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Los ultimos bandoleros valencianos

  • Escrito por Redacción

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Un domingo 22 de febrero de 1874, se produjo el suceso conocido como el 'Robatori de Benimassot'. Un grupo de 34 bandoleros conocidos como la 'Companyia de Segrestadors de la Marina', encerró a todos los asistentes a misa en la iglesia.

El líder, Tona de Pedreguer, cuyo verdadero nombre era Josep Tomàs Garcia, había orquestado un plan perfecto. Acompañaron a los nueve vecinos más ricos a sus casas y desvalijaron sus propiedades sin generar violencia y alarma alguna. El jugoso botín, al cambio unos 660.000 euros actuales, no lo disfrutaron todos por mucho tiempo. Tona de Pedreguer, traicionado por uno de sus compañeros de banda, murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Una calle en Pedreguer lleva su nombre. ¿Cómo se explica que un ladrón sea honrado así? Historia y leyenda se funden al hablar de los 'bandolers valencians'.

El particular apogeo del bandolerismo valenciano se produce en el siglo XIX. Las correrías de estos asaltantes que se escondían en las sierras valencianas fueron en ocasiones, como acabamos de leer, bastante llamativas. Los también llamados 'roders' sustituyeron sus nombres por apodos, para dificultar su identificación por las autoridades. Actuaban en cuadrillas de número variable, conformando bandas armadas para delinquir contra personas y propiedades. Eran contrabandistas y secuestradores, en ocasiones asesinos. Su acción se sitúa en el seno de una sociedad sumida en la miseria por guerras, desamortizaciones y periodos de hambruna tras esas guerras, aspecto que en algunos lugares facilitó una lectura romántica de sus acciones, muy distante de la objetividad, ya que pocos fueron los que robaron para repartir entre los más desfavorecidos y muchos los que cometieron los asesinatos más viles.

Un buen número de cuadrillas surgieron de grupos de mercenarios liberados de prisión por las autoridades independentistas valencianas: su misión era apoyar la causa española durante la invasión del francés (1808-1814). Las dificultades de muchos de estos reos para incorporarse al posteriormente ejército regularizado revitalizó el fenómeno del bandolerismo. Eso sin contar las deserciones. Es cierto que la táctica guerrillera de algunos bandoleros contra el invasor francés fue esencial. Personajes como el 'Campaner de Xàbia' o el 'Pansit' se convirtieron en graves problemas para el gobierno francés asentado en Valencia. No faltaron bandoleros procedentes de familias ricas a los que las vicisitudes les obligaron a adoptar ese estilo de vida. El final de sus respectivas historias era muy desigual, presos o condenados en ocasiones a muerte, era excepcional que el desenlace no fuera trágico. La mejor de las suertes les tenía reservada una vida en constante huida.

El estado había creado en 1844 a la Guardia Civil con el fin de combatir a los bandoleros. En muchos casos con la colaboración de campesinos y autoridades locales, estos bandoleros eludian la acción de la Justicia.

Calificado como el último 'bandoler', Pinet representaba para algunos al héroe entregado a una noble causa.

José Martorell Llorca (1868-1909), alias 'Pinet', es uno de los últimos 'roders' valencianos. Nacido en una familia acomodada, el destino le situó al margen de la ley. Cumpliendo el servicio militar mató a un sargento que al parecer le había maltratado y aprovechó la ausencia de testigos para intercambiar los documentos identificativos, sin foto en aquel tiempo. A efectos oficiales, Llorca había sido asesinado por su antiguo superior. Sólo sus vecinos de Finestrat sabían de la nueva vida de Pinet.

El bandolero formó una banda con su hermano y otros integrantes. Su objetivo eran diligencias que cruzaban las sendas que él dominaba a lomos de su caballo. El ingenio de Pinet y en ocasiones la ayuda de la población campesina le salvó en más de una ocasión de la Guardia Civil.

Al final el bandolero fue detenido, cuenta la leyenda que fruto de una mentira, al parecer el gobernador de Alicante se comprometió a perdonar a Pinet si este se entregaba. Lo cierto, es que Pinet, el último "bandolers" valenciano fue detenido e ingresado en el penal de Málaga para más tarde pasar al de Ceuta, muriendo el 1 de noviembre de 1909, tras disfrutar de un breve período de libertad.

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