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El General David Petraeus, ascender y caer por los medios 2ª parte

  • Escrito por Redacción

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El General David Petraeus, ascender y caer por los medios 2ª parte

V.- La cúspide

Forth Leavenworth, en Kansas, es el lugar en donde el ejército norteamericano tiene sus principales escuelas especializadas, es el sitio en donde se formula la misma doctrina y los modos sistemáticos de operar. Cuando Petraeus es enviado allí, sobre todo por la mediación del jefe del estado mayor del ejército, el general Peter Schoomaker. Era más que obvio que las cosas no estaban funcionando en Irak y la cosa venía de lo profundo.Ya hemos mencionado que el ejército de los EEUU se había preparado intensamente para hacer la guerra de una manera convencional, eso era más que necesario en la guerra fría, aunque el desastre de Vietnam había sido un fuerte jalón de orejas en el sentido de que no siempre las guerras son como se quieren pelear.

La discusión básica era sobre que tanto el ejército debía cambiar su doctrina luego del final de la guerra fría. Petraeus debía de determinar qué estaba saliendo mal y corregirlo. Para “Peaches” era obvio, se debía de redefinir el enfoque hasta entonces empleado por el ejército y que muchos autores definen como la “Doctrina Powell” (por el general Collin Powell y la manera en que se había manejado “Tormenta del Desierto”). Dicha doctrina tenía como base principal que el prerrequisito básico para la guerra era acumular y usar fuerza a niveles aplastantes contra el enemigo.Petraeus, que como mencionamos al principio de este texto era “fan” de David Galula, Marcel Bigeard y Jean Lartéguy, extrajo de éstos exactamente lo opuesto, en determinados casos, sobre todo cuando se trata de contrainsurgencia (un aspecto de la guerra que luego de Vietnam se olvidó casi por completo en el ejército norteamericano por raro que parezca), el éxito se logra con la mínima aplicación posible de la fuerza. El resultado final del trabajo de Petraeus en Fort Leavenworth sería la elaboración de un nuevo manual de contrainsurgencia, la edición del 2006 del manual de campo FM 3-24, que desde entonces emplearían tanto el ejército como la infantería de marina de los EEUU, titulado simplemente como “Contrainsurgencia”. Para esa tarea Petraeus convocó a un grupo multidisciplinar que incluía a profesionales de áreas relacionadas con la economía, la cultura, la política y otras ciencias sociales, además de militares.


Las ideas volcadas en el FM 3-24 en gran parte no son nuevas y a primera vista no es más que sentido común aplicado. Por ejemplo pregona que la base de toda campaña de ese tipo efectiva es cuidar a la población civil, darle seguridad, servicios, atención, simplemente “ganarse a la gente en la calle y el campo”, proteger a los ciudadanos más que buscar destruir al enemigo en pocas palabras. Petraeus diría con orgullo que se elaboró para que “quien lo lea piense”.

Dicho documento ha sido celebrado como una obra que marca un parteaguas en cuanto a doctrina, claro que tiene sus críticos, que argumentan que dicho documento es demasiado genérico y en ciertos momentos parece más bien dirigido a una campaña de relaciones publicas antes de para realmente formar doctrina. Probablemente hubo algo de cierto en eso, pues el nuevo secretario de la defensa, Robert Gates, que sucedió al malogrado (y malogrador diría alguno) Donald Rumsfeld a finales del 2006, le propuso a Petraeus suceder en el cargo de jefe de las tropas en Irak al general Casey, ya que definitivamente el asunto no iba mejorando, sino al revés. Obviamente Petraeus acepto la “papa caliente”, esto vino de la mano con su nombramiento como general de cuatro estrellas.

En esa misma época se estaba comenzando a hablar en los altos círculos militares estadounidenses sobre la manera más lógica de remediar la situación en Irak, con la salida de Rumsfeld se abría la posibilidad de aumentar sustancialmente la cantidad de tropas en el país, junto con un cambio de enfoque que precisamente privilegiaba la adopción de medidas más al estilo precisamente de lo que Petraeus estaba redactando en Forth Leavenworth. A la aplicación de esas cuestiones se le denominó como “The Surge” (“La Oleada”). Un estudio conjunto del congreso de los EEUU elaborado por un grupo bipartidista al que se denomino “Grupo de estudios sobre Irak” (“ISG” por sus siglas en inglés) y que se dio a conocer a finales del 2006 indicaba que tanto en ese país como en Afganistán las cosas eran desastrosas y que debían haber cambios de inmediato. Otro estudio, del “American Enterprise Institute”, una organización privada especializada en asuntos de defensa y que incluía entre sus miembros al general ya en retiro Jack Keane, antiguo jefe de Petraeus, recomendaba directamente aumentar el número de tropas para estabilizar la situación en el país y permitir “respirar” y poder terminar de organizar a las fuerzas de seguridad iraquíes, a fin de lograr a continuación una retirada ordenada de los EEUU.

Allí vendría otro momento estelar de Petraeus. No solo se le había dado la oportunidad de reescribir el libro, sino que ahora tenía la ocasión de aplicarlo. “La Oleada” incluía el desplegar casi 40,000 tropas más directamente en tareas de contrainsurgencia en Irak (en esa época había unos 130,000 elementos contando a los integrantes que quedaban de la coalición original). De inmediato se puso en operación un plan para pacificar Bagdag, dividiendo la convulsionada ciudad en sectores en los que se trabajaría individualmente poniendo en práctica lo pregonado por Petraeus. Para ese momento el grueso de la lucha era sectaria, musulmanes chiitas contra sunitas, y las células que Al Qaeda había infiltrado en el país. Esos grupos luchaban tanto entre ellos como contra las fuerzas de la coalición.

Así pues, Petraeus aplicó medidas controversiales, como poner en la nomina cantidad de insurgentes, sobre todo de la facción sunita, incluso se consiguió que se convocase a los antiguos militares del ejército de Hussein, con la promesa de estudiar sus casos individualmente y reenlistarles o cuando menos pagarles salarios atrasados. A dicha convocatoria llegaron más de 100,000 hombres, de los cuales 7,000 fueron reenlistados y casi 70,000 obtuvieron pensiones, muy necesitadas en esos tiempo de privaciones. Por supuesto que se avanzó en cosas tan obvias como el restablecimiento de servicios básicos como electricidad, transporte y educación.


En sí la violencia se incrementó durante los primeros meses de “La Oleada”, llegando a un pico especialmente violento entre mayo y septiembre del 2007, pero luego comenzó a bajar. Un jubiloso Petraeus entregó un reporte de situación al congreso de los EEUU en septiembre de ese año en donde mostraba lo que a su juicio eran avances importantes. El asunto de “La Oleada” y su implementación no ha dejado de ser polémico, los críticos de Petraeus señalan que hubo cierta manipulación de las estadísticas, que el inicio del descenso de la violencia correspondió mas bien a ceses al fuego locales y al hecho simple de que los chiitas simplemente fueron avasallados al ser captados los sunitas con “cañonazos” de billetes verdes.

Otros factores como el simple desgaste de los semilleros de insurgencia y terrorismo debido a las continuas bajas no se deben de dejar a un lado. Al Qaeda en sí comenzó a ser combatido a fondo por los mismos sunitas ante la escalada de violencia promovida por los seguidores de Bin Laden. Lo cierto es que esa sería la catapulta de Petraeus a un nivel que le llevaría al estrellato total. A mediados del 2008, año y medio después de iniciada “La Oleada”, los niveles de bajas de las tropas norteamericanas en Irak habían descendido considerablemente (aunque no se podía decir lo mismo de las bajas en la población civil claro), de hecho la nueva administración del presidente Obama continuó con el asunto pues como quiera que fuese, parecía que había funcionado, y en política eso es lo que importa.Para septiembre del 2008 Petraeus es convocado de nuevo a los EEUU, para dirigir el Centro de Mando Central del ejército (USCENTCOM), en Tampa, Florida, dejando el puesto a su subalterno, el general Rauymond Odierno.

El USCENTCOM es el centro nervioso de las operaciones militares estadounidenses en el exterior, en esa época incluía mas de 20 países en los que EEUU tenía tropas y/o estaba efectuando operaciones. Allí le tocaría a Petraeus tratar con toda clase de problemas y nuevos retos, incluyendo cuestiones de política de alto nivel. Todo esto se tiene que enmarcar en medio de un ambiente mediático intenso, sus logros en Irak le habían llevado a ser casi seguramente el general mas visto y leído en los medios de comunicación de las ultimas décadas.

A principios del 2010 se habían escrito tres libros aparte del Rick Atkinson ya citado en que Petraeus es el personaje principal u ocupa buena parte, "Tell Me How This Ends" de Linda Robinson, parte biografía y parte recuento de sus actividades directas en el primer año de “La Oleada”, “The Gamble”, de Thomas Ricks, un recuento muy detallado de “La Oleada” y “The Fourth Star” de Greg Jaffe, con las biografías cortas de cuatro generales actuales que a juicio del autor representaban los “vientos del cambio” en el ejército, obviamente uno de ellos siendo Petraeus. De los dos primeros libros, ambos autores, periodistas profesionales, pintan un retrato de Petraeus bastante positivo, aunque al parecer esto se debió en parte a que cayeron bajo el poder del “aura” del “Rey David”, curiosamente ambos siempre han alabado el acceso total que se les dio mientras elaboraban sus trabajos, mas con el análisis del tiempo se puede ver que como antes, Petraeus les había manipulado “ligeramente”, perdiendo su objetividad en el camino. Otra biografía publicada en el 2010, de Bradley Gericke, no está menos repleta de alabanzas hacia Petraeus, el autor de hecho sirvió un tiempo bajo su mando y al parecer a la fecha todavía no puede sacudirse dicha cuestión.

Entonces vino algo que con la ventaja que nos da el tiempo debió ser tomado como un aviso para el “Rey David. “El general Stanley McChrystal, comandante de las tropas desplegadas en Afganistán, y quien estaba precisamente en pugna por una “Oleada” en dicho país, se vio obligado a renunciar a su cargo luego de que la revista “Rolling Stone” publicase en junio del 2010 un artículo firmado por el periodista Michael Hastings, en donde recogía las opiniones directas de los integrantes del estado mayor de McChrystal e indirectamente de él mismo sobre la manera en que la administración Obama estaba manejando el asunto de Afganistán. Dichas opiniones eran muy críticas. Desgraciadamente al parecer se les olvidó que una regla básica es mantener las opiniones personales sobre los mandos precisamente personales, cuando menos mientras se está en servicio activo.

Luego de la dimisión de McChrystal, Obama tomó una decisión que aún actualmente es discutida, pues nombró como substituto ni más ni menos que a Petraeus. Lo cual en la práctica significaba colocarle en un puesto inferior al que estaba desempeñando. Hay muchas explicaciones para esa decisión, que van desde que todo el incidente había mostrado que en general las cosas no estaban funcionando bien y que se requería al hombre adecuado, y nadie mejor que el “héroe” que había logrado “sacar al buey de la barranca” en Irak. Otros, más cínicos, indican posibles cuestiones políticas, seguramente las verdaderas razones no las sabremos hasta dentro de mucho tiempo. Así pues, el 23 de junio del 2010 Petraeus era destinado a Afganistán.

VI.- Dejar el perro muerto en la puerta del otro

La elección de Petraeus parecía ser de lo más correcto, era un general muy querido, en alta estima y con mucha fama precisamente por tener el talento de resolver problemas en apariencia imposibles. En sus conferencias de prensa continuaba destilando optimismo, se aplicarían las mismas lecciones que en Irak, buscando el entendimiento con los locales, viviendo entre la gente y buscando reconciliar a los antagonistas. De hecho, a pregunta expresa de Obama, Petraeus prometió que con dichas medidas, además de una “Oleada” para ayudar a estabilizar las cosas, se verían resultados en 18 meses.Zoom in (real dimensions: 2874 x 1916)


El general Petraeus, comandante de las fuerzas estadounidenses y aliadas en Afganistán, visita Qalat Mangwal (mayo 2011).Sin embargo, fuera de los reflectores, la realidad fue otra. Afganistán es un ambiente muy distinto al de Irak, curiosamente, al pretender emplear la misma fórmula, sin apenas adaptaciones, Petraeus cometió el mismo error que tanto criticó años antes de los elementos más tradicionalistas del ejército norteamericano. Se sabe que el tipo es muy inteligente, así que es poco probable que no se diese cuenta de que algo iba mal, pero ya sea por causa de su propio ego, o simplemente debido a que su propia fama le termino cegando, terminó tropezando en la misma piedra.

Por ejemplo las reglas para enfrentamiento (“Rules of Engagement”) que dispuso, pensadas para proteger a la población civil, de hecho se volvieron impopulares entre las tropas pues provocaron el aumento de bajas entre ellos. Así pues, los talibanes simplemente se adaptaron con rapidez, buscando mezclarse todavía más entre los civiles, a fin de que no se empleasen ataques aéreos ni otros medios de fuerza debido precisamente a dichas reglas. Además hay otras cuestiones que hacen una gran diferencia a Afganistán, como una economía basada en gran parte en el cultivo y tráfico de la amapola, es decir, a efectos prácticos, una “narcoeconomia”, que por cuestiones políticas desde siempre se dejó ser, probablemente temiendo que tomar medidas en contra de la misma significaría una tragedia humana aún mayor que las sufridas por las naciones africanas más pobres.

En la práctica eso significa que las fronteras por donde esa “narcoeconomia” circula deben mantenerse “porosas”, tanto para el narcotráfico, como para cualquier otra cosa, llámese armas, insurgentes y demás. Petraeus simplemente continuó con el “status quo” en ese aspecto. Un problema relacionado con dicha “”narcoeconomia” es la tenebrosa corrupción del régimen del presidente vitalicio Hamid Karzai, quien se las ha arreglado para mantenerse en el poder con una cuidadosa mezcla de amenazas a Occidente sobre pasarse al bando talibán y de advertencias sobre la catástrofe que sobrevendría en caso de que su régimen caiga. Según los expertos Karzai y sus incondicionales de hecho a veces son más temidos que el propio talibán. Allí Petraeus, siempre político, tampoco dijo nada.

Según sus críticos, Petraeus implementó algunas cosas que de hecho iban en contra de su propio “guión”, por ejemplo, aumentó el empleo de ataques aéreos, en noviembre de 2010 por ejemplo se efectuaron 3 y media veces más ataques de ese tipo que el año anterior. En las provincias de Kandahar y Helmand se multiplicó el uso de armas convencionales a un nivel que no se había visto en años. El correspondiente número de bajas civiles aumentó. Claro que Petraeus siempre encontraba la manera de explicar como todo eso era “temporal” mientras la “Oleada” seguía su curso.

El teniente coronel retirado John Cook, que en esa época era asesor del gobierno afgano, refiere que mientras todo eso tenía lugar, Petraeus iba siempre acompañado de una joven mujer, que era ni más ni menos Paula Broadwell, que había conocido al general en el 2006 durante una visita de éste a Harvard. Broadwell era oficial de inteligencia del ejército y estaba cursando estudios superiores allí. Al parecer la relación entre ellos continuó y para la época en Afganistán ella estaba de tiempo completo asignada para escribir una nueva biografía, que vería la luz a principios del 2012, titulada “All in” (“Todo incluido”), obviamente ese título serviría para elaborar todo tipo de chistes malos apenas unos meses después, pero no nos adelantemos.

En fin, que Petraeus declaraba a la prensa a principios del 2011 que se habían conseguido avances importantes en Afganistán, pero que éstos tardarían tiempo en consolidarse. Entonces vendría un movimiento algo inusual, pues el presidente Obama le nominó para suceder a León Panneta, director de la CIA que iba a renunciar para ocupar el cargo de secretario de defensa, que estaba quedando vacante con la salida de Robert Gates.

