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Comandante D. José Bretaño, fusilado por ambos bandos

  • Escrito por Redacción

JOSE BRETAÑO

Guardia civil, católico, de ideas conservadoras y leal a la República. Un cóctel demasiado peligroso para aquel sábado 18 de julio de 1936.

José Bretaño, comandante de la Guardia Civil, rehusó sumarse al alzamiento, permaneció fiel a su juramento y combatió a los rebeldes alzados del Cuartel de la Montaña en Madrid junto a milicianos y guardias de asalto.

Como recompensa a su lealtad acabó recluido en la Cárcel de Porlier junto a los militares rebeldes, políticos de derechas, sacerdotes y todos aquellos sospechosos de apoyar el golpe. Un guardia de asalto, al tanto de sus creencias, le delató.

El clima de odios que se había desatado trágicamente ese verano maldito atrapó a José Bretaño, como a otros españoles, en un fuego cruzado. Estigmatizados por sus ideas, actitudes, costumbres o simple profesión, no pudieron escapar a la cascada de violencia, delaciones, envidias y odio que se sucedió en ambos bandos.

A José Bretaño la vida no le dio dos oportunidades. Había luchado contra los rebeldes pero le fusilaron el 8 de noviembre tras ser incluido en una de las sacas de octubre-noviembre del 36. En los archivos de la República constaba como un traidor. En los del estado franquista, que resultó vencedor después, también.

Lo más terrible de aquella España de la Guerra Civil es que de no haber sido fusilado por los milicianos lo habría sido casi con toda seguridad por los franquistas. No había escapatoria.

Ese sangriento 19 de julio en Madrid, Bretaño se encarga de organizar a los milicianos que asaltan el Cuartel de la Montaña. Allí se había atrincherado el general José Fanjul con falangistas, oficiales de la guarnición, cadetes de las Academias de oficiales y los soldados de reemplazo, muchos de ellos convidados de piedra.

Bretaño estaba encuadrado en el Cuartel del Tercio Móvil, donde los oficiales y jefes de la Guardia Civil deciden negarse a secundar la rebelión. La mañana del domingo recibe la orden de incorporarse al dispositivo de la toma del Cuartel al mando de dos compañías de guardias civiles.

Los milicianos y el resto de los sitiadores enmudecen cuando ven llegar a los beneméritos para incorporarse a la operación, y Bretaño, como comandante, asume el mando de las fuerzas de seguridad. Ordena que los guardias de asalto coloquen sus ametralladoras en lugares estratégicos para evitar cualquier posibilidad de eludir el cerco.

Al comandante le preocupa especialmente la actitud de los milicianos e intenta colocar a profesionales de las fuerzas de seguridad en vanguardia para evitar un ataque indiscriminado o suicida, y que llegado el caso intenten controlar los más que previsibles desmanes.

Enquistados en su posición, los militares y falangistas en el interior del edificio deciden ofrecer una resistencia desesperada. Finalmente, el Cuartel cae el lunes 20 por la mañana y los intentos de rendición de los sitiados se transforman en una verdadera carnicería, a pesar de las órdenes de Bretaño. Sobre el patio quedan los cuerpos de 300 defensores entre oficiales, cadetes y falangistas.

Los guardias regresan a su cuartel con la desesperación de no haber podido evitar la matanza. Tras esta operación asume el mando de su Comandancia hasta la supresión del Instituto de la Guardia Civil por la creación de la Guardia Nacional Republicana (GNR), a la que se incorpora como comandante.

Y entonces, inesperadamente, la mañana del 3 de septiembre de 1936 unos guardias se personan para detener a José Bretaño por una denuncia de la Dirección General de Seguridad.

"Para su debido conocimiento tengo el honor de significar a V. I. que ha sido detenido e ingresado en la prisión sita en la calle de General Porlier, nº 54, a disposición de mi Autoridad el comandante de la Guardia Civil, D. José Bretaño Ramos", según dicta el entonces director general, Manuel Muñoz Martínez, al inspector general de la Guardia Nacional Republicana.

No constaba en el parte la delación ni el delito cometido. Bretaño se desespera y no puede ocultar su angustia en las cartas que escribe a su familia.

A medianoche, entre octubre y noviembre, comienzan a ser extraídos los detenidos de sus celdas con el requerimiento de su declaración. Jamás regresarán, como el comandante Bretaño. Según relata Matías Coruña, funcionario afecto al servicio de la 3ª Galería, la noche del 7 de noviembre llegan dos camiones de milicianos, sin orden de conducción alguna y, tras formar a 25 detenidos, los atan codo con codo y los suben a los camiones y de allí a las tapias del cementerio del Este. Son ejecutados en la madrugada del día siguiente. Su parte de defunción, firmado a instancia del Juez de Instrucción, no recoge inicialmente su nombre, y cita que su muerte se ha producido a consecuencia de shock: se obviaba los impactos de bala recibidos, uno de ellos en el ojo, como así constará en una ulterior revisión.

Finalmente, en virtud de oficio del Sr. Juez de Instrucción, nº 21, se realiza la inscripción en el Registro Civil de Madrid, distrito del Congreso, de su fallecimiento, como "José Bretaño Ramos, natural de Toledo, de 43 años, casado con Carmen Gálvez Medina, de cuyo matrimonio deja dos hijos, su profesión Comandante de la Guardia Civil, hijo de José y de Esperanza, habitaba en el Cuartel de dicho Instituto, denominado Guzmán el Bueno, en Madrid, a 22 de diciembre de 1936".
Desde estos momentos, además de la irrecuperable pérdida, la familia comenzaba un calvario: el de solicitar la pensión de viudedad, por el fallecimiento en tales circunstancias.

Las propias autoridades republicanas parecían desconocer el paradero de Bretaño, o realizaban un ejercicio de cinismo, ya que así lo acredita el escrito datado en marzo de 1937, que eleva el Guardia Civil Julián Vegas Jiménez, que a la sazón ocupaba la presidencia del Comité Central de la GNR, dirigido a instancias superiores, con estos términos: "Ante los informes desfavorables que emite la Comisión Depuradora de este Comité Central, referente al comandante del Instituto, D. José Bretaño Ramos, (…) se acordó por unanimidad que el referido Jefe cause baja definitiva en la Guardia Nacional Republicana, por su deslealtad al Régimen".

Cuando termina la Guerra los odios vuelven a cebarse con el comandante fallecido. De nuevo unas denuncias anónimas avisan al Fiscal del Consejo Supremo de Justicia Militar de que la viuda está cobrando el 50% del sueldo en concepto de pensión, cuando Bretaño había participado en el asalto al Cuartel de la Montaña… y en esos momentos los vencedores no perdonaban este tipo de conductas.
Por lo que la viuda dejó de cobrar desde ese mismo momento la mencionada pensión, a pesar de que su marido únicamente había cumplido como guardia civil, son las injusticias de la guerra, independientemente del bando en el que se luche o al que se defienda.

(Información de Agustín Manuel Pulido)

Comentarios   

Diego López Ordóñez
0 #1 Diego López Ordóñez 19-10-2014 11:00
Tremenda injusticia.
´Cuento en mi familia con un tío abuelo -ya fallecido- guardia civil, que aunque sobrevivió, también fue calificado de desafecto en ambos bandos. Simplemente por cumplir con su juramento.
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