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Noticias Guardia Civil

20 años del 'PLAN CONFIANZA' de la Guardia Civil

  • Escrito por Redacción

PLAN-CONFIANZA

Miguel Fernández puso en marcha hace 20 años el 'Plan Confianza', que mereció el reciente reconocimiento de las 25 asociaciones de vecinos de la zona rural.

El pasado 27 de noviembre, cuando tomó la palabra ante los cerca de 200 invitados a la cena anual de la Federación de asociaciones de vecinos de Les Caseríes, le temblaba la voz. Estaba «nervioso y emocionado». Y no solo por el homenaje con el que la zona rural gijonesa quería reconocer su labor como guardia civil, que también, sino por la amplia representación municipal, encabezada por la alcaldesa, que confería mayor solemnidad al acto. Para este mierense del 67 era el primer reconocimiento profesional en 23 años de servicio en la Benemérita.

Pero antes de llegar ahí, Miguel Fernández pasó por trabajos de lo más variado. Comenzó con 12 años, en el mostrador de una carnicería en la que los sábados por la mañana despachaba pollos, obligado por su padre, que pensó que así conseguiría reconducirlo por la vía de los estudios. El castigo, sin embargo, tuvo el efecto contrario. Con 14 se plantó y, para disgusto de sus padres, dijo que no estudiaba más. Durante un año estuvo empleado en un matadero en el que tenía encomendadas las tareas más desagradables. Así que, entonces sí, volvió a los libros. Pero sólo durante el tiempo necesario para aprobar los estudios de FP de Mecánica del automóvil, que cursó en horario nocturno y compaginándolos con otro trabajo, condición impuesta por su madre. Fue repartidor, comercial -«vendía por la cuenca de todo, hasta ropa interior», suele bromear- y camionero.

Así hasta que decidió «buscar algo que tuviera un futuro». Quizá recordando aquellos felices momentos de infancia y juegos al lado del parque de bomberos de Mieres -ubicado a escasos 50 metros de su casa, en el barrio de Requejo-, su primer intento fue entrar en el Ceispa. Superó las pruebas físicas sin mayor problema. En buena parte gracias a la ayuda de su hermano pequeño, Saro, al que saca nueve años y que le empujaba a hacer deporte tras una jornada laboral que, a veces, superaba ampliamente las doce horas. El escollo insalvable, sin embargo, fueron las pruebas teóricas.

Los temas, en cintas

Probó entonces con la Policía Local de Mieres y, más tarde, con la Guardia Civil, su última opción porque sabía de lo difícil de conseguir plaza en Asturias y «no me apetecía irme fuera». Preparó las oposiciones mientras recorría media España al volante de un camión. Para aprovechar todo el tiempo posible, iba escuchando en ruta los temas que su madre le grababa en unas cintas y, mientras descargaban el camión, él hacía deporte. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa.

El 2 de septiembre de 1991 ingresó en la academia de la Guardia Civil de Úbeda, en Jaén. Y ese mismo día fue arrestado. Por impuntual. Porque un inocente Miguel pensó que no pasaría nada si tomaba el tren que le dejaba en Linares 60 minutos después de la hora a la que él debería estar formando con los otros 1.499 compañeros de promoción. El castigo duró una semana, y a punto de cumplirlo, le fue ampliado una semana más porque un superior consideró que no iba correctamente afeitado.

Su accidentado ingreso en la academia tuvo, sin embargo un final feliz. Miguel Fernández concluyó la formación con el número 328 de su promoción, lo que le permitió venir a Asturias tras apenas cuatro meses de servicio en la Barcelona de los Juegos Olímpicos. Un primer destino que le sirvió además para devolverle el favor a su hermano pequeño en forma de autógrafo: el del boxeador Evander Holyfield, al que Mike Tyson le arrancaría parte de la oreja de un mordisco en un combate cinco años después.

Ya en Asturias, pasó por Panes y Sama antes de recalar en 1996 en Gijón. Desde la unidad de Seguridad Ciudadana ha recorrido en estos casi 20 años miles de kilómetros de la zona rural, contactando con todas las asociaciones vecinales -con las que suele reunirse cada quince días en Leorio-, con todo tipo de instituciones y con asociaciones profesionales. «Como siempre fui muy polvorilla, llevé mi trabajo como guardia civil al terreno comercial», explica. De todos esos contactos hizo una ficha, como aquellas de colores con las que, en su época de comercial, distinguía a los clientes que debía visitar con una frecuencia semanal, quincenal o mensual...

«Cuanta más información tienes, mejor servicio puedes hacer», asegura. Y en esa tarea es fundamental conocer a los vecinos, mostrarse cercano y ofrecerles su confianza. Por eso Miguel está ahí para todo. Para resolver todo tipo de consultas, para darles consejos sobre seguridad... Así lo entendieron también el subteniente Moreira y el entonces capitán Montero (hoy comandante), los dos superiores que, en 2008, respaldaron el trabajo de Miguel dándole carácter oficial. Así como el comandante Montes, artífice -con el respaldo del teniente coronel Raposo- de que el bautizado como 'Plan confianza' fuera implantado en toda la comandancia y el comandante Marino, segundo jefe de operaciones, y el teniente coronel Puerta que, en la actualidad, se preocupan de que este programa siga activo.

EL COMERCIO

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