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Calixto García, el último independentista cubano que se rindió a los españoles

  • Escrito por Aurelio Valdés - ONE MAGAZINE

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El 3 de agosto de 1880, hace exactamente 137 años, Calixto García, jefe del movimeinto revolucionario cubano, tuvo que capitular ante las tropas españolas. Aprovechamos para repasar los hitos en la historia de la isla durante aquellos años.

En 1880, decidido a derrotar a la insurrección de los mambises, el general Camilo Polavieja, comandante militar de Santiago de Cuba, operaba eficazmente con sus tropas, aplicaba la política de ‘tierra quemada’ y concentraba y aislaba al campesinado para que no se viera arrastrado a los disturbios. Por todo ello, los insurrectos, bastante desorganizados, faltos de liderazgo y apoyos externos y con actuaciones contradictorias, no lograban implicar a la población cubana, agotada tras diez años de la guerra anterior, y vieron decaer su sublevación. José Maceo, reconociéndose derrotado, había entregado sus armas al general español Luis Pando el 29 de mayo, tras el pacto de Confluente, porque ni siquiera el ansiado desembarco del propio jefe del movimiento revolucionario, Calixto García, que había tenido lugar el 7 de mayo, había tenido efectos positivos.

Calixto GarcíaCalixto García

En vista de la derrota general, el mismo Calixto García se vio obligado a capitular el 3 de agosto de 1880, siendo conducido prisionero a La Habana y posteriormente a España. Y, aunque algunas partidas aisladas continuaron sus ataques hasta la primavera de 1881, con la entrega de Calixto García se podía dar por concluido este conflicto, que sería conocido como la Guerra Chiquita. Por sus éxitos, el general Polavieja fue condecorado con la Orden de Isabel la Católica –creada por Fernando VII para premiar los méritos en el mantenimiento de América unida a la Corona- y ascendido a teniente general. Volvería a Cuba diez años después como Capitán General, cuando José Martí recorría América preparando una nueva contienda.

Antes, diez años de guerra contra los independentistas

Los independentistas cubanos ya habían rendido sus armas anteriormente. Fue ante el general español Arsenio Martínez Campos, tras el acuerdo de Zanjón, firmado el 10 de febrero de 1878. Así concluyó la llamada Guerra de los Diez Años que, según Cánovas afirmó en las Cortes, había costado 100.000 muertos españoles. En aquel momento, la victoria militar y las medidas liberales prometidas en Zanjón enfriaron el conflicto. Se acordó, entre otras medidas, abolir la esclavitud, comenzando por los que habían combatido junto a los insurrectos, representar a Cuba en las Cortes españolas y aplicar en la isla de los códigos penales, civiles y de comercio españoles.

De forma imprevista, Martínez Campos, Capitán General de Cuba y factótum de aquella pacificación, tuvo que abandonar la isla al ser designado Presidente del Gobierno español en enero de 1879, siendo sustituido por el general Ramón Blanco. Pronto volvió a haber partidas mambises, unas efímeras, como la de Bonaechea, que desapareció en abril, y otras que el 24 de agosto acabaron provocando en la provincia de Oriente un nuevo conflicto, cuando Belisario Grave de Peralta, al mando de dos centenares de hombres, se levantó al grito de “independencia o muerte” en las inmediaciones del río La Rioja, cerca del municipio de Holguín.

Conspiraciones en Estados Unidos

El movimiento se había fraguado por el acuerdo de varios grupos revolucionarios cubanos en Estados Unidos (coordinado por José Martí), Jamaica y la propia isla. Al frente del autodenominado Comité Revolucionario Cubano estaba un equipo experimentado al mando del ‘general’ Calixto García, que contaba, entre otros, con el citado Martí, Guillermón Moncada, José Maceo (su hermano Antonio no llegó a intervenir directamente en la isla durante el año que duró el conflicto) y Quintín Bandera. Estos tres últimos se enfrentaron a la Guardia Civil el día 26 de agosto al salir de Santiago de Cuba al frente de cuatrocientos rebeldes para ocupar el territorio. Fue la acción más importante en el inicio de la denominada Guerra Chiquita, llamada así por su corta duración, y tan infructuosa como la que había tenido lugar dos días antes en Holguín.

Tras nuevos intentos fallidos de levantamiento en Holguín, las Tunas y otros puntos de la zona oriental, el 7 de septiembre, en Sabana Abajo, tuvo lugar el primer encuentro de cierta enjundia entre españoles y mambises. Allí, Guillermón Moncada y José Maceo combatieron infructuosamente contra un batallón español y, en vista del agravamiento de la situación, el 20 de septiembre el mando español declaró el departamento oriental el estado de guerra. Los levantamientos en Baracoa, Bayamo o Baire también fracasaron, aunque el momento de máxima tensión tuvo lugar en Las Villas el 9 de noviembre con la irrupción de Serafín Sánchez Valdivia y Francisco Carrillo Morales.

Al frente de las tropas españolas para reducir la insurrección de los mambises estaba el general Camilo Polavieja, comandante militar de Santiago de Cuba. Contaba con cuatro brigadas y una fuerza de intervención rápida directamente a sus órdenes. Con sus unidades bien entrenadas, el general actuó de forma eficaz, programada, decidida y enérgica. Además, supo desarrollar un buen plan de información y de comunicación; asimismo organizó la vigilancia marítima y la inspección de los poblados de forma eficiente para evitar el incremento de las fuerzas rebeldes. Con el nuevo año de 1880, los rebeldes mambises eran la décima parte de los más de cinco millares del año anterior y la insurrección iba siendo derrotada, aunque los combates seguían, especialmente en el entorno de Santiago, Guantánamo y Baracoa.

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