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Noticias Historia

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»

  • Escrito por Redacción

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La voz de Fernando Fernández de Córdoba, actor de profesión, sonó a través de la ondas poco después de las 10.30 con el habitual énfasis y engolamiento, pero también especialmente emocionada.

Era un momento muy especial y eso pesaba en el ambiente. Fue entonces cuando se escucharon en todo el país las famosas palabras:

«Parte oficial de guerra, del cuartel general del generalísimo, correspondiente al día de hoy, primero de abril de 1939, tercer año triunfal. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, primero de abril de 1939, año de la victoria. El generalísimo Franco».

De esa forma se ponía punto final a una de las etapas más trágicas de la historia de España, una guerra fratricida que había dejado tras de sí cerca de 200.000 cadáveres y miles de exiliados. Aún quedarían algunos focos de resistencia y continuarían las ejecuciones fruto de la represión posterior. Pero, en ese momento, el bando nacional celebraba su victoria.

Poco antes del mensaje radiofónico, la noticia de la caída de la última resistencia republicana en la provincia de Alicante, en cuyos muelles había tenido lugar una desesperada y agónica huida de partidarios de la República, había llegado hasta el palacio de los Muguiro, en el Parque de la Isla, en Burgos, cuartel general y sede del gobierno de Franco, desde donde este dirigía las operaciones militares desde mediados de 1937.

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»
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Martínez Maza con Franco

A aquellas horas, el general se encontraba en la cama, aquejado de una gripe, y se dice que fue la única enfermedad capaz de postrarlo durante el tiempo que duró la contienda. Algunos opinan que la fiebre fue resultado del final de la tensión que había soportado durante esos tres últimos años, cuando ya el avance de sus tropas era casi un paseo militar desde la caída de Madrid el 28 de marzo. A la habitación entró el teniente coronel y ayudante de campo de Franco, José Martínez Maza, para comunicarle la ya esperada noticia. Franco respondió con un escueto «muchas gracias».

Correcciones del documento

El autoproclamado Jefe del Estado se levantó y se dirigió a su escritorio, donde escribió un primer borrador. Tras finalizar, lo repasó e hizo algunas correcciones: puso «cautivo y desarmado el ejército rojo» encima de «haber desarmado a la totalidad del ejército Enemigo rojo»; cambió «fuerzas» por «tropas» y escribió «objetivos» con todas sus letras encima de la abreviatura. Hizo un último repaso, lo pasó a limpio y se lo dio a su ayudante para que fuera mecanografiado. Según José María Zavala en su libro «1939. La cara oculta de los últimos días de la Guerra Civil», «pese a ser el más hábil de los nueve taquimecanógrafos del cuartel general, el soldado Muñoz Navarro fue incapaz de terminar aquel último parte de guerra. Temblaba de emoción mientras introducía el cliché de multicopista en el rodillo de la máquina de escribir».

El teniente coronel Antonio Barroso fue el encargado de llevar una copia hasta los estudios de Radio Nacional, donde fue leído al país. Del cliché se realizaron tantas copias que quedó inservible. Incluso, cuenta Zavala, «los propios mecanógrafos tuvieron que desprenderse de sus copias para atender la demanda de personajes importantes».

Pero, poco antes, el comandante Martínez Maza le preguntó a Franco si se podía quedar con ese papel amarillento, además del lápiz con el que habían sido escritas aquellas palabras. Franco no puso objeción.

En exclusiva

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»
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Mercedes Martínez, hija del teniente coronel, con el parte

Así ha permanecido este documento, primero en las manos del teniente coronel hasta su muerte en 1963, y después en las de sus familiares. Excepto una fotografía en blanco y negro realizada por la agencia Efe hace varias décadas, no existía ninguna otra imagen pública de este borrador. Hoy, ABC muestra en exclusiva y en color este trozo de la historia de España, justo cuando se cumplen 75 años de la redacción de las famosas palabras que tantas vidas había costado redactar. Mercedes Martínez, hija del teniente coronel protagonista de este relato, cuenta algunos detalles, como, por ejemplo, la explicación de la utilización del término «Año triunfal» desde el inicio de la contienda. Según ella, «tanto Franco como mi padre eran muy católicos, y, según la Iglesia, no se podía empezar una guerra si no se estaba seguro de que se iba a ganar. Por eso aquella frase debía responder a ese convencimiento en la victoria».

José María Martínez Maza, el filtro de Franco

 
Se mantuvo en un discreto segundo plano ante la historia, pero José María Martínez Maza (1896-1963) fue el brazo derecho del hombre que cambió el rumbo de España en 1936. Ambos participaron en la guerra de Marruecos y compartieron destino en San Sebastián y en la Academia Militar de Zaragoza, de la que Franco fue director desde 1927 a 1931, cuando el Gobierno de la República decidió cerrarla. Martínez Maza, profesor de ingeniería y antiguo combatiente en Marruecos, dejó el Ejército para dedicarse a dar clases de matemáticas y al periodismo en diarios como «El Heraldo de Aragón». Cuando, tras el golpe de Estado, Franco llegó a la Península desde las islas Canarias, le llamó para nombrarlo su ayudante. Así, trabajarían juntos en el cuartel general de Salamanca y, después, en el de Burgos. Entre el material conservado por su familia se encuentra un buen número de cartas de peticiones de intercesión ante Franco, así como numerosos informes sobre cuestiones militares y de política internacional. También estuvo presente en el encuentro con Hitler en Hendaya.
 
La noche del 1 de abril de 1939 pidió al general quedarse con el borrador del parte de guerra y el lápiz con el que había sido escrito, a lo que este accedió. Años más tarde, Carmen Polo, mujer de Franco, le insinuó que dicho documento sería un buen regalo para su hija el día de su boda. Sin negar que, efectivamente, lo sería, declinó la invitación.
 
De él escribió el diplomático y escritor José Antonio Giménez-Arnau: «Es hombre extraordinariamente afable, con el que, además, dados su origen y sus ideas, se puede hablar sin ningún temor a la delación, que es una de las epidemias que se han extendido por España». En 1947, el propio Martínez Maza, bajo el epígrafe «Consideraciones sobre el momento político», señaló en un escrito que la guerra no había finalizado con aquel parte: «Las guerras civiles no terminan con la victoria de uno de los beligerantes, terminan verdaderamente con el abrazo final». Y añadía: «El final habrá de ser, forzosamente, terminación, olvido, amnistía de todos y para todos». Obviamente, el alejamiento entre ambos personajes se hizo evidente en la posguerra.
 
ABC

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