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EL MITO DE LA INCORPORACIÓN A LA CORONA DE CASTILLA DE LAS PROVINCIAS VASCONGADAS

  • Escrito por ANTONIO SANCHEZ

HISTORIA ESPAÑA ANTONIO HISTORIADOR copia

El independentismo y el supuesto origen del mismo de las provincias que actualmente conforman la Comunidad Autónoma del País Vasco, se desmonta por el peso de la historia y los hechos que condicionaron su incorporación a la Corona de Castilla hace ya 800 años, por lo que a continuación se harán unas breves referencias a este proceso, para que el lector saque sus propias conclusiones, más allá de cualquier “contaminación” exógena interesada.

Un poco de historia

    Las luchas entre Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII “el Fuerte” de Navarra por la poca articulada franja del norte peninsular, compuesta por pueblos tribales, población dispersa y economía preferentemente ganadera; conservando elementos prerromanos, como la lengua euskera, y su tardía cristianización, así como su lucha tenaz contra la monarquía visigótica, fue clave para el desarrollo posterior de esta zona.

Tras largos avatares de los reinos de Castilla y Navarra, llegamos a los años finales del siglo XII, con Alfonso VIII y Sancho VII, respectivamente. Fueron años decisivos para la conformación de la actual Comunidad Autónoma del País Vasco, en particular Álava y Guipúzcoa; ya que el señorío de Vizcaya que incluía en aquél tiempo Las Encartaciones(1) pero no el Duranguesado(2), estaba vinculado por esas fechas a los reyes de Castilla (baste recordar que el señor de Vizcaya entre el 1170-1214 fue Diego López de Haro II, uno de los grandes magnates de la nobleza castellana).

Ya en la primavera del año 1199, Alfonso VIII, sin hacer caso de la tregua existente, y sin contar con la alianza de Aragón, decidió, por cuenta propia atacar el territorio alavés; sus ejércitos, partiendo de Pancorbo, en donde se hallaban a principios del mes de agosto, se dirigieron hacia la comarca de Treviño y, poco después, hacia la ciudad de Vitoria. Mientras tanto, Sancho VII había decidido pedir ayuda al sultán almohade, para lo cual marchó hacia Al-Andalus, pero las circunstancias no eran las más favorables. La rendición de Vitoria se produce entre diciembre enero 1199/1200.

El rey Alfonso VIII de Castilla jurando los fueros de Guipúzcoa

Simultáneamente, y utilizando la negociación, numerosas fortalezas de Guipúzcoa se fueron entregando al rey de Castilla, aunque la antigua historiografía vascongada afirma que se encomendaron voluntariamente. En definitiva, el monarca castellano había obtenido ganancias por la vía militar, como la ciudad de Vitoria, pero el resto de las tierras incorporadas a sus dominios le llegó por el camino del pacto. El rey de Castilla colocó al frente de esos territorios a su vasallo Diego López de Haro, a la sazón señor de Vizcaya. Alfonso VIII, por lo tanto, había recuperado todos los territorios que fueron, en tiempos pasados, de su antecesor Alfonso VI, incluso había rebasado los límites de los dominios de sus antecesores.

    La oscilación pendular de las que con el tiempo serían las tres provincias vascongadas, entre los reinos de Navarra y de Castilla, había quedado resuelta definitivamente en favor de éste. Sin olvidar las peculiaridades derivadas de su ordenamiento institucional, cuando cobre forma el mecanismo de Juntas Generales y sean redactados los Fueros de cada una de ellas, el dato esencial permanece fuera de toda duda razonable: la vinculación de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya a la soberanía de Castilla primero y, por consiguiente, a la de España más tarde, tiene una antigüedad de ocho siglos.

Así, mediante un razonamiento circular, lo que existe en el presente se proyecta sobre un pasado desconocido y la fábula relativa a este último deviene refrendo de legitimidad para lo actual. Cuando son evocados hechos históricos, el propósito no es conocer el pasado, sino aportar pruebas para reforzar una conclusión a la que se ha llegado ya antes de emprender la indagación: son, pues las  historias “scribitur ad narratum, non ad probandum”(3).

    Para Vizcaya, el fundador del mito parece haber sido, en la segunda mitad del siglo XV, un hombre inmerso en la lucha de bandos de la época, Lope García de Salazar, en su libro “Las bienandanzas e fortunas”. De García de Salazar emana en gran parte la idea de la primitiva libertad soberana vasca”, según Caro Baroja.

En cuanto a Guipúzcoa, el papel corresponde también a un hombre de la provincia, Esteban de Garibay, que publica su “Compendio historial” en Amberes en año 1571. El relato acuñado por Garibay será reproducido en lo esencial una y otra vez por sus epígonos, constituyendo en sí mismo –ya que no menciona documento alguno en apoyo de sus tesis– el soporte para las dos afirmaciones principales: Guipúzcoa era una entidad soberana e independiente cuando Alfonso VIII se traslada a ella tras sitiar Vitoria, y en el pacto por el cual se encomienda al monarca en el año de 1200 conserva su condición anterior. Garibay añade un tercer elemento, asimismo muy reproducido hasta que en fechas recientes pierda vigencia, por constituir un obstáculo para la consideración de Navarra como parte indisoluble de Euzkadi o de Euskal Herria. Era que la decisión de la todavía inexistente Guipúzcoa fue debida al mal trato recibido del reino de Navarra, con lo cual quedaba reforzada la imagen de una entrega voluntaria, sin uso o amenaza de uso de la fuerza.

En tono menor, desde Álava surge un esquema interpretativo similar. Las cosas eran aquí más difíciles, por ser conocido el episodio del sitio y rendición de Vitoria en el año 1200. Así que había que “irse con la música a otra parte” para montar la especie de entrega voluntaria, por contrato recíproco suscrito el 2 de abril de 1332 con Alfonso XI de Castilla. Como ya en su día probó Llorente, no se trataba de contrato alguno, sino de una “real carta de privilegio”, por la cual el monarca fijaba las mercedes otorgadas a los hidalgos pertenecientes a la Cofradía de Álava, cuya tierra era entregada al señorío real, sin que esto implicara en sentido alguno una situación anterior de independencia.

Entre los siglos XV y XVIII había ido cuajando una trama de mitos, argumentos e intereses que constituían una sólida defensa para el sistema de poder tradicional. En una sociedad predominantemente agraria, cuyo aislamiento se veía reforzado por “ese extraordinario idioma”, cuyo aprendizaje catalogara Larramendi como “el imposible vencido”, los mecanismos de cierre hacia el exterior, con la carga xenófoba propia de tales situaciones, se veían literalmente blindados por la adopción de los estatutos de limpieza de sangre, que impedían el avecindamiento de los impuros por religión o por raza. Ese racismo servía además de fundamento a la pretensión de nobleza universal.

La entrega a Castilla habría sido voluntaria, lo que requiere como contrapartida afirmar que por la fuerza no hubiera podido tener lugar. Es el papel que juegan entonces los relatos de las batallas: Beotivar, como confirmación del supuesto convenio de 1200 frente a Navarra, y Padura/Arrigorriaga, para Vizcaya. Sólo tiene valor la entrega pacífica de aquel que es por naturaleza “feroz y sanguinario”, tal y como reza la reciente explicación de la nobleza de mi propio apellido. Un mito sobre otro mito, hasta configurar una mentalidad cuyo significado en el Antiguo Régimen se atenía a la defensa del privilegio.

