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El estilo de vida occidental engorda, y mucho

  • Escrito por Redacción

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La obesidad es una enfermedad cuya prevalencia se ha duplicado en poco más de tres décadas, dando como resultado que en el año 2014 convivieran en todo el mundo más de 600 millones de adultos obesos –el 11% de todos los varones y el 19% de todas las mujeres mayores de 18 años del planeta–.

Un incremento que, según una nueva investigación, podría explicarse por la adopción del denominado 'estilo de vida occidental' en muchos países del mundo. Y es que como muestra el estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Shandong en Jinan (China) y publicado en la revista «European Journal of Preventive Cardiology», la prevalencia de obesidad entre la población infantil y adolescente de China, de tan solo un 1% en 1985, se estableció en 2014 en un 9% en el caso de las mujeres menores de edad y en hasta un 17% en el de los niños y los adolescentes como consecuencia de la implantación del estilo de vida occidental.

Como explica Joep Perk, portavoz de la Sociedad Europa de Cardiología (ESC) en temas de prevención cardiovascular, «los datos son extremadamente preocupantes. Es la peor explosión de obesidad infantil y adolescente que haya visto nunca. El estudio es muy amplio y muy bien desarrollado, por lo que no puede ser ignorado. China está preparada para una escalada de la enfermedad cardiovascular y la diabetes, y la popularidad del estilo de vida occidental se cobrará muchas vidas».

En el estudio, los autores analizaron la progresión del índice de masa corporal (IMC) de la población en edad escolar de la provincia china de Shandong entre los años 1985 y 2014. Y para ello, registraron el peso y estatura de un total de 27.840 alumnos con edades comprendidas entre los 7 y los 18 años de las áreas rurales de Shandong.

Los resultados son, más que alarmantes, catastróficos: las prevalencias de sobrepeso entre las mujeres menores de edad pasaron de un 1,45% y un 0,12% en 1985 a, respectivamente, un 13,1% y un 9,11%. Una situación que resulta incluso más preocupante, si cabe, en el caso de los niños y adolescentes, cuyas prevalencias de sobrepeso y obesidad, de un 0,74% y un 0,03% en 1985, alcanzaron respectivamente un 16,35% y un 17,20% en 2014.

China necesita recuperar sus hábitos nutricionales en lugar de alimentarse con comida basura. Joep Perk

Según explica Ying-Xiu Zhang, director del estudio, «China es un país eminentemente agricultor, y nuestros hallazgos tienen enormes implicaciones para toda la nación. Los incrementos en las tasas de sobrepeso y obesidad coinciden con el aumento de los recursos económicos en los hogares rurales, y esperamos que esta tendencia continúe en las próximas décadas tanto en la provincia de Shandong como en otras regiones del país».

Y en este contexto, refiere Ying-Xiu Zhang, «China ha experimentado cambios nutricionales y socioeconómicos de forma muy rápida en los últimos 30 años. A día de hoy, la población china come más y es físicamente menos activa de lo que lo era en el pasado. Además, la dieta china tradicional se ha cambiado por otra rica en grasas y calorías y mucho más pobre en fibra».

Niños más gordos

Asimismo, los resultados también evidencian unas mayores tasas de sobrepeso y obesidad en los menores varones que en las niñas y las adolescentes. Unas diferencias que, según apuntan los autores, «podría explicarse por el trato preferencial que se les da a los varones».

Como indica el director del estudio, «tradicionalmente, la preferencia social, sobre todo en las áreas rurales, ha sido por los niños. Un hecho que podría traducirse en que sean los niños los que disfruten en mayor medida de los recursos familiares. Y a ello se suma que los niños podrían preferir tener cuerpos de mayor tamaño que las niñas».

En este sentido, el Encuesta Nacional sobre Comportamientos de Riesgo en la Juventud llevada a cabo en el gigante asiático en 2005 reveló que un 4,3% de los niños, por un 2,5% de las niñas, consumía frecuentemente bebidas azucaradas, así como que el 17,5% de los niños, frente a un 4,3% de las niñas, dedicaban más de dos horas al día a jugar con sus ordenadores y consolas.

Pero como destaca Joep Perk, «los videojuegos no son el problema, sino que los niños se sientan con dos botellas de dos litros de bebidas gaseosas. Y para quemar todas esas calorías deberían caminar 46 kilómetros, cosa que no hacen».

De la misma manera, los autores también destacan que la prevalencia de sobrepeso y obesidad, si bien creciente en todos los menores, es mayor en el caso de los niños –de 7 a 12 años– que en el de los adolescentes –edades entre los 13 y los 18 años–. Un hecho que tiene que ver, sobre todo, con la apariencia física. Como alude Ying-Xiu Zhang, «por lo general, los adolescentes prestan más atención a su silueta y hacen más ejercicio que los niños».

Sea como fuere, concluye Joep Perk, «China debe responder con la creación de un comité de catástrofes para frenar el alarmante incremento de la obesidad en niños y adolescentes. Y la población necesita recuperar sus hábitos nutricionales en lugar de alimentarse con comida basura». Es decir, cuando menos desde un punto de vista alimenticio, ignorar el estilo de vida occidental.

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