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DOS GUARDIAS MUY JÓVENES

  • Escrito por Redacción

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DOS GUARDIAS MUY JÓVENES

Año 1859, Colegio de Guardias Jóvenes Valdemoro (Madrid), Romualdo Franco Ortega y Agustín Fernández Adrés, son dos “colegiales“ del mismo, que tienen 17 años.

Romualdo había ingresado en el Colegio, en 1853, y Agustín en el año 1854, amboshuérfanos de padres pues habían sido abatidos en acto de servicio.

El alférez don Tomás María Pérez y Rodríguez se encargaba de su educación, y después la continuó también el alférez De Paula.

En 1859 se construía el Canal de Isabel II que iba a traer el agua desde el río Lozoya a la capital de España. Las fuerzas del 1º Tercio de la Guardia Civil se hallan concentradas en la capital por los reiterados desordenes públicos, y mientras tanto una partida de bandoleros compuesta por ocho hombres, atracan la oficina de las obras de la compañía constructora, en la localidad de Torrelaguna (Madrid), y se apoderan de 30.000 duros en oro.

El Subteniente del Cuerpo don Manuel de la Huerta en unión de un guardia, va en persecución de los bandoleros, y sintiéndose enfermo el guardia, el Subteniente emprende la persecución en solitario. Llegó a Alcalá en donde se enteró que la cuadrilla se había dividido, formando dos unidades de cuatro hombres cada una. Tiene igualmente información que cuatro de los malhechores han ido hacia la localidad de Seseña (Madrid), novedad que comprueba personalmente. La fuerza del Cuerpo más cercana se hallaba en el Colegio de Guardia Jóvenes de Valdemoro, por lo que rápidamente de dirigió allí, en donde sin pérdida de tiempo, y el Director del Colegio don Vicente García Aguado puso a su disposición la fuerza disponible:

-Un Sargento.

-Dos guardias veteranos.

-Tres guardias jóvenes, (de edad superior a l6 años, pues eran los únicos que podían llevar armas de fuego para el servicio interior del Colegio), entre los que se encontraban, Romualdo y Agustín.

Tan heterogénea fuerza se dirige a Seseña en una de cuyas casas se hallan los delincuentes. El Subteniente, ordena que mientras él entre por la puerta principal, el Sargento y el otro colegial cubran la parte posterior de la casa para evitar la fuga de los ocupantes…

Y para evitar el riesgo a Romualdo y Agustín les ordenó se marcharan a un camino distante, en las afueras de Seseña.

El Subteniente llamó a la puerta:

-¿Quién va? – le contestaron desde el interior.

-¡La Guardia Civil! ¡Abran la puerta!

Todo fue muy rápido, los malhechores ignorando el número de guardias, aprovechan una salida oculta que había en el corralón, y con sus cabalgaduras se procuraron la huida, (mientras el Subteniente derribaba la puerta), llegando hasta el camino en que se encontraban los “polillas” Romualdo y Agustín, quienes al verles venir intuyeron que eran los delincuentes que buscaban.

Una voz un tanto infantil, distorsionada para aparentar un tono grave les conminó de forma enérgica:

-¡Alto a la Guardia Civil!

Los bandoleros descabalgaron rápidamente al mismo tiempo que abrían fuego contra el “grueso de la fuerza”.

Y tal fue el ímpetu y el coraje de los dos jóvenes, que en breves minutos dieron muerte a un bandolero, herido grave otro, y detenido a los dos restantes, siendo recuperadas:

-4 escopetas.

-1 retaco.

-l pistola.

-1 puñal.

-15.000 duros (la mitad de la cantidad robada).

Cuando el Subteniente Huerta llegó con el resto de la fuerza al lugar de los hechos, no daba crédito a lo que veía, un bandolero muerto, otro malherido, y los otros de pie se encontraban encañonados por dos imberbes muchachos, y una juvenil voz le decía:

- ¡Sin novedad en el servicio, mi Subteniente!

Estos singulares hechos acaecieron en la noche del día 19 de diciembre de 1859, en las proximidades de Seseña (Madrid).

Los jóvenes fueron felicitados por los Ministros de la Guerra y de Gobernación, Gobernador Civil y Director General del Cuerpo, quién dispuso además que una fotografía de los dos colegiales presidiera siempre el Cuarto de Banderas, para ejemplo de todos los presentes y futuros alumnos.

Por Real Orden de 22 de diciembre de 1859, S. M., La Reina se dignó resolver que el Subteniente don Manuel de la Huerta se incluyera en el turno de elección para su ascenso, al Sargento primero don José Sánchez Écija le fue concedida la cruz sencilla de María Luisa, y a los dos colegiales Romualdo Franco Ortega y Agustín Fernández Andrés igual condecoración, pensionada de por vida, en la cuantía de 7,50 pesetas mensuales.

Cinco días más tarde, el día 27 de diciembre de 1859, formaba la Compañía de Guardias Jóvenes en Madrid, en presencia de otra formación de guardias civiles y les fue impuesta la condecoración citada.

Agustín con el tiempo se retiró del Cuerpo con la graduación de Capitán, y vivió largos años, no así su compañero Romualdo quién siendo Cabo primero, en otra revolución madrileña acaecida el día 22 de junio de 1866, cayó en el cumplimiento del deber y su cuerpo al igual que había sido el de su padre, fue cubierto con una sábana blanca.

-Igual, exactamente igual que su padre-, dijo entristecido, al enterarse, el Subteniente don Manuel de la Huerta, que ya era Capitán, y no acabada de comprender por qué en España la historia tenía que repetirse tanto…

El día 1º de septiembre de 1956, fecha de mi ingreso en el Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada”, entré en el Cuarto de Banderas, y allí estaba el grabado de los dos “polillas”, Romualdo y Agustín, recuerdo que siempre llevo en mi corazón.

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