Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

Quiero hablaros so...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 10 de...

El Guardia Civil Dani Diaz prepara un nuevo reto solidario para ayudar al hijo de un compañero en 2017

El Guardia Civil Dani Diaz prepara…

Nuestro compañero ...

Cartas al Director

Cartas al Director

Envíe su carta...

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 (CUIDADO CON LAS COCES)

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 …

‹‹La Constitución ...

El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Historia

Brunete, sangre y muerte en una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil

  • Escrito por Redacción

campesino-brunete

Dolor, valentía, y una ingente cantidad de víctimas. Con estos términos se podría definir la batalla de Brunete, un choque de fuerzas en el que, desde el 6 julio de 1937, las tropas de la República se enfrentaron al ejército de Francisco Franco en las afueras de Madrid.

Aquel caluroso verano, la actual capital española quedó consternada ante las casi 40.000 bajas que se produjeron, una cifra que, a la postre, convertiría este enfrentamiento en uno de los más cruentos de la Guerra Civil. [Galería de imágenes: el estado actual del campo de batalla]

Sin embargo, también se vivieron también grandes actos de arrojo y valor por parte de soldados de ambos bandos. Y es que, durante casi un mes, miles y miles de combatientes soportaron unas penosas condiciones de vida mientras trataban de obviar el temor a que una bomba cayera sobre su cabeza y oían como las balas silbaban a centímetros de sus orejas.

La defensa de Madrid

Para entender los sucesos que motivaron la cruel batalla de Brunete es necesario viajar en el tiempo hasta 1937, apenas un año después del inicio de la Guerra Civil. Concretamente, hace ya 76 veranos, el ejército de Franco había tomado posiciones en varios terrenos de la Península Ibérica tras declarar la guerra a la zona republicana.

«En julio del 37 la República tenía como terrenos propios, en primer lugar, toda Cataluña, Levante, buena parte de Andalucía, Castilla la Mancha y Madrid en lo que era llamado el Frente del Centro. Por otro lado, también disponía de la Cornisa Cantábrica, Santander y Asturias (el Frente del Norte)», explican en declaraciones para ABC Ernesto Viñas y Ángel Rodríguez, miembros del grupo «Brunete en la memoria» e investigadores -desde hace más de 12 años- de todos los sucesos relacionados con la batalla de Brunete.

Eran tiempos de guerra y duros combates, pues las tropas franquistas buscaban con ferocidad tomar Madrid, el símbolo de la resistencia republicana. «En esta etapa habría que hablar de una situación relativamente favorable para la República en el Frente del Centro, ya que primero rechazaron a las fuerzas del ejército de Franco en el asalto frontal a Madrid y después en las tres grandes batallas que acontecieron en torno a la ciudad», determina Viñas.

Al final, y tras varios ataques frustrados, las tropas franquistas decidieron poner sitio a la ciudad y dedicar sus esfuerzos a la conquista del norte. «Cuando llegó el verano de 1937 las operaciones más importantes ya no estaban en torno a Madrid. Franco fijó su objetivo en la cornisa Cantábrica ya que la ciudad resistía bien y era muy complicado, debido a la fortaleza creciente del ejército republicano de la zona centro, tener las ganancias territoriales que buscaba», completa el experto.

Una batalla de distracción

No obstante, no todo marchaba bien en el bando republicano. Y es que, aunque el centro resistió el envite de los franquistas a base de fusil y artillería, el Frente del Norte pronto acusó los continuos ataques. «El problema es que entre el Frente del Centro –conectado con los puertos a los que llegaba la ayuda soviética- y el del norte estaba la ancha Castilla la Vieja dominada por el ejército de Franco, y, por lo tanto, la República no tenía forma de operar directamente sobre él», completa Viñas.

Con el paso de los días, y como los mandos republicanos temían, la fuerte presión de las bien entrenadas tropas franquistas terminó por minar la Cordillera Cantábrica, que pidió ayuda a Madrid. «Sólo se podía hacer una operación de diversión estratégica, es decir, atacar en un escenario que no es aquel al que quieres ayudar. La República pretendía obligar a Franco a sacar sus tropas del norte a cualquier precio», determina el experto.

