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¿Por qué en España e Italia hay menos suicidios que en la Europa nórdica? Quizá es el catolicismo

  • Escrito por Redacción

la-Religiosidad-catolica-parece-proteger-mas-del-suicidio

El suicidio provoca en España más muertes que los accidentes de tráfico, los laborales y los homicidios o asesinatos juntos. El profesor de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa presentó algunos datos hace pocos meses en un congreso internacional de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) en Valencia.

En 2012 en España se registraron 3.539 suicidios consumados, el 77% de hombres, mientras que los homicidios o asesinatos provocan entre 1.000 y 1.500 muertes anuales, los accidentes de coche unos 1.300 y los accidentes laborales alrededor de 550 en 2013.

Las cifras de suicidio puede que estén infraestimadas: muertes que se contabilizan como accidentes de tráfico o laborales, ciertas sobredosis o ahogamientos, podrían ser también suicidios.

En España hay campañas institucionales contra los accidentes de tráfico y laborales, la Policía combate los homicidios... pero no hay nada contra el suicidio

Echeburúa explicó en su ponencia que "la crisis influye poco en el suicidio desde un punto de vista macrosocial", indica, con una cifra de suicidios consumados "relativamente estable" entre 2.500 y 4.500 anuales en España.

La influencia religiosa en la estadística

En el mundo se observan grandes diferencias: hay unos 800.000 suicidios anuales; los países ex-soviéticos, donde la religión fue perseguida entre 40 y 70 años, tienen las tasas más altas de suicidio.

Entre los países con menos suicidio están España e Italia, de cultura y tradición católica y aún de bastante práctica religiosa (un 24% de la población acude al templo al menos algunas veces al mes en España según el CIS de octubre de 2014; parece poco, pero en países nórdicos, de hegemonía protestante, la cifra de asistencia al templo nunca pasa del 10%).

Según la OMS, en 2012, países de cultura protestante y casi sin católicos, pero con buena situación económica, mostraban una tasa alta de suicidios (15,1 cada 100.000 habitantes en Islandia; 13,2 en Suecia; 11,2 en Dinamarca); en la España de la crisis y los desahucios, era de un 7,1.

Es cierto que países de cultura católica del norte mostraban una tasa alta de suicidios (Irlanda, 11,5; Polonia, 20,5) pero Irlanda estaba sufriendo los efectos de la crisis y arrastra heridas espirituales importantes, mientras que Polonia sufre problemas de alcoholismo y restos de la influencia soviética.



Estudios sobre "el efecto católico"
Lucas Giner, de la Sociedad Española de Psiquiatría, señalaba en septiembre, al comentar un informe global de la OMS sobre el suicidio, que "parece que la religiosidad ofrece cierta protección, en especial la religión católica. En ese sentido España e Italia muestran bajas tasas". Además, en "países islámicos, las comunidades cristianas también tienen tasas más bajas", constata.

Giner considera mitos  ideas que han circulado siempre, de que el clima y las horas de luz protegen del suicidio a los países latinos mientras que lo favorecen en los países nórdicos: "Los estudios no han mostrado una relación contundente", asegura. También asegura que "es un mito que si se habla de suicidio se incita. Eso no es cierto. La clave es cómo se habla de ello". Lo que está claro, según el psicólogo es que "en el 90% de los suicidios había enfermedad mental".

El estudio del caso suizo

Un análisis de la influencia protectora del catolicismo frente al suicidio, no ya sobre la increencia, sino incluso sobre el protestantismo, se dio a conocer en 2010, a partir de los datos estudiados por el epidemiólogo Matthias Egger, de la Universidad de Berna. Analizaron los datos censales de más de 1,7 millones de católicos, de más de 1,5 millones de protestantes, y de más de 400.000 individuos sin afiliación religiosa alguna, y los compararon con registros de mortalidad en 2005.

Ajustando esta comparación a otros factores sociológicos, como la edad, el estado civil, la educación, el idioma o el grado de urbanización de los individuos analizados, los investigadores constataron que, entre las personas religiosas, los católicos presentaban la tasa más baja de suicidios, y los protestantes la más alta. Asimismo, el estudio demostró que entre las personas no religiosas se daba una tasa de suicidios más alta que entre las personas religiosas.

