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LA COMPAÑÍA DE GUARDIAS JÓVENES (FUNDAMENTOS DE SU CREACIÓN)

  • Escrito por Redacción

POLILLAS

Pasado, presente y futuro del Colegio de Guardias Jóvenes

VALDEMORO - 2003

Tratando de centrar un tema tan amplio como es la historia de este Colegio que, de alguna manera, abarca más de 150 años, tendríamos que remontarnos, aunque sólo fuera, de forma muy somera, a épocas anteriores a la fundación de la Guardia Civil puesto que, como veremos, tanto la creación del Cuerpo como la de este Centro, están íntimamente relacionadas, de tal forma que uno no se entiende sin el otro y a la inversa y, para tratar de entender los fundamentos de la creación de este Centro de Enseñanza, previamente habrá de pasar por la fundación del propio Instituto.

Basado en esto, y para un mejor seguimiento secuencial de los acontecimientos, este estudio se estructura, en los siguientes apartados:

  • Creación del Cuerpo, causas que la motivaron.
  • Fundamentos de la creación de la Compañía de Guardias Jóvenes.
  • La propia creación.
  • Los primeros tiempos.
  • Desenvolvimiento para llegar a nuestros días.
  • Futuro de la obra.

PREFACIO

La Creación del Cuerpo, causas que la motivaron:

No podríamos comprender el nacimiento de la Guardia Civil sin antes poseer un conocimiento de la España que aparece hacia 1844. Para ello es menester abordar, aunque sea mínimamente, el estudio del ambiente socio- político que precede a este año y, ya en él, darnos cuenta de cuál era la necesidad de crear un Cuerpo de ámbito nacional para combatir la inseguridad pública.

Tres factores determinantes van a caracterizar la centuria hasta ese año:

- La falta de continuidad política.

- La inseguridad pública.

- La falta de una institución que, a escala nacional, tuviera como objetivo la defensa de la seguridad y el orden.

Habría que añadir una cuarta y notoria característica: la penuria económica de la Hacienda pública, agrandada tras las secuelas de la Guerra de la Independencia y la emancipación de las colonias de la América continental que junto con la arraigada práctica del contrabando y la ineficacia de la desamortización de Mendizábal, sumieron en la más absoluta de las anarquías a la postrada economía española.

El primer factor a que se ha aludido viene determinado por la falta de continuidad política, derivada de dos elementos distintos que la quebrantan: las guerras y la escasa duración de los gabinetes ministeriales.

Las guerras son la de la Independencia, contra el invasor francés, y la Carlista, de carácter civil; una y otra ocasionaron la paralización total de la vida nacional la primera y el enorme auge del bandolerismo, la segunda.

Factor determinante era le inseguridad pública, problema que preocupaba cada vez más al Estado, hasta el punto de convertir los caminos y las propiedades de España, sobre todo en Andalucía y Levante, en una continua amenaza para sus viajeros y moradores.

Finalizada la contienda contra el invasor francés, los mismos hombres que lo habían combatido a través de las guerrillas, encontraron muy difícil su adaptación a la vida normal, debido fundamentalmente a la escasez de trabajo y por la falta de adaptación al medio familiar acostumbrados como estaban, a una vida montaraz y agreste, peculiar del bandolerismo.

Ambos factores estaban relacionados entre sí y con el tercero, puesto que la inestabilidad política llevaba emparejada la falta de continuidad ministerial necesaria para elaborar un proyecto de seguridad pública que pudiera atajar los problemas del bandolerismo.

Habría que esperar a la llegada de los moderados y su década de estabilidad en el poder para que se dotase al Estado de una fuerza sólida, de ámbito nacional y marcada naturaleza miliar y profesional para erradicar el denostado problema de la inseguridad pública. Esta iba a ser la Guardia Civil.

La creación del Cuerpo de la Guardia Civil, estuvo precedida de varios intentos de creación de otros Cuerpos para idénticos fines, pero que nunca llegaron a fructificar debido principalmente a que a éstos se les imbuía de un carácter civil, meramente policial, donde el poder dejaba sentir su influencia y tendencias. No obstante, al crearse la Guardia Civil, con una dependencia dual, del Ministerio de la Guerra en todo lo concerniente a su organización personal, disciplina, material y percibo de haberes, y del Ministerio de la Gobernación en todo lo relativo a su servicio peculiar, permitió la consolidación del propio Cuerpo.

Si nos atenemos al fracaso de todos los Cuerpos creados en el siglo XIX con carácter civil, la consecuencia parece razonable: la Guardia-Civil sobrevivió por su naturaleza militar, en primer lugar, y por la gran eficacia demostrada, al margen de cualquier régimen, durante toda su existencia, en segundo lugar.

Independientemente de las opciones militaristas o civilistas que, a lo largo de la historia del Cuerpo, se han esgrimido para potenciar la eficacia de éste, lo cierto es que de esta forma se creó y de esta forma ha pervivido hasta la fecha, más de ciento cincuenta años...

La creación del Cuerpo se había consumado en aquel mayo de 1844.

Fundamentos de la creación de la Compañía de Guardias jóvenes:

Tratando de transportarnos a los primeros años de la década de los cincuenta del siglo XIX, ya creada la Guardia civil hacía seis o siete años, conviene tener muy presente la forma de vida de los habitantes de la España de aquellos tiempos y más concretamente las clases a las que podían pertenecer las familias de los guardias y que, a pesar de todo, y según les mandaba la Primera Cartilla del Cuerpo y mas concretamente en su artículo 8, la Guardia Civil es esencialmente benéfica como principal objetivo de su creación, al decir que sería pronóstico feliz para el afligido y abandonado, cuya sola presencia les devuelve la esperanza y tranquilidad perdidas, paño de consuelo para el viajero que, envuelto en torbellino de un día aciago, viese salvado cuando menos lo espera de las desgracias que le amenazaban, protectora siempre del débil contra el fuerte; centinela avanzada de la propiedad y seguridad personal; sostén el más firme de las instituciones del país...

