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EL FANATISMO

  • Escrito por Redacción

escolta-procesión

Un nuevo servicio acabado "sin novedad", por el buen hacer de sus protagonistas, el que nuevamente nuestros guardias en sus primeros años, en esta ocasión en la ciudad de Montoro, pudieron terminar, sin derramamiento de sangre y siempre en inferioridad, revelado y narrado una vez más en CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL, para conocimiento de la realidad de las acciones y servicios de la Guardia Civil en su primera andadura. Y como siempre os presentamos el relato sin manipular, sin corregir, tal y como nos llega, porque entendemos que no podemos corregir la forma de escribir, de narrar de una época distinta a la nuestra.

EL FANATISMO

I.

No es solo la ignorancia la causa de los grandes crímenes; muchos de estos son hijos de un ciego fanatismo, que precipita á los hombres en la comision de las mas desenfrenadas acciones.

La ignorancia desconoce completamente todas las virtudes; se deja dominar por todas las malas pasiones, y haciendo juguete al hombre de inmoderados y hasta de absurdos deseos, le convierten en un ser insociable, perverso, criminal ó .feroz como una bestia del desierto.

El fanatismo le despoja de su razon y le obliga á prescindir de todos los buenos sentimientos, si es que los abriga su alma, y como un loco furioso, será capaz de cometer cualquiera delito ó crimen, impulsado por la idea que le subyuga.

Verdad es que pocas veces, muy pocas, son las que la ignorancia y el fanatismo marchan desunidos.

Pocas veces se da el triste ejemplo, de que personas ilustradas se dejen arrastrar por esa pasion intolerante y ridicula. Sin embargo, hay algunas que aparentan hallarse dominadas por ella, mas para que sea aceptable la revisten con el manto de un celo laudabilísimo.

Estos son los hipócritas, superticiosos por cálculo, que con su ejemplo se atraen á los malos para que les ayuden en sus empresas, y á los débiles é ignorantes para explotarlos en su provecho.

Si abris la historia hallareis en sus páginas innumerables ejemplos de los estragos que ha causado en la humanidad esa pasion intransigente.

Solo quiero citaros dos para que podais apreciar esta verdad.

¿Quiénes eran los que perseguían á Jesucristo cuando predicaba en la Judea la Buena Nueva?...

Los fariseos y los ignorantes que les creian.

¿Quiénes eran los que negando su procedencia divina, á pesar de sus sentimientos milagrosos, lo sentenciaron á una muerte afrentosa, enclavándole en una cruz en medio de dos ladrones?

Los fariseos ayudados de un pueblo fanático.

¿Quiénes eran los que perseguían á los cristianos en tiempo de los Tiberios y Dioclecianos, llevándoles á los circos, para que fueran devorados por las fieras y sirvieran de expectáculo al pueblo romano?

Los sacerdotes de la idolatría y los fanáticos que adoraban toda clase de dioses.

Hé aqui las pruebas.

Afortunadamente para la humanidad, mas ilustradas las sociedades modernas, el fanatismo pierde de dia en dia su dominio sobre el hombre del siglo XIX.

Pero aun hemos sido y seguiremos siendo por algun tiempo expectadores de repugnantes escenas, hijas de esa pasion hasta que la instruccion por un lado y la prudencia por otro, vayan modificando lentamente las costumbres de muchos de nuestros pueblos.

Aquí teneis una escena, que reconociendo el mismo origen que esas otras, pudo tener resultados funestísimos, si la Guardia Civil con una prudencia inimitable, no hubiera cortado el conflicto en su origen.

II.

De entre todas las naciones que han abrazado la religion cristiana, ninguna lo ha hecho con mas ardiente fé que nuestra católica España.

Tended una mirada por el mundo y en pocas partes vereis un culto mas solemne tributado á la Divinidad y á los Santos, declarados por la Iglesia nuestros intercesores para con Dios.

Pero esta misma exaltación por las prácticas religiosas, ha degenerado en fanatismo en algunos pueblos dominados por la ignorancia.

Ved como siempre caminan juntos estos dos que pudiéramos llamar vicios.

Sabido es de todos la devocion con que se celebran en los pueblos de nuestro país las funciones de Semana Santa.

En todas partes se desplega el celo mas grande, para dar la mayor brillantez y suntuosidad á las procesiones que simbolizan la muerte y pasion de Nuestro Señor Jesucristo, habiendo llevado la exaltacion en algunos pueblos, hasta el extremo de ridiculizar lo mismo que se proponen enaltecer, por mas que no fuera nunca esta la idea de sus autores.

Nos hallamos en Montoro, una de esas grandes y ricas poblaciones de Andalucia.

En esta ciudad como en otras muchas de la hermosa Bética, émula de las grandes y solemnes funciones religiosas que se celebran en Sevilla han procurado imitar aquellas.

Acercábase el Viernes Santo, y habiendo llegado á noticia del muy reverendo Obispo de la diócesis, que en esta ciudad se celebraban en ese dia algunas ceremonias que sobre no estar en consonancia con los progresos de la época, afectaban á la santidad del culto, por lo cómicas y hasta ridiculas, llevado del mas laudable celo, prohibió el sermon que denominan de Pasion y otras ceremonias, con el fin de evitar para en adelante un expectáculo que podría llegar á convertirse en una profanacion de la santidad del dia.

