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El cura que fue al campamento de los bandidos musulmanes de Seleka y les dijo que dejaran de matar

  • Escrito por Redacción

misionero-carmelita-aurelio-gazza

El padre Gazzera, misionero carmelita de 51 años, desde 1992 en la República Centroafricana, cuenta a Tempi.it «la obra del Espíritu Santo» en medio de un año de persecuciones y guerra civil.

La bofetada que le propinó Goni, rebelde de la milicia Seleka, por haber protestado contras las torturas y los arrestos de la población cristiana...

...los cristales destrozados de su vehículo, rotos por la multitud de musulmanes que quería lincharle...

...la mirada de un musulmán y del rebelde “10/15”, que impidieron su asesinato...

...el modo como fue acogido a su vuelta por los refugiados de la misión de Bozoum, cuando creían que estaba muerto, extendiendo los mantos bajo las ruedas de su coche, como si fuera Jesús sobre el borriquillo en las puertas de Jerusalén.

Esas cosas que cualquier persona definiría ofensas, riesgos o peligros evitados, el padre Aurelio Gazzera las llama «premios» o «medallas» y esto ya dice mucho del carácter y de la fe de este misionero carmelita italiano de 51 años, que dejó Cuneo en 1992 para ir a la República Centroafricana.

Durante una de sus escasas visitas a Italia, pasando por España donde se le ha concedido un premio por su defensa de los derechos humanos, el padre Gazzera ha relatado a Tempi.it su último año de misión, si bien sus palabras corresponden más bien a una reedición africana de la película El año que vivimos peligrosamente.

Los rebeldes islámicos de Seleka

El bofetón de Goni en realidad transporta con la memoria a padre Gazzera al año 2013: el 24 de marzo los mercenarios procedentes de Chad y Sudán, los rebeldes islámicos Seleka, habían conquistado el país con un golpe de estado con el que ayudaron al presidente Djotodia. El 26 de marzo un contingente ya había llegado a Bozoum, emprendiendo sin pérdida de tiempo la acción preferida del grupo: «Robar, saquear y aterrorizar a la población».

En Bozoum, en la parte noroccidental de la ex colonia francesa, donde se encuentra el padre Gazzera desde el año 2003, perturbaron la vida de los casi veinte y seis mil habitantes, de los cuales sólo seis o siete mil son musulmanes.

«Entre agosto y septiembre, los Seleka empezaron a torturar y arrestar arbitrariamente a los cristianos. Un día acababa de visitar a un joven que había perdido el uso de las manos porque se las habían atado demasiado fuerte y durante demasiado tiempo. Al día siguiente, una mujer vino a contarme otro caso similar y entendí que esto no podía seguir adelante».

Decidió ir al cuartel general de los rebeldes y se sentó ante un Seleka de nombre Goni, que le recibió de una manera que en absoluto puede llamarse cordial: «Le dije que no podían arrestar a las personas porque no tenían ninguna autoridad. Ellos me enseñaron las armas y yo le dije que las armas no autorizan a hacer cualquier cosa. La discusión se animó y Goni, totalmente descontrolado, intentó cargar el arma para dispararme. Por suerte se lo impidieron y entonces me dio una bofetada. Me levanté y me fui, pero esa bofetada permitió que se instaurase una relación: muchas personas vinieron después para pedirme disculpas».

Una convivencia estropeada por los bandidos

La intervención de los Seleka cambió todo en la relación entre los cristianos y los musulmanes de la República Centroafricana, estropeando una convivencia que había sido siempre pacífica.

«Las relaciones entre nosotros siempre habían sido de respeto mutuo, pero cuando llegaron los Seleka la comunidad musulmana se dividió: algunos los apoyaron, llegando incluso a combatir con ellos; otros permanecieron neutrales. Recuerdo que cuando intentamos desarmar a los rebeldes muchos musulmanes se movilizaron para impedirlo, para no perder el poder que habían adquirido aprovechando la situación».

Otra horda: los bandidos anti-balaka

Después de casi ocho meses de robos y persecuciones contra los cristianos, en enero la intervención de las milicias animistas anti-balaka cambió de nuevo el curso de los acontecimientos.

Para rebelarse a la brutalidad de los Seleka, «estos criminales empezaron a atacar no sólo a los rebeldes, sino a todos los musulmanes».

En Bozoum pidieron refuerzos y «entre el 8 y el 9 de enero llegó un contingente Seleka que aterrorizó aún más a la población, quemando más de tres mil casas de la zona».

El único modo para poner fin a las hostilidades y a la violencia era expulsar del país a los Seleka y proteger a los musulmanes.

«Me llamaron desde Chad, pidiéndome que ayudara a que los musulmanes partieran de Bozoum hacia Chad».

Una empresa compleja, sobre todo porque padre Gazzera se convenció de que «esa era la última buena ocasión para liberarnos de los Seleka. Así puse la condición de que junto a los musulmanes se fueran también los rebeldes».

Además de convencer a la milicia de que se fuera, era necesario hablar con los anti-balaka, «para que prometieran no atacar a los convoyes de camiones a lo largo de la carretera».


El padre Gazzera en un comité de desarme y de reconciliación

Y sus protegidos atacaron al cura

El 13 de enero, después de un largo tira y afloja, el padre Gazzera consiguió que los Seleka se fueran con el primer convoy, desencadenando así la ira de los musulmanes. «No podían irse todos en el mismo momento - explica el misionero - y viendo partir a los Seleka, los musulmanes tuvieron miedo de permanecer indefensos y a merced de los anti-balaka».

Por esto atacaron al padre Gazzera con golpes de Kalashnikov y lanzando piedras. Afortunadamente «sólo consiguieron romper los cristales de mi vehículo; a mí no llegaron a herirme. Si un grupo de musulmanes y un rebelde denominado “10/15” no me hubieran defendido, no me habría salvado».

Los 6.000 refugiados en la misión

De vuelta en casa, recibió de las casi seis mil personas que se habían refugiado en la misión para huir de la violencia la acogida más calurosa de toda su vida: «Parecía que era Domingo de Ramos, la gente me aclamaba y extendía sus mantos bajos las ruedas de mi coche. Me dio mucho ánimo».

Pero con la partida de los Seleka no acabaron los problemas. Había que alimentar a seis mil personas y proteger a los musulmanes que se habían quedado en la ciudad de los ataques de los anti-balaka.

Reunidos todos en una carretera, «habrían muerto de hambre y sed si no les hubiera llevado todos los días arroz y agua, que compraba con mi dinero».

A pesar de que la tensión seguía siendo alta y la normalidad aún estaba lejos, era necesario que una ciudad que desde hacía un año estaba sin prefecto y sin autoridad estatal volviera a empezar.

Y esto a pesar de que en la capital Bangui la política seguía su curso y de que la presidenta ad interim Catherine Samba-Panza había sido nombrada el 23 de enero. Fue así cómo el padre Gazzera, como misionero asumió, junto a otros, el papel de alcalde.

«Junto a un pastor protestante y a otras dos o tres personas de algunas ONG íbamos todas las mañanas a la plaza central de Bozoum para instaurar un comité cívico de mediación. Todas las mañanas a las ocho nos reuníamos y todo el que tuviera necesidades particulares podía exponerlas. También se presentaron algunos anti-balaka, pero nosotros no los aceptamos jamás como parte integrante del Consejo porque no queríamos legitimar una presencia criminal que no tenía razón de ser».

Las violencias de los anti-balaka en realidad habían disminuido de intensidad porque «ya no había nada que robar y la gente había empezado a reaccionar».


Una de las escuelas que han reabierto con la ayuda del padre Gazzera y la misión carmelita; de hecho, en 50 años de independencia, el Gobierno de República Centroafricana no ha construido ni una sola escuela, dice el misionero

El problema principal era, por ejemplo, la escuela, punta de lanza de la acción del carmelita. «En el año escolar 2013/2014 mantuvimos los colegios siempre abiertos, con excepción de dos meses. Este año, en cambio, hemos conseguido volver a abrir los colegios el 23 de septiembre». Para entendernos, el Estado los abrió de nuevo oficialmente el 24 de noviembre.

«Lo hemos conseguido pagando a doscientos sesenta maestros, para quince mil estudiantes, entre los veinte y los treinta euros al mes y proporcionándoles material escolar con la ayuda de organizaciones internacionales».

Las bandas siguen armadas

Hoy la situación de la República Centroafricana sigue siendo «muy inestable»: en Bangui la paz es un espejismo y la parte centro-norte del país sigue «todavía en manos de los Seleka».

Además, las misiones internacionales de Camerún, Unión Africana, Francia, Unión Europea y Naciones Unidas aún no han sido capaces de «desarmar las partes en conflicto» y llevar a término operaciones como la «puesta en seguridad de la principal arteria del país: 600 kilómetros de carretera que conectan la capital y Camerún no son tantos. Pero hay aún puestos de bloqueo de los anti-balaka, tal vez porque los soldados no quieren implicarse demasiado. El miedo es que grupos como Boko Haram aprovechen la situación».

Más que de cualquier carretera o servicio, lo que el país más necesita es la «reconciliación»: «Reconstruir la paz es una tarea enorme – confiesa padre Gazzera – y se necesitarán muchos años». Pero, ¿cómo se construye la paz tras casi dos años de violencias?

«Tengo esperanza. Por una parte es necesario invitar a los centroafricanos a reflexionar sobre las causas profundas de esta guerra. Por la otra, es necesario ayudarles a que saquen lo que llevan dentro».

De hecho, para el misionero, «el problema viene de lejos, hay cuestiones que no se han resuelto nunca y que hay que afrontar si se quiere que la reconciliación tenga una continuación. Tomemos, por ejemplo, la escuela: el estado, en 50 años, no ha construido nunca una. La corrupción en política es, además, la normalidad y está vista sólo como posibilidad de obtener un interés personal y nunca como servicio».


Comida entregada a la entrada de la iglesia por los feligreses cristianos, para compartir con los refugiados musulmanes

Pero la política no basta si en la población falta «el deseo de la reconciliación». Y es precisamente en mérito a esto que el padre Gazzera ha visto un pequeño milagro: «En Bozoum quedan aún unos trescientos musulmanes, sobre todo mujeres y niños. Para ayudarles, propuse a principios de noviembre un ofertorio especial. Lancé esta idea pero no insistí porque muchos cristianos habían perdido a sus familiares a causa de los musulmanes y no quería ofenderles. En cambio, mis cristianos me asombraron: donaron mandioca, cacahuetes, varios productos y sobre todo, casi setenta euros, mientras que habitualmente no se recogen más de veinte».

Lo bonito es que «estaban orgullosos de hacerlo y de ayudar a los musulmanes. Esto significa que el deseo de reconciliación está presente y es importante porque ciertas cosas no se pueden imponer jamás: hay que dar a estas personas la posibilidad y los modos de satisfacer este deseo».

También para un misionero que en 2007 se ganó el apelativo de “hombre que ha doblado los fusiles a los bandidos”, el 2014 ha sido un año intenso. El padre Gazzera, haciendo un balance final, sabe ver una luz también en medio de una situación dramática: «Para nosotros cristianos cada crisis es una puerta que se abre. Pensemos en la cruz de Jesús, que se ha convertido en oportunidad de salvación. Este año ha sido durísimo, pero ha permitido hacer surgir una experiencia de Iglesia muy bella. La gente ha apreciado nuestra elección, la de los misioneros, de no irnos. Desde Chad los musulmanes me llaman diciendo que quieren volver. Los jóvenes cristianos, en el colegio, quieren que vuelvan sus compañeros musulmanes».

Y luego ese ofertorio: «No sé cómo ha sido posible. Yo he llevado cada día comida y bebida a los musulmanes de Bozoum. Tal vez el ejemplo ha servido para algo. Y además está el Espíritu Santo que actúa».

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

RELIGION EN LIBERTAD

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