Este estudio demostró que la religión no parecía proteger a las personas entre 35 y los 44 años, pero sí en otras edades. Y entre los ancianos de 84 y 95 años, los protestantes mostraron el doble de propensión a intentar suicidarse y los no religiosos el cuádruple de propensión, en comparación con los católicos.

Otro dato es que la religión protege del suicidio más a las mujeres que a los hombres. Son datos de Suiza, país donde el suicidio asistido es legal desde hace años y atrae "turismo suicida" de toda europa.

La familia es clave

Una protección indirecta de la fe puede darse a través de la familia. Una familia fuerte, equilibrada, o al menos con parientes cercanos y disponibles (que se da cuando hay hermanos, primos, tíos, y pocas veces en países con familias de un sólo hijo) protege más contra la soledad y la desesperación. Las familias de tradición católica tienden a generar todo eso.

En España los suicidas suelen tener entre 40 y 60 años de edad, si bien se registran "picos" de incidencia entre los mayores de 60 (el 37%) y entre quienes tienen entre 15 y 30 años (29%). Los métodos elegidos por los hombres suelen ser más violentos (horca o disparos), mientras que entre las mujeres son más frecuentes las tentativas de suicidio con métodos menos agresivos (cortes, gas o fármacos). En general, los más usados son ahorcarse, traumatismos (atropello, lanzamiento desde altura, uso de armas blancas o de fuego) e intoxicaciones (gas o fármacos).

Los psicólogos consideran que se dan quizá un 10% de suicidios de gente "lúcida", sin trastornos mentales, que calculan que no les vale la pena seguir viviendo.



El suicida no necesariamente va al infierno

El Catecismo de la Iglesia Católica señala que el suicidio es un acto grave y puede ser un signo de rebelión radical y alejamiento total de Dios. Pero el Catecismo señala en su punto 2283 que “no se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”.

En declaraciones a Aciprensa, el padre Guillermo Leguía, profesor de teología moral de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima (Perú) explica que no es correcto decir que si una persona se suicida se va al infierno. “Sí es correcto decir que el acto de suicidarse es un acto que está mal, pero nadie puede hacer un juicio sobre los elementos que ocurren en el corazón de la persona que hacen que ese acto que está mal le sea plenamente imputable”. “Nadie puede conocer o saber si el suicidio hace que la persona se vaya al infierno. Además la Iglesia no enseña eso”, precisa.

Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción (Chile), experto en bioética y miembro de la Pontificia Academia para la Vida, en el caso de un suicida es necesario considerar los aspectos psicológicos y psiquiátricos (como hemos visto, sólo un 10% de personas se suicidaría con fría lucidez mental) así como el hecho de que para todas las personas “la misericordia de Dios es muy grande”. “Pienso que hay personas que llegan a un alto nivel de desesperación por la enfermedad; y puede ser que la eutanasia o el homicidio terminen siendo una ‘respuesta’ a la gran soledad que siente la persona”, comenta a ACI Prensa.

El P. Leguía dijo también sobre este caso que “es importante distinguir entre el acto que la Iglesia enseña que está mal (suicidio) y el pecador a la que la Iglesia siempre ama con un corazón infinito y con una misericordia infinita. Y bueno, saber que a veces hay un conjunto de actos que aunque están mal no son plenamente imputables al actor”.

Fernando Chomali, que ha publicado este 5 de noviembre una carta pastoral sobre la eutanasia que en países como Chile el gobierno pretende aprobar, afirma que "el cuerpo no nos pertenece, ya que tiene además una dimensión social y por supuesto otra sagradar”. Pide “apoyo espiritual, humano y psicológico” para que las personas no se suiciden y previene: “es un camino peligroso el que emprende la sociedad al ser permisivo con la eutanasia”.

“La Iglesia Católica le dice no a la eutanasia y al encarnizamiento terapéutico, y le dice sí a los cuidados paliativos; y sobre todo sí a mucho amor y mucho acompañamiento”, añade el arzobispo.

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