Circuló esta nueva entre el vecindario; pero no todos la creyeron verdadera. Sin embargo produjo algun disgusto en las gentes poco instruidas, mientras que las mas ilustradas aplaudian tan prudente y acertado acuerdo.

Y este disgusto era muy natural. Las costumbres populares se arraigan de tal manera en el corazon de los individuos, que aun cuando sean absurdas, y las condenen las personas de un recto criterio, es preciso mucha prudencia y mucho tacto para contrariarlas de frente.

Ya vereis una prueba de esta verdad.

III.

Llegó por fin el dia del Viernes Santo. La procesion de Nuestro Padre Jesus Nazareno, salió como otros años, pero no se pronunció el sermon de Pasion; cosa que ya empezó á irritar á las gentes poco ilustradas y mucho mas á aquellas que acostumbran á embriagarse en celebracion de cualquiera festividad.

Caminaba el cortejo por la carrera acostumbrada, no sin verse interrumpido de vez en cuando por grupos de descontentos, cuando al llegar aquel á la plaza, por la calle de la Corredera, se declaró ya un verdadero tumulto.

Viendo los revoltosos que la procesion seguía su curso ordinario, y que ya no se celebrarían las acostumbradas ceremonias, que tenían mas de cómicas que de religiosas, ocupan un arco de la plaza por donde habia de pasar la procesion y la impiden el tránsito, oponiéndose á ello tenazmente provistos ya de armas de fuego.

Los soldados romanos que marchaban á la vanguardia, al ver la resistencia avisan á la autoridad local que presidia el acto.

Acude esta presurosa á la plaza y dirige la voz á la multitud que ocupaba aquella y las calles adyacentes, pero sus amonestaciones lejos de calmar los ánimos, los exaspera mas.

Los descontentos, en número de seis ú ocho mil, quitan á los nazarenos las cruces que llevaban, las arrojan al suelo y las hacen pedazos.

Despojan de sus armas á los soldados romanos, alentados con ellas el conflicto crece y de momento á momento adquiere mayor gravedad.

No pudiendo la autoridad calmar la efervescencia, que iba ya tomando un carácter imponente, reclamó el auxilio del piquete de la Guardia Civil que caminaba á retaguardia.

A los mandatos del alcalde que presidia el acto, acude aquella pepueña escolta que se componía tan solo del que hacia de comandante Francisco Doblas Espejo, sargento segundo, Antonio Lebron Gallardo, cabo 1.° y de los Guardias Tomas Gonzalez Blanco, Lorenzo Sanchez Fernandez, Cayetano Martin Ginés, Valeriano Gamayo Pita, Elias Gila Lázaro, José Leiva Aragon y Juan Llamas y Rodriguez.

En vano ayudado de esta pequeña fuerza pretende la autoridad hacerse oir, pero los descontentos se irritan mas y mas y con armas en la mano se disponen á la agresion.

Viendo tan imponente actitud, el sargento Doblas comandante de la fuerza, poniéndose de acuerdo con la autoridad, manda armar bayoneta á los Guardias y se dispone á colocarse en una posicion ventajosa con el fin de dominar el tumulto.

Intenta abrirse paso por entre la multitud valiéndose de amonestaciones amigables, pero no consiguiendo su objeto, dá la orden de marchar al paso ligero calando bayoneta, mas procurando no causar herida alguna á los amotinados que se agolpaban á su paso.

Por fin consiguen de esta manera abrirse camino y llegar al punto designado por el sargento, lo que visto por los bulliciosos, bastó para que sin otra amenaza, se pusieran ellos mismos en dispersion, sin que hubiese que lamentar la menor desgracia.

Tan cuerda y prudente conducta en momentos tan críticos y cuando habia en la plaza pública y calles adyacentes mas de ocho á diez mil personas, no pudo menos de merecer los elogios de todo el mundo.

Si en aquella ocasion se disparara un solo tiro ó corriera la sangre de un solo ciudadano, la irritacion habría llegado á su colmo, y se hubiera trabado una sangrienta y horrible batalla, entre la autoridad auxiliada de los Guardias, y aquella gran multitud del pueblo armado, y hubiera corrido la sangre á torrentes.

El Viernes Santo habría sido para la ciudad de Montoro un dia de desolacion y de luto.

La prudente conducta y fino tacto que en este dia y en circustancias tan graves observó el sargento 2.° Francisco Doblas Espejo y todos- sus subordinados, merecieron los aplausos de todos los vecinos de aquella ciudad, inclusos los de los mismos que se agitaban con mas calor, asi como tambien de todas las autoridades.

Ejemplos de esta clase, debieran siempre tenerse en cuenta por aquellos que estan encargados de sostener el orden público, porque les enseñan que la efusion de sangre, lejos de calmar los conflictos, los suscitan mas graves, y dan origen á odios reconcentrados, manantial perenne de eternos disgustos.

CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL

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