Y si esto es así, y la GuardiaCivil siempre ha sido fiel cumplidorade los Reglamentos y disposicionesque le afectaban de algunau otra manera, bien para velar porsu cumplimiento o porque les erande obligado cumplimiento a ellosmismos, no podía olvidarse deque los huérfanos de sus propiosindividuos necesitaban también de sus auxilios.Por otra parte, la escasez de recursos en los guardias, casados en su mayoríay con numerosa familia, la situación en despoblado de las edificaciones que se adaptaron para Casas-Cuarteles y las grandes necesidades de todo y en todos, fueron bastante motivo para que el General Director fijase en ellos su iniciativa, notándose bien pronto la falta de una escuela especial dedicada, única y exclusivamente, a la educación y enseñanza de los hijos de los guardias civiles, educación que la experiencia evidenciaba no podían darles éstos, ni recibir aquellos en muchos casos, dadas las circunstancias en que los guardias vivían constantemente.

Y si penoso era el estado en que se podían encontrar los hijos del Cuerpo de la Guardia Civil, por el servicio y ocupación de los progenitores y la propia ubicación de los acuartelamientos, muchos de ellos en despoblado, ¿qué decir de la situación de absoluto desamparo en que quedarían una vez muerto el padre, la mayoría de las veces, en acto de servicio, tanto la madre como la numerosa prole que quedaba en la más absoluta pobreza.

Para tener una idea aproximada de las penurias que podían tener aquellas primeras familias de guardias nos fijaremos en los sueldos que se cobraban y que ascendían a 3285 reales al año, los de Caballería, a razón de 9 al día y de 2920 reales los de Infantería, a razón de 8 al día.

Y que de su cuenta debía ser el proveerse de caballos, monturas, vestuario y equipo, si bien, al cumplir su tiempo, los guardias civiles podrían llevarse sus caballos, monturas, vestuario y equipo.

Para la primera organización, el Estado adelantaría los fondos necesarios para la compra de caballos, monturas, vestuario y equipo, que progresivamente se les iría descontando, pero de modo que ningún guardia tomara menos de 5 reales al día.

Como orientación digamos que los precios de algunas de las prendas que tenía el Guardia Civil, era de: casaca.- 107 reales, levita.- 106 reales, capote de caballería.- 183 reales, esclavina de infantería.- 149 reales…, etc.

Otro ejemplo de las penurias económicas por las que atravesarían las familias de los guardias de aquellos primeros años y que incide, poderosamente, en la decisión del Duque de Ahumada de crear este Colegio, lo tenemos en el procedimiento que se debía seguir en las defunciones y posterior entierro de los miembros del Cuerpo, dejándose bien sentado que el entierro de un guardia civil era un acto colectivo del Cuerpo y habría de estar rodeado de una gran dignidad, la que correspondía a un individuo que había tenido esta virtud como esencial en su vida, por eso, y tratando de trasladarnos a aquellas fechas, y como los entierros siempre son vistos por una parte de la población donde ocurren, Ahumada quiere que estén en armonía con el resto de las manifestaciones públicas del recién creado Cuerpo, y por ello, en Circular de 2 de julio de 1845 (un año después de la creación), decía así:

“Con el fin de que a los guardias civiles que fallezcan, se les dé sepultura con la decencia correspondiente a este distinguido Cuerpo, en todas las defunciones se observarán las reglas siguientes”:

1ª.- Siempre que un guardia civil falleciere, tan pronto como el Jefe del punto donde ocurriere el fallecimiento reciba el parte, dará las disposiciones para su entierro.

2ª.- El guardia difunto deberá ser vestido con un uniforme de gala.

3ª.- Se alquilará, de la parroquia, una caja decente, para que sea conducido en ella.

4ª.- Será conducido al cementerio por cuatro pobres y acompañado por el número de guardias civiles, que según su empleo, marcan las Reales Ordenanzas. Llegados al cementerio, se recogerá la ropa de gala.

5ª.- Los guardias que acompañen al cadáver, deberán hacerlo también de gala, con sus sables, al paso regular, formados en dos filas, con el mayor silencio, compostura y gravedad.

6ª.- El alquiler de la caja y limosnas a los pobres, único gasto que debe resultar del entierro, se cargará al fondo de la Compañía”.

Como parecía que algunos extremos de la Circular no estaban suficientementeclaros, algunos jefes de Unidades formularon consultas al respecto y el 12del mismo mes de julio se les responde como sigue:

“- A todo individuo que fallezca, habiendo satisfecho, por completo, el importe del vestuario, deberá vestírsele con el uniforme de gala, recogiéndosele al darle sepultura, para entregárselo a sus herederos.

- Los que no hubiesen satisfecho las prendas mayores de su uniforme, serán vestidos con las que hubiesen satisfecho, colocando encima de la caja, que deberá ir cerrada, el sombrero y el sable del individuo; y al darle sepultura, se recogerán las prendas para ser entregadas igualmente a sus herederos, las que fueren de su propiedad.

- Siempre que los herederos estuvieren en el punto donde falleciere un guardia, y les acomode que el individuo conserve las prendas con que se le vista, y que hubiere pagado, se le dará sepultura con ellas”.

Pues bien, estando así las cosas, fácil fue para el Duque de Ahumada darsecuenta de la situación y, en numerosas ocasiones, tanto él como sus sucesoresrepiten que la autoridad de la Guardia Civil ha de ser paternal, concepto muy deacuerdo con el tono que da a la Institución la vida familiar de muchos de sus componentes.

En efecto, si la Institución descansa en la familia, es lógico que se atiendaa los componentes más necesitados de esa “gran familia” que se pretende sea laGuardia Civil. Dichos componentes son, sin lugar a dudas, los hijos y, en especial, los huérfanos.

Durante los primeros años de existencia del Cuerpo, no hubo un centro específicodonde se recogieran los huérfanos de sus componentes, pero a partir de1847, se cuenta con una especie de academia ajena a la Guardia Civil y creadapor iniciativa del Director General de Ingenieros, para jóvenes que reunidos enGuadalajara, y sometidos al régimen conveniente de educación y enseñanza, pudiesenser un día Cabos y Sargentos instruidos para más adelante ser empleadoscomo encargados de obras de fortificación y edificios militares.

A las plazas de esta Escuela podían optar los hijos de todos los individuosdel Ejército y la Armada; por tanto, la Guardia Civil, al ser un Cuerpo del Ejércitoque se nutría de personal del propio Ejército, estaba incluida en ese beneficioy, por ello, Ahumada da a conocer a sus hombres el reglamento de la Sección deZapadores jóvenes. Los muchachos, para ingresar, deberán ser mayores de ochoaños y menores de doce, sin deformaciones físicas y constitución fuerte; a la instanciade solicitud se debía adjuntar la partida de bautismo del solicitante y la dematrimonio de sus padres. Para su admisión deberían saber “la doctrina cristiana,leer correctamente y tener principios de escribir, según su edad”; los que ingresasennecesitaban a su entrada dos camisas, dos pares de calzoncillos, dos de calcetasy un par de zapatos.

La finalidad de esta Sección de Zapadores jóvenes y las enseñanzas querecibirán queda de manifiesto en una Real Orden de 15 de octubre de 1847, en laque se dice:

“Siendo el principal objeto de este establecimiento crear un plantel de donde puedan salir no sólo buenos cabos y sargentos para el Regimiento, se les enseñará las materias siguientes:

Leer y escribir correctamente

.- Nociones de gramática castellana

.- Aritmética

.- Ordenanza.

- Contabilidad de Compañía.

- Instrucción de recluta.

- Táctica de Compañía.

- Instrucción de Guías y ejercicios de guerrillas.-

Principios de Geometría elemental.

- Geometría práctica.

- Dibujo.-

Construcción de materiales de sitio.

- Principios de fortificación de campaña”

Esta Escuela tuvo una importancia relativa por lo que respecta a la GuardiaCivil, pero quiero referirme a ella, por ser una fundación que sigue unas directricesque se van a tener en cuenta cuando se ponga en práctica la Compañía de Guardiasjóvenes.

El interés que Ahumada se toma por sus hombres y el precedente anterior,así como el interés del Gobierno por extender tal tipo de fundaciones, no podía tenerotro resultado que la organización por el Cuerpo de la Guardia Civil de un establecimientosimilar, pero de un contenido, envergadura y efectivos superiores.

En tal sentido, el Inspector General de la Guardia Civil, el Duque de Ahumada,en 26 de enero de 1853, eleva una propuesta al Ministro de la Guerra y se leautoriza la organización de la Compañía el 1 de abril.

La primera noticia documental que se posee de tal acontecimiento data de1853, en el mes de marzo, en que una Real Orden del día 6, del Ministerio de laGuerra, el Ministro dice al Inspector General de la Guardia Civil, entre otras cosas:

“... La Reina (q. D. g.) aprobando lo propuesto por V. E. en 24 de febrero próximo pasado, se ha servido resolver que la fuerza de que con arreglo a lo prevenido en la Real Orden de 5 de dicho mes de febrero, debe constar la Infantería del Cuerpo de Guardias Civiles, se organice por Tercios y Compañías en la forma en que se expresa en el adjunto estado, accediendo S. M. a que V. E., deje de cubrir una plaza por Compañía en la Infantería, con el objeto de que con la economía que produzca, puedan cubrirse los gastos de la creación de una Compañía de Guardias jóvenes que V. E. tiene propuesta...”

La propia creación:

Posteriormente la Real Orden de 1 de abril del mismo año e igual Ministerio, comunicaba al Inspector General del Cuerpo lo siguiente: “He dado cuenta a la Reina (q. D. g.) de la comunicación de V. E., de 26 de enero último, haciendo presente la conveniencia de crear una Compañía de Guardias jóvenes que a la edad de doce años, reuniesen la circunstancia de ser hijos de Subalternos y clases de tropa del Cuerpo de Guardias civiles y, S. M., de acuerdo con las observaciones que V. E., expresa, se ha servido aprobar cuanto propone y manda que desde luego se cree la referida Compañía, regulando su fuerza a la de dos plazas por cada una de las Compañías que componen el Cuerpo a su cargo, cuyas plazas deberán proveerse con jóvenes que reúnan las precitadas circunstancias o la de haber muerto su padre en acción de guerra o función del servicio del Cuerpo...”

La idea de que los huérfanos no serían desamparados, les animaba entonces, a aquellos primeros guardias civiles, a ser firmes en el sagrado cumplimiento de sus obligaciones, les alienta en la persecución y pelea en esa constante lucha que el criminal y el bandolero tienen, en aquellos difíciles años, declarada a sus perseguidores; les hace exponer sus vidas cuando peligra la de alguno que se halle próximo a perderla y, lo mismo en las grandes poblaciones que en las escasas y malas comunicaciones, así en las aldeas escondidas como en las profundidades de los valles, cuya existencia es casi desconocida, al lado siempre del que corre algún riesgo o desgracia, protegiendo las propiedades y dando seguridad en los caminos y vías férreas..., allí se encontrará un guardia civil, decidido a no permitir la agresión, el robo, el secuestro.

Por eso, aquel distinguido General, que nunca podrá olvidar la Guardia Civil, el “Duque de Ahumada”, no sólo atendió al desarrollo del servicio, al establecimiento de los puestos, siendo severo e inexorable con el que faltaba a su cumplimiento, dando innumerables directivas y normas para que fuera creciendo un árbol con un robusto tronco que habría de sostener una inmensa copa de prestigio, sino que buscó la fórmula de “pagar en los hijos los buenos hechos de los padres”.

Y no encontró mejor y más acertada idea de hacerlo que proponiendo, como hemos visto, a S. M. la Reina Isabel II, la creación de la Compañía de Guardias jóvenes, hecho que se consumó con la aprobación por medio de la Real Orden de 1º de abril del año 1853. Estaba más que justificada la creación del Colegio, aunque sólo fuera desde el punto de vista social.

Los primeros tiempos:

El primer alumno en incorporarse al recién creado Colegio fue, Leandro García Fernández, que lo hizo el 22 de abril de 1853. Tres alumnos más se incorporaron en ese mes, Hipólito Fernández Roldán, Gaspar Alvisu Jáuregui y Juan Teruel Baccé, todos el día 26.

Es curioso, aunque tal vez un poco pesado para ustedes, referir aquí algunas pequeñas estadísticas de aquellos primeros años, pero no me resisto a hacerlo por lo que de encantador tienen esos números y estas son:

La ubicación primitiva del Colegio se hizo en unas habitaciones habilitadas en las dependencias del Primer Tercio, ubicado en Madrid y denominado cuartel de San Martín, en un edificio que, por fortuna, actualmente existe en la plaza de las Descalzas Reales, muy próximo al Corte Inglés de Preciados y bajo la dirección del Subteniente graduado, Sargento primero D. Tomás María Pérez y Rodríguez. A los tres meses se observó que aquella ubicación no reunía las condiciones necesarias para cumplir el objetivo propuesto y el 31 de julio le fue expedido el correspondiente pase para trasladarse a la villa de Pinto, con un cabo, un guardia de primera clase y 12 alumnos, en cuya población se alquiló una casa particular que fue habilitada.

PRIMERA UBICACIÓN, CUARTEL DE SAN MARTÍN ( MADRID)

Estos doce alumnos con el personal que se ha dicho, un Subteniente un Cabo y un Guardia primero, constituyeron el verdadero germen que dio origen al actual Colegio.

No me resisto tampoco a leerles a ustedes el relato que de lo más importante sucedido aquel año de 1853 para el Colegio, hace el que fue alumno del mismo y Teniente ya en el año 1882 Don Andrés Molinero y Gómez Cornejo, y que recogió en una obra que tituló “Reseña Histórica y Orgánica del Colegio de Guardias Jóvenes” y reza así: “... Una vez instalados en Pinto el 31 de julio de 1853, dictáronse, por el Inspector General las órdenes para el régimen interior, policía e instrucción, igualas facultativas con el médico y farmacéutico, acopio de víveres y formación de las cuentas de gastos, disponiéndose también que los jóvenes, para paseo y demás actos fuera del establecimiento, usasen el uniforme al efecto establecido.

De todo, hasta de los más pequeños detalles, se ocupaba el General Inspector: la celebración de las fiestas la tenía también presentes. Se acercaba la Noche-Buena, primera que los alumnos pasaban colegiados y era preciso algún extraordinario y más expansión que los días ordinarios. Por orden de 20 de diciembre, dispuso que la cena de aquella noche se aumentase con viandas en 0’50 de pesetas por plaza, permitiéndose juegos y distracciones dentro del Establecimiento hasta las doce, y que los días de Pascua, si el tiempo impedía salir de paseo, aprendieran los jóvenes algunas comedias de fácil representación, indicando entre ellas, como más a propósito, la que tenía por título Isabel la Católica. (Hay que considerar que para esas fechas ya disponía el Centro de 30 alumnos, personal suficiente para elegir a todo un verdadero elenco de actores para la representación propuesta, lo que no sé si habría eran espectadores).

SEGUNDA UNICACIÓN, LOCALIDAD DE PINTO

Sin duda, para convencerse del cumplimiento de sus disposiciones, se personó, por primera vez, en Pinto, el General Sr. Duque de Ahumada, el 26 del expresado mes de diciembre, pasando una minuciosa revista de inspección. Fijó su atención principalmente en la instrucción teórica y práctica y cuadernos de escritura, como base para desempeñar después el mando de Puesto, cargo importantísimo en la Guardia Civil, y de grandes resultados cuando las clases tiene aptitudes suficientes, carácter y honradez para formar buenos y pundonorosos guardias...”

Hasta aquí el relato que de ese primer año, 1853, hace el Sr. Molinero.

La vida comenzó a correr para el Colegio, los días, los meses y hasta losaños fueron pasando dejando cada momento su impronta en los propios colegiales.

Había que hacerlo todo, porque nada estaba hecho. Se iba disponiendo a medidaque surgían las cuestiones, así en 1854, o sea un año después de la creación,y para seguir dándonos una idea de la precariedad de medios en la que setenían que mover los guardias de aquél entonces, se dispone que, toda vez quelos alumnos que ingresan en el Centro se les equipaba del correspondiente uniforme,y con objeto de que las familias pudieran utilizar en los demás hijos las prendasde los que ingresaban en el Establecimiento, se determinó volvieran a poderde los padres las ropas con que se presentasen los jóvenes. Siempre teniendopresente la orden de la Inspección General de 10 de enero de 1854, dada paraque no se construyera objeto alguno sin previa autorización, encargando la mayoreconomía en los gastos.

Al final del año 1854, o sea, un año y medio después de la creación el númerode alumnos ascendía a 57.

TERCERA UBICACIÓN, “EL CORRALILLO” (VALDEMORO)

En Octubre de 1855, se iniciaron gestiones para buscar un nuevo local queno dieron resultado alguno en la localidad de Pinto, a pesar de los buenos deseosdel Ayuntamiento y vecindario, por lo cual fue preciso hacerlo en la inmediata deValdemoro, donde existe la fábrica de paños “Los Longistas”, cuyo edificio habíapasado por varias sociedades fabriles desde 1712, año en que a don FranciscoAguado y Guerra le fue concedido real privilegio y franquicia para establecimientoen dicha localidad de una fábrica de paños finos.

Elegido el local, el Inspector General de la Guardia Civil, el General Infantes(2º Director), pide al Gobierno en 22 de noviembre de 1855, “se le autorice para aplicar los diez mil reales anuales que en aquella fecha se pagan por el alquiler de la casa que en Pinto ocupaba la Compañía de Guardias jóvenes, a la adquisición de una casa en el inmediato pueblo de Valdemoro, cuyo local es mucho más espacioso y adecuado al referido objeto”.

Para que no se le niegue la autorización, elInspector General de la Guardia Civil ha pensado y expone la forma en que se llevaríaa cabo la compra del citado edificio: su importe ascendía a ciento diez mil realesde vellón, libres para el comprador; para sufragarlo, los diez mil reales anualesdel alquiler de Pinto se convertirían en plazos también anuales con los que seenjugaría el coste de la fábrica. El proyecto es autorizado en su totalidad y se otorgaescritura pública de compraventa el 30 de noviembre de 1855. El traslado aValdemoro tuvo lugar el 26 de marzo de 1856.

Los años que van desde la creación en 1853 hasta este 1856, son másbien oscuros para la Compañía, debido sobre todo a que era necesario vencer losinconvenientes que se presentaban en su organización y en la confección de unreglamento.

Por todo ello se puede decir que la verdadera organización de la Compañíade Guardias jóvenes comienza con la venida a Valdemoro en ese año de 1856,cuando se aprueba el primer Reglamento orgánico interno.

Este Reglamento constaba de diecinueve capítulos y una prevención general,con un total de 179 artículos, que abarcaban desde las obligaciones del Directorde la Compañía y personal a él subordinado, hasta detallar minuciosamentecómo habían de regirse los premios y castigos; lo relativo a las comidas, utensilio,vestuario, servicios, enseñanzas, enfermería, administración, contabilidad, documentación…, etc; es decir, nada quedó en el aire, pues todo se aclaraba en su extensoarticulado.

Curioso podría ser detallar algo del contenido de aquel primitivo Reglamento,pero resultaría, tal vez, extenso en demasía, pero quisiera relatarles, aquí yahora, algunas cuestiones de él, como por ejemplo:

Los huérfanos cuyos padres hubiesen fallecido en acto de servicio o comoconsecuencia del fuego o el hierro enemigo, si eran menores de ocho años, debíancontinuar al lado de su familia hasta cumplirlos, percibiendo tres reales diariospara su manutención y cuidado que percibía del Oficial más próximo a la residencia del huérfano, pero si entre los ocho y los diez años no se incorporaban al Colegio, dejaban de percibir la pensión, a no ser que existiese una causa legítima.

Cuando se incorporaba al Colegio lo hacían acompañado de una persona responsable, a la cual se le entregaban 90 reales para los gastos de locomoción; si la distancia a recorrer era superior a las sesenta leguas, el socorro se elevaba a 180 reales, “con el fin de que no lo verificasen a pie”.

Una vez en el Colegio, y cumplido 16 años, si sentía vocación para seguir la carrera de las armas e ingresar en el Cuerpo, era filiado con arreglo a las Ordenanzas. Caso contrario causaba baja en el Colegio.

En cuanto a los castigos, se prohibió terminantemente el castigarles con palos, azotes ni de modo alguno que pudiese contribuir a rebajarles, y se acordó que las correcciones consistirían en privación de recreos y recargos en imaginarias, guardias y servicios de policía. Más si los castigos anteriores no eran suficientes, y por la edad y condición del corregido se creía más a propósito el encierro, quedaban internados en el llamado “cuarto de corrección”, sin que por ello estuviesen dispensados del estudio y asistencia a clases. La expulsión de la Compañía debía acordarla el Inspector General. En el supuesto de que las medidas anteriores no bastasen para volver al Guardia joven al buen camino, por ser éste vicioso e incorregible, y se dispusiese su expulsión, ésta se llevaba a cabo al frente de la Compañía formada, despojándole del uniforme a presencia de sus compañeros para que la medida sirviese de saludable escarmiento.

En cuanto al régimen alimenticio, también era tratado en el Reglamento , disponía que se harán tres comidas al día: la primera compuesta de una sopa, después de la revista de policía, que será a las siete en verano y a las ocho en invierno; la segunda, a las once o las doce de la mañana, después de clase, y se compondrá de garbanzos con arroz, patatas o verdura, variando según la estación, con dos onzas de tocino por plaza; y la tercera, a las seis o las siete de la tarde, compuesta de los mismos artículos que la del mediodía, pero con sólo el tocino o grasa suficiente para su buen condimento.

Cada joven recibía diariamente una libra de pan blanco; se le suministraba un cuarterón de carne dos veces en semana y se atendía a que la comida fuese en consonancia a la edad de ellos. A todos se les proveyó de una fiambrera para comer.

Para el descanso, tan importante en ellos, habida cuenta de la edad de los colegiados, se les dotó de una cama, compuesta de tres tablas, dos banquillos, un jergón, un cabezal, una manta y dos sábanas, que debían lavarse cada quince días; y para el aseo se dispuso que en cada dormitorio hubiese un espejo, dos toalleros para cuatro toallas, una tinaja para agua, dos jarros de lata para sacarla y un par de jofainas para lavarse.

El horario de actos era similar al de cualquier otro centro militar de estudios, y se dispuso que a las siete en invierno y a las cinco en verano se tocase diana; una hora más tarde se pasaba revista de policía, y terminada ésta se repartía el pan seguido de la sopa. Finalizado el desayuno se daba la primera clase, que duraba dos horas; de once a doce, según la estación, era la segunda comida y a continuación una hora de recreo, pasando después a estudio; a las tres de la tarde volvían a clase, donde permanecían hasta las cinco que, en invierno, se les distribuía la cena, o de siete a ocho en verano; luego se pasaba al dormitorio para rezar el Rosario y dedicarse al estudio hasta el toque de silencio, que se daba a las ocho en invierno y a las nueve en verano.

Prescribía el Reglamento lo concerniente a la vida espiritual. Y así, además de la Santa Misa los días festivos y el diario rezo del Santo Rosario, debían confesarse lo menos una vez al trimestre, extendiéndose en consideraciones sobre la asistencia a los Oficios Religiosos en Semana Santa y otras fechas de solemnidad religiosas.

A los Guardias jóvenes se les podía visitar solamente los domingos, y se prohibía que recibiesen dinero o efectos sin previa autorización del Comandante de la Compañía.

La enseñanza de los alumnos era objeto de un detallado capítulo del Reglamento, señalando que a su ingreso fuesen examinados y, en razón a sus conocimientos, se les asignasen a las clases correspondientes. El plan de estudios se dividía en dos grupos, correspondiendo al primero las enseñanzas puramente culturales, tales como la escritura, lectura, doctrina cristiana, gramática castellana, aritmética y gimnasia, mientras que en el otro grupo las disciplinas a estudiar eran militares, tales como reglamentos militares, ordenanzas, cartilla del Cuerpo …,etc.

Como accesorio a lo anterior, y puesto que en el interior del establecimiento había los talleres adecuados para ello, al que lo solicitaba y tenía cumplidos los dieciséis años, se le enseñaban los oficios de sastre y zapatero; y los que deseaban servir en Caballería y reunían las condiciones necesarias, recibían lecciones de equitación.

En cuanto a la salud de los alumnos, se hicieron igualas con el médico y el cirujano de la población más inmediata, para que atendiera la enfermería del Colegio.

El último capítulo del Reglamento es el de “Prevenciones generales”, y destacan en él que las prendas ya usadas, pero aún en buen estado, desechadas por haber crecido el adjudicatario, pasasen a otros que les fuesen útiles, procurando asignarlas sucesivamente hasta deteriorarlas; que el joven que llegase a enfermar de tal forma que a los dos años no se hubiese curado, causase baja en el Colegio.

  • El primer Guardia Joven en causar baja en el Establecimiento, por pase a las Academias Militares fue Cipriano Vicente Zubiarraín, el 31 de mayo de 1855.
  • El primero en pedir la baja voluntaria del Centro fue Ramón Marasí Ponce, el 31 de agosto de 1854.
  • El primer Guardia Joven expulsado del Colegio lo fue el 15 de julio de 1855.
  • El primer alumno en causar baja por inutilidad fue Simón Martínez Navao, el 31 de octubre de 1855.
  • El primer Guardia Joven que causó baja por defunción fue Jacinto Sarasa Galipienzo, el 27 de diciembre de 1860.
  • El primer Guardia Joven promovido a Guardia Civil, fue Manuel Talón Domínguez, el 31 de enero de 1854, (aunque, tal vez, no haya unanimidad en este nombre).
  • El primer alumno ingresado en el Colegio en Valdemoro, en el ya desaparecido y conocido por todos los Alumnos que en él se formaron como “El Corralillo”, fue José Martín Prado, el día 26 de marzo de 1856, causando, posteriormente baja, a petición propia, el 30 de mayo de 1865.
  • Finalmente y para terminar esta pequeña estadística, el primer Guardia Joven que alcanzó el empleo de Guardia Civil y que había ingresado en el Corralillo, fue Fermín Urriza Indalejo, ingresado el 26 de diciembre de 1856 y nombrado Guardia Civil el 31 de agosto de 1859.

Ya estamos en esta villa, a partir de aquí se puede asegurar, con total certeza, que el Colegio de Guardias Jóvenes y Valdemoro van íntimamente ligados, son una misma cosa, en una palabra..., se complementan. La simbiosis que se produce es total y en todos los órdenes, tan pronto, según recogen los anales de la historia tanto del pueblo como del propio Colegio, el Sr. Cura Párroco pasa a formar parte de la plantilla del Centro, como algún otro ciudadano se incorpora a la docencia, en las distintas disciplinas, ya sea música, pintura..., etc., u otras veces es el Médico el que se encarga de los cuidados sanitarios, y el Colegio ofrece su colaboración a la ciudadanía, actuando en la extinción de incendios ya sea en casas, en eras o en campos, o bien realzando las fiestas patronales, dando colorido, alegría y juventud a la vida del pueblo.

Como en un principio, y hasta el año 1864 no se inauguró una Capilla en el Establecimiento, el precepto dominical y prácticas religiosas que debieran hacerse se llevaban a cabo en la Iglesia Parroquial... Muchos habitantes de Valdemoro comenzaron a sentirse útiles al Colegio y a él ofrecían sus trabajos y sus productos, haciendo que sus economías dependiesen en gran medida de esa relación entrelazada.

Desenvolvimiento, para llegar a nuestros días:

Pero siguiendo con los hitos más importantes de la historia del Colegio, y aunque casi todos ellos fueron recogidos en conferencias anteriores, no me resisto a mencionarlos de nuevo, y así, son dignos de mencionarse:

Primero: La gran cantidad de veces que el Colegio bajó a la estación de FF.CC., para formar en el andén y rendir honores a los Reyes a su paso para la vecina Aranjuez, con motivo de uno de esos viajes, el 8 de junio de 1864, el Director General del Cuerpo comunicaba al Capitán Subdirector del Colegio lo siguiente:

Habiéndose dignado resolver S. M., revistar la Compañía de Guardias jóvenes, a su paso por Valdemoro, el día 10 del actual, dispondrá V., que con la debida antelación se halle formada toda la fuerza disponible en el andén de la estación del ferrocarril a la hora de llegada del tren Real, que será próximamente a las cinco y media de la tarde, en cuyo punto me presentaré yo oportunamente”.

Así sucedió y a la hora mencionada, el Director General de la Guardia Civil, General Quesada, al frente de sus pequeños Guardias se encontraba en el andén de la estación de Valdemoro. Llegado el tren, el Rey consorte, llevando de la mano al Príncipe de Asturias, revistó la Compañía, a presencia de S. M. la Reina que nombró ese día Protector de la Compañía a S. A. R., el Príncipe Alfonso, título y protectorado que aún hoy ostenta el actual Príncipe de Asturias, D. Felipe de Borbón.

Segundo: Cuando el 19 de septiembre de 1864, se bendice una capilla en el Colegio, proclamándose oficialmente el patronazgo de la Virgen del Pilar sobre la Compañía de Guardias Jóvenes. Paso importante porque de él se derivaría, pasando los años, hasta llegar a 1913 a proclamar, por Real Orden de 8 de febrero, patrona de toda la Guardia Civil a la imagen de la Virgen del Pilar que, precisamente, se venera en el Colegio de Guardias Jóvenes.

Tercero: Cuando en 1878, el 23 de enero, los Guardias Jóvenes tomaron parte en las formaciones que tuvieron lugar para cubrir la carrera que debía seguir SS. MM., y AA. RR., con motivo del enlace de S. M., el Rey D. Alfonso XII, con S. A.R., la Infanta Doña María de las Mercedes, llamando la atención por la marcialidad y porte de los alumnos de la Compañía.

Todas las Unidades lo hacían portando sus respectivas Banderas, no así el Colegio, pues carecía de la concesión oficial de ella. Entonces, un industrial catalán, D. Bernardo Castell, que presenciaba el acto quedó impresionado de la marcialidad de los jóvenes guardias y se ofreció a donar una Enseña Nacional, iniciándose los trámites oficiales para que se le otorgara el derecho al uso de la Bandera, lo que S. M.,concedió en Real Orden de 23 de abril del mismo año.

Cuarto: La Primera venida de un Rey a visitar el Colegio, hecho acaecido el 19 de junio de 1880, con motivo de la llegada a la villa de SS. MM., para colocar la primera piedra que daría comienzo a la construcción de “El Juncarejo”, pasando, posteriormente a visitar el Colegio de Guardias Jóvenes, haciéndolo a las clases y demás dependencias del establecimiento.

Terminado el examen de todas las clases, tuvo lugar la comida, la que probaron tanto el rey como la reina.

Quinto: El estallido de la Guerra Civil española en 1936, supuso para el Centro su cierre y distribución de su alumnado por otros Colegios a lo largo y ancho de la geografía hispana.

Sexto: Su reapertura, una vez finalizada la contienda, hecho que ocurrió en 1940, incorporándose a este Centro, en 1942, los alumnos que integraban el Colegio de Carabineros Jóvenes, al fusionarse, en esa fecha el Cuerpo de Carabineros y la Guardia Civil, asumiendo ésta las funciones de aquél.

Séptimo: La primera visita del entonces Príncipe de España, D. Juan Carlos al Colegio, en 1967, cuando aún permanecía en las viejas instalaciones de la antigua fábrica de paños, rebautizada por todos los antiguos Alumnos como “El Corralillo”.

Octavo: La adquisición, construcción y traslado a las instalaciones actuales, tramitación que comenzó con la adquisición de los terrenos necesarios para, una vez adquiridos proceder a la construcción del edificio actual, inaugurándose las nuevas instalaciones en 1972.

Noveno: La visita de los Príncipes de España D. Juan Carlos y Dª Sofía, para actuar ésta como madrina de una nueva Bandera para el Centro, que había sido donada por la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil, hecho acaecido en julio de 1974.

Y muchas más fechas, que por la escasez del tiempo no caben en esta conferencia.

Como se ve, muchas han sido las fechas importantes que han ido jalonando la vida del Colegio de Guardias Jóvenes, muchas veces y a partir de 1856, entrelazada permanentemente con el discurrir tranquilo de la villa de Valdemoro. Una más de ellas fue el 24 de junio de 1967, fecha en que se colocó la primera piedra para dar comienzo a las obras de las instalaciones que en la actualidad ocupa el Centro, pasando a ocupar las nuevas dependencias en el curso 1972-1973.

El Futuro de la obra:

Como estamos viendo, muchos han sido los avatares por los que ha tenido que pasar la obra en estos ciento cincuenta años de existencia pero, precisamente esa longevidad en su existencia, es lo que nos hace reafirmarnos en la validez de su permanencia. Nuestros alumnos ya no ingresan con aquellos doce, y aún menos, años con que se incorporaban al Colegio, los primeros colegiales.

Las edades actuales fluctúan entre dieciocho y veintidós años, hay alumnos y alumnas, los cuidados ya son distintos, como distintas son también las problemáticas de ellos, como consecuencia de esas edades, así como de la evolución de la sociedad, muy diferente a aquella de los inicios de la andadura del Centro.

Para acomodarse a los tiempos actuales, el Colegio cuenta con una plantilla de 234 profesionales, distribuidos entre los diferentes empleos y cometidos, desde Guardia hasta el propio Coronel Director, ¡cuán lejos quedan aquella primera plantilla que inició la andadura, de un Subteniente graduado, Sargento primero como Director, un Cabo y un Guardia!, pero lo que hemos procurado que en todos esos años no cambie, es el espíritu con que dotó a su obra el Duque de Ahumada, empeño y más empeño en cumplir su mandato de “Premiar en los hijos las virtudes de sus padres”, y a cumplir ese objetivo siempre irán encaminados todos los pasos de los profesionales que prestamos nuestros servicios en el Colegio de Guardias Jóvenes.

Las nuevas técnicas están presentes en los planes de estudios y, para mejorar el nivel de nuestros alumnos, se dispone de un Gabinete de Psicología y de Orientación Educativa, así como modernas aulas de Informática conectadas a Internet, donde el alumnado, y como asignaturas complementarias, aprenden la utilización de la Nuevas Tecnologías y su aplicación dentro del Cuerpo.

Las instalaciones en constante proceso de modernización, también son objeto a tener en cuenta, pues se dispone de amplio gimnasio, piscina de verano e invierno, campo de tiro, así como amplias instalaciones deportivas para el uso y disfrute de su alumnado, así como para utilización de las diversas Unidades de Madrid que las emplean para sus actividades, dentro de un concepto de aprovechamiento óptimo de todo el complejo, bien sea para realización de ejercicios de tiro, exámenes de todo tipo, conferencias...etc.

Es necesario hacer resaltar que en las instalaciones del Colegio existen ciento ochenta y nueve pabellones donde se alojan las familias de ese personal que día a día hacen que el Establecimiento funcione como si fuera un verdadero pueblo, dentro de esta villa que es Valdemoro, así como un grupo de Unidades que, al amparo del propio Colegio, han ido adhiriéndose a él por determinación de la propia Dirección General, eso hace que durante el Curso Escolar, el número de personas que desempeñan sus cometidos o funciones dentro del recinto, así como sus familias, superen la cifra de dos mil.

Para que nos demos cuenta del funcionamiento del Colegio podemos dar una serie de datos que, de alguna manera nos reflejarán el funcionamiento del mismo; por ejemplo, en el Curso 2001-02, se llevaron a cabo las siguientes actividades extraescolares:

- En la Capilla del Colegio se realizaron 20 Bautizos; se tramitaron 21 expedientes matrimoniales, de los que 16 se celebraron en la propia Capilla; 19 funerales, por personas fallecidas familias del personal destinado

- Se han cambiado todos los pupitres de las aulas correspondientes a los Guardias Alumnos.

- Se ha cambiado el grupo de calderas de calefacción del Centro, así como sustitución de tres de las subcentrales de distribución de calefacción.

- Igualmente, se han cambiado todas las calderas de calefacción de los bloques de viviendas, así como la de calentamiento del agua de la piscina cubierta.

- Se ha reparado la propia piscina cubierta, sustituyendo las tuberías de depuración y recubriendo el vaso con una capa de caucho para evitar fugas.

- Se han modulado la 4ª Compañía, así como las naves de las Alumnas con paneles de madera, estándose modulando, en la actualidad la 2ª Compañía.

- Se han procedido a la instalación de una nueva iluminación al gimnasio.

- Se ha reparado la cubierta del Salón de Actos.

- Etc…, etc.

Por los distintos talleres de este Centro se realizaron labores de jardinería, pintura, carpintería, costurero, electricidad, imprenta y encuadernación, fontanería, lavandería, limpieza, peluquería, zapatería, con trabajos importantísimos para la buena marcha de la entidad, realizando, por ejemplo, la reparación de más de 3.500 pares de zapatos, más de 9.000 cortes de pelo, 10.000 lavados de muda y ropa sucia, encuadernación de unos 500 libros..., así como otras labores de difícil cuantificación.

Las distintas oficinas y negociados recibieron un total de 9.442 escritos y emitieron unos 8690.

Por la oficina de dietas se llevaron a cabo 465 reclamaciones de devengos extraordinarios.

La Biblioteca de Profesores cuenta con 5.474 volúmenes, mientras que la de Guardias Jóvenes posee 3153 libros.

Se editaron seis números de la Revista “Guardias Jóvenes”, con un total de 600 ejemplares.

Por las máquinas fotocopiadoras asignadas a las distintas dependencias de la Unidad, se efectuaron más de 1.400.000 fotocopias.

Con todo esto, con la actividad que se desarrolla, con el afán de todo el personal por aportar su grano de arena a la ejecución de la obra y el impulso permanente de nuestros mandos, el futuro que se abre ante nosotros, no deja de ser esperanzador, fundamentado en los siguientes criterios:

- El número de solicitudes para ingresar en este Centro es superior al de plazas anunciadas, aunque ha disminuido, situación achacable fundamentalmente al descenso de la tasa de natalidad que sufre, desde hace años, España y de la cual no son ajenas las familias que constituyen el Cuerpo de la Guardia Civil.

- La vocación de los alumnos que ingresan, sigue siendo la misma de siempre, servir a esta Sociedad de la que formamos parte.

- El propio Director General del Cuerpo, sigue considerando que esta obra es necesaria y sigue apostando permanentemente por cumplir el mandato del Duque de Ahumada, haciendo suya la continuidad de la obra.

- La importancia del propio Colegio para toda la Guardia Civil, como punto de referencia permanente y visita obligada de todas cuantas comisiones y representaciones tenemos el gusto de recibir en el Cuerpo y nosotros acogemos con sumo agrado y que con ellas contribuimos, al mismo tiempo, a propagar el nombre de Valdemoro por el mundo, sin salir de esta villa.

Como resumen podremos citar aquí que durante los dos últimos cursos, el Centro recibió nada más y nada menos que 36 visitas que, resumiéndolas por países,son: 15 de España, 3 de Rumania y otras tantas de Comisiones Multinacionales,dos de Francia, de Italia y de México y una de los siguientes países: Ecuador,Guatemala, Líbano, Uruguay, Turquía, Argentina, Bulgaria, Mozambique y Portugal.

Basado en estas premisas, no tengo por menos que considerar que el campoque se abre ante nosotros es esperanzador, que el futuro está asegurado y queaquí..., en Valdemoro, se seguirá contando con el Colegio de Guardias Jóvenes,con sus alumnos, así como con su cooperación para todo cuanto se le pida.

Para finalizar, quisiera hacer un público reconocimiento, desde aquí, a cuantos integraban la anterior Corporación Municipal de Valdemoro, que el día 12 de abril de este año, inauguró un monumento en el Parque Duque de Ahumada que ocupa la extensión que en su día fue “El Corralillo”, descubriendo una estatua, precisamente del fundador de este Colegio, asentada sobre un pedestal granítico y enmarcada por una hermosa verja que rodea al monumento, cooperando a la belleza del conjunto unas bellísimas flores que en su pie rodean todo el conjunto y que forman, con su colorido, la Bandera Nacional.

En el acto, sencillo como pocos y a la vez elegante, se palpaba algo especial en el ambiente..., el Duque…, “el Abuelo”, como cariñosamente se conocía a la antigua estatua y que hoy preside el patio del actual Colegio, volvía a su “Corralillo”..., volvía a estar donde había estado siempre..., y le rendían honores una Sección de Alumnos de su Colegio..., sus hijos que ciento cincuenta años después, con sus uniformes de época, rememoraban tiempos antiguos.

El Duque, desde su pedestal..., con ojos complacientes, parecía asentir..., se le notaba gratificado con su obra..., sus ojos inquisidores, se tornaban amables mientras el acto se desarrollaba.., parecía que gravitaba sobre todos los allí reunidos, un halo de espiritualidad que hacía retrotraerse a los años de la creación y por las venas de los antiguos “Polillas” allí reunidos comenzó a correr un impulso que les hacía inundar los ojos de lágrimas...

De nuevo allí formados..., sobre la misma tierra que ellos, hacía muchos años, habían pisado... De nuevo resonando sobre todo el conjunto los toques de corneta...

¡Cuántos años hacía que no sentían los viejos muros que aún quedan, las sensaciones de las marchas militares y los gritos de... A formar!.

¡Que benditas sensaciones las experimentadas ese día 12 de abril, que nos hacían pensar en pasado sin olvidar el presente..., añorando un futuro esplendoroso para toda su obra...!

Se podía ver como la cara de los antiguos “Polillas”, bien en formación o asentados en las cómodas tribunas colocadas por el Ilmo. Ayuntamiento de la villa de Valdemoro..., que a lo largo del acto, sus cuerpos se estremecían y cerraban los ojos para volver a vivir..., en aquel mismo sitio..., las vivencias que les hicieron, a unos y otros, hombres para España y su Guardia Civil...

El acto pasó rápido..., pero al finalizar..., allí quedaron sensaciones de corazones sobrecogidos..., de lágrimas felices que recorrían las mejillas de más de un viejo “Polilla” o viejo Profesor..., de aroma que traían olores antiguos..., de carreras por los patios..., del túnel..., de los patios de caballería..., del costurero..., la enfermería…, del Cuerpo de Guardia…, el campo de deportes…, sensaciones de antaño vistas con ojos de ahora que son cuando se paladean mejor esas cosas..., cuando se les da el valor que tienen..., cuando el reconocimiento debe estar muy por encima de cualquier otra consideración...

¡Qué día más importante para todos...!

¡Cuántas emociones recorriendo nuestros cuerpos...!

¡Cuántos recuerdos...!

¡Qué hermosa realidad...!

Y, sobre todo…

¡Qué benditas sensaciones...!

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