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Noticias Historia de la Guardia Civil

LA GUARDIA CIVIL EN CEREZO

  • Escrito por JOSÉ-ANTONIO LINAGE CONDE, CRONISTA OFICIAL DE SEPÚLVEDA (SEGOVIA)

592 LA GUARDIA CIVIL Y SUS UNIFORMES2

La presencia de la Guardia Civil en Cerezo, por mor de “la carretera de Francia” sobre todo, nos da pie para una evocación del Benemérito Instituto. La haré sobre unos libros que ocupan una balda de una de mis estanterías. Herramienta pintiparada, pues la Guardia Civil fue siempre amante de la escritura. Recuerdo de los archivos judiciales lo longíncuo de sus atestados. Un botón de muestra de esa propensión es la “Reseña histórica y orgánica del Colegio de Guardias Jóvenes”, abundosa incluso en ecos de sociedad hasta 1881, del teniente Andrés Molinero y Gómez Cornejo. Y en cuanto a lo abundante de la bibliografía, bastan las cincuenta y cinco páginas de la “Reseña histórica de la Guardia Civil”, del coronel Eugenio de la Iglesia y Carnicero, aparecida en 1898.

La Guardia Civil nació en 1844, como un instrumento de la modernización nacional. Galdós en el correspondiente de sus “Episodios Nacionales”, escribió que entonces se había “creado en el seno de España un ser fuerte, eficaz y de vida robusta”. En 1858, un “Oficial del Ejército Español” publicó en la Imprenta Militar del Atlas una “Historia de la Institución y de todas las que se han conocido en España con destino a la persecución de malhechores”, donde ello resulta visible. Desde entonces hasta ahora ha habido una continuidad, sorteada una doble amenaza en la guerra civil. Efectivamente, el 30 de agosto de 1936, el Gobierno de la República dio un decreto cambiándola el nombre por el de Guardia Nacional Republicana, e introduciendo reformas profundas, aunque explicadas por la situación bélica. Poco después, en Salamanca, una de las primeras medidas del nuevo Jefe de Estado fue encargar un informe para la supresión del cuerpo a su asesoría jurídica. La consulta de ésta a la Junta Técnica del Estado la paralizó la iniciativa.

Los cuarteles-vivienda fueron desde el principio una característica diferencial suya respecto de los otros cuerpos armados, y también en cuanto a la ambivalencia de su relación con la población civil del entorno.

De los libros en cuestión, son tan decisivas por el contenido como deliciosas por el esmero de su elaboración, las mil quinientas cincuenta y una páginas de “El Consultor de la Guardia Civil”, del capitán Pedro Martínez Mainar, salidas en 1930 de la Imprenta y Encuadernación de Senén Martín en Ávila. Uno de sus apartados es el de los servicios prohibidos, siendo el más significativo el de prestar servicio un solo guardia. Algunas prescripciones tienen un sabor añejo, tal la de que “las parejas de servicio de carretera no corran detrás de los automóviles Reales, limitándose a recorrer constantemente su zona, deteniéndose para saludar al paso de las personas Reales y siguiendo luego a un aire moderado”.

Muy anterior es el “Compendio de actuaciones peculiares a la Guardia Civil y Rural”, publicada en 1868 por el teniente coronel Antonio de Ahumada y Tortosa, en forma de preguntas y respuestas. Naturalmente que abunda en detalles de época que nos resultan remotos, pero acaso por eso mismo acreedores a reflexión. Por ejemplo: “-¿Cuál es la forma en que se recibe juramento a los idólatras?.- Adaptándolo a sus creencias, se les toma por el Dios que adoran”. Y nos encontramos múltiples curiosidades, como el diseño en las diligencias de una navaja hallada, a saber “se dibuja colocándola abierta sobre el papel y pasando la pluma por alrededor de toda ella”.

Oficial era “El aspirante a ingreso en la Guardia Civil” de 1928, con todas las materias del examen requerido. Leemos por ejemplo que “se ejercitará a los reclutas, primero a pie firme y después a todos los aires, en la esgrima que se les ha enseñado pie a tierra”.

En la “Cartilla del Guardia Civil”, redactada por la Inspección General en 1852, vemos situaciones tan distintas de nuestro mundo de hoy que llegan a difíciles de entender en algún caso, como este demostrativo de la trascendencia entonces del correo, incluido en las obligaciones que los comandantes de puesto debían enseñar a sus subordinados: “Les recomendará que siempre que en las casas de postas situadas en despoblado ocurriesen altercados sobre la preferencia con que deben ser despachados los que a ellas llegan, corten estas disputas y exijan a los maestros de postas que se atengan a la reglamentación de su servicio”, en su despacho y en la carrera cediéndose el paso, por el orden de los correos extraordinarios para el Gobierno, los ordinarios de la correspondencia pública, los extraordinarios para los gobiernos extranjeros, y los particulares por el orden riguroso de su llegada a la parada”. Además, “cuando dos o más sillas particulares, viajando en posta, se encontrasen en el camino y en una misma dirección, no podrán adelantarse unas a otras”.

Del historial de las actuaciones destacadas de la Benemérita, tengo a la vista tres libros. Las “Crónicas ilustradas de la Guardia Civil”, de Elisardo Ulloa, en 1864. El patetismo del estilo y de las ilustraciones, y me atrevo a decir que hasta la tipografía, recuerdan muy de cerca las novelas por entregas coetáneas. Así este pie de ilustración: “Una roja llamarada ilumina la aviesa figura del bandido”. (Por cierto hubo un suscriptor al libro de Fuentidueña, cinco de Martín Muñoz, y cuatro de Otero). La ”Historia de los servicios notables y socorros de la Guardia Civil”, de José Díaz Valderrama, cuatro años anterior, es más densa y está poblada de comentarios que glosan sus relatos. Los “Hechos gloriosos de la Guardia Civil”, fueron escritos por el capitán José Osuna Pineda en 1915, pero recuerdan mucho los capítulos de Ulloa. Tengamos en cuenta que en ese año aún tenía su supervivencia de lectores el género de que dijimos.

En fin, en los tiempos de la erudición de nuestros días, yo me he honrado con la amistad de dos tratadistas sobre la Benemérita, Enrique Martínez Ruiz y Miguel López Corral. Asistí en la Universidad Complutense a la lectura de una tesis de éste sobre la Guardia Civil en los días isabelinos, por cierto “cum amore” y “cum grano salis”

http://www.cronistasoficiales.com

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