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Noticias Guardia Civil

BENEMÉRITOS Y COFRADES

  • Escrito por Redacción

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LA GUARDIA CIVIL Y LAS COFRADÍAS DE JAÉN

En las procesiones de Semana Santa, no sólo en las de Jaén, hay un elemento inamovible: la escolta de la Guardia Civil.

Pese a que los tiempos y las mentalidades han cambiado y de los cortejos procesionales ha desaparecido el acompañamiento castrense que fue habitual antaño, escoltando los tronos sigue siendo habitual la figura, respetada y querida, de los guardias civiles. Prestan este servicio voluntariamente, por fidelidad a su hermandad o por devoción a una imagen. Por lo general lucen con orgullo la medalla de la cofradía y muchos de ellos previamente han elevado solicitudes, combinando servicios o sacrificando días de permiso para acudir a la llamada. Y a más de uno le hemos visto titilar lágrimas de emoción a la salida o al encierro de la procesión.

De ahí que consideremos oportuno divulgar unas breves notas sobre los antecedentes históricos que en Jaén ha tenido esta notable presencia.

El crónico anticlericalismo del que adoleció el siglo XIX motivó que en algunas ocasiones las procesiones se viesen interferidas por exaltados que provocaban enojosos incidentes. De ahí que a partir de mediados de siglo fuese común el que las cofradías solicitaran de la autoridad militar o gubernativa la presencia en la procesión de piquetes de fuerza armada que garantizasen el respeto a las imágenes sagradas. Fue la cofradía de N. P. Jesús la primera en solicitar, para la Semana Santa de 1868 y en los preliminares turbulentos de la revolución de Septiembre, la presencia de un piquete de la Guardia Civil para escoltar las imágenes y garantizar el correcto discurrir de la procesión. La medida fue no solo efectiva, sino que contribuyó a dar mayor lucimiento a la procesión, de ahí que poco a poco se solicitara también la presencia de una escuadra de Caballería para abrir el cortejo y despejar el itinerario procesional.

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Y dado que Jaén habitualmente careció de guarnición militar, se hizo habitual el que fuese la Guardia Civil la que en su doble condición de fuerza militar y a su vez garante del orden público, quien escoltara los pasos procesionales, abriera con el majestuoso alzado de sus caballos los cortejos, e incluso los cerrara con una sección o compañía de honores. Honroso servicio que en ocasiones originaría sabrosas anécdotas con la Congregación de Soldados Romanos, cuyos elementos, muy imbuidos de su papel de teatral “unidad paramilitar”, pugnaban año tras año por desempeñar en exclusiva el servicio de escolta, motivando pintorescos conflictos y debates entre los años de 1902-1910 e incluso elevando una queja por escrito al Obispo por entender “...que los Soldados Romanos deben, ser los que escolten y den guardia de honor a la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno y no la Guardia Civil, muy necesaria ésta donde no existan centurias de soldados del Imperio de los Dioclecianos, Agripinas y Augustos pero no para donde la remembranza de las tropas de los Césares está constituida como acontece en Jaén, sin que esto signifique el más pequeño olvido de los respetos que nos merece tan Benemérito Instituto...”

Quejas que se pusieron violentamente de manifiesto en la procesión del Viernes Santo de 1910 cuando los Romanos se amotinaron en plena procesión originando un escandaloso altercado al entender que eran ellos y no la Guardia Civil los legítimos escoltas de Nuestro Padre Jesús. Debate que perduró hasta 1919 y que dejó aquella chispeante anécdota de un Viernes Santo en que luego de protestar durante todo el primer tramo del itinerario en su pugna porque los civiles se retiraran de la escolta, cuando la procesión hizo su habitual descanso, ya entrada la mañana, en la Catedral un oficial de la Guardia Civil trató de dialogar calmosamente con el capitán de los Romanos, sin conseguir que éste cediera en su actitud, antes bien le propinara un violento empellón. Y cuando el oficial le hizo ver que estaba agrediendo a una autoridad por lo que la cosa podía pasar a mayores, el centurión, muy poseído de su aceptada condición de capitán de los Romanos le replicó sin inmutarse:

- ¡Menos ínfulas!, ¡Que de capitán a capitán no va ná...”

Muy significativo fue lo ocurrido en los preliminares de la Semana Santa de 1935, época en la que por razón del laicismo imperante se había suprimido el servicio de escolta y acompañamiento de la Guardia Civil y Ejército en los actos religiosos.

Ocupaba a la sazón el Gobierno Civil un republicano-progresista, don Ramón Fernández Mato, hombre moderado y tolerante que por su ejemplar ejercicio como primera autoridad y su identificación con Jaén y sus cosas merecería ser nombrado Hijo Adoptivo de Jaén. Y era Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil el Teniente Coronel don Fernando Vidal Pagán. Ambos habían advertido a los dirigentes de las cofradías –aquel año la Semana Santa se celebró con inusual esplendor luego de unos años inciertos- la imposibilidad legal de que la Guardia Civil diera escolta a los tronos.

Metidos ya en la Semana Santa y actuando como Gobernador Civil accidental, por ausencia del titular, don Gabriel Mas, se insistió ante él para que proporcionara las tradicionales escoltas y como redundara en la negativa, el Jueves Santo de aquel año, en primera página y con destacados titulares, un periódico local publicaba este atrevido editorial:

La Guardia Civil debe escoltar a Nuestro Padre Jesús...Mañana, a las tres y media de la madrugada, saldrá de la Iglesia de la Merced la procesión de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, el acto culminante de nuestra Semana Santa, exponente de la fe y el amor puro y sincero de todos los giennenses.

A la exquisita comprensión del digno Gobernador Civil interino, que como el señor Fernández Mato se siente giennense y sabe apreciar la sensibilidad verdadera del pueblo, suplicamos ordene el envío de varias parejas de la Guardia Civil para escolta y custodia de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El laicismo imperante, no por voluntad nacional que sigue en su inmensa mayoría siendo católica, no está reñido con ello y ejemplo elocuente y testimonio fidedigno es que en Sevilla, tanto en la Semana Santa anterior como en la actual, números de la Benemérita escoltan los pasos de sus magníficas procesiones. Aquí supondría respeto a la tradición giennense y a la devoción secular de todo un pueblo que adora y venera a Jesús Nazareno.

Es más, si se quiere, puede también entrar dentro de las atribuciones gubernativas el envío de esas parejas de la benemérita como medida de prevención y como custodia necesaria del mas valioso tesoro que el pueblo de Jaén posee: la hermosa y sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno porque lo es de todos los hijos de Jaén.

Creemos sinceramente que hasta los guardias civiles, por ser giennenses, se sentirán honrados al cumplir esta orden del señor Gobernador Civil y con gusto escoltarán al Abuelo como cariñosamente le denomina el pueblo de Jaén.

Esperamos que don Gabriel Mas accederá a ese ruego y que ordene el envío de esas parejas de escolta a Nuestro Padre Jesús y al agradecérselo, por anticipado puede contar con el aplauso unánime de todo el pueblo de Jaén pues esta medida de precaución será estimada en su justo valor como una prueba de la compenetración de la autoridad civil con el pueblo y como ubna deferencia que el señor mas sabe guardar a los que más quieren y veneran todos los giennenses: a Nuestro Padre Jesús...”

Posteriormente, la Guardia Civil haría notar su marcial presencia en algunas hermandades, caso de la Buena Muerte en los años 1927-1936, en la Expiración a la que tuvo singular afecto el recordado Jefe de la Comandancia don Luis Mazal Albarrán y sobre todo en la era-Cruz, que en 1942 designó al Benemérito Cuerpo Hermano Mayor Honorario de la imagen de Nª Sª de los Dolores, lo que dio lugar a una notable presencia de mandos y fuerzas de la Guardia Civil en la procesión, de modo que con el correr del tiempo el lenguaje coloquial de Jaén la procesión de la Congregación de la ver-Cruz acabó por conocerse como “la procesión de los civiles”.

Y que durante muchos años tuvo el preámbulo de un esperado concierto que la Banda de Música del Tercio de Madrid, ofrecía, primero en el Teatro Cervantes y luego en el Asuán, en la noche del miércoles santo.

Basta repasar los álbumes fotográficos de cualquiera de nuestras cofradías, para advertir como junto a los tronos, unas veces con el discreto uniforme de servicio, otras con el elegante “uniforme de gran gala” y en ocasiones con la marcialidad castrense de sus “escuadras de gastadores”, están siempre los hombres de la Guardia Civil. Incluso hemos visto algunas encantadoras fotografías, en las que “la pareja” escolta con el sufrido uniforme de “servicio de correría” las procesiones romeras del “Cristo del Arroz” o la Virgen Blanca.

Por eso, como testimonio de gratitud por tan dilatada colaboración, la Agrupación de Cofradías de Semana Santa decidió en 1958 tributar un público homenaje a la Guardia Civil patentizándolo del modo y manera que más grato es a cualquier unidad militar: con la ofrenda de una bandera.

Co estos antecedentes, la Agrupación de Cofradías, a propuesta de don Pedro Cañones, tomó el acuerdo, el 10 de julio de 1957, “...de rendir homenaje de admiración y respeto al Benemérito Instituto de la Guardia Civil por su decidida colaboración a favor de nuestra Semana Mayor, cooperando con su presencia al mayor realce de la misma. En su virtud, se estima que el referido homenaje consista en la entrega, en acto solemne, de una bandera de España para que ello sea exponente y ejemplo del reconocimiento de todas las cofradías de Semana Santa hacia ese Benemérito Cuerpo, guarda y apologeta de las tradiciones patrias y de sus valores espirituales...”

Por Manuel López Pérez

Publicado en PASIÓN y GLORIA, nº 33, año 2016, editado por La Agrupación de Cofradías y Hermandades de la ciudad de Jaén

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