Ese movimiento tuvo muchas lecturas. Se esperaba en todo caso que la administración le ofreciera el puesto de jefe del estado mayor conjunto, pero dada la fama de Petraeus tampoco era una opción política, ya que prácticamente eclipsaría al resto del gabinete. La CIA era una alternativa que permitía mantenerle en el gobierno pero en un perfil no demasiado elevado. Como quiera que fuese, Petraeus aceptó. Optando al mismo tiempo por la jubilación del ejército, esto en agosto del 2011. Su nombramiento como director de la Agencia Central de Inteligencia se hizo efectivo en octubre de ese año.Afganistán quedaba pues atrás. Es de esa época que alguno de sus detractores indicó de él con mucha ironía que “era el tipo de gente que acostumbra dejar el perro muerto en la puerta del vecino”.

VII.- Pasar de ser 007 a quedar como Johnny English

El nombramiento de Petraeus tenía sentido en un orden de ideas en el que se buscaba reforzar el área operativa de la agencia, en contraposición al área de análisis. Para esto brevemente hay que señalar que durante la guerra fría ambas secciones trabajaron con cierto balance, la operativa recogía los datos, con los medios clásicos del espionaje, mientras que el área de análisis tomaba esos datos y los volvía información “digerible” por los políticos.

Después de la guerra fría, el área operativa se redujo mucho, probablemente demasiado, y el área de análisis comenzó a depender cada vez más de fuentes de información ajenas a la agencia, lo que obviamente provocó problemas como los que llevaron a la guerra con Irak. Para la época de la administración Obama, se había tomado la decisión firme de reforzar el área operativa, de hecho eso fue uno de los factores que llevaron a la ubicación y muerte de Bin Laden. Así pues, Petraeus parecía la persona adecuada para continuar en ese camino.

Aún es muy pronto para evaluar el paso de Petraeus en la agencia, hay rumores de que el énfasis en operaciones paramilitares, el empleo de aviones no tripulados en operaciones de uso de fuerza mortal y otras cosas se aumentó en detrimento de las tareas menos vistosas pero igual de importantes como la recolección de información.

Por supuesto que hay expedientes abiertos relacionados con el empleo de métodos “no convencionales” como tortura y ejecuciones extrajudiciales que algún día quizás sean detallados.Se supone que es en los meses en que Petraeus trabaja ya como director de la CIA que inicia el romance con su biógrafa, sin embargo hay testimonios que indican la posibilidad de que, como dice el teniente coronel Cook, esto ya fuese un hecho desde Afganistán. Como quiera que fuese es un hecho que a la CIA le pasa de noche todo el cúmulo de advertencias que apuntaban a que se gestaba para el 11 de septiembre del 2012 un ataque a la embajada norteamericana en Bengasi, Libia, donde resultó muerto el embajador. Todavía no se disipaba la agitación de ese suceso cuando vino el escándalo extramarital que pondría fin a la carrera en el servicio público de Petraeus.

Resulta irónico que siendo Petraeus director de la CIA, y Broadwell también oficial con experiencia en inteligencia, optasen por emplear un sistema de comunicación tan infantil como una cuenta de correo público compartida, en la que se escribían sus mensajes románticos en el modo de borrador. Al parecer meses atrás Petraeus le había coqueteado a una mujer que frecuentaba su círculo social, Broadwell sintió celos y comenzó a enviar amenazas a dicha mujer, la cual logró que el FBI investigase, haciendo que la Broadwell confesase su romance con el director de la CIA.

El asunto fue particularmente embarazoso pues aunque desgraciadamente los casos de infidelidad son comunes aún en la alta política, el que uno de los responsables de la seguridad del país más poderoso del planeta manejase un comportamiento tan indiscreto era incluso peligroso.

Zoom in (real dimensions: 2614 x 2512)Imagen
David Petraeus y Paula Broadwell.Finalmente el 9 de noviembre de 2012 se dio a conocer a los medios de comunicación el penoso caso. Petraeus, habiendo sido informado de que se le había descubierto, presentó su renuncia a Obama dos días antes, misma que fue aceptada.