Para ayudar al norte, la República lanzó un ataque de distracción

Tras largas deliberaciones, y ante la urgencia de ayudar a sus compañeros en el norte, los mandos republicanos decidieron asaltar a las tropas de Franco. Sin embargo, en un principio no hubo consenso sobre el lugar en el que llevar a cabo la ofensiva. «Se pensó primero en una operación en Extremadura que cortara el territorio que dominaba Franco en dos. No obstante, eso implicaba mover las tropas mucho, lo que hacía perder el factor sorpresa y obligaba a alejar las tropas de Madrid», añaden Viñas y Rodríguez.

Finalmente, los altos mandos republicanos tomaron la decisión: iniciarían una gran ofensiva en las afueras de Madrid, lo que les garantizaba, entre otras cosas, poder retirarse a lugar seguro si algo fallaba. «El ejército de la República buscaba dos objetivos: El estratégico, que consistía en aliviar al frente del norte; y el táctico –el más cercano-, que pretendía despejar el entorno de Madrid de la presión del ejército franquista alejando 20 kilómetros el frente de la ciudad».

El plan para cercar a Franco

Una vez decidido el lugar en el que se llevaría a cabo el asalto, se estableció que la operación estaría formada por dos ataques que se realizarían de forma simultánea. El primero, a cargo de los cuerpos de ejército V y XVIII, buscaba romper las líneas franquistas en Brunete partiendo desde un sector ubicado entre Valdemorillo y Villanueva del Pardillo (a unos 30 kilómetros de Madrid), Por su parte, la segunda acometida –al frente de la cual se encontraba el Cuerpo de Ejército de Vallecas- pretendía traspasar a las tropas de Franco desde Usera.

La finalidad, según Viñas, era que ambas tenazas avanzaran por la retaguardia enemiga y, tras recorrer unos 10 kilómetros, se encontraran en torno a Alcorcón, un pueblo ubicado aproximadamente a 13 kilómetros de Madrid. Este movimiento dejaría a las tropas de Franco rodeadas de enemigos y permitiría a los republicanos cortar sus suministros.

Sin embargo, el plan era más que arriesgado, pues frente a ellos se situaba un ejército curtido en mil batallas. «En el bando franquista la mayoría de sus oficiales eran gente capacitada, personas que habían hecho su vida profesional en el ejército y que, además, venían en muchos casos del ejército del norte de África, o sea que tenían una experiencia bélica relativamente reciente. No eran como los mandos peninsulares, que estaban más acostumbrados a una vida de cuartel, sino que habían tenido una experiencia militar directa y en primera línea en el Riff», completa Viñas.

Tropas en combate

En cambio, conseguir poner en práctica este plan de forma efectiva obligaba a la República a movilizar un gran contingente militar. «Por parte Republicana lucharon, sumando el Ejército de Maniobra y el Ejército de Vallecas, entre 80.000 y 85.000 combatientes -los cuales no estuvieron simultáneamente presentes en el campo de batalla-. En este número entrarían, además de la infantería, todas las unidades de apoyo», añade el experto.

A su vez, los oficiales tuvieron bajo su mando más de un centenar de vehículos blindados y unos 250 aviones entre cazas y bombarderos. Finalmente, también se ordenó el desplazamiento de 200 de piezas de artillería con las que bombardear el frente franquista. Por su parte, los defensores contaban al inicio de la ofensiva con unos pocos batallones que, con el paso de las jornadas, fueron aumentando hasta sumar unos 60.000 hombres. Además, no disponían en principio ni de tanques ni de artillería.

El sangriento asalto inicial

Tras la organización del operativo y el traslado de las tropas, los mandos dieron la orden de dar comienzo a la batalla en la noche del 5 al 6 de julio. Así, con el fusil entre las manos y varias granadas en los correajes, las tropas republicanas partieron bajo la protección de la luna. Todo estaba listo, y tenían a su favor el factor sorpresa.

No obstante, antes que el grueso del ejército ya había partido la 11ª División al mando de un antiguo cantero reconvertido en oficial: Enrique Líster. Esta unidad, amparándose en la oscuridad, consiguió atravesar varias posiciones franquistas sin ser vista y llevar a cabo uno de los primeros objetivos de la operación en aproximadamente una hora. «Las tropas de Líster hicieron 10 kilómetros de noche por campo enemigo sin ser descubiertas, se plantaron ante Brunete y lo tomaron», explica Viñas.

El ejército franquista resistió la repentina embestida republicana

Una vez arrebatado el pueblo de Brunete, cuyos defensores fueron cogidos por sorpresa, comenzó el avance masivo. Sin embargo, lo que había sido un comienzo abrumador se tornó en desesperación cuando las tropas republicanas comenzaron a ser frenadas en masa, lo que ralentizó el ataque sorpresa e impidió la rápida llegada a Alcorcón.

«En Villanueva de la cañada las defensas, que estaban formadas por un batallón –unos 700 hombres- resistieron durante 12 horas. Este pueblo cayó a las 9 de la noche del 6 de julio. También hubo una posición en la sierra –llamada los Llanos- que, defendida por un batallón, aguantó hasta el 8. Villanueva del Pardillo empezó a ser asaltada el día 9 para caer el 11», determinan los expertos.

Tras varios combates, la férrea defensa franquista consiguió estancar el avance de los miles y miles de soldados republicanos. «Tuvo que ser desesperante para los defensores resistir en cada pueblo. Al fin y al cabo las tropas franquistas estaban rodeadas por todos lados y sabían que no iban a salir más que muertos o prisioneros», completa Viñas.

«La situación de los republicanos tampoco era mejor, pues atacaban desde campo abierto y sin un lugar donde protegerse o una posición fortificada. Además estaban urgidos por acabar con las resistencias del ejército de Franco para poder continuar con la ofensiva», añade el miembro de «Brunete en la memoria».

Tras 20 días de batalla, Franco retomó Brunete

Repentinamente todo se complicó. La unidad de Líster fue abandonada a su suerte por los mandos republicanos, que prefirieron tomar todas las posiciones que encontraban a ayudar a la 11ª División en su avance. Por su parte, el oficial se atrincheró y se dispuso a resistir a ultranza ante la imposibilidad de avanzar hasta los siguientes pueblos: Boadilla del Monte o Sevilla la Nueva. Este suceso fue crucial pues, aunque se logró traspasar Brunete, la operación se retrasó demasiado para los intereses de la República.

«Falló que no se reforzó a Lister en el momento clave. El mando republicano, que estaba al mando de Miaja, consideró que era más importante dejar tomadas las posiciones de retaguardia que avanzar con el enemigo embolsado a sus espaldas. Miaja pareció sentir una especie de timidez operativa, lo que impidió avanzar a la vanguardia. Además, al no conseguirse la ruptura por parte del cuerpo de ejército de Vallecas, a las pocas horas de haber iniciado la ofensiva se había comprometido el objetivo máximo, que era encontrarse en un punto cercano a Alcorcón, cerca del actual barrio de la Fortuna», completa el investigador.

Resistencia franquista

La suerte del Ejército de Maniobra cambió el día 12 cuando los mandos dieron la orden de pasar a la defensa. Tras casi una semana de avances limitados, la extenuación había vencido a los asaltantes, que renunciaron también a tomar dos posiciones de gran importancia táctica, los vértices Mosquito y Romanillos. De esta forma, los mandos daban por finalizada la fase ofensiva hasta nueva orden.

Todo lo contrario sucedía en el bando franquista que, tras defenderse a sangre y fuego, comenzaron a recibir refuerzos desde el exterior. «Llegaron a juntarse 5 divisiones del ejército de Franco: la Provisional del Guadarrama –que la mandaba Asensio-, la número 13 –que la mandaba Barrón-, la 150 –que mandaba Sáenz de Buruaga-, y las dos brigadas de Navarra (la 4º -mandada por Camilo Alonso Vega- y la 5º -que la mandaba Bautista Sánchez-). Eran todos militares de carrera acostumbrados a mandar grandes unidades y, seguramente, lo hicieron bien, pues primero frenaron a los republicanos, después les aplicaron un desgaste muy serio y finalmente pasaron a la contraofensiva», añade Viñas.

Además, la superioridad aérea que había tenido el bando republicano terminó con la llegada de la Legión Cóndor, los aliados alemanes de Franco. «El ejército de la República gozó en un principio de una notable pero breve superioridad técnica sobre los franquistas, pues había incorporado varios cazas Polikarpov I-16 e I-15. Sin embargo, con la llegada del Messerschmitt bf 109 alemán –que era un caza superior en velocidad y altura-, el ejército de Franco tomó ventaja en Brunete», explica Viñas.

Finalmente, fue difícil atribuir la victoria a uno de los bandos

Las fuerzas aéreas de ambos bandos mantuvieron aquellos días fuertes combates que también sufrieron los soldados, temerosos ante el fuego continuo que los cazas abrían sobre ellos. La situación comenzó a ser desesperada también para los militares heridos que, atrapados en las infectas trincheras, no podían ser evacuados debido al incesante fuego enemigo. Además, el agotamiento comenzaba a asediar a los dos bandos, pues dormir se hacía imposible ante la caída constante de bombas.

«Pasada la primera semana de superioridad republicana la alianza con Mussolini y Hitler le dio a Franco superioridad material, pues dispuso de más suministros, más artillería y aseguraba la reposición de bajas. A la República esto le resultaba más difícil, pues los envíos soviéticos tenían que pasar por el Mediterráneo y saltarse el bloqueo, o pasar por Francia, cuya frontera tan pronto se abría como se cerraba», sentencia Viñas.

La contraofensiva final

Tras varias jornadas, el 18 de julio fue el día en que los mandos nacionales decidieron pasar a la asalto contra las exhaustas tropas republicanas. Para ello, planearon una contraofensiva que protagonizarían las brigadas de Navarra, recién transferidas del norte por el del Ferrol al observar que sus líneas en el centro podían verse atravesadas. Sin embargo, y a pesar del ímpetu de las tropas de Franco -ansiosas por recuperar el terreno perdido y devolver el golpe a sus enemigos-, este primer contraataque fue detenido por el fuego combinado de varias unidades republicanas.

Todo cambió desde el día 22 de julio, jornada en la que las unidades franquistas, decididas a terminar con una batalla que ahora se les presentaba favorable, asaltaron varias posiciones republicanas del entorno del Guadarrama. Esta vez los republicanos tuvieron que retirarse inexorablemente, aunque lo hicieran combatiendo, dejando atrás a cientos de muertos y una parte de las posiciones que, con tanta sangre, habían conquistado en los primeros días. El repliegue, ordenado hasta el entorno de Brunete, llegó a ser huída cuando perdieron el cementerio bajo las bombas de la Legión Cóndor. Sin Brunete en manos republicanas, Franco recuperaba el pueblo símbolo de la batalla.

Los nacionales, por su parte, no siguieron avanzando y dieron por buena la conquista del territorio. El pueblo, que había sido centro de los combates 20 días antes, mostraba ahora un aspecto desolador. La guerra había llamado a su puerta para llevarse con ella miles y miles de jóvenes vidas.

Contando los muertos

Una vez acabada la contienda, quedaba por desgracia el trabajo más difícil, contar las bajas. Aquel aciago 27 de julio, el bando republicano perdió, entre heridos, desaparecidos y capturados, a casi 20.000 de sus compañeros. Por su parte, los franquistas sumaron un total de 16.000 bajas. Pero, sin duda, en esta batalla quien más perdió fue España, que vio fallecer a casi 7.000 de sus hijos.

A su vez, fue difícil atribuir la victoria a un bando. Y es que, por un lado, los republicanos consiguieron retrasar la ofensiva del Norte algo más de un mes y alejar el frente de batalla unos kilómetros de Madrid mientras que, por otro, el bando nacional logró poner en huída a su enemigo y retomar Brunete.

El campo de batalla en la actualidad

Siempre tendemos a pensar que los campos en los que han sucedido crueles batallas se encuentran a miles de kilómetros de España, ya sea en Caen o, incluso, en Stalingrado. Sin embargo, a unos escasos 20 kilómetros de Madrid se alzan, intemporales, los restos del antiguo campo de batalla de Brunete en el que republicanos y franquistas combatieron durante 20 días.
Sus vestigios no disponen de placas conmemorativas, ni tampoco están señalizados, por lo que, aquella persona que quiera visitarlos, tiene que encontrar a un guía experto que conozca cada recoveco escondido de historia.
«Tenemos un patrimonio cultural prácticamente desconocido que, aunque no es deslumbrante ni evidente, te golpea cuando aprendes a descubrirlo y a analizarlo», cuentan casi al unísono Ernesto Viñas y Ángel Rodríguez, dos expertos en la batalla que suman más de 12 años de experiencia sobre esta contienda. Una cueva, un fortín de piedra en el que resistió una unidad republicana, o la zona de avance de los franquistas, son, como ellos mismos dicen, sutiles elementos que te trasportan a aquellas calurosas tardes de julio en las que cada hombre combatía por un palmo de terreno.
Iniciado el camino, la primera parada son unas cuevas escondidas entre la maleza cerca del límite municipal de Valdemorillo, al norte de Villanueva de la Cañada. «Desde aquí partió el ataque republicano. Todo esto constituía durante la batalla el puesto de mando de alguna división republicana», determina Viñas mientras señala la posición en un mapa de la época.
«Las cuevas que vemos son seguramente de origen minero, de la explotación de la veta de roca caliza que atraviesa de este a oeste toda esta franja de terreno, pero después, durante la batalla, sirvieron de refugio y de establecimiento para el Estado Mayor de algunas divisiones. Una vez hablé con un antiguo artillero que me contaba que, durante la batalla, se alojaban en estas cuevas y tenían las piezas artilleras metidas en el valle», añade en su explicación el experto.
Sin embargo, el asombro por estar ante esta reliquia de la Guerra Civil dura poco, pues, para acceder a los restos, hay que sortear otros bien distintos: restos de basura y varias botellas de alcohol vacías. «El lugar es precioso, pero contrasta con lo mal cuidadas que están las cuevas y su entorno. Que se permita que esté en un estado tan lamentable una cosa que tiene que ver con la Historia nos parece indignante. Como este sitio hay un montón de recovecos del campo de batalla en los que las crónicas nos dicen que sucedieron hechos importantes y que te los encuentras, no ya abandonados, sino en franco deterioro o, incluso, usados como vertedero», añade con frustración Viñas.
La consternación de estos entusiastas de la batalla de Brunete no conoce límites al observar como el campo de batalla va cayendo en desgracia. «No se ha tenido en cuenta que este es un lugar vinculado con la historia de España y que merecería la pena conservarlo o incluso explotarlo económicamente como lugar atractivo para los turistas. Hay una parte importante del turismo que sigue las rutas vinculadas a guerras, el turismo bélico, que es bastante fuerte en muchos países de del mundo Europa», completa el improvisado guía.
No obstante, estos investigadores están decididos a compartir su ilusión por el entramado de caminos, cerros y trincheras por las que un día caminaron miles de soldados en la Guerra Civil. «Nosotros hemos recibido grupos de personas que vienen desde el extranjero a revisitar los lugares en los que estuvo alguno de sus familiares que combatió en la Guerra Civil. Siempre andamos guiando familias, por supuesto sin cobrar, que quieren visitar este lugar», completan.
«Nos da cierta rabia que esto no se defienda, no se descubra, y no se le de el valor que tiene. Creo que conservar los vestigios históricos es independiente de cómo te posiciones política e ideológicamente ante ellos, es algo que nos interesa como comunidad humana a todos. El que fuera campo de batalla podría convertirse en un lugar visitable y atractivo», finaliza Viñas.
 
Seis preguntas a Ernesto Viñas y Ángel Rodríguez
 
1 - ¿Cómo definirían la asociación «Brunete en la memoria»?
Somos gente que, desde el entusiasmo personal y la vocación -ya que no tenemos ningún vínculo profesional con esto y no recibimos nada material a cambio-, llevamos tiempo interesados en el estudio de la Batalla de Brunete. Principalmente estudiamos los hechos militares, pero también los restos que han quedado del antiguo campo de batalla y, como no, las raíces sociales y políticas del conflicto. Pero una vez superado eso estamos centrados en conocer cada vez con más profundidad y detalle las operaciones sobre el terreno, la naturaleza de las fuerzas militares que aquí se enfrentaron y las consecuencias sobre toda esta parte de la Comunidad de Madrid.
2 - ¿Qué hubiera podido pasar si la República hubiera conseguido su objetivo?
Si se hubiese logrado el objetivo, que era envolver a todas las tropas que atacaban Madrid, posiblemente hubiese cambiado el signo de la victoria final. Hubiera sido un revés fuerte para el bando nacional.
3 – Una de las unidades que más resistieron en Brunete fue la de Líster ¿Cómo definirían a este oficial?
Bueno, el ejército republicano se inventó a sí mismo, no se formó con militares de carrera, sino que los mandos eran gente proveniente de las milicias, probada ideológicamente, con dotes de mando y con carisma. Pero otra cosa son las capacidades militares. Lister era cantero de profesión, pero igual que él podemos hablar de Valentín González, que dirigía un grupo de construcción de carreteras antes de la guerra, así que de ellos hay que decir que bastante dieron de sí sus conocimientos militares.
En el caso de Brunete, Lister fue muy enérgico en la defensa, pues resistió 20 días bajo una tormenta de fuego enemigo. Sus hombres aguantaron hasta la extenuación y su división, la XI, tuvo más de un 50% de bajas en esta contienda. Hay que ser buen comandante para que la tropa no abandone cuando están metidos en una trinchera a 40º, con pocos suministros, y bajo un fuego aéreo y artillero infernal. Capacidad tenía y sus hombres también.
4 - ¿En qué datos se han basado para llevar acabo sus investigaciones?
Entre otros en los archivos históricos, en particular hemos podido visitar el de Ávila, que tiene copia en Madrid y que pertenece al Instituto de Historia y Cultura Militar. Tienen una documentación sobre todos los temas militares de la Guerra Civil interesantísima en la que es apasionante ponerse a buscar partes de operaciones, órdenes… Lo que sucede es que el soporte es muy viejo y habría que invertir de forma muy fuerte sobre el material para que fuera más accesible y, en muchos casos, se hicieran copias para que el investigador nunca tocara el documento original, como en ocasiones sucede. Hay que cuidar y mimar esos archivos, porque se les puede sacar un partido enorme a nivel cultural y económico. Sin embargo, lo que no da el material lo da la excelente disposición del personal que atiende los archivos, que hacen mucho para que la investigación sea posible y más sencilla.
5 - ¿Se dedican a otras actividades en la asociación?
Si, también a la averiguación de información sobre personas que participaron en la lucha. Hay que abrir los ojos ante la cantidad de familias que están buscando a sus seres queridos desaparecidos en la batalla y dar información a aquellos que quieran saber más de sus familiares. En este sentido, el de contar historias, estamos haciendo un trabajo de recopilación. A aquellos que se dirigen a nosotros, si nos consiguen identificar en qué unidad estuvo combatiendo su familiar (hemos recibido peticiones por parte de soldados de los dos ejércitos), les podemos dar datos sobre su participación en el combate. En algunos casos incluso han venido al campo de batalla y les hemos guiado por la zona en la que estuvo dicho pariente.
Pero también es muy importante actuar con aquellos que tienen un familiar desaparecido. Nosotros mismos aceptamos peticiones de familias para rastrear a sus combatientes desaparecidos en la batalla de Brunete y tenemos en marcha casi 60 casos. De hecho, ya hemos encontrado evidencias documentales de dos o de tres.
6 - ¿Cómo plantean una búsqueda?
Primero hemos hecho una base de datos con distintos campos (nombre, apellido, unidad…) con toda la información que hemos ido encontrando en los archivos. Hay además una serie de documentos que enumeran las bajas que tuvo cada unidad. Todas estas listas las vamos compilando y, en ocasiones, nos permiten encontrar evidencias de algún desaparecido. Si la documentación nos lo permite, establecemos además en que día murió y, como está escrito lo que cada unidad hizo día por día, podemos llegar a precisar con bastante exactitud en que posición cayó cada soldado de cualquiera de los dos ejército. En algunos casos podemos averiguar incluso donde se enterró, el lugar al que fue evacuado el cuerpo o en que hospital murió.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones