro guardias y un cabo, llamado éste Dionisio López Fernández. Todos estaban con sus familias. Uno de los guardias tenía ocho hijos.

A las tres y media de la madrugada comenzó el ataque a la casa-cuartel. La furia de los atacantes crecía con la resistencia de los guardias. Enviaron los revoltosos como parlamentario a un cuñado del cabo. Este se negó a rendirse. Hubo sólo una tregua para que evacuaran el cuartelillo las mujeres y los niños. La mujer del cabo, Julia Frelijedo, se negó a salir, diciendo que estaba dispuesta a seguir la suerte de su esposo. A partir de este momento, la lucha fué feroz. Los guardias, que tenían su vivienda en la planta alta de la casa, se deslizaron por unas sábanas anudadas a la planta baja del edificio, donde había un café, y allí, atrincherados, estuvieron disparando contra los rebeldes. Estos tomaron una tienda próxima, y desde ella arrojaron cartuchos de dinamita sobre la casa-cuartel. Finalmente, la rociaron con gasolina y la prendieron fuego. Cuando ya no pudieron resistir más, porque la casa se desplomaba, intentaron una salida. «!Rendios!», les gritaron. «Estamos rendidos», contestó el cabo. Pero apenas asomó fué abatido por una descarga cerrada de los revolucionarios. Tras él iba su esposa, Julia Freijedo, que al verle caer se ínclinó para recogerle. No tuvo tiempo de levantarse. Las balas de los rebeldes la hicieron caer, mortalmente herida, ante el cadáver de su marido.

Los demás guardias intentaron abrirse paso bajo un diluvio de balas. Unos de ellos llegó hasta la tienda contigua; pero al abrir la puerta le hicieron desde dentro una descarga. Retrocedió y disparó su máuser sobre los agresores. Estos contestaron, y el guardia cayó mortalmente herido. En la confusión de la salida intentada por los guardias resultó muerto el cuñado del cabo.

Los tres guardias restantes intentaron huir. Uno resultó herido de un balazo en el pecho y con un muslo atravesado. Otro guardia volvió el arma contra si y se suicidó. Sólo consiguió escapar otro guardia, el más viejo de ellos, que mientras los rebeldes remataban o prendían a sus compañeros, consiguió ocultarse en un pajar de las inmediaciones, donde estuvo escondido dos días. Este guardia superviviente se llama Jesús Ortega.

Inmediatamente, los mineros incendiaron la casa-cuartel con los cadáveres del cabo Dionisio y su mujer entre los escombros.

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