Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 11 ...

MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

Quiero hablaros so...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 10 de...

El Guardia Civil Dani Diaz prepara un nuevo reto solidario para ayudar al hijo de un compañero en 2017

El Guardia Civil Dani Diaz prepara…

Nuestro compañero ...

Cartas al Director

Cartas al Director

Envíe su carta...

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 (CUIDADO CON LAS COCES)

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 …

‹‹La Constitución ...

El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

QUIEN MAL ANDA MAL ACABA.

  • Escrito por Redacción

bandidos y gc

Un nuevo relato ambientado en la primera época de la Guardia Civil, en sus comienzos, cuando a pesar de su bisoñez, ya se va ganando su fama, granjeandose el cariño y el respeto de las gentes de bien y el temor de los malhechores. Como ya os venimos informando, sin correcciones, no crea el lector que es un descuido del que lo transcribe, faltas del escritor o erratas del editor, es el lenguaje escrito de una época, y tal como nos llega, tal como se escribió, así os lo presentamos.

QUIEN MAL ANDA MAL ACABA (9 de Octubre de 1855).

I.

Aun cuando es demasiado genérico el título con el que encabezamos esta crónica, sin embargo, el asunto requiere uno tan espresivo que comprenda las mas culminantes situaciones de la vida de unos hombres, que puestos una vez en el resbaladero del crimen, no hay ya posible salvacion para ellos.

Antes de narrar el servicio prestado por los valientes Guardias primeros Leon Herranz y Perez y Agustín Martínez Calvo, y por los Guardias segundos Gregorio Pizarro Lopez y Blas del Rio Lobato, tenemos que dar una idea á nuestros lectores del carácter y de las condiciones que adornaban al criminal, que pereció víctima de su temerario arrojo, á manos de aquellos.

Parece mentira que haya pueblos que anhelen la muerte de un individuo; pero nada es mas cierto, si la existencia de aquel sobre la tierra, es causa de la agitacion y del continuo malestar de todo un vecindario. Semejantes hombres, no nacieron para alternar con los de su especie, sino con las bestias del desierto, á las que esceden en ferocidad y barbarie.

He aquí el origen de esta historia.

II.

¿Para qué codicia el hombre los bienes de este mundo?

¿No es, por ventura, para vivir tranquilo y gozar en dulce calma una dicha verdadera?

¿Será, pues, el oro la causa eficiente de la felicidad?

¡Vana, y mas que todo, cruel ilusion!

Lástima que la instruccion y la esperiencia de la humanidad, no abran los ojos al hombre y le enseñen á saber apreciar el valor de este metal que tanto le fascina, y que hasta le precipita en la comision de los crímenes mas atroces.

¿Y de qué puede servir al criminal, que asesina á su hermano, por robarle el oro que habia adquirido á fuerza de sudores y trabajos, que guardaba en el arca santa del patrimonio de sus hijos, si inmediatamente ha de caer en manos de la justicia, que encerrándole en un oscuro calabozo, no le deja disfrutar de los bienes robados?

¿No disuadirán al hombre de su codicia, los innumerables ejemplos de esta especie, que todos los dias se ofrecen á su vista?

Veamos si Pedro Ortega Sorando (a) Franchuelo y sus cómplices lograron su deseo, y si pudieron disfrutar un solo instante del fruto de su crimen.

III.

Vivia allá en el año de 1855 en el pueblo de Torrubia, provincia de Guadalajara, el menestral Miguel Mesigote.

Su laboriosidad y la buena administracion de su esposa aumentaron indudablemente sus bienes, por lo que pasaba en la villa por una de las personas mejor acomodadas.

Tambien vivían por aquella misma época en dicho pueblo Pedro Alonso (a) Camareta, y su mujer Rafaela Serrano.

El Camareta habia estado antes en presidio, al que fué condenado como autor de un delito,, y allí conoció al Pedro Ortega Sorando (a) Franchuelo natural de Chequilla, del partido judicial de Molina de Aragon, donde sin duda intimaron sus relaciones, y concertaron sus planes para el porvenir, cuando se vieran en libertad.

Asi debió suceder, pues ya en el año de 1855, libres los dos siguieron en la amistad mas estrecha, hasta que un nuevo crímen vino á separarlos otra vez, para no volverse á juntar en la vida.

Deseando Franchuelo proveerse de dinero, comunicó esta idea á su amigote Camareta y desde este momento, no pensaron mas que en llevar adelante su propósito.

Un dia se avistó Camareta con Franchuelo y le dijo:

¿Sabes amigo, que he descubierto un tesoro?

—¿Si?—dijo Franchuelo, cuyo semblante adquirió una animacion de feroz alegría, que hacia mas terrible el brillo de sus ojos.

—He averiguado que mi convecino Miguel Mesigote tiene algunos ahorros en sus arcas, que deben pasar á nuestros bolsillos.

—Corriente. Me parece muy bien y manos á la obra.

—Cuando quieras.

—Tú puedes mejor que yo señalar el dia, y decir cual será el momento mas oportuno de dar el golpe.

—Está bién ¿Y está obra será por cuenta de los dos?

—No: vendrá con nosotros Hilario Parrilla.

—¿Tienes confianza en él?

—¡Oh! sin duda; es listo, reservado y valiente.

—Pues adelante.

—Adelante con los faroles; dijo, Franchuelo, con una Sonrisa de brutal satisfaccion.

—¿Y qué dia fijaremos?

—El que quieras; mas es preciso que aseguremos la salida.

—Eso queda de mi cuenta. Conozco perfectamente las costumbres del individuo y todos los rincones de su casa, y ademas procuraré que demos el golpe sin que lo sienta la tierra.

—Eres todo un hombre.

—Ya me lo dirás despues.

—Conque, lo dicho.

—Puedes prepararte para mañana en la noche; á las diez en mi casa.

—No faltaré. Hasta mañana.

—Adios.

Y cada uno de estos dos criminales partió en direccion opuesta.

Camareta fué á comunicar á su mujer el plan, y Franchuelo á su camarada Parrilla.

Unos y otros empezaron á ocuparse de los preparativos, porque tanto la mujer, como Parrilla, aceptaron la participacion en el negocio.

Ya veremos como lo llevaron á cabo.

IV.

Serian como las once de la noche de dia 9 de Octubre de 1855.

Los vecinos de Torrubia descansaban tranquilos de las faenas del dia, y nadie cruzaba por las calles del silencioso lugar.

De pronto se vieron aproximarse á las tapias del corral de la casa de Miguel Mesigote cuatro bultos, que llegaron uno en pos de otro y de tiempo en tiempo, cual si fueran cuatro fantasmas que concurrian á una cita infernal.

Las sombras de la noche favorecian indudablemente sus propósitos.

Nuestros lectores habrán reconocido ya en ellos á Franchuelo, Parrilla, Camareta y su mujer, á pesar del disfraz con que se desfiguraban.

—Ya estamos aquí—dijo Franchuelo á sus compañeros en voz baja.

—Pues la escala y al tejado; ya sabes por donde—replicó Camareta.

—Lo sé.

—Y volviéndose aquel á su mujer la dijo; nosotros á tomar las avenidas.

Y todos guardaron desde este instante el mas profundo silencio.

Subió Franchuelo al tejado y siguióle Parrilla; á los pocos minutos, se encontraban en el sitio designado por el Camareta.

Levantaron unas cuantas tejas y penetraron en la casa.

Acercáronse á la puerta del cuarto donde dormian tranquilamente Mesigote y su mujer y la hallaron cerrada.

Este contratiempo irritó á Franchuelo, que murmuró una asquerosa maldicion.

Tomó en seguida una reja del arado y desquiciando la puerta de la habitacion, dejaron practicable la entrada.

El matrimonio no se apercibió del suceso, y seguían durmiendo tranquilamente.

Los dos criminales se aproximan á su lecho con cautela, armado el brazo del puñal asesino que iba á herir muy en breve el seno del infeliz Mesigote.

Ya al pié de la cama, se precipita Franchuelo sobre su víctima y la dá hasta siete puñaladas, dejándolo muerto en un lecho inundado de sangre.

Re despierta su infeliz mujer y ante tan horrible escena, exhala un grito de dolor y de desesperacion, mas Parrilla la impone silencio, dándola una patada y haciéndola rodar por la escalera.

Tardan un instante en buscar á esta nueva víctima, pero no la encuentran, porque ella haciendo un esfuerzo de inaudito valor, y recogiendo todas sus fuerzas, llega á rastra á uno de los sitios mas recónditos y se oculta ahogando trémula de espanto los ayes que le arrancan los dolores de los golpes que habia sufrido.

Franchuelo y Parrilla rebuscan por todas partes, y recogen cuanto dinero guardaba aquel desdichado matrimonio.

Un momento despues de tan horrible escena, dos hombres se veian descender por el tejado de la casa de Mesigote, y bajar á tierra por una escala.

A una señal casi impercetible de los autores del crimen, acudieron Camareta y su mujer y todos cuatro se fueron á un pajar, donde se repartieron el botin.

Hecho esto y para no infundir sospechas los dos últimos se retiraron á su casa, quedando los dos primeros ocultos en aquel sitio, donde permanecieron algunos dias cuidados por Camareta y su mujer.

Allí los sorprendió la justicia.

Algun tiempo despues moría en la prision Hilario Parrilla; Franchuelo se escapaba de la cárcel de Torija, para librarse del patíbulo, al que habia sido condenado por el tribunal, y Camareta era conducido á uno de los presidios de África á sufrir 20 años de cadena.

¿Quedará impune el crimen horrendo del bárbaro Franchuelo?

¿Podra burlar la justicia humana?

En otra época hubiera sido fácil; hoy, con la Institucion de la Guardia Civil, es poco menos que imposible.

V.

Llegamos al desenlace del drama.

Un temible bandido recorría los valles y los montes de la provincia de Guadalajara.

Este, no era otro, que Pedro Ortega (a) Franchuelo.

Tuvo conocimiento del suceso Leon Herran y Perez Guardia primero, y poniéndose de acuerdo con el de su misma clase Agustin Martínez Calvo, y con los Guardias segundos Gregorio Pizarro Lopez y Blas del Rio Lobato, combinaron la batida del foragido, que traia consternados á los vecinos de varias aldeas.

Despues de una persecucion incansable de algunos dias por todo el distrito judicial de Molina, pudieron los G-uardias darle caza en el término municipal de Megina y á las once de la noche del 26 de Febrero de 1861, llegaron al sitio llamado de Valde-Collarvos, terreno muy quebrado y escabroso, con mucho monte de pino y boj y atravesado por el rio Cabrilla, que desemboca en el Tajo á corta distancia.

En tan montuoso terreno, defendido por la naturaleza, se creia Franchuelo seguro; pero el rumor de las pisadas de los Guardias, que caminaban en su persecucion desvaneció sus ilusiones.

Huye á esconderse en lo mas cerrado y escabroso del monte y los Guardias no por eso desmayan, ni pierden la huella del criminal.

Llegan donde se encontraba Franchuelo, y este les recibe con una descarga; pero aquellos continúan con mas vigor la batida.

Vuelve el criminal á dispararles su escopeta y despues de una lucha desesperada, se hace fuerte en un matorral defendido por el ramaje y las peñas, y allí con la escopeta en una mano y el puñal en la otra, trata de vender cara su vida.

A pesar de la oscuridad y del cansancio, los Guardias no ceden de su empeño; emprenden la toma del matorral y se ven precisados á sostener una lucha terrible que dio por resultado la muerte de Franchuelo.

Asi concluyó sus dias, quien los habia empleado en daño de sus semejantes. El bandido Franchuelo murió acorralado y furioso como una bestia feroz y salvaje.

Por tan importante servicio recibieron un justo y merecido premio los tres Guardias y el Guardia primero Leon Herran y Perez la cruz sencilla de M. I. L.

Ved el raro contraste que ofrecen la mala y la buena conducta y el fin que alcanzan los hombres por sus acciones.

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones