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LA GUARDIA CIVIL EN EL GOLFO DE GUINEA (1904 - 1969)

  • Escrito por Redacción

GUINEA

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección "Historia" de la Revista profesional "GUARDIA CIVIL" correspondiente al mes de marzo de 2000. El original está ilustrado por una fotografía en color, ocho fotografías en blanco y negro y un mapas en blanco y negro.

"El 19 de abril de 1969 desembarcaban en las Palmas de Gran Canaria las últimas fuerzas destacadas en nuestros antiguos territorios del Golfo de Guinea. Eran dos compañías de la Guardia Civil con la última enseña nacional que había ondeado. El Teniente General Luis Díez Alegría, Director General del Cuerpo, les recibió con las siguientes palabras: Volvéis a España con la satisfacción del deber cumplido. Atrás quedaban 65 años de servicio y sacrificio en aquellas lejanas tierras africanas."

Introducción.

Las antiguas posesiones españolas en el Golfo de Guinea comprendían las islas de Annobón, Corisco, Elobey Grande, Elobey Chico, Fernando Poo y el territorio continental existente entre el río Campo y el estuario del Muni.

La isla de Fernando Poo era la más grande e importante de la zona y había sido descubierta al igual que la de Annobón, en el año 1472 por el navegante portugués Fernao do Poo. Tres siglos más tarde la reina María I de Portugal y el rey Carlos III de España firmaron un tratado, ratificado en 1778, mediante el cual se permutó la soberanía de ambas islas por la de Santa Catalina y la colonia de Sacramento, sitas en América del Sur.

Sus 2.017 kilómetros cuadrados ocupaban una situación privilegiada en la ensenada de Biafra, dominando la desembocadura de los ríos Niger, Calabar Viejo, Rey y Camarones, principales líneas de penetración del África Central. Sus principales productos eran el aceite de palma, algodón, café, caña de azúcar y tabaco. Por contra, la isla de Annobón apenas medía17 kilómetros cuadrados y carecía de valor estratégico ya que al encontrarse a más de 300 millas al suroeste de la de Fernando Poo, estaba fuera de los derroteros de las posesiones de Guinea.

La isla de Corisco con tan sólo 15 kilómetros cuadrados, situada en el centro de la bahía de su nombre y a 16 millas de la costa, tenía una gran importancia por su situación, dominando las embocaduras de los ríos Muni y Munda. Su principal riqueza residía en sus extensos bosques. La de Elobey Grande, ubicada a menos de 4 millas de la costa, medía unos 2 kilómetros cuadrados de superficie, mientras que la de Elobey Chico que distaba menos de una milla era ocho veces menor.

Desde 1858 existió una guarnición fija consistente inicialmente en una compañía de infantería del Ejército. A partir de 1869 y como consecuencia de pasar a depender todo el Golfo de Guinea del Jefe de la Estación Naval de la Armada Nacional, la guarnición fue sustituida por un batallón de Infantería de Marina, formado por dos compañías.

Por el Tratado de París de 27 de septiembre de 1900, se reconoció la soberanía de España, entre los ríos Campo y Muni. Se trataba de un extenso territorio de 26.000 kilómetros cuadrados, cuyos principales productos eran el aceite de palmera, el caucho, el coco, la kola, las maderas preciosas y la vainilla. Una de las dos compañías se estableció allí. Dado el insalubre clima continental y que tantas enfermedades provocaba se empezó a enrolar a soldados indígenas.

La Guardia Civil de Guinea.

Al hacerse cargo el Ministerio de Estado de su régimen de gobierno y administración, se dispuso por real decreto de 14 de julio de 1904 la formación de una entidad denominada Territorios Españoles del Golfo de Guinea, dividida en cuatro distritos: Fernando Poo, Bata, Elobey y Annobón.

En la ley de presupuestos de ese año se estableció que el mando e instrucción de su Cuerpo de Policía y Orden Público estuviese a cargo de la Guardia Civil, mientras que la tropa sería indígena, siguiéndose el sistema empleado en su día en Filipinas. Inicialmente se destinaron a los tenientes José de la Torre Rey y Cesar González Miguel y a los sargentos Cipriano Hortigüela Guerra y Vicente Santos Juanes.

El 6 de mayo de 1905 el Ministerio de Estado dispuso que se reforzase la plantilla policial con personal europeo. Por ello le solicitó al de Guerra el urgente traslado de 4 cabos y de 4 guardias. Dada la premura de tiempo se seleccionaron los voluntarios entre los destinados en la Comandancia de Canarias y las pertenecientes al 18º Tercio de Cádiz. Los designados embarcaron en los puertos de Cádiz y Las Palmas, en el vapor San Francisco, los días 30 de mayo y 1 de junio, respectivamente. Entre los cabos estaban Domingo Medina Jiménez e Isaac Arconada Martínez y entre los guardias,Manuel Norato Casado y Manuel Vega García, a quienes se les habilitó como cabos del citado cuerpo de Policía, en donde la tropa era indígena,

Como consecuencia de las reales ordenes de 30 de marzo y 31 de julio de 1907, expedidas por los Ministerios de Estado y Gobernación, el de Guerra dictó el 19 de agosto siguiente otra en la que se determinó la denominación del nuevo cuerpo colonial: Guardia Civil de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, así como la situación de sus oficiales y tropa europea.

Los componentes del Cuerpo que fueran destinados allí, continuarían perteneciendo al mismo, si bien en determinadas condiciones. Los oficiales pasaban a la situación de supernumerario sin sueldo, quedando adscritos a la Comandancia de Canarias y dependiendo del Ministerio de Estado, en cuanto a su servicio, percibo de haberes y demás devengos.

El oficial más caracterizado tenía la obligación de estar en continua correspondencia con el primer jefe de dicha comandancia, debiéndole tener al corriente de cuanto afectase al personal del Cuerpo que se encontrase a sus órdenes, ya que las hojas de servicios y filiaciones radicaban en la misma. Cuando los oficiales regresaban definitivamente a la Península, causaban alta en la situación de excedente, hasta que les correspondía ocupar destino de plantilla.

Los sargentos, cabos y guardias causaban baja en la plantilla orgánica de sus comandancias, pasando a la de Canarias en concepto de agregados, para sólo los efectos de la reclamación de los premios y pluses de reenganche que por sus periodos o años de servicio les correspondían, percibiendo los haberes del presupuesto colonial.Al regresar definitivamente a la Península, volvían a sus comandancias de origen en concepto de agregados, adjudicándoseles la primera vacante que se produjera de su clase.

La Dirección General del Cuerpo dictó por su parte las oportunas instrucciones al objeto de seleccionar a los peticionarios de clases y de tropa que concurrieron. Para ello en el Semanario Oficial de la Guardia Civil del 1 de septiembre de 1907 se publicó que tenían preferencia en primer lugar los solteros, en segundo los viudos sin hijos, en tercero los casados que no deseen llevarse a sus familias y por último los casados y viudos con hijos que desearan llevarlas.

El 12 de octubre se firmó la primera relación nominal de 3 sargentos, 4 cabos, 2 guardias 1º, 1 corneta, 1 trompeta y 33 guardias 2º, a quienes se concedía el derecho a pasar destinados con ocasión de vacante al Golfo de Guinea. Un mes justo después se publicaba otra relación con 1 cabo y 19 guardias 2º más, y así sucesivamente.

El primero de ellos en ser destinado fue el sargento Germán Soler Cortés, perteneciente a la Comandancia de Madrid, quien zarpó para Fernando Poo desde el puerto de Cádiz el 30 de noviembre de 1907 a bordo del vapor correo San Francisco.

La Guardia Colonial.

En la Ley de Presupuestos de 1908 se sustituyó el nombre anterior, por el de Guardia Colonial de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea. El día 10 de enero se aprobó su reglamento al que se llevó lo más útil del de la Guardia Civil peninsular, adaptado a las peculiaridades de esa zona y sus habitantes.

En el Semanario del 16 de enero se publicaron las primeras vacantes y los correspondientes sueldos y sobresueldos anuales: 1 capitán con 10.500 ptas., 2 segundos tenientes con 6.345 ptas., 7 sargentos con 2.700 ptas., 36 cabos con 2.160 ptas. y 1 corneta con 1.740 ptas. Posteriormente la plantilla se completaría con otros 7 sargentos y 6 cabos más.

Catorce días después se publicó la relación de los primeros destinados, encabezada por el capitán Fausto Barrios García, ordenándose su embarque los días 25 y 30 de enero desde los puertos de Barcelona y Cádiz. Dada la falta inicial de peticionarios en algunos de los empleos hubo que habilitar a varios cabos y guardias como sargentos y cabos respectivamente.

Curiosamente, uno de los cabos solicitantes había sido recientemente sancionado por el teniente general, Joaquín Sánchez Gómez, Director General del Cuerpo, con un mes de calabozo por infringir su circular de 8 de febrero de 1906 sobre prohibición de recomendaciones. Por tal motivo se desestimó su petición, advirtiendo que se seguiría procediendo de igual forma contra quienes incurrieran en dicha falta.

Dada la entidad alcanzada por la Guardia Colonial, se estimó la conveniencia de que su mando lo ostentase un comandante, anunciándose a tal efecto la vacante en el Semanario del 1 de septiembre de 1908. Sin embargo, cuatro días después se designó para tal puesto al teniente coronel Julio Pantoja Aguado.

Al finalizar 1909 la Guardia Colonial, que había sustituido a la Infantería de Marina, bajo el mando del teniente coronel Pantoja, contaba con los 1º tenientes Manuel Rodríguez Jiménez, Federico Alonso Liria, Dionisio Rollón Vaquero y Gaspar Martínez Camarero así como con los 2º tenientes de la escala de reserva Jorge Moreno Sanz, Manuel Moreno Lanza, Angel Carmona Tortosa y Dámaso González Castellanos.

En 1911 la plantilla quedó fijada en 1 comandante primer jefe, 1 capitán segundo jefe, 3 tenientes, 7 alféreces, 14 sargentos, 40 cabos y 1 corneta de la Guardia Civil, así como 1 alférez músico mayor y 1 maestro armero. Respecto a la fuerza indígena la plantilla se estableció en 18 músicos (6 de 1ª, 12 de 2ª y 6 de 3ª), 6 cabos, 12 cornetas, 12 guardias de 1ª y 315 guardias de 2ª.

Por real orden de 11 de marzo de ese año se dispuso que las clases de tropa destinadas a ese territorio, debían sufrir reconocimiento facultativo para que se diagnosticase que las condiciones de robustez física eran las adecuadas para servir en aquel inhóspito clima. El tiempo mínimo de compromiso, para todos los empleos, debía ser como mínimo una campaña de dos años.Los suboficiales, sargentos y cabos no debían superar los 49 años de edad.

Hechos de armas.

En 1911 como consecuencia de la conducta rebelde de los pamúes en el distrito de Bata, fue necesario efectuar diversas operaciones militares para restablecer el orden. La primera acción se llevó a cabo el 23 de marzo sobre varios poblados próximos a Punta N´Bonda.En tal hecho resultó herido de gravedad el guardia 2º Serafín Zuazo, quien fue recompensado con la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo y pensión vitalicia mensual de 7,50 pesetas. Por su distinguido comportamiento y méritos contraídos fueron recompensados con la cruz de 1ª clase del mérito militar con distintivo rojo los tenientes Dionisio Rollón Vaquero y Dámaso González Castellanos. A los cabos Cayetano Muñoz, Julián Morales y Vicente Gasent así como al guardia 1º Manuel Daura y guardias 2º Abelardo Ayala, Carmelo Mirés, Segundo Colmenar, Basilio Bacala, Gaspar Demba y José Prats se les concedió la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo.

El 12 de septiembre de ese mismo año volvió a repetirse una importante acción contra los pamúes, siendo esta vez sobre el poblado de Abenela, perteneciente también al distrito de Bata. En la misma resultaron heridos de gravedad los guardias indígenas Manuel Benalúa Monrobia, Inocencio Yemi Madrid y José Ubede Yonsin, a quienes se les concedió la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo y pensión vitalicia mensual de 7,50 pesetas.

Por su valeroso comportamiento en esa acción los tenientes Luis Agustín Martínez y José Díaz Matarredona fueron recompensados con la cruz de 1ª clase del mérito militar con distintivo rojo, siendo pensionada la primera de ellas. A los sargentos Paulino Sanz Llanos y Domingo Martínez Alonso, al cabo Pedro Cabanillas Muñoz, al cabo indígena Emilio Momo Saco, a los guardias indígenas Demba Cámara, Bautista Senen, Alberto Candela, Alvaro Samba, Roberto Gualifal, Eugenio Montero, Ali Sumando, Santiago Mulas, Seru Colmenar y Samuel Tortosa, se les concedió la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo.

Un año más tarde los pamúes volvieron a rebelarse y el 1 de agosto de 1912 se repitieron nuevas operaciones en el distrito de Bata. En esta ocasión los tenientes Manuel Risco Grassa y Francisco Adriá Arenós serían recompensados con la cruz de 1ª clase del mérito militar con distintivo rojo, siendo pensionada la primera de ellas. Al sargento Francisco Ramírez Expósito, cabos Manuel Alvarez Gómez y Cesar Rodríguez Fernández, guardias indígenas Gaspar Demba Cámara, Baltasar Pego Samose, Manuel Vizcay Tosde y Alí Sumando Hochera así como a los guías intérpretes León Fernández, Bakundakue y Miguel Médico, se les concedió la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo.

Concesión de bandera.

En el mes de febrero de 1913 el teniente coronel Pantoja fue sustituido al frente de la Guardia Colonial por el comandante Alfredo Peña Martín, quien a su vez y con ocasión de ascenso lo relevó en el mes de noviembre el comandante Carlos Tovar de Revilla.

Por real orden de 9 de mayo de ese mismo año y a propuesta del Gobernador general de las posesiones españolas del Golfo de Guinea, el rey Alfonso XIII concedió el uso de bandera a la Guardia Colonial, autorizando que se admitiera la adquirida por suscripción popular iniciada por el Consejo de vecinos de Santa Isabel de Fernando Poo.

La concesión de la bandera de combate sería pronto bien merecida y reconocida. Del 5 al 12 de agosto de 1914 se realizaron operaciones contra la rebelde tribu de Isén y el 21 de septiembre contra la de los Yemedjin. En ambos casos también se concedieron diversas condecoraciones del mérito militar con distintivo rojo a los que más se distinguieron por su valor.

Dado que había ya una importante cantidad de ciudadanos españoles que habitaban en aquellas posesiones se dispuso conforme a la Ley de Reclutamiento que sus hijos pudieran realizar el servicio militar adscritos a la Guardia Colonial, prestando juramento ante su bandera.

Organización y despliegue.

La Guardia Colonial dependía, como todos los servicios de las posesiones españolas de, del Ministro de Estado, siendo delegado allí suyo en todo, y por tanto su Inspector nato, el Gobernador general de la Colonia. Su despliegue se amplió progresivamente por todo el territorio continental a medida que se exploraba, ya que muchas de sus partes eran desconocidas hasta que patrullas al mando de los oficiales de la Guardia Civil se adentraron por esos inhóspitosparajes.

En 1929 había 6 compañías: 5 territoriales y 1 móvil. La 1ª tenía su cabecera en Santa Isabel con puestos en esa ciudad, Rebola, Basupú, Basilé, Concepción, Moka, Basakato Este, San Carlos, Musola y Basakato Oeste. La 2ª estaba en Bata y con puestos en esa ciudad, Río Campo, Punta M´Bonda y Mongo. La 3ª se encontraba en Mikomeseng y tenía puestos en esa población, N´Gon, Ayamakakén, Movil, Ebebiyín, Alén y Mongomo. La 4ª se ubicaba en Kogo y tenía puestos en esa población, Assobla, Elobey, Corisco, Annobón, Río-Benito, Río Aye y Calatrava. La 5ª sita en Evinayón tenía puestos en esa población, Abenelán, N´Sork, Alum, Akonibe, Ayeme y Akurenan. Por último la 6ª, de carácter móvil, establecida en Bisum.

El jefe de la Guardia Colonial era por aquella época el teniente coronel Eduardo Balaca Vergara, teniendo como oficiales al capitán Isidro Cáceres Ponce de León; a los tenientes Julio Ayala Larrazábal, Eugenio Touchard Pérez, Manuel Ruano Wamba, Juan Vich-Balesponey, Gabino Asenjo Hernández, Enrique Mené Jiménez, Higinio González López e Isidro Monge Esteban así como los alféreces Jorge Blanco García, Francisco Box Alarcón, Emilio Gálvez Páez y Evaristo García García.

En 1930 la Guardia Colonial bajo el mando del teniente coronel Luis López Santisteban contaba con una plantilla de 1 capitán, 13 tenientes y alféreces, 7 sargentos, 56 guardias civiles, 1 maestro armero, 1 paisano director de música así como 655 indígenas (20 músicos,6 educandos,4 sargentos, 1 maestro de banda, 24 cabos,18 cornetas, 12 guardias 1º y 570 guardias 2º).

Periodo 1932 - 1959.

En 1932 se publicó un decreto de fecha 30 de noviembre en el que se reafirmaba el carácter militar de la Guardia Colonial. Ello vino suscitado por la consulta elevada por la autoridad militar del archipiélago canario, sobre si tenían consideración de fuerza armada y en qué momento y condiciones, así como si se hallaban sometidos a la jurisdicción de Guerra por los delitos comunes que pudieran cometer o si sólo lo estaban por razón de delitos militares.

En dicha disposición se estableció que el carácter militar de los individuos de la Guardia Colonial quedaba robustecido con la consideración de fuerza armada cuando fuera declarado el territorio en estado de guerra y, en todo caso, cuando para repeler una agresión se encontrasen a su frente sus oficiales o clases europeas. En caso de comisión de delitos militares, el reo debía ser conducido y entregado junto al atestado instruido a la primera autoridad militar del puerto canario que tocase el barco que lo condujese. En caso de comisión de delitos comunes, la jurisdicción ordinaria de la colonia era la única competente.

La llegada de la 2º República conllevó una importante reorganización del despliegue y plantillas de la Guardia Civil. Ello motivó, a partir de 1932, una drástica reducción de efectivos del Instituto en la Guardia Colonial, que regresaron a la Península, siendo sustituidos por miembros del Ejército. De hecho en los Anuarios Militares de 1933 y 1934, por ejemplo, sólo constan en el cuadro de oficiales de la misma 1 capitán y 2 tenientes de la Guardia Civil. Por contra se aumentó la plantilla en 3 capitanes, 2 tenientes y 36 indígenas (30 guardias 2º, 2 músicos y 4 educandos).Para su mando se nombró a un comandante del Ejército que al ascender al empleo de teniente coronel fue confirmado en el puesto.

En 1936 la colonia vivió dramáticos momentos al estallar también allí la Guerra Civil. En el territorio continental se llegó al enfrentamiento armado entre ambos bandos, contabilizándose entre las bajas mortales varios miembros de la Guardia Colonial. A mediados de octubre de 1936 los territorios españoles del Golfo de Guinea quedaban en manos de los nacionales, huyendo a Camerún y a Gabón los republicanos derrotados, entre los que se encontraban algunos instructores de la Guardia Colonial.

Tras el paréntesis que supusieron la Guerra Civil (1936 -1939) y la 2ª Guerra Mundial (1939 -1945), se procedió a una nueva reorganización de la administración de aquellos territorios así como de la Guardia Colonial, aprobándose por decreto de 2 de julio de 1946 su nuevo reglamento, ya que el de 1908 había quedado obsoleto.

En él se estableció su dependencia exclusiva de la Presidencia del Gobierno a través de la Dirección General de Marruecos y Colonias. Su Inspector nato seguía siendo el Gobernador general de esos territorios. Por delegación suya un jefe del Ejército ostentaría el mando directo de la Guardia Colonial. Quedaba así definitivamente excluida la posibilidad de que pudiera ser desempeñado por uno de la Guardia Civil, tal y como figuraba antaño.

Se le asignó la misión de la defensa del Territorio, imponer el respeto de la Ley, conservar el orden, y garantizar el cumplimiento de cuantas disposiciones se dictasen. También se dispuso que el cuadro de sus jefes y oficialesse formase con los procedentes de las Armas generales de cualquier de los tres Ejércitos o Guardia Civil. Las clases de tropa europeas, instructores de la tropa indígena, debían proceder de las Armas generales del Ejército de Tierra, de Infantería de Marina, de Tropas de Aviación y de la Guardia Civil. Las vacantes de Instructores 1º se proveerían entre sargentos, las de Instructores 2º entre cabos 1º, y las de Instructores 3º entre cabos 2º.

Ello implicó el fin formal de las vacantes que la Ley de 12 de diciembre de 1907 asignó a la Guardia Civil, beneficiándose de esta forma al resto de las Fuerzas Armadas, que tenían exceso de recursos humanos tras la finalización de los dos conflictos armados anteriormente mencionados. No obstante, y al igual que ha pasado tradicionalmente en otros organismos e instituciones, solían preferirse a las clases de tropa de la Guardia Civil para desarrollar la labor de instructores.

El despliegue se configuró en 5 compañías territoriales con cabeceras en Santa Isabel, Bata, Ebebiyín, Evinayón y Mikomeseng, que contaban con un total de 13 secciones y 32 puestos repartidos por todas las posesiones españoles del Golfo de Guinea.

Posteriormente las vacantes de Instructores de 1ª se proveerían entre brigadas, las de Instructores de 2ª entre sargentos y cabos 1º, y las de Instructores de 3ª entre los cabos 2º y guardias civiles de 1ª o 2ª. Las campañas eran de 18 meses, transcurridos los cuales se tenía derecho a 6 meses de licencia en la Península con todo el sueldo y sobresueldo. El viaje desde el puerto de embarque a Guinea y viceversa era de cuenta del Estado, tanto el del destinado como el de su familia. Aparte del sueldo y sobresueldo, se percibían el triple de los trienios reglamentarios acumulables, una gratificación de plus de carestía de vida y dos pagas extraordinarias en julio y diciembre de cada año.

La Guardia Territorial y las Compañías Móviles.

En la década de los 50 se inició un lento proceso de descolonización en muchos de los territorios africanos que se encontraban ocupados por diversos países europeos. España, tras conceder en 1956 la independencia al Protectorado de Marruecos, procedió a reconvertir en 1959 a sus colonias del Golfo de Guinea, Ifni y Sahara en unas provincias más del territorio nacional.

Consecuente con ello el nombre de Guardia Colonial fue sustituido por el de Guardia Territorial de la provincia de Guinea, sin que ello, salvo los distintivos externos, implicase mayores cambios internos en sus misiones y funcionamiento. No obstante, los violentos sucesos ocurridos en otras zonas provocaron la necesidad de poder contar, como había sucedido antaño, con una compañía de carácter móvil que vigilase las fronteras con Camerún y Gabón, que estaban a punto de alcanzar su independencia.

El Gobernador general propuso que el Cuerpo más idóneo para tal misión era el de la Guardia Civil, al igual que en 1908. Dicha propuesta fue aceptada y se convocaron un total de 197 vacantes: 1capitán, 4 tenientes, 1 brigada, 11 sargentos, 29 cabos 1º o cabos, 4 guardias 1º, 4 cornetas y 140 guardias 2º así como 1 oficial médico, 1 practicante y 1 suboficial especialista.

Tras recibirse cerca de ocho mil solicitudes se destinaron el 27 de julio de 1959 a los primeros componentes de la recién denominada Compañía Móvil de la Guardia Territorial de la provincia de Guinea. Se trataban del capitán Antonio Segura Canto, de los tenientes Manuel Campos Pérez, Manuel Pérez Mercadal, Francisco Abellán Pérez y Fernando Mena Ginovés así como del brigada Eusebio Ortíz Donaire, del sargento Francisco Sanz Guémez y del guardia 2º José Pérez Fibia.

Por la ley de 30 de julio de 1959 se crearon las provincias guineanas de Fernando Poo (formada por las islas de Fernando Poo y Annobón) y de Río Muni (constituida por el territorio continental y las islas de Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico). El 7 de agosto se destinaron a la Compañía Móvil de la Guardia Territorial de las provincias de Guinea a 3 sargentos, 6 cabos 1º, 1 guardia 1º, 1 corneta, 2 guardias radiotelegrafistas, 4 guardias conductores y 28 guardias 2º más. Y así sucesivamente hasta completar la plantilla.

A mediados de marzo de 1960 la Compañía Móvil estaba ya instalada al completo de sus efectivos y medios en Bata. Inicialmente estuvo reunida, haciendo vida de guarnición, adiestrándose en ejercicios teórico-prácticos de táctica, entrenamiento físico-militar y de guerra de guerrillas. Posteriormente se organizaron grupos de combate cuyo empleo no superaba la entidad sección ni era inferior a pelotón, dedicándose a recorrer y reforzar la vigilancia de las fronteras con Camerún y Gabón.

A partir del mes de abril de 1960 empezó a utilizarse la denominación de Guardia Territorial de la Región Ecuatorial, cubriéndose las vacantes de instructores de la tropa indígena con personal de la Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, independientemente del que se destinaba a la Compañía Móvil.

El magnífico resultado que dio la Compañía Móvil de Bata, motivó que se dispusiera poco después la creación de una segunda cuya residencia se fijó en Santa Isabel, siendo su primer capitán, Manuel Campos Pérez. De esta forma había una compañía para la provincia de Río Muni y otra para la de Fernando Poo. Por orden de 7 de marzo de 1961 se destinaron a los primeros efectivos. Se trataban del teniente José Lull Catalá, 1 subteniente, 2 sargentos, 1 cabo 1º, 4 cabos, 1 guardia 1º, 1 corneta, 2 guardias 2º radiotelegrafistas, 3 guardias conductores y 20 guardias 2º. Y así sucesivamente hasta completar su plantilla.

A partir del mes de mayo de 1961 se adoptó la denominación de Compañías Móviles de Instructores de la Guardia Territorial de la Región Ecuatorial. Para el mando conjunto de ambas se designó al comandante Manuel Lafuente Martín, llegando a alcanzar la plantilla un total de 350 hombres.

Estas unidades, con el paso del tiempo, fueron estableciendo al margen de los que tenía la Guardia Territorial, destacamentos aislados y cuya misión principal era patrullar caminos y fronteras en vehículos todo terreno. En la provincia de Río Muni, algunos de ellos, se ubicaron en Mikomeseng, Ebebiyín, Puerto Iradier y Mongomo de Guadalupe. En la de Fernando Poo se instalaron en San Fernando y en la isla de Annobón. Mención especial merece el pequeño destacamento de tráfico en Santa Isabel, que dotado de motocicletas, se encargó de la vigilancia de las carreteras.

La marcha de Guinea.

Al aproximarse la fecha de la independencia se consideró proceder a una reorganización de las fuerzas militares establecidas en aquellos territorios que facilitase en su momento la transmisión de poderes al nuevo gobierno. A tal efecto se creó por decreto de 24 de septiembre de 1968 el Mando de las Fuerzas Armadas Españolas en la Guinea Ecuatorial.

Dichas fuerzas se constituyeron con las dos Compañías Móviles de la Guardia Civil, que dejaron de estar agregadas a la Guardia Territorial; las unidades de la Armada estacionadas en aquellas aguas y las fuerzas aéreas establecidas en aquellos territorios. Su mando fue encomendado a un coronel del Ejército, bajo la dependencia provisional del Comisario general de ambas provincias, que desde 1964 gozaban ya de un gobierno autónomo.

Por su parte, la Guardia Territorial, con su jefatura, cuadro de oficiales, instructores y tropa, continuaría, hasta la transmisión de poderes, bajo la dependencia del mencionado Comisario general. Las fuerzas de nuestro Cuerpo tomaron la denominación de Compañías Móviles de la Guardia Civil destacadas en Guinea Ecuatorial

A las 12 horas del 12 de octubre de 1968 se celebró en Santa Isabel la ceremonia de entrega de poderes, siendo nombrado presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Francisco Macías Nguema Biyono, proclamado diez días antes por la comisión electoral como vencedor de los comicios celebrados a tal fin.

Desde ese momento la Guardia Territorial se reconvirtió en la Guardia Nacional, permaneciendo inicialmente en ella la mayor parte de los efectivos indígenas y pasando a ser la única fuerza militar del nuevo estado. Las dos compañías de la Guardia Civil, con un total de 260 efectivos continuaron, en virtud de unos acuerdos transitorios, destacadas en Guinea, pero sin realizar sus misiones. Las vacantes que se fueron originando durante ese nuevo periodo se siguieron anunciando y cubriendo hasta el momento de la evacuación final.

La situación interna de la nueva república empezó a complicarse al existir una profunda división entre los partidarios y detractores del nuevo presidente y su forma de gobernar. Durante la última semana del mes de febrero de 1969 la situación empeoró ostensiblemente y se produjo un grave y significativo suceso.

El presidente guineano había exigido que el número de banderas españolas que ondeaban en nuestras legaciones diplomáticas se redujeran al mismo número que el resto de los otros países. El embajador español se negó a ello y el día 23 de febrero, miembros de la Guardia Nacional se presentaron en el Consulado General de España en Bata y retiraron todas por la fuerza, siendo quemada una de ellas. En los incidentes de aquellos días fue asesinado un ciudadano español.

El 1 de marzo y durante los 12 días siguientes se declaró el estado de emergencia en todo el país, imponiéndose el toque de queda y prohibiéndose cualquier tipo de reunión. El día 2 cerca de 500 españoles abandonaron en barco Guinea. En la noche del 4 al 5 se produjo un intento de golpe de estado y asalto al palacio presidencial que se saldaron con varios muertos indígenas.

Los partidarios armados del presidente comenzaron a sembrar el terror en Bata y Santa Isabel. El embajador español dispuso el acuartelamiento de las fuerzas de la Guardia Civil, a fin de que en modo alguno pudieran quedar involucradas en la crisis interna guineana, ya que inicialmente habían ocupado preventivamente algunas posiciones estratégicas. La población española, alarmada por la situación, empezó a concentrarse en Bata y Santa Isabel, especialmente después de que los partidarios gubernamentales les requisasen todas las armas de caza y defensa personal que tenían.

Ante la gravedad de lo que estaba sucediendo, España solicitó a la ONU la presencia de observadores internacionales y manifestó que las dos compañías de la Guardia Civil serían retiradas de Guinea en cuanto quedase completamente garantizada la seguridad de los españoles residentes en el país y la libre salida de cuantos deseasen abandonarlo. Si no hubiese sido por su presencia, hubiera ocurrido una tragedia con los civiles de origen europeo.

Finalmente ante la presión del gobierno guineano, que exigió que la Guardia Civil debía abandonar el país el día 23 de marzo, se decidió iniciar su evacuación. El 26 de marzo comenzó en Bata finalizando dos días después junto a los civiles españoles que así lo desearon y que les acompañaron con los vehículos y enseres que pudieron llevar. La mismo ocurrió en Santa Isabel cuya evacuación finalizó el 5 de abril. En total se estimó que por vía marítima y aérea abandonaron Guinea en el mes de marzo unos 3.500 residentes españoles.

Epílogo.

La meritoria y sacrificada Historia de la Guardia Civil en el Golfo de Guinea sigue siendo, a pesar de su cercanía en el tiempo, una gran desconocida, incluso para quienes componemos este Cuerpo. Sirvan estas líneas como sencillo homenaje a todos los Guardias Civiles que desde 1904 hasta 1969 sirvieron honrosamente a España en aquellas lejanas tierras africanas.

Agradezco especialmente los testimonios y fotografías aportadas por Domiciano Díaz Fernández, subteniente del Cuerpo en la reserva, quien estuvo destinado cinco años en Guinea.

Bibliografía consultada.

  • Historia de la Guardia Civil. Francisco Aguado Sánchez. Editoriales Cupsa y Planeta. Madrid, 1985.
  • Marruecos, Sahara Occidental y Guinea Española. Sabas de Alfaro Zarabozo. Madrid, 1919.
  • Resumen estadístico del Africa Española. Dirección General de Plazas y Provincias Africanas e Instituto de Estudios Africanos. Madrid, 1962.
  • Nuestras tropas en Guinea. José María Bueno Carrera. Ediciones Aldaba. Madrid, 1990.
  • Guinea: Materia reservada. Rafael Fernández Martín. Editorial Sedmay. Madrid, 1976.
  • Anuario Militar de España. Años 1904-1936.
  • Boletín Oficial de la Guardia Civil. Años 1904-1969.

Archivos del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil. Madrid.

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