Es importante señalar que hubo cierto sector de la prensa y la opinión pública norteamericana que no estuvo de acuerdo con la dimisión de Petraeus, alegando diversos motivos. Pero lo cierto es que el puesto de director de la CIA es demasiado importante como para que alguien que es descubierto engañando a su esposa pueda desempeñarlo. Aún mas, de ser cierto que el romance inició siendo Petraeus todavía un militar en servicio activo, el podría encarar un delito, pues el código de justicia militar norteamericano marca como punible el adulterio. Obviamente tanto Broadwell como Petraeus se han mantenido con la historia de que sus relaciones serias iniciaron después de la jubilación del “Rey David”.

El asunto siguió salpicando gente días y semanas después, dado que resultó que se hallaron indicios de que la mujer que había denunciado el acoso de la Broadwell al parecer también tenía algún tipo de relación “demasiado intima” con el general John Allen, substituto de Petraeus en Afganistán, Allen debió dimitir ante el escándalo.


En fin, que la carrera en el servicio público para Petraeus terminó (por el momento) de una manera particularmente espectacular, aunque no como él hubiera creído, curiosamente los clavos en su ataúd fueron clavados por los mismos medios que él tanto manejó en su momento.

VIII.- Conclusiones

Es poco probable que en realidad ese haya sido el fin de Petraeus en la vida pública de los EEUU, al parecer luego del escándalo siguió la asesoría de expertos en imagen y “control de daños”, manejando un bajo perfil. Las últimas noticias que se tienen de él es que está retornando de manera pausada, aceptando un puesto en una firma financiera. Ciertamente que con los conocimientos y experiencia que posee, habrá varias empresas y organizaciones que seguramente le darían empleo. Su esposa Holly, se ha comportado como toda una dama, no se ha hablado de divorcio, probablemente por cuestiones políticas. Ella actualmente trabaja en la administración Obama en cuestiones de orientación para el manejo de la economía de los veteranos. No se debe descartar que una vez que el escándalo sea un poco olvidado Petraeus sea tentado por la política, probablemente no de una manera tan fugaz como se pronosticaba que podría ser apenas unos años antes, pero hay que reconocer que sigue siendo una figura popular, tanto como polémica. Mientras, hemos visto como las últimas tropas norteamericanas partieron de Irak hace ya algún tiempo, quiérase o no, en parte gracias a Petraeus y su labor, limpia y sucia. Desgraciadamente el caso de Afganistán se ve más nebuloso, con un futuro mucho más incierto. Los cambios que ayudó a efectuar en la manera de pensar y actuar en el ejército por supuesto que no pueden ser dejados a un lado, pero deben de valorarse a la luz de los resultados, que aunque relativamente efectivos en Irak, no demostraron lo mismo en Afganistán.En general podemos decir que la carrera de Petraeus es un ejemplo interesante de cómo alguien ambicioso, con gran fuerza de voluntad y capacidad de aprovechar las oportunidades, puede escalar tanto a nivel profesional como darse a conocer y obtener fama. Desgraciadamente también es un ejemplo de cómo la ambición sin control y la manipulación puede causar daño, incluso a quien cree poder manejar esas cuestiones. Así pues, el viejo refrán de que no siempre es bueno creerse más listo que los demás no deja de ser válido. Su excesiva exposición a los medios de comunicación, un factor que indudablemente le ayudó en su ascenso pero que también ha hecho su caída más estruendosa, tuvo seguramente el efecto negativo de que no se apreciase la valía de otros oficiales con capacidades similares a las suyas pero que como Mattis, Swannak, y el general John Abizaid, simplemente no eran “mediáticos”.Sobre el futuro, “P4”, como también se le conoce a Petraeus, siempre ha dado muestras de poder levantarse luego de caer, sacudirse el polvo y continuar su camino, así que para bien o para mal seguro tendremos Petraeus para rato.

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