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La Guardia Civil resuelve cerca del 100% de los secuestros extorsivos

  • Escrito por ÁNGELES ESCRIVÁ - EL MUNDO

SECUESTROS

Un viaje a la realidad de las investigaciones de los secuestros en España, donde los casos de raptos ficticios denunciados duplica a los reales. La Guardia Civil resuelve cerca del 100% de los secuestros extorsivos. Normalmente, los agentes recomiendan no pagar a los secuestradores

El tipo, pongamos que se llama Pedro, de unos 30 años, aparentemente nervioso, marcó el teléfono de uno de sus tíos y le espetó: «Escucha, no puedo decirte mucho más pero estoy secuestrado. Esta vez quieren 3.000 euros que hay que pagar antes de que pasen 24 horas. Si no pagamos, me matarán». Transmitía urgencia y no era la primera vez. Su empresa había quebrado y debía dinero a unos delincuentes con fama de violentos que estaban cobrándose los cheques a golpe de amenaza. En dos ocasiones anteriores todo fue tan rápido que no dio tiempo ni a plantearse la denuncia, pero esa tarde de hace apenas un mes ninguno de los miembros de la familia tenía dinero suficiente. Su tío no vio más salida que acercarse desesperado al cuartel de la Guardia Civil.

Pocas horas después, Pedro estaba en libertad pero había dejado de ser el hombre más secuestrado de Castilla y León para pasar a ser un delincuente más por simulación de delito. Una y otra vez había estafado a su familia con el cuento del secuestro y a la tercera había tenido la mala suerte de movilizar involuntariamente a la veintena de agentes especializados que se dedican a resolver secuestros. No es sólo que le importase un rábano la angustia de su gente cercana, sino que había malgastado una gran cantidad de energía y recursos públicos casi sin coste alguno. Lo suyo es considerado un delito menor que no le pasó factura.

«Hay que conocer la realidad de cada país para tener ayuda», dice la Guardia Civil

En España son relativamente frecuentes episodios de ese cariz. El número de secuestros ficticios denunciados -cuya factura supera con creces cualquier plan imaginado- duplica a los reales. Siempre tienen en común la falta de escrúpulos de sus protagonistas y la falta de consecuencias para sus urdidores.

Hace ahora un año, una mujer británica mandó a su familia unas fotos llena de moratones asegurando que su novio la tenía secuestrada en Alicante y que pedía 3.000 euros y la custodia de la hija que tenían en común. Hubo coordinación policial entre los dos países; siguiendo los protocolos, fue localizado el apartamento con la agredida dentro e incluso los agentes quisieron seguir creyendo en la historia cuando la vieron sacando la basura, porque los rehenes pueden seguir presos pero con cierta libertad de movimientos, por temor o por amenaza. En realidad, la pareja se había quedado sin dinero para las vacaciones y pensó que extorsionar a los padres de ella era el mejor modo de obtenerlo. La madre extorsionada, lejos de enfadarse, experimentó un extraño sentimiento de culpa. Al fin y al cabo, pensaba, ella había puesto la denuncia que acabó con su propia hija en los juzgados, y no se lo podía perdonar.

Un secuestro similar al de Nada podría no haberse resuelto con la actual legislación

El último de los casos reseñable tiene como protagonista a un marroquí residente en Melilla que estuvo a dos minutos de presentarle su novia a su hermana, que residía en Almería. La mala suerte hizo que la mujer, de aspecto imponente en las fotografías, fuese secuestrada justo antes de la presentación familiar. En realidad, la imagen correspondía a una prostituta que anunciaba sus servicios por internet. La Guardia Civil encontró a los extorsionadores compinchados en una caseta perdida en el inmenso mar de plástico de El Ejido.

Este último caso tiene especial interés porque por primera vez un juzgado, el número 1 de Almería, ha decidido realizar un estudio económico sobre lo que puede costar la intervención del Estado en la resolución de un falso secuestro para pasarle la factura al delincuente y que haya un resarcimiento de gastos. Una iniciativa prudentemente aplaudida por los agentes de la UCO, la Unidad Especial de la Guardia Civil que realiza este tipo de investigaciones. «Nosotros no podemos instar a que se realice un estudio económico de esas características cada vez que tenemos un caso, pero los jueces sí. Sería muy interesante que lo hicieran de forma sistemática, porque para nosotros no existe el falso secuestro: una vez iniciada la investigación, vamos hasta el final», dice el comandante Reina, Jefe del Grupo de Delincuencia Especializada de la UCO.

Agentes de la Guardia Civil custodian a Nada, la niña secuestrada en Bolivia.

«Hasta el final» significa que se traslada toda la unidad al lugar, se aplica un sistema de investigación-negociación, se informa a la familia y se les ofrece asesoramiento.

En uno de los secuestros que más interés mediático ha despertado -éste, real-, el de Abel Diéguez, un industrial madero gallego, uno de los secuestradores llegó a estar en la puerta de la casa familiar. Pretendía dejar una carta y comprobar si la esposa había llamado a la Guardia Civil, pero no se le pudo detener en ese momento porque habría significado el asesinato del empresario a manos de los compinches. Hizo falta sangre fría pero, sobre todo, tirar de oficio.

En general, los agentes recomiendan que no se pague. «Porque pueden pedirte más, secuestrar a alguien próximo a ti para volverte a extorsionar o porque pueden matar a la víctima», afirman. Las familias confían casi siempre y obtienen unos porcentajes de resolución de secuestros extorsivos en pocos días cercanos al 100%.

Un juzgado de Almería va a calcular el coste para el Estado de un falso secuestro

Las estadísticas señalan que en 2015 en España se produjeron 87 secuestros dentro del territorio nacional y seis de ciudadanos españoles en el extranjero. Son las últimas cifras oficiales del Ministerio del Interior ajustadas al delito tipificado en el artículo 164 del Código Penal y que afectan al «secuestro de una persona exigiendo alguna condición para ponerla en libertad». Esta estadística no recoge la cifra negra elevadísima correspondiente a los casos que no se denuncian -tras los que suele haber ajustes de cuentas de crimen organizado-. Sí recoge otros casos que se resuelven en más tiempo y que destapan otras carencias legales que limitan gravemente el trabajo de los investigadores: en caso de un secuestro en el extranjero, las Fuerzas de Seguridad no pueden pedir la intervención ni la ayuda de jueces y fiscales españoles. Eso tiene dos consecuencias: los agentes dependen para sus investigaciones de la receptividad de la policía de otros países y de que puedan convencer a sus fiscales y jueces. La segunda consecuencia es que el asesino o secuestrador de un español en el extranjero no puede ser juzgado en nuestro país.

Antes no era así, pero en 2015 el Gobierno modificó la Ley Orgánica del Poder Judicial después de que algunos magistrados de la Audiencia Nacional anunciasen su intención, engorrosa para el Ejecutivo, de aplicar la justicia universal. Hoy en día, la jurisdicción española es competente para perseguir fuera del territorio decenas de delitos, incluida la falsificación de las estampillas reales, pero no el secuestro o el asesinato.

El 17 de marzo de 2014, la opinión pública se despertó conmovida por la historia de Nada. La niña, de 10 años, había sido liberada en Bolivia. Nada había sido cedida por sus padres, residentes en Barcelona, a un hombre, Grover Morales Ortuño, perteneciente a una especie de secta (la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal), que se la llevó a Cochabamba y luego a la selva, según cuentan las crónicas, para usarla como si fuera su mujer. En realidad, para apalizarla, violarla y esclavizarla.

A pesar de todo, los padres denuncian ante los Mossos el secuestro alegando que, en realidad, habían querido premiarla con un viaje por sus buenas notas. Y, a partir de ese momento -octubre- se puso en marcha la maquinaria para encontrarla.

La Guardia Civil resuelve cerca del 100% de los secuestros extorsivos

Diez días después de que el delincuente se llevase a la niña, llamó a un hermano que tenía en España y le dijo dónde estaba. Se facilitó los datos a los policías en Bolivia, que llamaron al secuestrador ofreciéndole, como trampa, los servicios de una prostituta, pero no picó.

Los agentes de la Guardia Civil se trasladaron a Bolivia. «Ni la policía ni nadie la buscaba. Venían a decir: si es por una niña no me la juego. No entendían a lo que íbamos. El único modo de obtener ayuda era pedir permiso a los jefes sindicales para movernos por la selva. Debe conocerse al detalle la realidad criminal y social del país. En Bolivia nos entendían tan poco que nos daban a sus hijas. 'Si es por una niña, llévate ésta', nos decían», recuerda el capitán Montero. Los agentes tuvieron que volver a España con el escaso consuelo de haber abierto vías de comunicación que podían dar su fruto.

Semanas después, una de esas vías dio resultado. Antes de escapar, el secuestrador -violador también de sus dos hermanas- había entablado amistad con una vecina. Ya huido, sintió la necesidad de llamarla para explicarle que había plantado algunos tomates en su casa y que podía quedárselos para que no se desperdiciaran. Le reveló dónde estaba sin saber que esta mujer había hablado antes con los agentes españoles.

Los guardias civiles regresaron a Bolivia y negociaron con los jefes de los poblados selváticos donde se encontraba Nada. Fueron sus esposas quienes primero entendieron el problema. Se les dio alimentos y, a cambio, se comprometieron a cercar al secuestrador. Nunca explicaron qué pretendían hacer con él -cada poblado tiene sus propias normas sobre el castigo que ha de ser aplicado-, pero tuvo suerte porque, probablemente, la presencia de autoridades policiales en la operación fue disuasoria.

Lo que poca gente sabe es que un secuestro similar a éste podría no haberse resuelto jamás en las actuales condiciones legales, sin una Fiscalía que abriese los caminos para que los investigadores pudiesen avanzar.

Nada intenta recuperarse en una institución para menores. De vez en cuando los agentes que la liberaron van a verla, y por eso saben que sigue siendo la más lista, que es capaz de relatar sin fatalismo momentos durísimos y que continúa triste.

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