Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 13 ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Historia

Zita, la última emperatriz de Austria

  • Escrito por Redacción

ZITA

Zita nació el 9 de mayo de 1892 en Camaiore (Lucca, Italia). Su padre Roberto I, Duque de Parma, fue el soberano destronado más rico y prolífico de su tiempo.

Fruto de su primer matrimonio nacieron 12 hijos y otros tantos alumbró la infanta María Antonia de Portugal, su segunda esposa y madre de Zita. Pero aquella pequeña princesa no sería una más entre los vástagos del Duque.

La infancia de Zita transcurrió tranquila entre las posesiones de su padre en Italia, Francia y Austria. Educada en una profunda fe cristiana, compartió con su familia el cariño hacia España, no en vano estaba emparentada con los pretendientes carlistas. La Gaceta del Norte publicaba hace 100 años: "Doña Zita habla bastante bien el castellano, idioma familiar en la casa de Parma y es devota de la Virgen del Pilar".

La primera sacudida de su vida fue, en 1907, la muerte de su padre. A sus 15 años, Zita ya barajaba la idea de hacerse monja como su hermana mayor. La infanta María Antonia, que había tomado las riendas de la familia con contundencia, se negó. Tras promover la incapacitación de seis de sus doce hijastros, buscó marido para Zita.

Un archiduque para Zita

En la búsqueda de candidatos, María Antonia se fijó en un joven archiduque situado en la antesala del trono de los Habsburgo. El emperador Francisco José de Austria se había casado con la célebre Sissi, pero su heredero mostró desde edad temprana una irremisible tendencia a la melancolía y, tras un matrimonio infeliz del que nació una única hija, se suicidó junto a su amante en 1889.

Puesto que la sucesión masculina primaba, el heredero pasó a ser un sobrino del emperador: Francisco Fernando, quien se enamoró de una dama de rango inferior. El emperador Francisco José aprobó el matrimonio con la condición de que su esposa nunca sería emperatriz y los hijos quedarían excluídos de la sucesión trono. Por tanto, los derechos pasarían a Carlos, sobrino nieto del emperador. Él sería el soberano de Austria y Hungría y los planes de la madre de Zita se enfocaron con claridad.

Entre los jóvenes se propiciaron los encuentros. Ella lo resumiría así años después: "Me enamoré poco a poco, en dos años, mientras que él tomó su decisión súbitamente cuando se corrió la voz de que me había comprometido con un primo español".

Desde su casamiento, el 21 de octubre de 1911, Zita ocupó su lugar como primera dama de la corte, por delante de la siempre relegada Sofía, la esposa de Francisco Fernando. Y encontró su sitio como esposa y madre al lado de Carlos, junto al que formó una pareja feliz. Un año después, dio a luz al príncipe Otto y dos más tarde a la archiduquesa Adelaida. Su nacimiento sería la última buena noticia antes de las desdichas.

El 28 de junio de 1914 un extremista serbio asesina a Francisco Fernando y a su esposa, que estaban en Sarajevo. Este crimen desencadenaría el comienzo de la Primera Guerra Mundial y, con ella, la transformación del orden europeo. En medio del conflicto, el emperador Francisco José fallece agotado por la edad y las tragedias. Poco antes, llama a su presencia a los herederos y se despide. En 1916, Carlos sube a los tronos austríaco y húngaro acompañado por su esposa Zita, la que sería la última emperatriz.

El joven monarca centra sus esfuerzos no en ganar la contienda sino en lograr la paz: "haré todo lo que pueda para desterrar los horrores y los sacrificios de la guerra". Su visión, interpretada como debilidad, fue aprovechada por quienes querían acabar con el Imperio. Carlos se ve obligado a ceder su poder, tras un tira y afloja para aclarar que no abdicaba. Su esposa insiste en ello a su marido: "Un soberano no puede abdicar nunca. Prefiero morir aquí a tu lado". Holanda y Suiza les ofrecen asilo. Pero quieren seguir en Austria, por lo que se trasladan al pabellón de caza de Eckartsau, cerca de la frontera húngara.

Zita recordaba después su partida del Palacio de Schönbrunn: "Fuimos con los niños a la capilla, donde pronunciamos una oración solicitando regresar allí un día". Después de dar las gracias y despedirse, uno a uno, de los sirvientes que quedaban, bajaron al patio donde aguardaban "cadetes de las academias, con lágrimas en los ojos, pero en perfecto orden y guardándonos hasta el final".

Tras proclamarse la república en Viena, una delegación húngara recabó del emperador la renuncia a los poderes en Hungría. Tampoco aquí abdicó: "No quiero interponerme en el camino de la nación húngara". Carlos buscaba de nuevo la paz.

Adiós a Austria

La situación cada vez más tensa con respecto a la familia real propició su salida de Austria. Y, como no quisieron poner su fortuna a salvo en el extranjero, no tenían respaldo económico. Las últimas palabras de Carlos antes de partir fueron un canto al peso de la Historia que llevaba sobre sus espaldas: "Después de 700 años..."

