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San Patricio: La epopeya del cristiano apresado por piratas que luchó contra los druidas irlandeses

  • Escrito por ABC

san patricio

A pesar de que nuestras costumbres son (como solemos decir por estos lares) más españolas que un botijo, lo cierto es que es imposible mantenerse al margen de algunas famosas fiestas acaecidas en otros países como Estados Unidos o la Pérfida Albión.

Y en días como este 17 de marzo, precisamente, es cada vez más conocida en la Península una celebración de patente muy «british»: la de su patrón, San Patricio. Es casi imposible no haber oído hablar de este personaje (por culpa del bendito –o maldito- Hollywood) y de su relación con el color verde. Pero… ¿Quién diantres era y cómo logró convertirse en uno de los hombres más importantes de Irlanda? Hoy, aprovechando la fecha que marca el calendario, te lo explicamos.


Como suele ocurrir cuando se recurre a las fuentes clásicas para narrar la vida de los santos, la historia de Patricio (Patrick) se encuentra entre la realidad y la leyenda. Las principales fuentes afirman que el momento exacto de su nacimiento es difícil de determinar, aunque se suele ubicar su llegada al mundo entre los años 385 y 387. Esta última fecha es señalada por los sacerdotes John Trigilio y Kenneth Brighenti en sus diferentes textos sobre la Fe Católica (entre ellos, el original–aunque no por ello menos didáctico- libro «Catolicismo para Dummies»). No hay tanta controversia al hacer referencia a la tierra que vio su alumbramiento ya que, en este caso, se suele asumir que fue Kilpatrick (en Dumbarton, Escocia).

Las fuentes más fabulosas (entre las que destaca la obra «Flos santorum» o «Libro de la vida de los santos») coinciden con las históricas en que el padre del pequeño era un oficial romano llamado Calfurnio y su madre una tal Conquesa.

El pequeño Patrick creció trabajando en el campo, aunque también adoraba instruirse en el arte de las letras. Poco más se sabe de su juventud, aunque –como santo que fue posteriormente- se ha creado una leyenda a su alrededor que afirma que, durante sus primeros años de vida, era de capaz de llevar a cabo milagros tan curiosos como los realizados por Moisés. Así se afirma, al menos, en «Flos Santorum»: «Mojando el niño tres dedos en las aguas, después de haber hecho oración las ruzió en forma de Cruz en honra de la Santísima Trinidad, al punto de que retiró la corriente durante una inundación».

De Irlanda a Francia

Andase lo que andase haciendo Patrick, a los 16 años su vida se fue a pique cuando fue raptado por piratas y, posteriormente, tuvo que pasar por el trauma de ser vendido como esclavo en Irlanda. Aquello le granjeó pasar seis años en las verdes campiñas de los «leprechauns», lo que le permitió empaparse del idioma y las creencias de la zona.

Nuevamente, el devenir del futuro santo es en este punto intrigante. Y es que, en el libro que posteriormente escribió («Confesiones») afirma que, durante su tiempo de cautiverio, estuvo continuamente rezando para que Dios le desvelase qué podía hacer. «Cien veces al día, y otras tantas de noche, se hincaba de rodillas a hacer oración. Su sustento eran las hierbas del campo y otros manjares groseros, creciendo siempre en espíritu», se explica en «Flos santorum».

Así fue como, un día, decidió que tenía que escapar y caminar cientos de kilómetros hasta la costa, donde sabía que le esperaba un barco dispuesto a sacarle de allí. Para su suerte, así sucedió, por lo que puso rumbo a Francia.

¿Qué hizo Patrick en sus primeras horas de libertad? Al parecer, se puso bajo las órdenes del obispo de San Germán con el objetivo de iniciarse en la vida monástica. «En Francia fue educado en un monasterio, seguramente en la isla de Lerins», explica Louis de Wohl en «Fundada sobre roca: historia breve de la Iglesia». Ya sacerdote, nuestro protagonista viajó hasta Roma, donde el Papa Celestino I le consagró obispo y le conminó a volver a Irlanda para predicar sus creencias y acabar con las de los druidas. Una misión que el todavía joven religioso aceptó de buen agrado.

«Cuando el feroz obispo soldado Germanos de Auxerre fue despachado a Gran Bretaña para que manejara allí el movimiento de Pelagio [una creencia considerada como hereje por la Iglesia], Patricio le acompañó como parte de su séquito» explica, en este caso, Alexei Kondratiev en su obra «Rituales celtas».

En palabras de este experto, aquel viaje pudo ser una prueba para saber si, tras tantos años viviendo en la zona, Patrick era realmente un seguidor del catolicismo. Y vaya si lo demostró. Así lo afirma Umberto Eco en su texto «La edad media: bárbaros», donde explica que nuestro protagonistas se centró absolutamente en su labor misionera (lo que le impidió dejar más allá de algunos pequeños escritos).

Trabajando por la Iglesia

Una vez de regreso en Irlanda, Patrick inició su labor evangelizadora luchando contra las creencias de la zona (representadas principalmente en los druidas o «sacerdotes paganos»). Según se dice, pasó sus días en una cueva apartada que fue conocida como el «Purgatorio de San Patricio» por las penurias que sufría en ella.

Con todo, y a pesar de que no era muy ducho en el latín (se definía a sí mismo como «burdo y escaso conocedor de esta lengua»), inició a los habitantes de la zona en dicha religión. «San Patricio se esforzó por conciliar la necesidad de leer y comprender las Sagradas Escrituras con la exigencia de dar una forma certera a la organización eclesiástica y difundir la práctica litúrgica», añade Eco.

No le resultó fácil, pues los irlandeses andaban también escasos de latín, y fue un esfuerzo extra hacerles llegar su mensaje. La tradición nos dice que Patrick explicaba a sus crecientes seguidores los misterios de la Santísima Trinidad usando un trébol de tres hojas (ya que, al igual que él, un único «tallo» se dividía en Padre, Hijo y Espíritu Santo).

También se afirma que acabó (literalmente) con las víboras de Irlanda y que fundó una iglesia en la que luchaba habitualmente contra los pequeños duendes que invocaban contra él los druidas paganos (esta última parte, totalmente fabulosa). En todo caso, pasó unas tres décadas evangelizando la región, fundando monasterios y nombrando sacerdotes. Así, logró convertirse en todo un «patrón» de la zona.

Tras regresar a Roma para dar cuenta de su labor, fundó varias iglesias en Francia. Finalmente, acabó sus días en este mundo un 17 de marzo de un año indeterminado. Las fechas que se barajan son –atendiendo a las fuentes consultadas- el año 460 (de Wohl); el 461 (Eco) o, según otros, después de la década de los 90 de ese siglo. Los escritos más clásicos afirman incluso que llegó a atesorar la friolera de más de un siglo de vida. Algo, por otro lado, habitual en los textos de la época (ejemplo de ello es que a los Reyes Magos se les atribuye una edad similar al final de su vida). En todo caso, cuando Irlanda (o EEUU, debido a la ingente cantidad de inmigrantes de la zona) celebran San Patricio, están celebrando su evangelización.

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