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El laboratorio de la Guardia Civil que analiza la escena del crimen

  • Escrito por Redacción

quimica-guardia-civil

El departamento de Química y Medio Ambiente estudia cosas tan variadas como explosivos, drogas, restos de incendios, pinturas de automóvil o las fibras residuales que deja la ropa

La Guardia Civil puede encontrar pruebas en el lugar más insospechado. Los investigadores pueden ir el escenario de una explosión para encontrar restos del explosivo utilizado, sobre todo entre los fragmentos de metralla o en la carcasa utilizada para fabricar la bomba. También pueden analizar las fibras de la ropa que hayan quedado en la escena de un crimen, estudiar la naturaleza de la cinta americana utilizada para amordazar a un secuestrado o averiguar si una persona ha disparado un arma o no. Si el criminal o los criminales hubieran ido en un coche, también podrían usar la pintura que hubiera quedado adherida a una columna, por ejemplo, para identificar el tipo de vehículo que se dio a la fuga.

Una vez que este tipo de pruebas se han recopilado, son estudiadas en el Departamento de Química y Medio Ambiente del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. Se lo explica a ABC el Comandante Jefe de la unidad, en la que trabajan más de 30 investigadores en las dependencias de Guzmán el Bueno. Su trabajo es fundamental para esclarecer delitos y abrir líneas de investigación, junto con otros laboratorios centrados en las pruebas de ADN, en los análisis balísticos o en el cotejo de voces. En primer lugar, el Comandante deja claro que su trabajo no es como el que se veía en la serie CSI.

«Los casos no se resuelven de forma tan inmediata. Para hacer un informe pericial (que luego podrá ser entregado a un tribunal) hay que hacer varios análisis, y cada uno tiene su propia metodología y su tiempo de elaboración», explica el Comandante del grupo junto a la mesa de su escritorio. Un poco más allá, y en un edificio anexo, las neveras para guardar pruebas y reactivos vibran junto a los laboratorios en los que pululan los químicos.

La variada colección de matraces, las campanas de extracción de gases y la presencia de algunos aparatos dan pistas de que se trata de unas dependencias centradas en los análisis químicos, pero otras muchas cosas son comunes a cualquier laboratorio. Toda esa variedad de equipamiento responde a las necesidades del departamento, puesto que, según explica el Comandante, cada evidencia requiere un estudio y un aparato distinto, puesto que no es lo mismo analizar la composición de un explosivo que estudiar las fibras de una cuerda para averiguar si ha sido cortada o rota por la tensión. Por ello, «a veces hay que hacer I+D para ciertos casos (…), hay que ir desarrollando y perfeccionando las técnicas, y al ser tan variopintos los informes que hacemos aquí, eso lleva mucho trabajo».

Sin embargo, cuando hay algún atentado o un delito de especial impacto, se destinan más medios para acortar este período. Pero normalmente, la rutina de los laboratorios está más centrada en analizar residuos de disparo y acelerantes de combustión empleados en incendios provocados. También se suelen analizar venenos para animales y a veces hasta las bombillas de los automóviles para averiguar si en el momento de un accidente de tráfico estuvieron o no encendidas y si una determinada maniobra se señalizó o no. Ante mi cara de extrañeza, el Comandante explica que «el wolframio de las bombillas se deforma más o menos en el momento del accidente en función de si estaba caliente o no». Según cuenta, también hay hueco para lo excepcional, como aquella vez en la que se encontró una sustancia pegajosa y maloliente en un vertedero y que resultó ser un muñeco de polímeros y no un resto humano, como se temía.

Metodología científica

Toda esa diversidad de pruebas analíticas requiere que los químicos del departamento lleven a cabo un período de formación de dos años para convertirse en especialistas y poder firmar informes, a la vez que se consigue «la experiencia necesaria». Además, las pruebas siguen los estándares de calidad de la norma ISO 17025, un conjunto de directrices que regulan la metodología y que permiten seguir el trayecto de una determinada evidencia. Todo esto es muy importante puesto que no hay que olvidar el objetivo de este trabajo es elaborar informes periciales que será utilizados para abrir vías de investigación o esclarecer delitos. Por si fuera poco, además envían tests de calidad de sus pruebas a la Red Europea de Institutos de Ciencias Forenses (ENFSI) y a las Naciones Unidas.

Alijos de drogas

Con todo esto, llama más la atención lo relacionado con las drogas y los explosivos. Según explican el Comandante y un Director Técnico del departamento, una vez que los guardias detectan la presencia de drogas sobre el terreno, normalmente gracias a la labor de los perros y a la utilización de tests colorimétricos, el laboratorio analiza la composición de las remesas para relacionarlas con otros alijos. A veces, también han podido detectar drogas diluidas en bebidas o incluso estupefacientes polimerizados en forma de plástico.

Cuando los explosivos son pruebas

Según lo que cuentan, parece que la metodología para analizar los explosivos es aún más refinada. «Para los explosivos usamos muchas cosas distintas. Si tenemos un alijo, usamos infrarrojos o una técnica de microscopía Raman para hallar la “huella dactilar” de ese material y cotejarlo con la librería , y así averiguar por ejemplo si se trata de Goma 2 Eco u otra cosa».

Sin embargo, los métodos cambian por completo si lo que se investiga es el escenario de una explosión en vez de un alijo. Ahí, primero tienen que distinguir entre los explosivos orgánicos e inorgánicos, los primeros suelen generar explosiones más potentes y ser utilizados por terroristas, mientras que los segundos son más caseros y pueden ir de las pólvoras a los cloratos, puesto que las técnicas que hay que usar para cada tipo son distintas. Una vez tomada esta decisión, el primer paso es obtener pequeñas cantidades de los restos de explosivo y concentrarlas para identificarlo después.

Explosivos, drogas, restos de pinturas y fibras: parece que hay evidencias muy sutiles que este departamento puede usar para la base de una investigación o el esclarecimiento de un delito. Me levanto de la silla y me despido del Comandante, preguntándome si alguna fibra del jersey se habrá quedado adherida al asiento.

Tres ejemplos de análisis
g.l.s. madrid

El equipo del departamento no acude a la escena del crimen, sino que recibe las evidencias y lleva a cabo una gran variedad de análisis para elaborar informes periciales y colaborar en el esclarecimiento de delitos o en la apertura de nuevas líneas de investigación. En función del tipo de prueba que necesiten estudiar, recurrirán a técnicas radicalmente distintas. Puede haber análisis de:

-Fibras: se cotejan unas con otras, atendiendo a la composición, al color y a la morfología. Se pueden estudiar desde rastros de ropa a restos de cintas adhesivas. Incluso se puede analizar si una cuerda ha sido cortada o fracturada o el encaje mecánico de una pieza con otra.

-Pintura de vehículos: en atropellos o alunizajes, por ejemplo, el color de la pintura es analizado con un espectrofotómetro (un artilugio que permite medir el color de forma más objetiva que la mera comparación visual) para comparar esa información con una librería de pinturas y así asociar un resto a un determinado modelo de automóvil.

-Residuos de disparo: usando un microscopio electrónico de barrido (en el que un haz de electrones barre una superficie para obtener una imagen) se pueden buscar los residuos de disparo e incluso analizar su composición.

ABC

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