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Una voz católica contra el Holocausto: Jan Karski (1914-2000)

  • Escrito por Redacción

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Karski vivió una vida extraordinaria. Héroe de la resistencia polaca, diplomático, intelectual de prestigio en Estados Unidos. Aunque por encima de todos esos avatares fue una voz comprometida en la denuncia internacional del horror nazi. Una vida valiente cuya inspiración fue un profundo sentido católico de la justicia.

Como polaco, algo estrechamente unido a un hondo patriotismo. Una noción moral de la política y del servicio público incansable y humilde. Un testimonio “profético” contra el Holocausto, el más grave de ejemplo de las consecuencias de la negación de Dios en el mundo contemporáneo.

1. Un segundo “pecado original” contra la humanidad

Al final de la guerra muchos, incluso gobiernos e intelectuales, seguían ignorando lo sucedido y se sorprendieron al conocer la brutal verdad sobre el Holocausto. Fue un pecado cometido por la humanidad, “por comisión, u omisión, por ignorancia auto impuesta, insensibilidad, egoísmo, o hipocresía, o por un racionalismo desalmado”.  Para la fe católica de Karski, era un segundo pecado original. Tal era su grado de conciencia de la responsabilidad de criminales y cómplices en la creación de un orden sin Dios y contra Dios. Estas palabras de su discurso ante el Memorial del Holocausto de Estados Unidos (1981) atestiguan la profundidad y permanencia de su compromiso moral y exponen su bonhomía cristiana. 
           
Fue una vida azorosa. Jan Kozielewski, luego Karski en la vida clandestina, nació en Lodz en 1914. En el ambiente de patriotismo, recién conquistada la independencia en la Polonia de Pilsudski, su lema era “Dios, honor, patria”. Un esquema en el que catolicismo y amor a su país eran caras de la misma moneda. Parte esencial de una identidad secularmente amenazada. Estudió derecho en Leópolis y realizó un curso militar de artillería a mediados de los años 30, como parte del servicio militar. Jan empezó a desarrollar su vocación diplomática en diversos puestos en Alemania, Suiza e Inglaterra (1936-1938), con el sueño de representar a un país fuerte y respetado.

Lo que vio en  Nuremberg (1935) durante sus prácticas consulares llamó su atención, aunque sin sospechar la tormenta que iba a liberarse. En 1939, la invasión desencadenó una serie de acontecimientos novelescos. Fue hecho prisionero e internado en un campo soviético (Kozielsczyna). Logró zafarse en un intercambio de prisioneros y comenzó a militar como correo clandestino, realizando peligrosos viajes a los países aliados. En 1940 fue a Angers (Francia) para informar al gobierno polaco exiliado. La Gestapo lo capturó y torturó en Eslovaquia. Estaba desesperado, al borde del suicidio. Entonces fue rescatado en una operación de la resistencia en el hospital de Nowy Sacz. En Varsovia continuó sirviendo al Estado Clandestino en el servicio de propaganda.

En este período 41-42 se agudizaría la represión antisemita. La pauperización del gueto, su liquidación. Miles de muertos de inanición y privaciones. Para Karski, estas figuras dieron verdadero sentido a la expresión Ecce Homo. Pronto comenzaron a enviarse diariamente miles de personas a los campos, pretendidamente de trabajo, en realidad solo fábricas de muerte.

En 1942 llevó en secreto su informe a Londres con microfilmes ocultos en una llave.  Datos que llegaron al primer ministro Sikorski y otras autoridades. Existía un gran desconocimiento por el secretismo nazi y también incredulidad y negacionismo de la dimensión del problema judío. Personalidades como Félix Frankfurter se mostraron escépticos ante la dureza del informe. Este documento poseía una gran carga política y mostraba la integridad de la Polonia resistente, noblememente encarnada en el diplomático. Informó personalmente en 1943 al ministro británico de exteriores Eden. También apoyó a Ciechanowski, embajador en Washington, para poner al corriente a Roosevelt y advertirle de la magnitud del asunto. 

En 1944 se barajó la idea de un filme propagandístico sobre el Estado Clandestino.  Al final se convirtió en un libro, Courier from Poland: Story of a Secret State. Todo un éxito de ventas con 400.000 ejemplares y traducciones a varios idiomas. Gracias a él se conoció el esfuerzo de la resistencia polaca y su organización. Igualmente, la verdadera naturaleza de la represión nazi, su inhumanidad y la inusitada crueldad de este  antisemitismo.

2. Del testimonio a la acción: el valor cristiano de transformar la realidad

Entonces me convertí en un judío. Como la familia de mi esposa –todos perecieron en los guetos, en los campos de concentración, en las cámaras de gas- por tanto todos los judíos asesinados se convirtieron en mi familia”. Esta capacidad de empatía, de misericordia y amor al prójimo nacieron de valores cristianos muy arraigados. De una consideración profundamente moral del servicio público. Así como de una generosa decisión para transformar el miedo y las circunstancias brutales de la guerra en una oportunidad de testimonio religioso y defensa de la dignidad humana.

En la posguerra desarrolló una fecunda carrera como profesor en Estados Unidos, donde continuó su formación superior y se nacionalizó en 1954. Impartió clases en Georgetown, prestigiosa universidad católica de la capital. No divulgó el odio, ni la revancha: “no somos responsables de los errores o crímenes de nuestros antepasados”. Sino por el contrario la responsabilidad, individual y colectiva, de estas experiencias históricas: “me prometí a mi mismo no fallar a la gente que había confiado en mí”.

Estos méritos, no excluyen padecimientos íntimos. Su matrimonio con la reconocida bailarina y coreógrafa judía Pola Nirenska (1965-1992) fue difícil. El suicidio de ella le recordó la tragedia del político y sindicalista Szmul Zygielbojm (Londres, 1943) que había dejado una huella emocional imborrable en su ánimo.

Para él, al contrario que en los nacionalismos excluyentes, no había naciones buenas y malas. “Hay peores y mejores gobiernos. Las naciones no quieren la guerra. Los gobiernos desarrollan políticas que conducen a las guerras, entonces piden a las naciones que se sacrifiquen”.

3. El sueño de la razón. El legado Karski una lección para hoy

Dijo de sí: “Era un insignificante hombrecito. Mi misión era importante”.  Karski fue un héroe humilde. Siempre restó valor a su aportación personal frente a la dimensión cuantitativa y moral de la tragedia de la guerra y del Holocausto. Recibió numerosísimos reconocimientos. Incluso a título póstumo como la Medalla Presidencial de la Libertad (Estados Unidos, 2012).  Estos galardones destacaron su entrega (Cruz de Plata Virtuti Militari, Polonia; Medalla Wallenberg, Michigan University 1991; Cruz del Águila Blanca, Polonia, 1995) o su inteligencia (doctorados honoris causa, Varsovia, 1991; Georgetown, 1983).  

Pero especialmente se valoró su integridad, como en el acuerdo del parlamento israelí (1994) concediéndole la ciudadanía honorífica. Por haber corrido riesgos y peligros graves a favor de este pueblo se le otorgó (1982) el título de “justo entre las naciones”, reservado a las grandes figuras que combatieron la Shoah según el Instituo israelí Yad Vashem. La medalla conmemorativa contiene la frase de la tradición: “el que salva una vida, salva al mundo entero”. Un recordatorio del valor intrínseco del acto de rebeldía moral y de la necesidad de perpetuar la memoria de estos “justos” extraordinarios. Yad Vashem define a Karski como “un judío cristiano y católico practicante”.

Tuvo una constante preocupación por difundir valores solidarios y proteger los derechos de los niños para prevenir desastres como aquellos de los que fue testigo. En 1978 rompió un largo silencio en una entrevista emocionante para la película Shoah del francés Claude Lanzmann donde ofreció un desgarrador testimonio sobre el gueto de Varsovia y el campo de Izbica. En ambos había sido introducido clandestinamente y fue testigo directo de su espantosa realidad. En el campo, como falso guardia y en el gueto gracias a la resistencia judía.    

Tuvo una clara conciencia de la brutalidad del nazismo. Pero también de lo específico del Holocausto judío. Todas las naciones sometidas por Hitler sufrieron pérdidas y millones de víctimas. Sin embargo, “todos los judíos fueron víctimas”. Un horror cuya memoria les pertenecía y que no debía ser patrimonializado por ningún grupo o gobierno. Una tragedia “incomparable”, por saña y número, algo sin antecedentes históricos.  “Nadie hizo lo suficiente”. Reproche que no cabe hacer al sufrido pueblo polaco, salvajemente reprimido tras el alzamiento de Varsovia en agosto de 1944.

Según sus palabras de 1991, era plenamente sabedor de que “la Historia es escrita por los supervivientes, para gloria y enardecimiento de los corazones. Aquellos que fueron devorados por la historia, los que fueron sus víctimas están callados y no expresan opiniones”. Porque “si no olvidamos, así nuestros hijos entenderán y recordarán”. El legado de Karski es un ejemplo luminoso y permanente de como el compromiso cristiano es compasivo con el sufrimiento humano y debe ser una voz valiente contra la injusticia, a pesar de la incredulidad, la maldad o la indiferencia. 

Referencias:

INSTITUTO POLACO DE CULTURA: “Exposición Jan Karski. Una misión para la humanidad en el Centro Sefarad-Israel”, Madrid, 2014 en www.culturapolaca.es
 
KARSKI, Jan: Story of a Secret State, Houghton Mifflin, Boston, 1944.
 
– Historia de un Estado Clandestino, Acantilado, 2011.
 
KOSTRO, Robert: “Karski. Una misión inacabada”, en: http://www.radiosefarad.com­/polonia-la-historia-de-un-heroe-con-robert-kostro/ (Conferencia del Director del Museo de Historia de Polonia. Madrid, 2014).
 
REPUBLIC OF POLAND (Ministry of Foreign Affairs): The Mass Extermination of Jews in German occupied Poland, Hutchinson & Co, London, 1942.
 
SADOWSKI, Maciej: Jan Karski. Photobiography, VEDA, Warsaw, 2014.

Por Mª Ángeles Corpas y Pablo J. Carrión

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