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El ángel de la Guardia Civil

  • Escrito por Redacción

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El ángel de la guarda existe. Que se lo pregunten a alguien que se haya salvado de la muerte gracias a su protección.

En el peor momento de su vida, cuando su pareja había muerto de un infarto mientras pilotaba el ultraligero que compartían, inmovilizada en el mismo aparato que había aterrizado como pudo y a punto de que éste se convirtiera en una bola de fuego, apareció un ángel de la guarda en su versión ángel de la Guardia Civil.

Cuando Isabel II leyó el decreto que le había preparado su primer presidente del Gobierno, el gaditano González Bravo, la reina no comprendió que una institución militar estuviera dirigida por civiles. Le extrañó -tenía catorce años y todavía llevaba puestas las luces cortas- que una guardia pudiera ser civil. Y esta falta de entendimiento, que al principio se lo tomaron como una gracia más de la niña Isabel, se quedó para los restos. Así nació la Guardia Civil en 1844.

Cuando Felipe González llegó a la Moncloa le preguntaron qué le había llamado más la atención de su nuevo cargo. La respuesta fue tajante: la Guardia Civil. A Felipe, que de tonto no tiene un pelo, le sorprendió que en esta España del escaqueo existiera un cuerpo cuyos agentes funcionaran las 24 horas del día durante los 365 del año. Los bisiestos están disponibles un día más. En esta España de los derechos laborales esgrimidos a rajatabla por los que nunca quieren trabajar, los guardias civiles están para lo que haga falta, incluído el rescate de alguien que está a punto de morir en un ultraligero al que le faltan segundos, no minuots, para incendiarse.

Ultaligeros son los guardias civiles para eso. No preguntan. Lo suyo es la acción. Pase lo que pase. Y lo tienen todo muy claro porque cada vez que vuelven a su cuartel, vulgo el cuartelillo, pueden leer ese rótulo que los define: Todo por la Patria. Llegados a este punto siempre tiene que saltar el ignorante de turno que saca lo del facherío y esas cosas. El ignorante no sabe que la Patria es un concepto progresista que surge como contrapunto del rancio feudalismo y del clasista señorío. En la Patria todos somos iguales en derechos y en deberes. Los patriotas eran los que no se sometían como siervos porque se sentían miembros de pleno derecho de una nación, que no vasallos de un señor feudal.

González Bravo, el presidente del Gobierno que firmó el decreto de constitución de la Guardia Civil, fue el amigo al que Bécquer le confió las Rimas para su publicación. No pudo ser. Le quemaron su casa durante los disturbios de la Gloriosa: fue el primer y el último presidente que tuvo Isabel II. Viene a cuento esto del remate del Nodo. Cuando el ignorante se ponga tonto con el concepto de Patria, respondamos al becqueriano modo:: la Patria eres tú. Por eso cuando estés en apuros, no dudes en llamar a los ángeles de la guarda que visten de verde.

Artículo de opinión de Francisco Robles en ABC

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