Siempre, el mismo esquema: independencia originaria, entrega pactada, privilegio que no es tal y que, en consecuencia, no puede ser modificado por una instancia superior. Sólo que en Francia el curso de la Revolución borró tales prevenciones, en nombre del principio de igualdad ante la ley, y las diferencias regionales fueron absorbidas por el Estado centralizado. En cambio, la trabajosa y precaria edificación del Estado liberal en la España del siglo XIX, unida a la convergencia en tierras vascas de una crisis profunda de la sociedad tradicional, con un intenso proceso de industrialización que conmueve las estructuras precedentes sin hacerlas desaparecer, tiene como consecuencia que el problema foral subsista a lo largo del siglo y, con él, la vigencia de los mitos que le respaldaban. Resulta así viable su utilización en tanto que supuestos derechos históricos por el movimiento nacionalista. A la sazón, el año 1200 sigue hoy vivo, pero no como lo que realmente supuso, la incorporación vasca a Castilla, sino como fundamento, desde la fábula convertida en dogma, de un proyecto de secesión.

El entramado foral

Con los acontecimientos del año 1200 se realiza un nuevo trazado de la frontera entre los reinos de Castilla y Navarra, así como la incorporación de Guipúzcoa y Álava a aquél. En estas fechas, salvo el fuero de San Sebastián , situado hacia 1180, ninguna población tenía fuero y no se completó el proceso de creación de villas hasta 1283, ocupando ya en estas fechas las villas la mayor parte del territorio, en las que solo quedaban tres espacios sin ninguna población urbana relevante, organizados como alcaldías mayores. La mayor diferencia entre Guipúzcoa y Vizcaya era la distribución entre las poblaciones, en ésta los términos territoriales eran tan pequeños, que solo ocupaban una parte del señorío; el resto era la tierra llana, formada por anteiglesias(4), que no tenían ni fuero ni término conocido. En relación con Álava es más complicado puesto que la hermandad es un mosaico territorial.

Los fueros municipales, salvo unos pocos textos, que son códigos completos, se inician a solicitud de la población, que hace llegar al rey, en forma de petición, una serie de demandas que, en el mejor de los casos, se refieren al gobierno local, al término municipal, ciertas normas que consideran convenientes para la vida en común y determinadas privilegios, exenciones mercantiles las más frecuentes. Acabará por imponerse un patrón único, el del regimiento, una corporación en cuya selección participan los vecinos acomodados y el azar, además del cumplimiento de ciertas condiciones para evitar la continuación de las mismas personas en los cargos.

    La relación política tenía una manifestación formal en la relación de los títulos de los reyes y otra práctica en la gobernación de cada territorio. La nómina de los Estados de la Corona concluía habitualmente con la referencia a los Señoríos de Vizcaya y de Molina, en tanto el resto quedaba incluido en un etcétera que dejaba sin cerrar la relación. Lo que sí está claro es que el plural “provincias” es una designación tardía.

Las primeras referencias documentales contienen señas de identidad que se aplican a cada uno de estos tres espacios territoriales, bien para identificar un territorio o bien la naturaleza de una persona, por ejemplo, una mujer que se dice guipuzcoana. El uso de estos términos supone la existencia de una frontera definida. Guipúzcoa y Álava el término de las villas consume prácticamente el espacio interior, en tanto la identidad política de Vizcaya la aporta el Señorío.

El uso generalizado de la voz provincia surge como un plural que designa las divisiones del reino. La Revolución Liberal, para crear una administración homogénea, llevó a cabo una división territorial, en Prefecturas en Francia y en Provincias en España, que subdividió las anteriores circunscripciones. Las Cortes del Trienio contemplaron diferentes opciones, desde la Provincia única a la de las tres existentes, que fue la que prosperó. La división provincial introdujo la capitalidad, un motivo de frecuentes conflictos, que en el País Vasco sólo se dio en Guipúzcoa, por la competencia entre San Sebastián y Tolosa.

En cuanto a la Juntas Generales, hay una clara distinción entre dos épocas: la medieval, en la que el señor de Vizcaya una vez, y los representantes personales del rey, con poderes especiales, se reúnen con los procuradores de las villas y también con los de las anteiglesias para legislar en materias de orden público. El número de reuniones: una, fundamental, a la que asistió el señor de Vizcaya, Juan Núñez de Lara, y otras dos en el siglo XV es todo lo que conocemos del Señorío, en el que la diferencia de composición, las distingue de las hermandades de Guipúzcoa y Álava.

    El sistema Monarca-Corregidor-Juntas. El Consejo se hizo cargo de la gobernación de este reino con la colaboración de los corregidores. El corregidor es un letrado, que se asocia habitualmente a una villa, aunque su área de acción incluía un espacio “provincial” y, en el caso de los territorios vascongados, tomaba un determinante territorial. Por su calificación profesional administraba justicia en apelación de las sentencias de los alcaldes ordinarios de las villas. Además de su función judicial, comunicaba en las Juntas generales las leyes y órdenes que le llegaban por la vía del Consejo Real y no sabemos bien con qué medios cuidaba de su ejecución.

La Provincia estaba dividida en tantos espacios como estaciones, y en cada uno había una villa “de tanda”, donde se instalaba el corregidor durante un trimestre.

La ventaja de acercar la justicia a la población tenía la contrapartida de la espera y el riesgo que, para las causas archivadas, representaban viajes tan frecuentes. En el siglo XVIII se prolongaron los plazos y hubo años en los que el corregidor permaneció en San Sebastián, sin llegar por ello a cambiar la norma. La sentencia del corregidor no era la última decisión; existía la apelación: los vizcaínos ante el Juez Mayor de Vizcaya en la Chancillería de Valladolid, los guipuzcoanos ante el rey, lo que en la práctica era lo mismo que ante el Consejo de Castilla.

 

¿Qué supone la jura de los Fueros?  El juramento que el rey prestaba a los Fueros, leyes y costumbres de cada uno de los reinos de la Monarquía había sido parte del ceremonial de la coronación, que se completaba con el juramento de fidelidad que prestaban los reinos. En ninguna monarquía ni reino se especificó nunca el contenido de las leyes y tampoco conocemos ninguna alegación por incumplimiento del juramento que indique qué fuero o artículo de ley había sido incumplido, de forma que la denuncia era un forma de pedir la derogación de la ley o la inaplicación de la ley en el territorio que hacía la petición.

La unión principal. La unión eque principal es una construcción doctrinal de un jurista que adaptó una figura de derecho privado para hacer un instrumento político destinado a justificar cualquier petición política. Apareció poco después de la conquista y se utilizó con motivos muy diferentes, tanto para reclamar derechos para los navarros en Castilla como para argumentar contra las iniciativas políticas de la Corona.

Aunque el rey figuraba como el destinatario de las peticiones de las corporaciones vascas, era el Consejo Real el que se hacía cargo de ellas, preparaba la respuesta que sometían al rey en forma de consulta. La decisión real era publicada y/o comunicada a los interesados. La diversidad de reinos y estados es lo que caracterizaba la monarquía como tipo de Estado en el Antiguo Régimen. Cuando la monarquía se hizo absoluta, debido a la iniciativa de los ministros, secretarios de Estado con responsabilidad política, comienza entonces una nueva forma de gobierno, en la que el activismo del poder se compensa con la responsabilidad de sus actores.

Las Juntas Generales son la representación de las villas, una forma indirecta de representar a la población, la única permitida por las condiciones sociales de la época. En apoyo de sus peticiones, mantenían delegados/comisionados en la Corte y despachaban con frecuencia otros extraordinarios para que siguiesen la marcha de negocios concretos de especial interés.

    Los cambios del siglo XVIII. ¿Efectos de la sustitución de los reinos por el Reino? La introducción, junto a los consejeros irresponsables, de ministros responsables de una determinada área de negocios fue un cambio radical, que redujo la influencia de los primeros. El seguimiento personal del programa ministerial fue mucho más inmediato y conflictivo que la gestión de los consejeros, limitados a actuar a instancia de las corporaciones que acudían al rey con sus peticiones y reclamaciones. Los oficiales del ejército, formados en la fidelidad al rey, fueron utilizados en actividades ajenas al servicio militar, en los municipios y en comisiones. La marina real se hizo cargo de la gobernación de los puertos de mar: los comandantes de marina, de la jurisdicción, y los capitanes de puerto, de la gestión de éstos; manteniendo el esquema tradicional dando lugar a reajustes de competencias, y por ende de conflictos. Los cambios económicos no afectaban a los principios del sistema: desigualdad fiscal y consentimiento para crear contribuciones. El comercio exterior y los monopolios eran los lugares en los que había menos dificultades. El traslado de las aduanas al mar dio lugar a peticiones renovadas de la población del interior de las Vascongadas, que consiguieron su reposición en el río Ebro. El libre comercio de Indias, en realidad la autorización para el intercambio mercantil entre cierto número de puertos españoles y americanos, fue utilizado como medida de retorsión contra las Provincias exentas, en particular para Bilbao y San Sebastián, para conseguir el nuevo traslado de las aduanas.

Para finalizar, y ya empezado el siglo XX, dentro del último año de la Gran Guerra, con la disolución y descomposición de los Imperios Austro-Húngaro y Otomano, en los ideales de algunos diputados y senadores  vascos a cortes del Reino, interpretan, como no, ad libitum, los conocidos como los 14 puntos del presidente Wilson, por lo que se ha creído interesante para una mejor contextualización como colofón al supuesto ideario que, aún hoy día persiste en determinadas zonas de esta gran nación.

Los 14 Puntos de Wilson, 8 de enero de 1918

En enero de 1918, el presidente Wilson presentó una propuesta de paz que tuvo un importante papel en el último año del conflicto. Era un llamado a todos los países del mundo para que se sumaran a la causa de los aliados sobre la base de un programa que consistía en Catorce Puntos, de la que sale la iniciativa para la conformación de una Sociedad de Naciones, antecedente de la actual ONU:

     - 1. Convenciones de paz realizadas públicamente y sin diplomacia secreta.

    - 2. Libertad absoluta de navegación en los mares, lo mismo en tiempos de paz que de guerra, excepto en caso que estos se cierren por disposición internacional.

     - 3. Supresión, hasta donde fuera posible, de todas las barreras económicas.

     - 4. Garantías oportunas para que los armamentos se reduzcan a los estrictamente necesarios para la seguridad interna.

    - 5. Solución imparcial de todas las reclamaciones coloniales basadas en el principio de que los intereses de la población deben pesar tanto como las justas reclamaciones del Gobierno cuyos derechos habrán de determinarse.

    - 6. Evacuación de todo el territorio ruso y determinación independiente de su desarrollo y su política nacional.

     - 7. Bélgica debe ser evacuada y restaurada.

    - 8. Liberación de todo el territorio francés, restaurándose las partes invadidas, compensando la injusticia cometida en 1871 en la cuestión de Alsacia-Lorena.

     - 9. Reajuste de las fronteras italianas sobre líneas claras de nacionalidad.

     - 10. Oportunidad para el desarrollo autónomo de los pueblos de Austria y Hungría.

     - 11. Rumania, Servia y Montenegro serán evacuadas restaurándose los territorios ocupados. Salida al mar para Servia y relaciones entre los Estados balcánicos que se establecerán sobre las líneas históricas de alianza y nacionalidad.

    - 12. Las fronteras turcas del Imperio otomano deberán afirmarse por medio de una segura soberanía, con autonomía para las otras nacionalidades que deben recibir garantías; los Dardanelos permanecerán siempre abiertos como vía marítima libre para el comercio y los barcos de todas las naciones, bajo las correspondientes garantías internacionales.

    - 13. Estado polaco independiente, que incluya todos los territorios habitados por pueblos indiscutiblemente polacos. Salida al mar de Polonia, cuya independencia e integridad territorial será garantizada por un acuerdo internacional.

     - 14. Formación de una Asociación general de naciones cuyo objeto será conceder iguales garantías para la independencia política y la integridad territorial de todos los Estados, grandes o pequeños.

    Sobre este último punto, en el que se basa un telegrama que los diputados y senadores vascos a cortes, envían al presidente de los Estado Unidos de Norteamérica, y que se reproduce a continuación. Obviamente se refería a los pueblos con identidad cultural propia que habían estado sometidos al Imperio Austro-Húngaro, al Imperio Otomano o incluso al Ruso; no a las provincias de un estado, tal y como estaba organizado el Reino de España de principios del siglo XX con el rey D. Alfonso XIII.

Telegrama al presidente Wilson

El fin de la Gran Guerra con el triunfo de las potencias aliadas, agudiza el problema regionalista en España. Vascos y catalanes, partidarios de la autonomía, se apoyan principalmente en las declaraciones del presidente Wilson, que destacó el derecho de toda nacionalidad, grande o pequeño, a vivir de acuerdo con sus derechos. Un telegrama al presidente de los Estados Unidos, una interpelación parlamentaria de los diputados vascos; un suceso del mes de octubre de 1918.

    “Al cumplirse el 79(5) aniversario de la anulación por el gobierno español de la independencia del pueblo vasco, los que suscriben, diputados y senadores en las Cortes españolas, en el nombre de todos los vascos que, conscientes de su nacionalidad, desean laborar por verla desenvolverse libremente, saludan al presidente de los Estados Unidos de América, que, al establecer las bases de la futura paz mundial, las ha basado en el derecho de toda nacionalidad, grande o pequeña, a vivir como ella misma disponga; bases que, aceptadas por todos los Estados beligerantes, esperamos verlas aplicadas prontamente para el mejor cumplimiento de lo que la justicia y la libertad espiritual y colectiva exigen.- Horn, Campion, Chaulbaud, Sota, Epalza, Arroyo, Ortueta, Eizaguirre y Aranzadi”.

Octubre de 1918.

    Espero que este breve artículo haya servido al lector para clarificar algunas ideas sobre la diferencia entre mito y realidad, así como a sacar sus propias conclusiones sobre la estructura de una parte del Estado, que actualmente es una Comunidad Autónoma del Reino de España, tal y como viene recogido en el Título VIII (de la organización territorial del Estado) de la Constitución española; recordando como no el artículo 2º de la misma “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común en indivisible de todos los españoles...”, así que como decían los cultos romanos, “intelligenti pauca” (a la persona inteligente le bastan pocas palabras para entender).

Notas

     - (1) Comarca de Vizcaya, limita con Cantabria, Burgos y Álava.

     - (2) Comarca de Vizcaya, limitando con Guipúzcoa y Álava. En el año 1200 pasa al Reino de Castilla y en 1212 se entrega por Alfonso VIII al señor de Vizcaya Diego López de Haro II por su ayuda en las Navas de Tolosa.

     - (3) “Se escribe para narrar algo y no para probarlo”; con lo cual Quintiliano hace saber una diferencia entre la historia y la oratoria.

     - (4) Pueblo o distrito municipal que tiene su origen en las comunidades que se organizaban alrededor de una iglesia y, como órgano de gobierno la asamblea de todos los vecinos, que se celebraba en concejo abierto en el pórtico o atrio de la iglesia parroquial.

     - (5) Final Iª Guerra Carlista.

Fuentes

     - Los Vascos y  Castilla, ocho siglos de unión. Dossier, Valdeón Baruque, Julio.

     - Telegrama de diputados y senadores a Cortes al Presidente Wilson-USA-.

     - Constitución española de 1978.

     - Abiertas.

Por Antonio Sánchez, Historiador y miembro de la Guardia Civil (A).

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