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Noticias Guardia Civil

De 'topo' de ETA a jefe de Tráfico

  • Escrito por Redacción

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Vi a uno con una pistola que venía directo hacia mí, tuve la suerte de esquivar el tiro, pude vaciar el cargador, me refugié detrás del coche, cogí la metralleta y disparé".

Así recuerda Lorenzo Bárez ese día de 1978, cuando dos etarras morían abatidos a tiros por la Guardia Civil en Gernika, en la calle Señorío de Vizcaya. Un equipo de guardias llevaba horas vigilándoles apostados cerca de un coche que había sido robado horas antes y se sospechaba que en algún momento del día lo iban a utilizar. Cuando aparecieron los dos militantes, les dieron el alto, y éstos sacaron sus pistolas. Los guardias dispararon. Los dos militantes, de 19 y 21 años, morían en el acto y aquel día siempre quedará en la memoria de Bárez, porque él fue el joven guardia, de sólo 23 años, que aquel día disparó. Se convertía así, automáticamente, en uno de los principales objetivos de ETA.

Los etarras no le olvidarían. Cinco años después, en 1983 y en el pueblo guipuzcoano de Oyarzun, Lorenzo coordinaba tres de sus equipos que vigilaban la posible llegada de comandos de ETA para poner bombas en bancos, objetivos terroristas en esa época. Durante tres meses, Lorenzo se movía solo por las calles de Oyarzun. El 3 de agosto, día de San Esteban, patrón de la localidad, no montaron el dispositivo por la cantidad de gente que se iba a concentrar. Tuvo el infortunio un policía local llamado Manuel Peronié de parecerse a Lorenzo. ETA le siguió y le mató sólo por haber tenido la mala fortuna de haber estado allí y de parecerse a una persona que no era. Al día siguiente, un alto mando de Información le explicó bien a Bárez lo que había sucedido: "En realidad buscaban a un guardia civil que por las noches iba solo por Oyarzun".

Pasó el tiempo y, lo no sabido, Bárez --un importante cargo público hoy-- llegó a infiltrarse en ETA. Entró en 1989 y salió en 1992.

"Nunca olvidaré cuando me despertaba muchas mañanas y, durante unos segundos, no sabía quién era". Lo relata así Lorenzo Bárez a uno de sus mejores amigos, el abogado José María Fuster-Fabra, que, con la colaboración de la autora de este reportaje, se ha lanzado a escribir un libro sobre sus recuerdos de diferentes procesos de la lucha antiterrorista (En toga de abogado, Ed. Planeta).

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Estuvo en ETA tres años y medio. Gracias a él se atrapó a 'Chus', el responsable de 'mugas' y pase de armas

Bárez es hoy comandante jefe de Tráfico en Cantabria y lleva una vida tranquila. Completamente diferente a la que tenía cuando sus compañeros de Intxaurrondo le apodaron Bertín por su parecido con el cantante, por su ensortijado cabello rubio y ese carácter divertido que tanto éxito le daba entre las chicas. La vida de Bárez sigue la estela de otro infiltrado, éste célebre, como fue Mikel Lejarza, El Lobo. Pero la de Bertín es una historia nunca contada hasta ahora. Para situarla hay que viajar al cuartel de Intxaurrondo en los años de plomo. Allí llegaban jovencísimos guardias, chicos de entre 20 y 25 años, que tuvieron que acostumbrarse rápido a vivir en una tensión brutal y muertes constantes, atentados, tiroteos y funerales de compañeros. Uno de aquellos chicos fue Lorenzo.

El letrado José María Fuster-Fabra --para muchos conocido por ser el abogado del general Rodríguez Galindo-- rememora en su inminente libro momentos de la lucha antiterrorista vividos en primera persona, y otros escuchados de boca de policías y guardias civiles en aquellos años que tilda como "guerra encubierta".

En Intxaurrondo, muchos jóvenes guardias empezaron a hacer, por su cuenta, ejercicios para vencer sus propios miedos. "Bárez me explicó que una vez él y varios compañeros suyos, jovencísimos todos, quisieron enfrentarse a sus miedos --escribe el abogado--. Rebuscaron en sí mismos toda clase de traumas y fobias. Uno dijo que lo que le resultaba más insoportable eran los cementerios. Lorenzo, que era uno, me explicó que la primera noche durmieron en uno y, a la noche siguiente, se fueron a otro más escabroso todavía"...

Tras el asesinato de Peronié, el policía local que confundieron con Lorenzo, pasó algo inesperado y, de tan desconocido, sospechoso. "Su caso fue el primero en el que ETA pidió perdón por un asesinato, ya que se dio la circunstancia de que aquel policía local era simpatizante de Herri Batasuna", dice Fuster-Fabra, quien fue con el tiempo abogado de Bárez.

La agenda de 'Chus'

La infiltración de Lorenzo Bertín Bárez comenzó cuando se produjo una operación policial en Francia en la que se detuvo a un etarra en la época en la que los franceses toleraban que los policías españoles actuasen sobre su terreno, mientras ambos gobiernos no se ponían de acuerdo sobre qué hacer con los etarras que vivían en su refugio del sur de Francia. La Gendarmerie detuvo a un individuo, Bertín Bárez estaba allí y notó que aquel hombre tenía una agenda, así que antes de que la vieran los franceses, se la escondió en el bolsillo. En ella aparecía permanentemente el nombre de un tal Chus. Incluso había una carta del propio Chus escrita de su puño y letra con relevante información sobre ETA. Era relevante averiguar quién era, dado que parecía alguien importante dentro de la organización, así que Bárez entregó la agenda al general Rodríguez Galindo.

Para dar con el misterioso etarra, la Guardia Civil realizó multitud de seguimientos, se pincharon teléfonos y al final parecía que le habían localizado. Sólo quedaba saber si era realmente Chus y qué papel tenía dentro de la banda. Para confirmar que se trataba del hombre de la carta, los guardias que le seguían simularon un control policial. Le pararon cuando iba en su coche y comenzaron a hacerle preguntas aparentemente insignificantes: que si tenía la documentación, que si llevaba gafas, en fin, se dedicaron a incordiarle. Al final le hicieron anotar en una hoja todo lo que él no llevaba encima y, de este modo, obtuvieron su escritura.

Esa misma mañana, Bárez se desplazó a Madrid con aquella hoja, guardada como un tesoro, hasta el laboratorio de criminalística para su análisis grafológico. Cotejada con la carta manuscrita, supieron que era él. Ya le tenían. "¡Es él!", gritaron, y precisamente así decidieron bautizar el caso: Operación Esel. Y él era Jesús Unsión Pabolleta, de 39 años.

Abertzales en la Feria de Abril

Mientras sucedía esto, la Guardia Civil tuvo noticia de algo insólito: un grupo de abertzales planeaba un viaje conjunto para ir en autobús a la Feria de Abril de Sevilla. Los guardias sabían que aquello significaba perderles la pista durante un tiempo, pero los abertzales decían que se iban a la Feria de Abril y allí se fueron unos días de vacaciones. Entre ellos, se apuntó Chus. Y detrás de él se apuntó también Bertín junto a otro guardia civil infiltrado, quien tuvo la suerte de poder sentarse junto a Chus durante el viaje y comenzar a charlar con él. Todo ello, amenizado por un gran repertorio de canciones tradicionales vascas que cantaron los pasajeros, canciones que Lorenzo se había aprendido de antemano.

El autobús hizo una parada en Burgos, donde el compañero de Bárez aprovechó para presentarle a Chus y los tres juntos se tomaron un café. Lorenzo dejó ver que era muy afín al pensamiento abertzale y que su profesión era la de marino mercante, identidad que le permitía desaparecer sin levantar sospechas. Y como además era un tipo simpático, enseguida empezó a meterse a la gente del autocar en el bolsillo. Después, ya en Sevilla, sucedió un incidente que le catapultó. Tuvo lugar cuando el grupo se divertía en la Feria. Era una caseta gitana en la que todo el mundo cantaba y bailaba, y de pronto no se les ocurrió nada mejor que cantar el Vals de Carrero, un tema que se cantaba en las fiestas de los pueblos: "Era Carrero ministro naval / y su gran sueño volar y volar / hasta que un día ay ay ay ay / se hizo su sueño una gran realidad!".

El estribillo de la canción decía: "Y voló, voló, Carrero voló / y en una cornisa quedó", y era costumbre, cuando se cantaba, lanzar por los aires cualquier cosa que se tuviera en las manos, y Bertín decidió lanzar su chaqueta, igual que todo el grupo. La situación comenzó a complicarse con los gitanos de la caseta hasta que llegó la Guardia Civil, y unos agentes se dirigieron a Bárez:

--Usted se viene con nosotros.

--¿Yo? ¿Qué he hecho yo?--, les contestó, pensando que aquello podría desbaratar la infiltración.

--Le hemos dicho que se venga con nosotros--, repitieron.

Bárez reaccionó empujando a cada agente, liberándose y corriendo por el ferial. Al cabo de un largo rato regresó a encontrarse con el grupo y, a los dos minutos, ya era un ídolo entre los abertzales. Entre ellos, le contemplaba Unsión Pabolleta (Chus). Bárez pronto descubrió que era el responsable dentro de ETA del pase de las armas desde el sur de Francia al País Vasco. A partir de entonces, este pase de armas continuó, pero, curiosamente, las pistolas comenzaban a tener fallos o, por ejemplo, cuando llegaban las armas no llegaban las balas y siempre así.

El 3 de junio de 1994 tuvo lugar un operativo en el que la Guardia Civil detuvo al líder de Jarrai y, junto a él, fueron arrestadas varios más. Entre ellos, Chus, a quien el juez Baltasar Garzón acusaba de estar implicado en actividades del aparato de mugas de ETA, grupo encargado de ayudar a los etarras a pasar la frontera desde el sur de Francia. Tras declarar en la Audiencia Nacional, el magistrado ordenó su ingreso en prisión.

La infiltración de Lorenzo duró unos tres años y medio (1989-1992), un tiempo muy largo pese a que tuviera constantes idas y venidas por su supuesta profesión de marino. En este sentido, la suya no fue una infiltración de convivencia diaria y permanente como fue la de El Lobo.

El método de 'Bertín'

Lo que él hacía era, con la ayuda de la tecnología de la Guardia Civil, llamar a los etarras fingiendo estar en cualquier lugar del mundo --aunque en realidad estaba trabajando en el País Vasco-- y así le pasaban información sobre comandos. Al final decidió introducir a un segundo suyo para que le sustituyera y él desapareció literalmente del mapa, marchándose lejos, como responsable de la seguridad de la embajada de España en Guatemala. Aquello le permitía, además de adquirir distancia y descanso, la posibilidad de retomar la operación si se le necesitaba.

Su infiltración seguía abierta de esta manera mientras estaba en Guatemala y en España se desataba el caso GAL por el asesinato de los etarras Lasa y Zabala. En 1996, un testigo protegido aseguró ante la Policía y el juez instructor haber conocido en Guatemala a un teniente de la Guardia Civil, de nombre Lorenzo Bárez, quien --según su versión-- le habría confesado en un clima de confianza que sabía quién asesinó a Lasa y Zabala, y que sabía también de la autoría de otras 30 muertes más. Un mes después, el mismo testigo responsabilizó a Bárez de haberle dado una brutal paliza. El juez llamó a Bertín a declarar, pero el testimonio de aquel testigo presentó contradicciones y Bárez no llegó a ser procesado. No obstante, no fueron pocos los abertzales que le reconocieron en los medios de comunicación, descubriendo ya su verdadera identidad... No permitiéndole olvidar su etapa como infiltrado. "Nunca olvidaré cuando me despertaba muchas mañanas y, durante unos segundos, no sabía quién era".

Los años han pasado. Hoy Bárez sigue en activo en la Guardia Civil, en un área completamente diferente a la que ocupó en su juventud. Fuera del vértigo del mundo del terrorismo, es comandante jefe de Tráfico en Cantabria. Bajo su mandato se han reducido las muertes por accidente de tráfico a una quinta parte en 10 años. Es gran amante de la cocina, de inventar recetas y del buen vino. Su vida es de pueblo, tranquila, y sólo combinada con los actos oficiales que le requieren. Nadie diría que vivió en su piel situaciones tan difíciles y, quien vivió dificultades, rápidamente las reconoce. En mayo del pasado año, Bárez y las más altas personalidades de Cantabria entregaron medallas al mérito de Protección Civil. Él las quiso dedicar "al primer soldado de España, que es Su Majestad el Rey, ahora más que nunca".

EL MUNDO

 

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