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Noticias Historia

General José Francisco de San Martín

  • Escrito por Redacción

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General José Francisco de San Martín

Militar de formación profesional, realizó un plan estratégico que le permitió asegurar la Independencia Argentina. Cruzó los Andes y liberó Chile, y por último, logró vencer a los realistas en el Perú. Es considerado el padre de la patria.

Nació el 25 de Febrero de 1778 en Yapeyú (pueblo de la provincia de Corrientes, Argentina) y murió en Bolougne Sur Mer, Francia en 1850. Era hijo del capitán español Juan de San Martín -quien ocupaba el cargo de Teniente Gobernador de esa localidad- y de Gregoria Matorras. Tuvo una hermana y tres hermanos.

En 1783, los San Martín regresaron a España, y José Francisco a la edad de los once años ingresó como cadete en el Regimiento de Murcia. A partir de entonces estuvo veintidós años al servicio del Ejercito Español, y a los quince años participó por primera vez en una batalla formando parte de la defensa de la ex-colonia española de Oran en el norte de Africa, la cual se encontraba sitiada por los argelinos. Combatió más tarde contra los ingleses en el Mediterráneo, en las guerras contra Portugal y contra el ejército francés cuando Napoleón ordenó la invasión a España.

Los ideales y las consignas humanísticas que difundía la Revolución Francesa por toda Europa fueron de gran influencia para San Martín y otros oficiales americanos del Ejército Español.

La caída del rey Fernando VII en manos de Napoleón causó una nueva impresión en las colonias americanas dependientes de la Corona Española, y los jóvenes oficiales americanos se plantearon la posibilidad de luchar por su independencia.

San Martín, que había sido distinguido y ascendido por su actuación militar, solicitó su retiro del Ejército a mediados de septiembre de 1811 y entonces partió de Cádiz hacia Londres. Allí permaneció durante tres meses, donde mantuvo contacto con otras personas que tendrían papeles protagonistas en la lucha por la emancipación americana. Luego, en enero de 1812, se embarcó en la fragata “George Canning” con destino a Buenos Aires; junto a él viajaban Carlos de Alvear, Martiniano Chilavert y Jose Zapiola entre otros. Desembarcó en enero de 1812 (momentos en que gobernaba el Primer Triunvirato en un clima de crisis por el desastre de Huaqui y por los ataques españoles desde Montevideo y el Alto Perú).

Con algunos de sus acompañantes y otros hombres sumados en Buenos Aires, formó la Logia Lautaro, que era una sociedad secreta destinada a lograr la independencia. San Martín se relacionó con las familias de mayor influencia social, con lo que así conoció a Remedios de Escalada, con la que se casó en noviembre de 1812.

El Triunvirato reconoció su grado militar y le encargó la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Pero la autoridad del Triunvirato era cuestionada por los miembros de la Sociedad Patriótica, que objetaba su representatividad y sus decisiones militares. El 8 de Octubre de 1812 se llevó a cabo una rebelión que produjo la caída del gobierno, y entonces se creó el Segundo Triunvirato. El nuevo gobierno encomendó a San Martín la custodia de la costa occidental del río Paraná, y durante esta misión los granaderos combatieron y obtuvieron su primer triunfo en la batalla de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813. Meses siguientes obtuvieron una seguidilla de derrotas entre ellas la de Vilcapugio y Ayohuma, por lo que el Ejército del Norte quedo prácticamente destruido, y la revolución había entrado en uno de sus peores momentos.

El gobierno designó a San Martín como jefe de una expedición militar al Alto Perú para que reorganizara el Ejército del Norte, que hasta entonces estaba bajo el mando de Manuel Belgrano, y los dos jefes se encontraron en la Posta de Yatasto. San Martín comenzó de inmediato la reorganización de tropas, pero estaba convencido de que la lucha no debía continuar por el Alto Perú, sino que había que montar una campaña para atacar en Lima, donde estaba la base máxima de poder de los realistas.

En abril de 1814 dirigió una carta al Presidente del Consejo de Estado, Nicolás Rodríguez Peña, en la que solicitaba apoyo para la campaña que pensaba iniciar, con un ejército pequeño y disciplinado, en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los "godos". De acuerdo con sus planes, dejó en manos de Martín de Güemes y sus gauchos la defensa de la frontera norte y, a principios de 1814, se dirigió a Córdoba donde permaneció algunos meses con licencia por motivos de salud. El 10 de agosto fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo, y entonces comenzó a preparar el Ejército de los Andes en Mendoza.

En abril de 1814, Fernando VII fue repuesto en el trono de España y retomó la iniciativa para recuperar las antiguas colonias. Envió tropas a Chile para aplastar la revolución, los patriotas chilenos fueron vencidos en la batalla de Rancagua, y cientos de ellos huyeron hacia Mendoza. Pero éstos estaban divididos en dos fracciones, que respondían a José Miguel Carrera y a Bernardo de O’Higgins, en quien San Martín depositó su confianza y fue su aliado en la prosecución de la campaña.

A pesar de la guerra contra los realistas llevada adelante en distintos frentes, todavía no se había declarado la Independencia, y San Martín reclamó esa decisión, por lo que el 9 de Julio de 1816 el Congreso de Tucumán declaró la Independencia.

La estrategia de San Martín llamada “guerra de zapa” era la de confundir y desmoralizar a los realistas, antes de iniciar campaña a Chile y posteriormente en la campaña al Perú. Su fin es infundir temor en los soldados enemigos, promover la deserción, desprestigiar a los jefes e introducir información falsa. Para eso, San Martín contó con espías preparados que se infiltraban en las fuerzas enemigas, a veces simulando ser desertores, y sin que ni siquiera su familia conociera su doble identidad. Algunos de esos espías fueron descubiertos y ejecutados. Las autoridades españolas habían desatado una fuerte represión contra los chilenos mediante el destierro, la confiscación de bienes y la pena capital, y San Martín pudo contar con muchos de esos chilenos que deseaban la libertad, para ayudarle en la guerra de zapa. Aprovechando el resentimiento popular, propició levantamientos revolucionarios en distintos lugares, de manera que las tropas españolas tuvieran que distraer fuerzas para reprimir las rebeliones.

Después de casi tres años de esfuerzos y de preparar el terreno con la guerra de zapa, el Ejercito de los Andes estuvo finalmente listo y en enero de 1817, comenzó el cruce de los Andes, que duraría veintiún días.

El 12 de febrero de 1817 se produjo la Batalla de Chacabuco, en la que San Martín venció a los realistas; dos días después ingresó en Santiago de Chile, rechazó el cargo de jefe de gobierno que le ofreció el Cabildo, y a petición propia fue nombrado Bernardo O’Higgins. Viajó luego a Buenos Aires, donde permaneció un tiempo para gestionar el apoyo del gobierno a la campaña del Perú, pero la situación en Chile seguía siendo precaria porque las tropas realistas concentradas en el sur del país recibieron refuerzos y comenzaron a avanzar sobre Santiago.

El 19 de Marzo de 1818, el Ejército de San Martín fue sorprendido y vencido en Cancha Rayada y la noticia atemorizó a la población, pero el 5 de abril las tropas criollas lograron el triunfo en Maipú, asegurando la Independencia de Chile.

San Martín regresó una vez más a Buenos Aires en busca de ayuda financiera para organizar la campaña al Perú, donde recibió más promesas que colaboración. El 9 de Junio de 1818, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, que había prestado ayuda a San Martín, renunció a su cargo y fue reemplazado por el General José Rondeau. Los caudillos del Litoral rechazaron su autoridad, acusando al gobierno de monopolizar el poder y de buscar un sistema monárquico. Rondeau pidió a San Martín que le apoyara con sus tropas, pero éste se negó porque consideraba primordial acabar con el dominio colonial, y porque no quería tomar parte en guerras civiles.

Continuó en Chile organizando la expedición al Perú, y como Rondeau fue derrotado y no había un poder central que lo respaldara, los oficiales avalaron su autoridad mediante la firma del Acta de Rancagua. La expedición al Perú, compuesta por 4.430 hombres entre argentinos y chilenos, partió de Valparaíso el 20 de Agosto de 1820 y, al mando de la escuadra iba el vicealmirante de la Marina Británica Thomas Alexander Cochrane. Estaba compuesta por ocho buques de guerra y once lanchas cañoneras. Llego a la Bahía de Paracas el 7 de septiembre, y las tropas desembarcaron y avanzaron hacia Pisco.

San Martín puso sitio a Lima y, en enero de 1821, el Virrey Pezuela fue derrocado por sus propios oficiales y reemplazado por el General José de la Serna. Se iniciaron nuevas negociaciones pero, como nuevamente la condición de la independencia no fue aceptada, el 12 de julio San Martín avanzó sobre Lima sin hallar resistencia, proclamando la Independencia el 28 de julio y siendo nombrado “Protector del Perú”.

Desde ese cargo, dictó medidas de importancia, tales como la abolición de las encomiendas, repartimientos y mita, la prohibición de la tortura y de los azotes en las escuelas. También fundó la Biblioteca Nacional, a la que donó sus propios libros, muchos de ellos transportados desde España y que había llevado consigo durante el cruce de los Andes. La resistencia realista continuaba en otras regiones del país y surgieron diferencias con Cochrane, que regresó a Chile y se encontró con resistencia de parte de algunos de sus propios oficiales.

Para concluir la guerra necesitaba el apoyo de las tropas de Simón Bolívar -a quien anteriormente había aportado 1.600 soldados para su campaña- por lo que hubo un encuentro secreto en Guayaquil en julio de 1822 donde conversaron Bolívar y San Martín. Poco después, San Martín renunció a su cargo de Protector, dejó en manos de Bolívar el final de la Campaña en Perú y partió hacia Chile.

Volvió a cruzar la cordillera hacia Mendoza y allí recibió la noticia de la grave enfermedad que tenía su esposa, quien murió en agosto de 1823. Regresó a Buenos Aires donde le esperaba un clima hostil y de desconfianza, y el 10 de febrero de 1824 partió hacia El Havre, Francia, en compañía de su pequeña hija Mercedes. Estuvo un tiempo en Londres y luego se estableció durante tres años en Bruselas (Bélgica), en una tranquila casa de campo, pero éste extrañaba bastante Mendoza.

Al enterarse de la guerra contra el Brasil, decidió regresar a Buenos Aires para ofrecer sus servicios, pero al llegar ya se había firmado la paz. Tuvo conocimiento de los profundos conflictos que enfrentaban a unitarios y federales y, sin desembarcar decidió continuar camino a Montevideo y luego regresaría a Bruselas. En 1830, Bélgica inició una guerra para independizarse de Holanda y, ante la conflictiva situación, San Martín se instaló en Paris con escasos medios económicos. En 1832, su hija se casó con Mariano Balcarce, hijo de su amigo, el general Antonio Balcarce, y la pareja se marchó por un tiempo a Buenos Aires. San Martín se reencontró por entonces con su viejo amigo, el banquero español Alejandro Aguado, quien le brindó la ayuda económica que le permitiría comprar una casa en Grand Bourg, en las cercanías de Paris.

En 1836 regresó su hija, y toda la familia se instaló en esa residencia donde San Martín se dedicaba a la lectura y también a la pintura de acuarelas, a cultivar dalias y rosas, a trabajos de carpintería y a montar a caballo. Era un ingenioso conversador que manejaba muy bien el francés, ingles y el italiano.

Al enterarse del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires, envió una carta al Gobernador Juan Manuel de Rosas para ofrecerle sus servicios, pero Rosas declinó la oferta afectuosamente.

En sus últimos años, en 1848 se produjo en Francia una revolución que provocó la caída del rey Luis Felipe y San Martín, junto con su familia, se radicó en Bolugne sur Mer, en la costa del Canal de la Mancha, donde falleció el 17 de Agosto de 1850.

En su testamento dispuso que su sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas por su actuación ante los bloqueos francés y anglo-francés, y expresó su deseo de que su corazón descansara en Buenos Aires. En 1880, sus restos fueron repatriados y se encuentran en un Mausoleo en la capital de Buenos Aires.

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