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¿Conoces la historia del paso más grande de la Semana Santa?

  • Escrito por Redacción

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El paso de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad es uno de los más singulares de la Semana Santa de Córdoba.

Sus grandes dimensiones, la antigüedad de los bordados o la originalidad de gran parte del patrimonio artístico de la Virgen como la corona, son algunos de los elementos que llaman la atención de un palio que cada Jueves Santo deja su sello de clasicismo por las calles cordobesas.

Lo primero que llama la atención del paso de la Soledad es su gran envergadura. De hecho, es el palio más ancho (2.30) y el más largo (4.45) de los que procesionan en la Semana Mayor, seguido del de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo de la cofradía de la Misericordia.

La titular mariana de la cofradía de San Cayetano procesionó en sus primeros años bajo palio, tal y como recoge el historiador Juan Aranda Doncel en uno de sus libros. «El paso de Nuestra Señora del Mayor Dolor lleva incorporado un palio de terciopelo negro con fleco de seda, sostenido por seis varales de madera pintados», expone el documento. Un palio del que poco más se supo tras el decreto del Obispo Trevilla.

Posteriormente, tras su regreso a las procesiones del Viernes Santo en 1852, la Virgen vuelve a procesionar bajo palio hasta que en la década de los 20 del siglo pasado, siguiendo la moda de la época, prescinde de este elemento. La hermandad tiene documentado este nuevo paso, que según relata Francisco Mellado en el libro del 250 aniversario de la corporación «presenta unos respiraderos tallados en madera por Manuel del Pino, probablemente dorados, circundados por unas guirnaldas de flores naturales». Además, al paso «se le añaden cuatro candelabros arbóreos de cinco luces realizados en metal de la casa Meneses de Madrid (que costaron 380 pesetas)».

El nuevo paso

El resultado fue del agrado de la cofradía, que en 1930 encarga a los Hijos de Manuel Seco los respiraderos de plata con motivos vegetales que son estrenados un año después. Estos respiraderos se fueron agrandando con el paso del tiempo. Para ello, se añadieron unos escudos centrales con la heráldica de la cofradía: el de la hermandad en el frontal, el de España en el lateral izquierdo y el del Carmelo en el derecho.

El paso de la Soledad iba tomando forma. Tanto es así, que en 1948 Rafael León –autor de los faroles de Jesús Caído- presenta, a petición de la Junta, el diseño del bordado de las bambalinas. Proyecto que fue aprobado y encargado a las monjas de Santa Isabel. No obstante, Mellado recoge que «mientras ese palio plasmado en el dibujo se va bordando la hermandad confecciona un palio provisional estrenado en la Semana Santa de 1950, junto a los varales encargados años atrás a Rafael León y sufragados por distintas autoridades». Precisamente, está documentado que uno de los varales fue costeado por el jefe del Estado.

Enseres

La ejecución del bordado del palio tuvo varios parones y no fue retomado en su totalidad hasta la década de los 90. Su finalización la llevó a cabo Antonio Muñoz en 1992.

Otros dos elementos que completan la originalidad del paso de palio de la Soledad son la peana, encargada en 1961 al orfebre José Jiménez en metal plateado y sobredorado, y los candelabros de cola, estrenados el Jueves Santo de 1996, obra de los Hermanos Lama e inspirados en los cuatro faroles del trono de Jesús Caído.

En cuanto a su ajuar, la Dolorosa cuenta con un amplio patrimonio artístico, fruto de su larga historia y vínculo con la nobleza. Entre todas las piezas, destaca especialmente su corona, de grandes dimensiones. La pieza fue encargada en 1999 a Francisco Díaz Roncero, con el diseño del vestidor Manuel Jiménez. Se trata de una pieza de enorme valor inspirada en modelos antequeranos compuesta por un canasto con imperiales y ráfaga, de carácter dieciochesco. El canasto descansa sobre un aro decorado con rocalla. En cuanto a los imperiales, están labrados a doble cara y sobre ellos se enlaza un nuevo cuerpo que sirve de base a la cruz que completa la pieza.

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