Instalado en Suiza, el matrimonio tuvo que afrontar la escasez de recursos y la promulgación de las leyes "anti-habsburgo" que impedían a la familia reclamar su patrimonio o pisar Austria, salvo que declarasen lealtad pública al nuevo sistema y renegasen de su estirpe. Poco después, una comisión formada por miembros de los antiguos estados del imperio ofreció a Carlos una enorme suma de dinero a cambio de renunciar a sus derechos. Con el acuerdo de su esposa, rechazó la propuesta. "La corona de los Habsburgo no será objeto de trueque", alegó.

Mientras que en Austria cuajaba la república, en Hungría las posibilidades de restauración persistían. Zita animó a su marido a dar el paso definitivo y éste lo intentó en dos ocasiones, la segunda de ellas acompañado por la emperatriz, que estaba nuevamente embarazada. No lo consiguió.

A partir de ahí se sucedieron las dificultades. Nadie quería a la familia imperial en su territorio y los dueños del nuevo orden europeo surgido tras la I Guerra Mundial les daban la espalda. Veían en Carlos el peligro de la vuelta de la monarquía a los territorios sobre los que reinaron. Las presiones dieron como resultado un nuevo destino alejado de toda influencia en Europa: la isla de Madeira.

Allí, sin dinero ni forma de obtenerlo, se instalaron sin sus hijos, que continuaban en Suiza. Entonces, el archiduque Rodolfo enfermó y Zita obtuvo permiso para regresar. Además, pudo hacer las gestiones pertinentes para llevarse consigo a sus hijos. El exilio, las afrentas, los problemas económicos y todo lo demás podía sobrellevarlo, pero esta separación no.

La emperatriz regresó a Madeira y la familia se instaló en una casa cedida por un banquero portugués: la Quinta del Monte. La vivienda era húmeda y fría y carecía de toda comodidad, pero era la única opción. El emperador había envejecido prematuramente. Se sentía débil y enfermó de bronquitis. Pasó varios días en cama antes de llamar a un médico, no quería gastar... Zita lo cuidaba día y noche con el inmenso amor que siempre le tuvo. Junto a su hijo Otto, vivió los últimos momentos del emperador quien quiso que su heredero fuese plenamente consciente de los deberes que pronto decidiría asumir como jefe de la Casa de Habsburgo.

El 1 de abril de 1922 el emperador Carlos fallecía en Madeira. Su esposa se dirigió entonces al pequeño Otto de sólo nueve años y le dijo: "Hasta hoy, el emperador de Austria y Rey de Hungría ha sido tu padre. A partir de hoy lo eres tú". Entonces besó su mano en señal de respeto e instó a sus otros hijos a hacerlo igual.

Alfonso XIII rescata a los proscritos

La noticia del fallecimiento del emperador tuvo un fuerte eco en España. El diario ABC se expresaba en los siguientes términos: "Ha muerto este noble soberano, alejado de su adorada patria, más que en la estrechez, en la miseria, como mártir herido en el corazón". Y añadía la profecía de un obispo austríaco: "Ha sido arrancado del Trono, mas llegará un día en el que será exaltado a los altares". Efectivamente, Carlos sería beatificado por Juan Pablo II en octubre de 2004.

Alfonso XIII se ofreció para dar asilo a la familia en España. Esto le llevó a ciertas dificultades con los países de la Entente ante las que reaccionó con firmeza. La emperatriz le agradeció por carta su ayuda: "Te doy gracias de todo corazón por tu invitación que me ha emocionado vivamente y que acepto".

La familia se instala en el Palacio de El Pardo en Madrid, pero los gastos de mantenimiento son excesivos y buscan una residencia más modesta. Es así como acaban residiendo en un palacete de Lequeitio (Vizcaya). Allí vivirán durante siete años, acogidos calurosamente por la población. Zita seguía volcada en la educación de sus hijos, especialmente del heredero y para ello cuenta con profesores de Austria y Hungría puesto que quiere que se formen como corresponde a príncipes austríacos. Cuando se decide que el heredero estudiará en una universidad belga, todos se trasladan nuevamente.

A partir de ese momento y una vez cumplida la mayoría de edad Otto, Zita lleva una discretísima existencia dedicada a su familia. Poco a poco, todos ellos fueron regresando a Austria, pero no ella. Se negaba a acatar la nueva forma de estado. Aquello sería renegar de sus principios. Una vez más, la intervención de un rey español logró lo que parecía imposible. Gracias a una gestión personal de Juan Carlos I, Zita pudo volver a su país sin agachar la cabeza. Fue recibida con un inmenso cariño y, después, regresó a un asilo suizo donde moriría en 1989, a los 96 años.

La emperatriz, vestida de luto desde 67 años antes, fue enterrada con el ceremonial imperial en medio del fervor popular y el reconocimiento de autoridades monárquicas y republicanas europeas.

EL MUNDO

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones